La política y las personas detrás de Baluchistán, los cortes de internet en Pakistán

An aerial view of the Quetta Press Club and its surrounding streets in Balochistan’s provincial capital. Photo by Ramna Saeed

Vista aérea del Club de Prensa de Quetta y las calles circundantes en la capital provincial de Baluchistán. Foto de Ramna Saeed. Usada con autorización.

“Baluchistán ya tiene un apagón de los medios”, dice Amir Naeem, postulante a estudiar periodismo de Panjgur. “Los medios sociales eran la única fuente de información para los marginados, pero ahora hasta eso se ha silenciado”.

El distrito de Panjgur en la provincia de Baluchistán en el sur de Pakistán ha estado sin internet móvil desde 2022, agrega. “La línea fija de Pakistan Telecommunication Company Limited (PTCL) es la única opción, pero no todos pueden pagarla. Parece que estamos viviendo en la Edad de Piedra y no la era de la IA».

La situación de Amir no es única, sino parte de un patrón difundido en la región. Pakistán se ha creado una reputación complicada por normalizar los bloqueos de internet. Solo en 2024, el país tuvo 18 bloqueos deliberados, con un total de 9735 horas que afectaron a millones de usuarios. Top10VPN, sitio web independiente de revisión de VPN ubicó a Pakistán como tercero a nivel mundial en duración de bloqueos (9735 horas) en 2024 y se estima que la pérdida económica es de 1620 millones de dólares.

El 6 de agosto de 2025, el Gobierno de Baluchistán ordenó una suspensión a nivel provincial de internet móvil en 36 distritos de Baluchistán, y a anunciaron que el bloqueo seguiría hasta el 31 de agosto. La medida se dio junto con una prohibición ya vigente en un viaje entre ciudades e interprovincial de 17:00 a 05:00 horas, una combinación que profundiza más el aislamiento de la provincia.

Agosto tiene un peso simbólico y político en Baluchistán. Algunos grupos insurgentes conmemoran el Día de la Independencia baluchí el 11 de agosto. El Día de la Independencia nacional de Pakistán es el 14 de agosto. Históricamente, los grupos armados han aumentado sus ataques en torno a esas fechas.

Contexto nacional, consecuencias locales

A nivel nacional, los bloqueos suelen coincidir con acontecimientos políticas o religiosos sensibles, protestas públicas y disturbios. La Autoridad de Telecomunicaciones de Pakistán sostuvo que las restricciones localizadas son necesarios por la “seguridad nacional”. Los servicios de seguridad sostienen que limitar la conectividad evita la coordinación militante. Pero hay poca evidencia pública y verificable de que los bloqueos impidan los ataques, y en muchos casos, los incidentes más serios ocurren en zonas donde ya no hay internet.

Para los ciudadanos comunes y corrientes, el costo es inmediato y concreto. Los estudiantes pierden clases y exámenes en línea. Los pequeños negocios y comerciantes pierden ingresos pues no pueden acceder a la banca digital. Los periodistas no pueden verificar ni registrar historias en tiempo real. Es más difícil coordinar operaciones humanitarias, y las respuestas médicas son más lentas. Los medios sociales, con frecuencia la última plataforma pública disponible para voces marginadas, quedan en silencio. En una provincia ya privada de conectividad consistente, los bloqueos profundizan el aislamiento, aumentan el resentimiento y marginan más a una población que ya desconfía del Estado.

Un lugareños dijo a Global Voices con la condición del anonimato: “Ya sea que lo llames castigo colectivo o trato igual, la verdad es que la única identidad oficial de Baluchistán se ha convertido en ‘asuntos de seguridad’”.

Expertos en derechos humanos de Naciones Unidas, como Irene Khan, relatora especial de libertad de opinión y expresión, han advertido que los “repetidos bloqueos de internet en Baluchistán han afectado la libertad de información, la transparencia, la responsabilidad, la participación política y el espacio cívico”.

Una provincia fuera de línea

Los servicios de internet y celulares llegaron a Baluchistán después que en otras provincias de Pakistán, y en muchas zonas, siguen siendo mínimas o no existen. Para muchos, la desconexión no es una interrupción temporal sino una condición semipermanente, que obliga a las personas a vivir fuera del mundo digital.

Zonas remotas como Kolwah, Jhaoo, el cinturón de Rakhshan y Bolan enfrentan condiciones de bloqueo a diario. En Kolwah (distrito de Awaran), las redes móviles funcionan en un estricto horario de 09:00 a 21:00 horas, controlado por el Ejército. En Naal Greshag, se informa que las redes están disponibles solo entre 08:00 y 16:00 horas. Después de eso, los ciudadanos caminan kilómetros a los centros de la ciudad o dependen de una línea fija de PTCL para hacer trabajos básicos.

Nafeesa Baloch, activista del clima y fundadora de la comunidad Zameek en Gwadar, dijo a Global Voices vía WhatsApp:

We are already living without basic amenities — water, electricity, gas, and now the internet shutdown has severed our vital connection to the world. I missed grant deadlines and could not communicate with international partners. This blackout did not just inconvenience us; it silenced our work.

Ya estamos viviendo sin servicios básicos, agua, electricidad, y gas, y ahora el bloqueo de internet ha cortado nuestra conexión vital con el mundo. Se me han vencido plazos para subvenciones y no puedo comunicarme con socios internacionales. Este bloqueo no es solo un inconveniente para nosotros; ha silenciado nuestro trabajo.

Historia de bloqueos en Baluchistán

Los bloqueos en la provincia de Baluchistán no son nuevos. Las autoridades han suspendido servicios repetidamente durante acontecimientos política o socialmente significativos. En marzo de 2012, los servicios celulares quedaron suspendidos en la provincia el Día de Pakistán. En julio de 2024, se suspendieron los servicios móviles y de internet entre el 8 y el 10 de Muharram (primer mes del año en el calendario islámico) en varios distritos, y cortaron los servicios en las elecciones de abril de 2024.

Después de un ataque suicida en la estación de trenes de Quetta el 9 de noviembre de 2024, los servicios quedaron suspendidos en varios distritos.

En marzo de 2025, el Ejército de Liberación Baluchí tomó brevemente la ciudad de Machh en el distrito de Bolan y secuestró el expreso de Jaffar, tren de pasajeros entre Quetta y Peshawar, lo que generó más bloqueos.

En julio de 2025, se informó que el Frente de Liberación de Baluchistán ejecutó docenas de ataques en semanas, en una campaña llamada Operación Baam, y en el proceso dañaron torres de comunicación, lo que causó más interrupciones. Las autoridades dicen que esto justifica las estrictas medidas. Pero si los insurgentes pueden operar en zonas fuera de línea, los bloqueos en grandes zonas pueden hacer más para castigar a los civiles que detener a los militantes.

Las autoridades enmarcan los bloqueos como una medida de seguridad. Pero la lógica se tensa cuando los ataques más graves de la provincia ocurren en lugares con poco internet, o incluso sin internet. Distritos montañosos como Chagai, Kharan, Panjgur y Awaran han tenido ataques a convoyes militares, ataques a ingenieros chinos, bombas a ductos de gas y hasta tomas temporales de ciudades, a menudo en zonas que ya no tienen internet.

Este patrón repetido plantea una pregunta dura: ¿el Estado usa los bloqueos porque no puede asegurar las redes, o porque las capacidades fuera de línea de los grupos separatistas han crecido? Como sea, los ciudadanos comunes y corrientes están pagando el precio.

Preguntas sin responder

La persistencia de operaciones militantes pese a los bloqueos de internet plantea preguntas sobre su eficacia. ¿Un apagón a nivel provincial puede proteger genuinamente a los civiles? ¿Qué salvaguardas legales existen para mejorar la seguridad de la conectividad en vez de retirarla del todo? ¿Y qué estrategia a largo plazo, si es que la hay, reconcilia los imperativos de seguridad con los derechos de los ciudadanos?

Internacionalmente, los bloqueos prolongados y repetidos alarman a los defensores de derechos digitales. En Baluchistán, también hay riesgo de que el aislamiento se convierta en exclusión permanente, un golfo que se ensancha entre la provincia y el resto del país, digital y políticamente.

Para muchos en Baluchistán, la conectividad es el último frágil puente al mundo exterior. Cada bloqueo hace que ese puente se sacuda hasta casi caer. Para demasiados ciudadanos, la política encuadrada como medida de seguridad ahora parece, como una herramienta de silenciamiento.

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