
Fotografía de Grigory Skvortsov de Novaya Vkladka, uso permitido.
Este artículo apareció originalmente en Novaya Vkladka el 9 de julio de 2025. Global Voices reproduce una versión editada.
A fines de junio, un juzgado sentenció a Grigory Skvortsov, músico, fotógrafo y explorador urbano de la ciudad de Perm en Rusia, a 16 años en una colonia penal de alta seguridad por traición al estado. El grupo de defensa jurídica First Department, que defiende a ciudadanos injustamente acusados de crímenes contra el Estado, calificó este caso como uno de los más absurdos de su tipo.
Skvortsov también es fundador del proyecto musical experimental Jagath y es conocido por muchos proyectos que abarcan la exploración urbana, la música y publicaciones en medios locales. Fue acusado de traición por enviar por correo electrónico archivos de un libro sobre búnkeres soviéticos que estaban disponibles para el público hace tiempo y que siguen en línea.
A fines de noviembre de 2023, Skvortsov desapareció de pronto por varios días. Aunque no era un comportamiento inusual en él, la gente comenzó a preocuparse. Resulta que agentes de seguridad lo habían detenido en su departamento en Perm, y al día siguiente lo llevaron al Departamento de Investigación del Servicio de Seguridad Federal en Moscú. Semanas después, sus seguidores se enteraron que lo estaban acusando de traición al Estado, mientras que informes tempranos sugerían que había enviado información clasificada a estadounidenses.
Llevaría meses descubrir que la información involucrada en la acusación era en realidad una monografía de Dmitry Yurkov, historiador y empleado del Museo del Metro de Moscú, titulado «Búnkeres secretos soviéticos: Fortificación Especial Urbana de las décadas de 1930-1960″, junto con otros archivos de material desclasificado que formaban la base de un supuesto libro «secreto», que en realidad no era secreto alguno.
El sitio web dedicado al libro aseguró que se usaron alrededor de 500 documentos en su creación. La página del Museo observó que todas las copias físicas se vendieron y no que no tienen reimpresiones programadas. Sin embargo, el libro sigue disponible gratis en línea y puede encontrarse en bibliotecas rusas.
El libro recibió gran cobertura mediática, incluidas reseñas en la Gazeta Rossiyskaya y otros medios oficiales. Cuando se publicó en 2021, el autor Dmitry Yurkov y la ilustradora Anastasia Zotova organizaron la presentación en el museo Búnker 703, 42 metros bajo tierra. Todavía existe una grabación de esta presentación. Cuando se consultó sobre la línea trazada entre «secreto» y «no secreto», y materiales «no secretos», Yurkov respondió:
The word ‘secret’ is in quotation marks on the cover — just like the word ‘bunker.’ Our legislation doesn’t recognize terms like ‘secret bunkers.’ What matters is the classification of documents. If the ‘secret’ label is lifted, the document is publicly available. Once the government deems it no longer vital to national interests, it becomes accessible to historians. We limited the study to 1969 because no declassified documents from after 1970 were available.
La palabra «secreto» está entre comillas en la portada, como la palabra «búnker». Nuestra legislación no reconoce términos como «búnkeres secretos». Lo que importa es la clasificación de los documentos. Si la etiqueta «secreto» se elimina, el documento está disponible públicamente. Una vez que el Gobierno no lo considera vital para los intereses nacionales, se vuelve accesible para los historiadores. Limitamos el estudio a 1969 porque no había documentos desclasificados después de 1970.
Además de que el sistema de desclasificación ruso es desorganizado, Yurkov explicó que el mismo documento puede estar desclasificado en un archivo y todavía considerarse «máximo secreto» en otro. Sin embargo, evitó comentar el caso de Skvortsov, lo que provocó que algunos en la comunidad de exploración urbana sospechen de su complicidad. No obstante, Yurkov declaró luego para Novaya Vkladka:
I saw only one confirmed fact — that it’s a treason case. And in such cases, the intent matters more than the action. You could take a photo out a window and be convicted if you send it abroad saying, ‘This will help defeat Russia.’ I work at the Moscow Underground Museum, studying mid-20th-century history. My materials are in libraries and online. I don’t know when a document’s classification might change. No one reports that to me. I have no clearance or special access. The book was never banned and is still publicly available.
Solo vi un hecho confirmado, el caso de traición. Y en esos casos, la intención vale más que la acción. Podrías hacer una foto desde una ventana y ser condenado si la envías al exterior y dices «Esto ayudará a derrotar a Rusia». Trabajo en el Museo del Metro de Moscú, estudio la historia de mediados del siglo XX. Mis materiales están en bibliotecas y en línea. No sé cuándo puede cambiar la clasificación de un documento. Nadie me informa eso. No tengo accesos especiales. El libro nunca se prohibió y está disponible públicamente.
Skvortsov y los archivos escaneados
Mientras estaba detenido, en una carta al Primer Departamento, Skvortsov escribió:
The book is mentioned in the case, but I didn’t send just the book. Yurkov sold additional declassified archive scans — over a thousand pages — which I purchased. I combined those with photos and diagrams from the internet and sent them to a journalist. I just wanted to share it.
El libro se menciona en el caso, pero no envié solo el libro. Yurkov vendió otros archivos escaneados desclasificados —más de mil páginas— que compré. Los combiné con fotos y diagramas de internet y se los envié a un periodista. Solo quería difundirlos.
Según se infornó, Skvortsov fue encarcelado por «enviar el libro ‘Búnkeres Secretos’ al extranjero», pero la historia tiene más matices. Yurkov y su equipo también vendía un paquete de archivos suplementarios en los que se basaba el libro. Un amigo cercano de Skvortsov declaró anónimamente:
Those documents were blueprints, declassified texts — officially made public. The issue wasn’t the book, but that Skvortsov allegedly geolocated those old diagrams on modern maps, revealing site locations. Some of these old bunkers might still be in use. You used to be able to buy just the book or the book [and] archives on the website.
Esos documentos eran planos, textos desclasificados, hechos públicos de manera oficial. El problema no fue el libro, sino que Skvortsov supuestamente geolocalizó esos viejos diagramas en mapas modernos, y reveló ubicaciones. Algunos de esos viejos búnkeres pueden seguir en uso. Antes podías simplemente comprar el libro o el libro [y] los archivos en el sitio web.
El paquete de archivos existió, y puede encontrarse una entrada en el archivo de la web. Costaba solo 500 rublos (alrededor de seis dólares) y circuló en 2021. No hay evidencia de que haya incluido algún material clasificado al momento de venderse, y Skvortsov probablemente los compró durante esa distribución, pero después, algo cambió. Quizás algún material desclasificado fue reclasificado, pero esto no es de público conocimiento porque el sistema ruso es opaco.
Skvortsov niega haber alterado o compilado algo de forma que revelara ubicaciones:
The investigator ignores that the original file already contained the site locations. They claim I geo-referenced it and created an ‘electronic map,’ which I didn’t.
El investigador ignora que el archivo original ya contenía las ubicaciones. Afirman que lo georreferencié y creé un «mapa electrónico», lo que no hice.
En abril de 2023, Skvortsov afirma que envió por correo electrónico el libro y el paquete de archivos a periodista independiente estadounidense Mattathias Schwartz. Schwartz no respondió públicamente.
De acuerdo con el propio Skvortsov, su intención —dado que no tenía acceso a ningún secreto de Estado por definición— era bastante simple: varios años antes de su arresto, había expresado su deseo de publicar historias sobre su tema favorito (turismo industrial, estructuras subterráneas, etc.) en varios medios, incluso medios extranjeros.
Este deseo lo llevó finalmente a Schwartz, que aparentemente seleccionó de manera aleatoria. Skvortsov le envió una colección de documentos sobre búnkeres soviéticos e intentó negociar una tarifa autónoma por el material, pero según Skvortsov, Schwartz rechazó la propuesta. Como resultado, Skvortsov le prohibió a Schwartz hacer publicaciones.
Sin embargo, el juzgado ruso describió este acto como venta de información sobre infraestructura militar a un extranjero por dinero, a pesar de que todos los mapas y diagramas eran del archivo de Yurkov o de sitios web públicos de excavación. Skvortsov escribió:
These materials, apparently now considered state secrets, had been freely available online for decades due to the negligence of the FSB and GUSP [Main Directorate of Special Programs of the President of the Russian Federation].
Este material, aparentemente ahora considerado secreto de Estado, había estado libremente disponible en línea durante décadas por la negligencia del Servicio de Seguridad Federal y la Dirección General de Programas Especiales del Presidente de la Federación de Rusia.
El abogado de Skvortsov, Yevgeny Smirnov de First Department, sostiene que el caso es parte de una perturbadora tendencia:
This happens regularly. The FSB doesn’t inform people without security clearance that a document’s classification has changed. If they did, that itself would be a leak. Many treason cases are based on public data retroactively declared secret.
Esto ocurre con frecuencia. El Servicio de Seguridad Federal no informa a quienes no tienen autorización de seguridad que la clasificación de un documento cambió. Si lo hicieran, eso sería una filtración. Muchos casos de traición están basados en información pública que se declaró secreta de manera retroactiva.
Skvortsov y la sentencia
Desde la cárcel, Skvortsov insiste en que solo envió materiales complementarios, no el libro, pero eso a pocos les importa. Yurkov, a su manera, también fue una víctima, ya que su reputación se manchó.
Matt Schwartz probablemente no recuerde la interacción. Global Voices le envió un mensaje a Schwartz para invitarlo a discutir el caso, pero no recibimos respuesta.
En Rusia, quedan pocas instituciones que puedan apoyar a personas como Skvortsov. Incluso PERMM, el museo estatal de arte contemporáneo que alguna vez alojó su exhibición de fotos, está bajo asedio; su exdirectora Naila Allakhverdieva huyó del país y la buscan por «ofender sentimientos religiosos».
Aún así, Skvortsov y su grupo de apoyo continúan activos. Está esperando su apelación en un centro de detención preventiva de Perm, espera que cambie el régimen, una amnistía o posiblemente, un intercambio de prisioneros. Insta a los lectores a suscribirse a su canal de Telegram «Traidor» —nombre que él mismo eligió— en el que cuentan historias de personas injustamente acusadas de delitos contra el Estado. También envía regularmente contenido, como notas de su tiempo en la prisión Lefortovo en Moscú.







