Más allá de las protestas: Explicación de la paradoja cívica de Georgia

Imagen de Arzu Geybullayeva. Creada con Canva Pro.

Miles de georgianos se han reunido en la avenida Rustaveli de Tiflis cada noche desde noviembre de 2024, concentraciones que ninguna organización ha coordinado. Las protestas a favor de la Unión Europea representan algo nuevo en la vida cívica de Georgia: un movimiento sin líderes, autoorganizado, impulsado en gran medida por jóvenes que utilizan redes sociales.

Los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales (ONG) difunden información y organizan algunas actividades, pero no pueden atribuirse la autoría de las manifestaciones. Sin embargo, las encuestas muestran que, aunque la mayoría de los georgianos apoyan la integración en la Unión Europea, los manifestantes son en su mayoría jóvenes instruidos que viven en Tiflis.

Esta brecha revela un enigma más profundo sobre la sociedad georgiana: ¿por qué quienes demuestran un notable compromiso cívico informal se quedan al margen de la organización democrática formal?

La paradoja del compromiso cívico

Investigaciones recientes revelan patrones sorprendentes en el comportamiento cívico de los georgianos. El 74% ha ayudado a amigos con tareas domésticas, el 69% ha asistido a desconocidos en emergencias viales, y el 52% ha donado a la caridad.

Lo más llamativo es que el 74% expresa disposición a participar en campañas relacionadas con el desempleo o la salud pública. Sin embargo, solo el 8% ha tenido algún contacto con las organizaciones no gubernamentales que organizan esas iniciativas.

Esta desconexión refleja un desajuste institucional. Los georgianos tienen un fuerte capital social —redes de confianza y cooperación que facilitan la acción colectiva—, pero las organizaciones formales de la sociedad civil han tenido dificultades para conectar con las formas tradicionales de cooperación en Georgia, que usan redes informales y apoyo vecinal.

Por ejemplo, las personas se prestan ayuda mutua durante enfermedades o dificultades económicas, u organizan respuestas comunitarias a dificultades locales, como problemas ambientales o atención de personas mayores en situaciones de emergencia. Estas relaciones son recíprocas, voluntarias y se basan en la confianza personal, más que en estructuras formales.

En parte, el problema se debe a la trayectoria histórica de Georgia y a cómo se desarrolló la sociedad civil tras la independencia.

De participación comunitaria a incidencia profesional

En sus inicios, la vida cívica en Georgia era diferente. El escritor Ilia Chavchavadze ayudó a fundar la Sociedad para la Difusión de la Alfabetización entre los Georgianos en 1879. La organización construyó escuelas, librerías y bibliotecas en todo el país. Muchos consideran que fue la primera organización cívica de Georgia.

Esta manera de participación comunitaria desde las bases populares permitió una participación masiva. La República Democrática de Georgia (1918-1921) vio cómo el Partido Socialdemócrata de Georgia ganó el 81,5% del voto popular. El Parlamento incluía múltiples partidos que representaban diferentes sectores: socialistas federalistas dedicados a los problemas campesinos, grupos nacionalistas y movimientos regionales. El historiador Ronald Sung señaló que existía un apoyo real “entre todas las clases del pueblo georgiano”.

Tras la independencia en 1991, los donantes occidentales canalizaron recursos a través de las ONG profesionales y no a organizaciones de masas. El sector de ONG en Georgia creció rápidamente, prácticamente no existía en 1992 y pasó a miles de organizaciones en diez años. Si bien algunas atendían necesidades inmediatas de los ciudadanos, el trabajo en democracia y derechos humanos era más visible, y la opinión pública pronto asoció las ONG con estos conceptos abstractos más que con inquietudes cotidianas, como acceso a la salud, empleo o infraestructura local. Los críticos calificaron esta situación como una “sociedad civil genéticamente diseñada”: profesionalmente efectiva, pero desvinculada de redes sociales más amplias.

Ayuda a Global Voices a seguir publicando más artículos como este


Lee más sobre nuestra campaña de donación.

Sortear puentes

Algunos movimientos han logrado conectar la organización formal con los patrones sociales tradicionales de Georgia. La Revolución de las Rosas de 2003 logró sus objetivos porque vinculó a la élite política opositora con el descontento popular frente a la corrupción y el fraude electoral. Cuando las personas perciben una injusticia fundamental, extienden su confianza más allá de sus círculos inmediatos.

La Asociación de Jóvenes Abogados de Georgia demuestra cómo las organizaciones profesionales pueden llegar a los ciudadanos comunes y corrientes. Desde hace más de 30 años, la asociación ha prestado más de 1,3 millones de servicios de asistencia jurídica gratuita. Actualmente atiende a unas 50,000 personas al año, a través de sus oficinas en Tiflis y otras siete ciudades. Logra sus objetivos porque aborda problemas concretos que afectan a los georgianos, supera divisiones sociales y regionales.

La plataforma digital Daitove movilizó recientemente a 250,000 personas para dar alimentos, financiación y transporte a manifestantes. La plataforma operó mediante redes entre pares, y no con una coordinación centralizada.

Dificultades constantes

Según lo señalado antes, dos factores estructurales claves impiden que la energía cívica informal se convierta en participación democrática sostenida.

Primero, los requisitos de los donantes suelen favorecer estructuras organizativas formales por encima de las redes informales, con las que los georgianos cooperan de manera efectiva. Las organizaciones necesitan juntas directivas, planes estratégicos y sistemas de reporte, elementos que pueden socavar los patrones naturales de colaboración pues obligan a las personas a adaptarse a jerarquías rígidas que no coinciden con cómo trabajan juntas realmente.

Segundo, la polarización política endurece las fronteras entre grupos, dificulta que las organizaciones mantengan las relaciones transversales que permiten formar coaliciones más amplias.

Lo que está en juego

La deriva autoritaria de Georgia hace que sea urgente comprender estas dinámicas. El Gobierno restringe el espacio para la organización con leyes como la controvertida legislación sobre «agentes extranjeros», pero será fundamental para que cualquier futura apertura democrática logre articular la energía cívica informal con las instituciones democráticas formales. Esto implica que, para cualquier apertura democrática, podría ser necesario encontrar maneras de crear organizaciones que funcionen de acuerdo con los patrones naturales de cooperación en Georgia, y no en su contra.

La experiencia georgiana ofrece lecciones para las democracias de todo el mundo: la dificultad no radica tanto en crear más ONG profesionales, sino en construir instituciones que estén de acuerdo con cómo las personas desarrollan confianza y resuelven problemas en conjunto.

Los manifestantes en la avenida Rustaveli se oponen a legislaciones específicas, pero también expresan un deseo más profundo de participación política auténtica. Si las instituciones de Georgia pueden responder a este llamado, podría determinar el futuro democrático del país, pues la cuestión no es si a los georgianos les importa la democracia, sino si las instituciones democráticas pueden aprender a funcionar como los ciudadanos.

George Gotua es investigador del Centro Chavchavadze, la primera organización de la sociedad civil en Georgia que sigue el modelo de las fundaciones políticas europeas, con la visión de transformar el país mediante promoción de la educación, pensamiento crítico y responsabilidad individual.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.