Ataque militar de Estados Unidos a navío venezolano deja a Trinidad y Tobago atrapada entre gigantes

A globe shows the United States in relation to Venezuela. Both countries fly their flags as a tracked boat heading north from South America explodes in international waters, not far from the Caribbean nation of Trinidad and Tobago.

Imagen destacada creada con elementos de Canva Pro.

“Esta mañana, bajo mis órdenes, las Fuerzas Militares de Estados Unidos realizaron un ataque cinético contra narcoterroristas del Tren de Aragua identificados positivamente en la zona de responsabilidad de SOUTHCOM”, tuiteó el presidente de estadounidense, Donald Trump, el 2 de septiembre. El ataque, llevado a cabo en algún lugar del sur del mar Caribe, aparentemente estaba dirigido contra la “Organización Terrorista Extranjera designada, que opera bajo el control de Nicolás Maduro, responsable de asesinatos en masa, narcotráfico, trata de personas y actos de violencia y terror en Estados Unidos y el hemisferio occidental”.

Las 11 personas a bordo de la embarcación murieron en el acto. Trump sostiene que el barco estaba “transportando narcóticos ilegales, con destino a Estados Unidos”, y que la acción militar debería servir como advertencia para quien “siquiera piense” en introducir drogas en Estados Unidos. El tuit del presidente recibió más de mil comentarios, incluido un mensaje de agradecimiento de al menos un internauta venezolano, escepticismo sobre la credibilidad de la historia y el motivo del ataque, e incluso esperanza de que el narcotráfico entre Sudamérica y Norteamérica “llegue a su fin”.

Diversos medios internacionales publicaron artículos de opinión que sugerían que la acción —derivada de una directiva al Pentágono para utilizar fuerza militar contra algunos cárteles de droga sudamericanos considerados organizaciones terroristas— equivalía a un “uso ilegal de poderes de guerra para abordar lo que debería haber sido una situación de orden público”. Esta postura tuvo el respaldo de numerosos usuarios en varias redes sociales, al menos uno de los cuales comparó toda la situación con una forma de recolonización.

Sin embargo, Caracas Chronicles, socio editorial de Global Voices, señaló que la zona desde la que partió la embarcación en Venezuela es una ruta consolidada de narcotráfico, con fuertes vínculos con bandas criminales. También sugirió que, si bien aún quedan muchas preguntas sin respuesta en torno al ataque, el incidente podría sentar un precedente para medidas más severas.

Relaciones históricamente estables se tornan frágiles

El barco en cuestión partió del estado venezolano de Sucre, con rumbo noroeste. En su punto más cercano, solo hay 14 kilómetros (8,7 millas) entre la nación sudamericana y Trinidad y Tobago, ubicada en la base del archipiélago caribeño. A pesar de las dificultadesmuchos de ellos relacionados con la crisis humanitaria en Venezuela— ambos países han mantenido históricamente una relación cordial, incluso en el contexto de la división de la Comunidad del Caribe sobre la situación política de Venezuela y del respaldo a Guyana, miembro de CARICOM, en una disputa fronteriza en curso.

La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, se mostró satisfecha con el éxito del ataque: «El dolor y el sufrimiento que los cárteles han causado a nuestra nación son inmensos. No siento ninguna compasión por los narcotraficantes; el Ejército estadounidense debería aniquilarlos a todos violentamente». Su ministro de Defensa, Wayne Sturge, también planteó que si Estados Unidos logra avanzar con su perspectiva militar, podría resultar en una caída drástica de la tasa de homicidios en Trinidad y Tobago, ya que «un porcentaje significativo de nuestros asesinatos está relacionado con las pandillas y proviene de problemas directamente vinculados al narcotráfico».

Si bien algunos coincidieron con la postura del Estado, en una carta al editor de Wired868, Osei Benn calificó como “preocupante” la declaración de la primera ministra, y explicó: “Defender lo que esencialmente equivale a un asesinato —incluso frente a crímenes repugnantes— es abrir un camino peligroso”. Abogó por “interdicción adecuada, juicios justos, transparencia y cooperación regional”, también consideró que “lo que comenzó como una misión ‘antinarcóticos’ corre el riesgo de convertirse en un conflicto geopolítico de mayor escala”.

En esa misma línea, la columnista trinitense Gabrielle Hosein sugirió que “para justificar la presencia de fuerzas aéreas y navales estadounidenses en el sur del Caribe, la propaganda de Estados Unidos oscila entre la amenaza que representan los cárteles de droga venezolanos para Estados Unidos, y por otro lado, la amenaza que representa Venezuela para Guyana”.

Para ella, el asunto vuelve al punto de partida: la disputa fronteriza. Hosein recordó que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró el 14 de agosto en una conferencia de prensa que el régimen de Maduro, lejos de ser un “gobierno legítimo”, es “una empresa criminal que ha tomado el control del territorio nacional de un país y que, además, está amenazando a las compañías petroleras estadounidenses que operan legalmente en Guyana”.

Hosein señaló que el presidente de Guyana, Irfaan Ali, “promocionó el apoyo para una participación agresiva de Estados Unidos en la región” durante una conversación con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, en julio de 2022, y considera que ese realmente el verdadero trasfondo del asunto. “Creo firmemente en una postura crítica contra todo tipo de militarismo y a la penetración militar estadounidense en el Caribe, y que los yanquis deberían irse a casa”, explicó. “Pero la realpolitik es que, incluso cuando alzamos la voz —como debemos hacerlo— tanto Estados Unidos como ExxonMobil son gigantes cuyos intereses se imponen sobre los nuestros”.

Conexiones con China y Rusia

Sin embargo, la versión oficial seguía cambiando. Al principio, se consideró que el barco —nada más que un pequeño bote pesquero— se dirigía directamente a Estados Unidos. Rubio declaró después que “estas drogas en particular probablemente se dirigían a Trinidad o a algún otro país del Caribe”. Este cambio llevó al criminólogo local Darius Figuera a preguntarse si la primera ministra de Trinidad y Tobago había sido «mal informada» al respaldar un ataque que «no tenía nada que ver con el narcotráfico» y que, en cambio, estaba «vinculado a los sucesos ocurridos en China durante la semana anterior».

El 3 de septiembre, China presentó nuevas armas durante un desfile militar por del Día de la Victoria, en conmemoración de los 80 años de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Al acontecimiento asistieron los líderes de China, Rusia y Corea del Norte. El gobierno de Maduro también realizó una conmemoración del día en Caracas, en la que elogió a China como «la primera potencia militar del planeta».

Unos meses antes, el 12 de mayo, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, se reunió con su homólogo venezolano, Yván Gil, reiteró la intención de su país de fortalecer la cooperación bilateral, e hizo referencia a una reunión entre los presidentes de China y Venezuela celebrada en Moscú el 9 de mayo. Todo esto ocurrió tras la firma de una asociación estratégica entre Rusia y Venezuela pocos días antes y que, según se informa, implica la cooperación a través de la OPEC+ y otras organizaciones centradas en el sector energético. Por su parte, China ha apoyado activamente a Latinoamérica, y fortaleció el Foro China CELAC.

En este contexto, Figuera expresó su preocupación por las implicaciones geopolíticas para Trinidad y Tobago, y explicó: “China ha acogido tanto a Cuba como a Venezuela. China ha armado a Venezuela. Ha trazado una línea divisoria”. Al alinearse con Estados Unidos en esta lucha de poder entre Estados Unidos y China, en la que Venezuela está siendo utilizada como pieza de ajedrez, el criminólogo sugirió que Persad-Bissessar había “arrastrado a Trinidad y Tobago a un enfrentamiento geopolítico”.

¿Es seguro volver al agua?

A pesar de que continuaban las críticas a la declaración de la primera ministra de Trinidad y Tobago, ella defendió su postura, dijo que tenía el deber de proteger a los ciudadanos respetuosos de la ley.

Mientras tanto, el presidente Maduro, refiriéndose al actuar de Estados Unidos como «cambio de régimen mediante amenaza militar», afirmó que Venezuela estaba dispuesta a entablar un diálogo. No obstante, Trump envió 10 aviones de combate furtivos a Puerto Rico con el objetivo de continuar las operaciones contra los carteles de la droga.

Algunos se preguntaron si —como dijo el ministro de Comunicación venezolano, Freddy Ñáñez— las imágenes del ataque habían sido generadas por inteligencia artificial. Sin embargo, los familiares de los fallecidos desmintieron esta narrativa.

Al mismo tiempo, el ministro de Interior, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, insinuó que el impasse “apenas comenzaba”. Al apoyar el ataque estadounidense, dijo, el Gobierno de Trinidad y Tobago estaba condenando a su pueblo a ser ejecutado en el mar.

La política trinitense Mickela Panday señaló: “Para los habitantes y pescadores de Cedros e Icacos [en el extremo suroeste de Trinidad], esto es especialmente aterrador, ya que dependen del mar para su sustento. No podemos permitir que nuestros ciudadanos se sientan atrapados en el fuego cruzado”.

Sin embargo, algunos creen que ya están atrapados. El 5 de septiembre, el Pentágono declaró que dos aeronaves militares venezolanas volaron cerca de un buque de la Armada estadounidense, en un “movimiento altamente provocador” que interpretan como una demostración de fuerza tras el ataque a la lancha rápida, con el objetivo de interferir en la guerra de Estados Unidos contra el narcotráfico.

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