
«No a la cultura de la violencia».
«¿De quién es el turno? ¿Tuyo, mío o de ella?».
Manifestantes piden que se penalice la violación. Captura de pantalla del canal de WF1tv – Women First en YouTube.
Por Bowel Diop
La violencia de género es un fenómeno mundial que afecta también a África. En la mayoría de los casos, quienes perpetúan la violencia son los esposos, y esa violencia se extiende a veces a la violación conyugal.
La violación conyugal se define como un acto por el cual un miembro de la pareja obliga al otro a tener relaciones sexuales no consentidas. Este fenómeno afecta a numerosas mujeres, como muestra este informe de Equality, organización estadounidense con oficinas en Nueva York, Nairobi y Londres.
Cada día, en grupos de debate privados en línea en el que las mujeres se expresan bajo anonimato, aparecen confidencias impactantes sobre la violencia que sufre la mujer en la pareja. Por razones de protección y respeto a quienes dan su testimonio, no se mencionan nombres ni detalles de las plataformas. Detrás de estos testimonios se ve una realidad atemorizante: las relaciones sexuales dentro del matrimonio pese a que la mujer no da su consentimiento, dicho de otro modo, la realidad de la violación conyugal.
En un contexto en el que la violencia contra la mujer se multiplica, el consentimiento se ridiculiza. La «obligación conyugal» prevalece con frecuencia sobre la libertad de la mujer de disponer de su cuerpo.
En esos universos digitales, entre el sufrimiento expresado y la normalización de la violencia, es que se inscriben grupos de debate que encarnan la hermandad digital. Son espacios de escucha, de apoyo, libre expresión y que permiten a la mujer romper colectivamente los tabús que frenan su realización, en línea y en la vida real. Ese espacio seguro en el que las mujeres cuentan sus vivencias hace recordar la urgencia de un debate franco y valiente sobre la violación conyugal en África.
Debate cultural, religioso y jurídico
En mayo 2025, la emisión de Midi Plus de Télévision Futur Média de Senegal, dio audiencia nacional a Oustaz Modou Fall (autoridad musulmana en Senegal). Ese predicador afirma que el deber conyugal prima sobre el consentimiento, lo que legitima la violencia sexual sobre al altar del matrimonio. Dijo en wolof:
Wolof: Gnouni loi bi néna sakh sa diabar so beugué teud akk mom té dacoroul daga ko violé . Pfff wakhi dof ! Sa diabar ga takk ko so farata Yallah akk souna Seydouna Mohamed , touki Pape Samba dem tournage soneu baye beugu dé gnibissi beugu teud ak sokhname gnouniko bouné dama soneu damadone fobéré (rires) ga forcéko viol le. Boudé lou amm la , lane moye texte bi. Si diné.
Se dice que, según la ley, si has forzado a tu cónyuge a tener relaciones sexuales es que la has violado. Pfff, palabras de locos, es tu esposa, con quien te casaste delante de Dios. Viajas, tienes una presentación, Pape Samba [nombre del presentador], llegas cansado, quieres acostarte con tu esposa y te dice que no. Ella te dice que está cansada, que hizo la limpieza (risas), ¿tú la fuerzas y es violación? Si es verdad, ¿qué texto religioso lo dice? Hay que prestar atención a eso.
Desde la difusión de ese programa, una ola de indignación se alzó en las redes sociales. En la plataforma TikTok, se movilizaron voces militantes y jurídicas. La página Xam Sa Droit publicó una serie de videos para deconstruir las observaciones de Modou Fall y enfrentarlas a la legislación. En particular, explica el artículo 320 del Código Penal senegalés, que define la violación como todo acto de penetración «cometido por violencia, coacción, amenaza o sorpresa». Eso basta para recordar que el matrimonio no recorta ningún derecho fundamental, y que negarse a tener relaciones sexuales, incluso dentro de la pareja, es un derecho inalienable. Ese trabajo de pedagogía jurídica tuvo fuerte apoyo en TikTok, pues vuelve a poner el consentimiento en el centro del debate.
También en X hubo opiniones. Nabou Diop Lo, jurista y activista por los derechos de la mujer y del niño, publicó en su cuenta de X:
Le viol tel que définit dans le code pénal Sénégalais ne fait pas une distinction entre le viol commis dans le ménage et celui commis hors des liens conjugaux. Tout ce qui compte c'est le consentement de la victime. https://t.co/mJcYsxZunx
— Nabou Diop Lo🇸🇳 (@NabouDiopLo1) July 26, 2025
ESTE PAÍS ES UN GRAN CHISTE. ¿Cómo se puede decir algo como esto en televisión sin remordimientos? Debemos dejar de dar la palabra a cualquiera.
Esto afecta a todos, pero la ley senegalesa dice lo mismo que este tontonazo.
La violación conyugal no está reconocida.
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La violación tal como la define el Código Penal senegalés no distingue entre la violación cometida dentro de la pareja y del cometido fuera de los lazos conyugales. Todo lo que cuenta es el consentimiento de la víctima.
Pero ¿cómo se atreven a quejarse de violación cuando una figura religiosa pretende que el «no» de una esposa no tiene valor alguno? Esa discrepancia entre la ley, el discurso público y la realidad que viven las mujeres destaca la urgencia de una reforma jurídica y de una posición clara de las autoridades.
Ese discurso oficial normaliza la violación conyugal, refuerza un derecho de perspectiva absoluto sobre el cuerpo de la mujer y sobrecarga considerablemente la carga moral de las posibles víctimas.
Según el informe de Equality Now de 2024, el reconocimiento legal de la violación conyugal varía fuertemente en África. El informe indica que países como Benín, Burkina Faso, Burundi, Costa de Marfil, Gabón, Madagascar, Senegal o Togo criminalizan explícitamente la violación marital.
Otro países, como Gambia, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Etiopía, Sudán del Sur y Tanzania exoneran explícitamente a los maridos de procedimientos, salvo casos excepcionales.
Camerún, República Centroafricana, Congo Brazzaville, República Democrática del Congo, Guinea, Mali, Uganda y Chad guardan silencio sobre el asunto, lo que deja un vacío jurídico total.
La ley senegalesa sobre violación y pedofilia, modificada en 2020, define la violación como:
Tout acte de pénétration « commis par violence, contrainte, menace ou surprise ».
Todo acto de penetración «cometido por violencia, coacción, amenaza o sorpresa».
Sin embargo, sin un marco preciso alrededor de la violación conyugal y del consentimiento marital deja un gran campo a la interpretación, a menudo desfavorable para la víctima. Por lo tanto, la violación conyugal con frecuencia se considera violencia doméstica banal, que no pertenece a la categoría de delito.
En Costa de Marfil, por ejemplo, una encuesta del diario Le Monde, publicada en febrero de 2024, informa que un video humorístico en TikTok que ridiculizaba la fatiga sexual de la mujer suscitó reacciones divertidas, lo que demuestra que el no consentimiento sexual no se toma en serio.
Las datos muestran que el 33% de las mujeres africanas han sufrido una forma de violencia sexual en su vida; en África subsahariana, es cifra puede llegar al 44% según un artículo publicado en el diario African Health Sciences. En Costa de Marfil, el 40% de las mujeres acogidas en el refugio de la ONG Akwaba Mousso registran haber sido víctimas de violación conyugal.
En numerosos sistemas jurídicos africanos, incluidos Senegal y Costa de Marfil, la presunción implícita del consentimiento mutuo entre cónyuges esencialmente impide reconocer efectivamente la violación conyugal como delito.
Cuando las feministas plantean el asunto, se suele minimizar el asunto. En un artículo del diario Le Monde ya citado, la militante marfileña cofundadora de la Liga Marfileña de Derechos de la Mujer, Marie-Paule Okri, dijo al periodista:
Quand on essaie d’en parler, on nous répond qu’on exagère. On nous inculque depuis l’adolescence que le corps de la femme est fait pour donner du plaisir à l’homme.
Cuando tratamos de hablar al respecto, nos responden que exageramos. Desde la adolescencia se nos inculca que el cuerpo de la mujer está hecho para dar placer al hombre.
Sin embargo, el Protocolo de Maputo compromete a los Estados africanos a garantizar los derechos fundamentales de la mujer, que incluye la salud y el consentimiento reproductivo al nivel de su artículo 14.
Más allá de los textos jurídicos, solo un cambio profundo de mentalidad puede cambiar la condición de la mujer sobre el respeto del cuerpo y la igualdad dentto de la pareja.






