«Pintaba para que la prisión no nos devorara»: Entrevista con la periodista iraní Vida Rabbani

Artwork: Vida Rabbani, ‘Execution Walls,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 inches). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Paredes de ejecución’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

Dentro de las paredes de la prisión de Evin en Teherán —espacio que es sinónimo de represión y dolor—, Vida Rabbani creó un lenguaje de resistencia a través de la pintura. Con sábanas como lienzos, pinceles de contrabando y colores introducidos de tubo en tubo, documentó las texturas íntimas de la vida carcelaria dentro del centro penitenciario de mujeres con peor reputación de Irán. Sus obras, valientes y amables, transformaron el confinamiento en una forma de creación. Desde retratos de sus compañeras prisioneras políticas hasta complicadas representaciones de escaleras institucionales, las pinturas de Rabbani dieron una voz visual a las vidas ocultas de mujeres que recorren entre aislamiento y solidaridad tras las rejas. Sus imágenes, además de ser actos de autoexpresión, se convirtieron en actos de preservación colectiva.

Rabbani, periodista y exreportera en Shargh Daily y Seda Weekly, jamás se había considerado como una artista profesional. Pero luego de su arresto en 2022 en las protestas contra el Gobierno de Irán y la posterior sentencia de más de 11 años combinados por dos casos, comenzó a pintar en serio. Estuvo 32 meses en prisión antes de que su sentencia quedara suspendida, y quedó en libertad de la prisión de Evin. Tal vez las autoridades iraníes trataron de ahogar sus palabras, pero con pinceladas e imágenes, documentó lo que no podía publicar: los contornos del cautiverio y los silenciosos, desafiantes rituales de la sobrevivencia diaria.

Artwork: Vida Rabbani, Solitude in the Courtyard, 2024 – Acrylic on bedsheet fabric – 19.6 x 27.5 inches (50 x 70 cm). Photo: Courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Protesta pacífica en la lluvia’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

“En prisión, las limitaciones aumentan la imaginación”, comentó. “Cuando el espacio y los materiales escasean, tu mente trabaja para encontrar libertad”. El arte de Rabbani evolucionó en secreto, a veces solo iluminado por una lámpara de escritorio tarde en la noche, y muchas veces con el riesgo de ser confiscado. De manera discreta y con la ayuda de compañeras de prisión, organizó los acrílicos y los pinceles, y extendió tela sobre marcos de madera rescatados del taller de carpintería de la prisión.

Mientras que sus primeros murales —como uno de los guepardos asiáticos en peligro, el pirouz— los pintó directamente en las paredes del patio, Rabbani siguió pronto en el interior, hacía bocetos de habitaciones, camas, y retratos que contenían presencia y memoria. Las pinturas, de escala modesta pero extensas en alcance emocional, crean una destacada historia de narración visual sometida a limitaciones.

En una entrevista con Global Voices, Vida Rabbani habló sobre la documentación visual de la cultura en prisión, los improvisados métodos detrás de su trabajo, la carga emocional y la sanación de crear arte bajo vigilancia, y cómo la pintura se convirtió en su forma más poderosa de evidencia.

Extractos de la entrevista a continuación.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Summer Behind Walls,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Verano tras los muros’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

Omid Memarian (OM): ¿Cuándo comenzaste a pintar, y cómo evolucionó junto a tu trabajo en el periodismo?

Vida Rabbani (VR): Memories start differently for everyone. I don’t remember exactly how old I was, but ever since I can recall, I have been drawn to painting and crafting. We were a middle-class family living in a remote town in southern Iran. I was obsessed with stationery shops — still am. I remember only owning two dolls throughout my childhood, but I was in love with picture books, coloring supplies, and playdough. My mother was protective of my tools, making sure I didn’t ruin them.

Around the age of four, I began painting. I vividly remember the joy of finally receiving a six-color gouache set and a box of markers. In school, I was considered one of the better painters, even placing third in a national competition once. But instead of encouragement, my family saw my interest in art as a threat, especially my mother, who dreamed I’d become a doctor. She feared painting would distract me from studying. In third grade, I secretly enrolled in an art class and continued for a few years. But I didn’t return to painting seriously until I was imprisoned in Evin.

Vida Rabbani (VR): Los recuerdos comienzan de forma diferente para todos. No recuerdo cuántos años tenía con exactitud, pero desde que tengo memoria, me he sentido atraída por la pintura y las manualidades. Éramos una familia de clase media que vivía en una ciudad remota en el sur de Irán. Estaba obsesionada con las tiendas de papelería, todavía lo estoy. Recuerdo que de niña, solo tuve dos muñecas, pero estaba enamorada de los libros ilustrados, los artículos para colorear y la plastilina. Mi madre era cuidadosa con mis materiales, se aseguraba de que no los destrozara.

Alrededor de los cuatro años, comencé a pintar. Tengo un recuerdo vivo de la alegría que sentí cuando al fin recibí un juego de témperas de seis colores y una caja de marcadores. En la escuela, me consideraban una de las mejores pintoras, e incluso una vez obtuve el tercer lugar en una competencia nacional. Pero en vez de recibir ánimo, mi familia vio mi interés en el arte como una amenaza, en especial mi madre, que soñaba en que me convirtiera en doctora. Temía que la pintura fuera una distracción para mis estudios. En tercer grado, me inscribí en una clase de arte en secreto y continué por algunos años. Pero no volví al arte de manera seria hasta que estuve arrestada en Evin.

Artwork: Vida Rabbani, ‘The Forbidden Waltz: A Moment of Light,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘El vals prohibido: Un momento de luz’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Qué temas exploraste en tus pinturas en prisión, y que significaron para ti?

VR: It began when I helped a fellow inmate with a drawing, and others responded so warmly that I picked up my own brush. The enthusiasm of others encouraged me to request painting supplies, which my husband brought to the prison.

I started by painting murals. One depicted Pirouz sprinting across a wall, dedicated to fellow inmates and environmental activists Sepideh Kashani and Niloufar Bayani. Another mural revealed a forest path behind crumbling bricks, symbolizing escape. Authorities painted over them, claiming they were politically subversive, and banned any more art supplies.

Near the 2024 New Year, I spent 10 to 12 days painting prison walls to refresh the space. What began as a way to brighten our environment became a daily act of resistance and renewal.

VR: Comenzó cuando ayudé a una compañera de prisión con un dibujo, y las demás respondieron con tanto afecto que empecé con mi propio pincel. El entusiasmo de los demás me alentó a solicitar materiales de pintura, que mi esposo llevó a la prisión.

Empecé pintando murales. Uno retrataba a Pirouz corriendo por la pared, que dediqué a compañeras de prisión y a las activistas ambientales Sepideh Kashani y Niloufar Bayani. Otro mural enseñaba el camino de un bosque detrás de ladrillos que caen, como un símbolo del escape. Las autoridades los cubrieron con pintura por considerarlos políticamente rebeldes, y prohibieron los suministros artísticos.

Cerca del Año Nuevo de 2024, estuve de 10 a 12 días pintando las paredes de la prisión para refrescar el espacio. Lo que comenzó como una forma de iluminar nuestro ambiente se convirtió en un acto diario de resistencia y renovación.

Artwork: Vida Rabbani, ‘The Hills of Evin,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Colina de Evin’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

Later, other inmates asked me to paint their beds, rooms, or corners of the ward to share with their families. This inspired me to document the women’s ward in a way others outside could see. My first interior painting was a view of the Evin hills from my cell window.

Although I had never painted portraits before, I wanted to show what imprisonment did to people’s faces and spirits. I painted Golrokh Iraee — my first-ever portrait. Later, when Pakhshan Azizi received a death sentence, my friend Hasti Amiri, who was about to be released, asked me to paint Pakhshan so she could raise awareness. I painted it by lamplight in bed the night before her release. Since photography was banned, drawing became the only way to visually archive people and spaces in prison.

Luego, otras compañeras me pidieron pintar sus camas, habitaciones o esquinas de la prisión para mostrar con sus familias. Esto me inspiró a documentar la prisión de mujeres de una manera que los de afuera pudieran ver. Mi primera pintura de interior fue de la vista de las colinas Evin que tenía desde la ventana de mi celda.

A pesar de que jamás había pintado retratos, quería mostrar lo que el encierro les hacía a las caras y los espíritus de las personas. Pinté a Golrokh Iraee, mi primer retrato. Más adelante, cuando Pakhshan Azizi recibió sentencia de muerte, mi amiga Hasti Amiri, que estaba cerca de ser liberada, me pidió que pintara a Pakhshan para dar a conocer su caso. La pinté en cama usando la luz de una lámpara la noche anterior a su liberación. Como la fotografía estaba prohibida, la pintura se convirtió en la única forma de archivar a las personas y los espacios en prisión de manera visual.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Pakhshan Azizi,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Pakhshan Azizi,’ 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: Con las restricciones, ¿cómo conseguiste suministros de arte en prisión?

VR: One of the prisoners helped by smuggling in oil paints and brushes during family visits, hiding them in her clothes. It took months to gather enough supplies.

Eventually, for the New Year, Narges Mohammadi [the 2023 Nobel Peace Laureate]  convinced the authorities to let us bring in a larger shipment of materials. I took advantage of this to sneak in proper acrylic paints among the wall paints.

VR: Una de las reclusas ayudó a introducir de contrabando pinturas al óleo y pinceles durante las visitas familiares, los escondía en su ropa. Me llevó meses reunir suficiente material.

Al final, para Año Nuevo, Narges Mohammadi [ganadora del Premio Novel de la Paz 2023] convenció a las autoridades de permitirnos ingresar una carga mas grande de materiales. Aproveché esto para introducir en secreto pinturas acrílicas adecuadas entre las pinturas para interior.

OM: ¿Qué obstáculos tuviste mientras pintabas en prisión, y cómo los superaste?

VR: There were many. I had no canvases, so I repurposed a wooden frame from the prison’s carpentry workshop and stretched bedsheets over it with nails. That’s why all my paintings are 70 x 50 cm [19.6 x 27.5 inches]. Paints were limited — white, especially, ran out quickly — so I used color sparingly. The paint layers are very thin as a result.

When my brushes wore out, I sat in front of the warden’s office all day until they agreed to give me a palette knife and two brushes, on the condition that I wouldn’t take any artworks out without permission.

VR: Hubo muchos. No tenía lienzos, así que reutilicé un marco de madera del taller de carpintería de la prisión y puse unas sábanas encima con clavos. Es por eso que todas mis pinturas son de 70 x 50 cm [19.6 x 27.5 pulgadas]. Las pinturas eran limitadas — el blanco, en especial, se acababa rápido — así que usaba los colores de forma reducida. Como resultado, las capas de pintura son muy finas.

Cuando mis pinceles se desgastaban, me sentaba todo el día afuera de la oficina del director hasta que accedía a entregarme una espátula y dos pinceles, con la condición de que no sacara ninguna pintura sin autorización.

Vida Rabbani, ‘Vida, el único lugar para desaparecer’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Qué impacto tuvo la pintura en tu estado mental y emocional durante el encarcelamiento?

VR: Though I never felt useless in prison, painting gave me new energy and purpose. I’d wake up excited to continue my work. I observed the ward constantly, looking for new subjects. I knew I wouldn’t have time to paint everything I wanted before my release, so I sketched prolifically to continue later outside. It made time pass faster and transformed my prison experience into an artistic opportunity I didn’t want to lose.

VR: A pesar de que jamás me sentí inútil en prisión, pintar me dio nueva energía y propósito. Me despertaba emocionada de continuar con mi trabajo. Observaba la prisión de manera constante para encontrar nuevos temas. Sabía que no tendría suficiente tiempo para pintar todo lo que quería antes de que me liberaran, por lo que hice muchos bocetos para luego continuar afuera. Hizo que el tiempo pasara más rápido y transformó mi experiencia en prisión en una oportunidad artística que no quería perder.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Golrokh Iraee, a portrait,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Golrokh Iraee, retrato’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Cómo respondieron a tu trabajo las demás reclusas y el personal de la prisión?

VR: It was the inmates’ reactions that encouraged me most. I had initially planned to focus on reading and studying, but their enthusiasm pulled me into art. During the New Year, when I painted the stairwell, they constantly checked in on me, brought me food and coffee, and made me feel like I was doing something meaningful.

Some nights, I’d come back exhausted and find a meal waiting on my bed. I don’t think I’ve ever felt as appreciated or purposeful as I did during those days. One inmate told me the murals had brought the spirit of Nowruz into the ward.

VR: La reacción de las reclusas fue lo que más me alentó. Al comienzo había planeado dedicarme a leer y estudiar, pero su entusiasmo me llevó hacia el arte. En Año Nuevo, cuando pinté el rellano, se preocupaban de mí constantemente, me llevaban comida y café, y me hacían sentir como si estuviera haciendo algo importante.

Algunas noches, volvía cansada y encontraba comida que me esperaba en mi cama. Creo que jamás me había sentido tan apreciada y útil como en aquellos días. Una compañera me dijo que los murales habían traído el espíritu de Novruz a la prisión.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Sepideh, Steam and Silence,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Sepideh, vapor y silencio’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Aquella experiencia influenció tu técnica o estilo artístico?

VR: I wasn’t a trained artist with a defined style. I had a basic understanding of various techniques but no formal education. I never liked photorealism — too much detail doesn’t appeal to me. I prefer visible brushstrokes and texture. I avoided blending colors too smoothly.

Still, when I look at my prison paintings together, I see clear growth. My technique improved dramatically, and I gained much more confidence.

VR: No era una artista formada con un estilo definido. Entendía varias técnicas de manera básica, pero no tenía educación formal. Nunca me gustó el fotorrealismo, algo muy detallado no me atrae. Prefiero pinceladas y texturas visibles. Evitaba mezclar los colores de forma muy meticulosa.

Aún así, cuando miro mis pinturas de prisión todas juntas, veo un claro crecimiento. Mi técnica mejoró drásticamente y gané mucha más confianza.

OM: Ahora que eres libre, ¿planeas exhibir o publicar tus pinturas de prisión?

VR: Yes, absolutely. I painted for two reasons: to make the prison more livable, and to show others what it looked and felt like inside. If I can exhibit these works, I would be thrilled. They were never just for me; they were always meant to be shared.

VR: Sí, totalmente. Pintaba por dos razones: para hacer de la prisión un lugar más soportable, y para mostrar a los demás cómo era y se sentía estar adentro. Me encantaría poder exhibir estas obras. Nunca fueron solo para mí; siempre fueron para difundirse.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Nasim, the Shadow of Execution Sentence, and the Flowers Still Bloom,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Nasim, la sombra de la sentencia de ejecución y las flores aún brotan’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Tus pinturas contienen un mensaje específico?

VR: I tried to capture the atmosphere of prison — sometimes joyful, sometimes bleak. I wanted to reflect the rhythm of life inside. Emotions are heightened in prison. Grief, joy, solitude, solidarity; they're all more intense than on the outside. I hope that comes through in my work.

VR: Intenté capturar la atmósfera de la prisión, a veces alegre, a veces triste. Quería reflejar el ritmo de la vida adentro. Las emociones se intensifican en prisión. Lamento, felicidad, soledad, solidaridad; todas son más intensas que afuera. Espero que esto se refleje en mis obras.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Open wounds,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric – 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Heridas abiertas’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: ¿Has sido inspirada por algún otro artista prisionero?

VR: During a short leave from prison, I saw a BBC piece about a British man who began painting during his 13-year sentence for heroin trafficking. He said art changed his life, and after his release, he became a professional painter and even won awards. I joked with my friends that my sentence was too short; if I’d had 10 more years, maybe I’d have become a prize-winning artist too.

VR: En corto permiso de salida de prisión, vi un artículo de BBC sobre un británico que comenzó a pintar durante su sentencia de 13 años por tráfico de heroína. Dijo que el arte cambió su vida, y tras su liberación, se convirtió en un pintor profesional e incluso ganó premios. Bromeaba con mis amigos de que mi sentencia era muy corta; si hubiera tenido 10 años más, tal vez me hubiera convertido en una artista galardonada también.

Artwork: Vida Rabbani, ‘Niloufar's Garden,’ 2024. Acrylic on bedsheet fabric, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Photo courtesy of the artist.

Vida Rabbani, ‘Jardín de Niloufar’, 2024. Acrílico sobre tela de sábana, 50 x 70 cm (19.6 x 27.5 in). Foto cortesía de la artista.

OM: Artistas como Richard Dadd crearon obras excepcionales en prisión. ¿Sientes que de alguna manera la reclusión estimuló tu creatividad?

VR: I don’t think it’s just a cliché that limitations fuel creativity. When your physical environment and resources are restricted, you’re forced to rely more on your imagination to find solutions and adapt. That mental effort pushes the mind into motion. Perhaps psychologists could explain it better, but for me, that’s precisely what happened.

VR: No creo que solo sea un dicho que la limitación alimenta la creatividad. Cuando tu espacio físico y herramientas están limitados, te ves obligado a depender más de tu imaginación para encontrar soluciones y adaptación. Ese esfuerzo mental pone la mente en acción. Tal vez los psicólogos lo expliquen mejor, pero para mí, eso es exactamente lo que pasó.

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