
Azura Nasron (segunda desde la izquierda) responde preguntas en Tech Tales Youth Launch, Kuala Lumpur, enero de 2025. Foto de Engagemedia.
Este artículo de Izzah Dejav se publicó originalmente en EngageMedia, organización cultural, tecnológica y sin fines de lucro. Global Voices publica una versión editada como parte de un acuerdo de intercambio de contenidos.
El engaño pederasta en línea más conocido por el anglicismo grooming), queda oculto bajo un silencio cultural en Malasia. La nueva película de Azura Nasron, «Hai Anis«, expone esta realidad: cómo los acosadores manipulan, aíslan y explotan a los jóvenes. En esta entrevista, Nasron habla sobre la urgencia de contar esta historia, los desafíos de romper el silencio y el impacto de «Hai Anis», ya que es una conversación que no puede esperar más.
Izzah Dejavu (ID): ¿Qué te ha inspirado a dedicarte al acoso a menores en línea en «Hai Anis»?
Azura Nasron (AN): I have seen and handled cases where teenagers were groomed, only to be failed by the very institutions meant to protect them. Schools dismissed them, families silenced them, and hospitals treated them like problems to be managed rather than survivors to be supported. The way these cases are handled is not just disappointing; it is devastating. Survivors are left unprotected, unheard, and often blamed. That’s what breaks me the most — not just the harm itself, but the failure of those who were supposed to help.
Azura Nasron (AN): He visto y he lidiado con casos de acoso a adolescentes, y he visto que las propias instituciones que tendrían que haberlos ayudado fueron las mismas que les fallaron. Las escuelas los expulsaron, las familias los silenciaron y los hospitales los trataron como si fueran problemas que tuvieran que resolverse y no como sobrevivientes a quienes había que apoyar. La manera en que se manejan estos casos no solo es decepcionante, sino que es devastadora. A los sobrevivientes se los deja sin protección, sin atención y, por lo general, incluso se les culpa. Eso es lo que me hace sentir peor: no solo el daño mismo, sino la falta de atención de quienes se supone deberían ayudar.
ID: «Hai Anis» expone las tácticas que usan los acosadores para atraer a sus víctimas. ¿Cómo moldearon la narrativa tus experiencias o tus observaciones?
AN: I have lived them. I’ve heard the stories. I have experienced being in that situation and know what it’s like to be that child—to fall into the trap, not out of naivety, but because the danger never looks like danger. It never announces itself. It never arrives with a warning. It starts with kindness. With attention. With validation. It begins with, ‘How was your day?’ and ‘I understand you.’ It begins with someone making you feel seen in a way no one else has, and before you even realize it, you are trapped — emotionally entangled with someone who was never who they claimed to be.
This isn’t a failure of intelligence. It’s a failure of protection. A failure of education. A failure of the fact that we don’t teach our youth what real love looks like versus what manipulation feels like. We warn them about bad people, but we don’t explain that sometimes, bad people don’t look bad at all. Sometimes, they arrive dressed as the very thing we crave — care, affection, understanding. To be honest, it’s not just them. We, as adults, struggle with this conversation too.
AN: Las he vivido. He oído las historias. He experimentado estar en esa situación y saber cómo se siente ser ese niño: caer en la trampa, no por ingenuidad, sino porque el peligro no se ve como un peligro. Nunca se anuncia. Nunca llega con una advertencia. Empieza con amabilidad, con atención, con validación. Empieza con: «¿Cómo estuvo tu día? y «Te entiendo». Empieza con alguien que te hace sentir como si te viera como nadie más te ha visto, y, antes de que lo notes, estás atrapado: estás enredado emocionalmente con alguien que nunca fue quien dijo ser.
No es falta de inteligencia. Es falta de protección. Falta de educación. No le enseñamos a nuestros jóvenes cómo luce el amor verdadero en comparación con la manipulación. Les advertimos sobre la gente mala, pero no les explicamos que a veces la gente mala no se ve como gente mala. A veces, se presentan con la «apariencia» de aquello que más anhelamos: cariño, afecto, comprensión. Para ser honestos, no son los únicos. Como adultos, también nos cuesta.
ID: Esta película toca fibras sensibles, como la explotación digital y la educación sexual en Malasia. ¿Qué dificultades enfrentaste al desarrollar esta historia?
AN: One of the biggest struggles I had during scripting was finding a way to balance the weight of the topic with moments that felt real and engaging. How do you tell a story like this without making it feel like a public service announcement (PSA)? How do you reach an audience that is growing up with an entirely different digital language? I spent time with Gen Alpha, immersing myself in their humor, their slang, and their world. I had to make sure that when they watched ‘Hai Anis,’ it wouldn’t feel like a lecture — it would feel like something that understood them. Because if they don’t feel seen, they won’t care. And if they don’t care, nothing changes.
AN: Una de las mayores dificultades que tuve al escribir el guion fue hallar cómo equilibrar el peso del tema con momentos que se sintieran reales y cautivadores. ¿Cómo cuentas una historia como esta sin que se sienta como un servicio de anuncio público? ¿Cómo llegar a una audiencia que está creciendo con un vocabulario digital completamente diferente? He pasado tiempo con la generación Alfa, me sumergí en su humor, su manera de hablar y su mundo. Tuve que asegurarme de que cuando vieran «Hai Anis» no se sintiera como un sermón: que se sintiera como algo que los comprendía. Porque si no sienten que se les ve, no les importará. Y si no les importa, no cambia nada.
ID: ¿Qué cambios esperas ver, sobre todo entre padres y maestros, al hablar sobre la explotación en línea?
AN: First, for parents — stop blaming children. Stop blaming survivors. Start holding perpetrators accountable. Besides, I also think that the most dangerous assumption a parent can make is, ‘My child would never fall for this.’ Grooming doesn’t come with a red flag. It doesn’t look like a villain in the shadows. It looks like trust. It looks like love. It looks like someone is finally listening.
Secondly, for schools, digital safety and consent cannot be an afterthought. It should be as fundamental as mathematics, as non-negotiable as road safety. This is the world children are growing up in — a world where a stranger’s voice can slip into their lives at any moment, through a screen, through a message, through a game. And yet, we are still debating whether these conversations belong in classrooms. We are still afraid of the words ‘sex education,’ still convinced that silence is protection?
For policymakers — stop treating online exploitation as an abstract problem. Stop speaking about it like it only exists in reports and statistics. This is happening here, now, every day. Laws need to do more than exist on paper — they need to be enforced. They need to prevent, not just punish. Protect, not just react. Right now, predators understand the internet better than the laws do, and that is a terrifying reality.
Lastly, I think we cannot afford to pretend this is happening in isolation. The rise of conservatism fuels a patriarchal society that continues to endanger women and children. The more we allow rigid, harmful structures to dictate morality, the more we create a world where predators go unchallenged — because questioning power, questioning control, and questioning who gets to decide what is right and wrong is seen as more dangerous than violence itself.
AN: En primer lugar, que los padres dejen de culpar a sus hijos. Dejen de culpar a los sobrevivientes. Empiecen a hacer responsables a los acosadores. Además, también creo que la suposición más peligrosa que puede hacer un padre es: «Esto nunca le pasaría a mi hijo». Este tipo de acoso no viene con una señal de alerta. No se ve como un villano en las sombras. Se ve como confianza, como amor, como alguien que finalmente te escucha.
En segundo lugar, en lo que respecta a las escuelas, la seguridad digital y el consentimiento no pueden ser un tema relegado. Debería ser tan fundamental como las matemáticas, debería ser un tema no negociable, como la seguridad al volante. Este es el mundo en el que los niños están creciendo: un mundo en el que un extraño puede entrar en su vida en cualquier momento, a través de una pantalla, un mensaje o un juego. Y. aún así, seguimos debatiendo si es pertinente tener estas conversaciones en un salón de clases. ¿Aún le tememos a palabras como «educación sexual», aún estamos convencidos de que el silencio es protección?
A los políticos: dejen de tratar la explotación en línea como un problema abstracto. Dejen de hablar como si solo existiera en informes y estadísticas. Esto está sucediendo aquí, ahora, todos los días. Las leyes tienen que hacer más que meramente existir en papel: tienen que reforzarse. Tienen que prevenir, no solo castigar. Proteger, no solo reaccionar. En este momento, los acosadores comprenden mejor que las leyes cómo funciona internet, y esa realidad es aterradora.
Por último, creo que no podemos fingir que esto sucede en aislamiento. El aumento de los valores conservadores retroalimenta una sociedad patriarcal que continúa poniendo en peligro a mujeres y niños. Mientras sigamos dejando que estructuras rígidas y dañinas definan la moral, estaremos fomentando un mundo en el que no se cuestione a los acosadores, ya que cuestionar el poder, cuestionar el control y cuestionar quién decide qué es correcto qué no se considera más violento que la violencia en sí misma.
ID: Según tu punto de vista, ¿cuál es el primer paso que se debería tomar para proteger a los jóvenes malasios del acoso en línea?
AN: Real change doesn’t come from one direction — it requires communities, shifting behaviours, and changing mindsets, and yes, policy matters too. Many organizations have long raised this issue, yet political will remains absent. Our safeguards are weak, and implementation is even worse.
We must acknowledge why people seek connection. In today’s fast-paced world, we’ve lost empathy, and without understanding the need for belonging, we might miss the bigger picture.
It is also crucial for us to have a sustainable network of trained facilitators — educators, parents, police, doctors, judges, prosecutors, and social workers — who can use ‘Hai Anis’ as an educational tool. A film alone won’t change the world, but in the right hands, backed by resources and real engagement, it can spark conversations that shift how Malaysia addresses this issue. Most crucially, I think, we must address the gendered nature of online exploitation. Young girls, especially, are raised to be polite, accommodating, and secretive — predators exploit that. We need to teach them that saying no isn’t rude, setting boundaries isn’t wrong, and protecting themselves is nothing to apologize for.
AN: El cambio real no viene de un solo lugar: requiere de comunidades, que se modifiquen algunos comportamientos, que se cambien las mentalidades, y sí, también importan las políticas. Varias organizaciones han tratado este tema por años, y aún así, aún n hay voluntad política. Nuestros sistemas de protección son insuficientes, e implementarlos es aún más deficiente.
Es necesario comprender por qué la gente busca conexión. En el mundo actual en el que todo sucede rápidamente, hemos perdido empatía, y sin entender la necesidad de pertenencia, podemos perdernos de ver lo que sucede más allá.
También es crucial que tengamos una red sostenible de facilitadores capacitados, tales como maestros, padres, agentes de policía, médicos, jueces, fiscales y trabajadores sociales, que puedan usar «Hai Anis» como herramienta educativa. Una película en sí misma no cambiará al mundo, pero, en las manos correctas, si tiene el respaldo de recursos y participación real, puede suscitar conversaciones que modifiquen la manera en que Malasia trata este asunto. Lo más importante, creo yo, es que tenemos que enfocarnos en la naturaleza de género de la explotación sexual. A las niñas, sobre todo, se les enseña a ser educadas, serviciales y discretas, algo que los acosadores saben explotar. Tenemos que enseñarles que decir «no» no es mala educación, que marcar límites no está mal y que protegerse no es algo por lo que deban pedir disculpas.
ID: ¿Cuál es el proceso de impacto detrás de «Hai Anis»?
AN: The impactful journey of Hai Anis goes far beyond the screen. One of the most significant milestones was our collaboration with Monster’s Among Us (MAU), an organization dedicated to educating children about sexual education. We screened ‘Hai Anis’ during the My Body My Rules – Comprehensive Sexual Education program across three communities in Klang Valley, involving 24 students aged 13–17. They weren’t just passive viewers; they became active participants in a conversation that is often silenced. Their reactions were powerful and varied — ranging from curiosity to concern, from sharing personal experiences to reflecting on their understanding of safety. While many of them recognized some red flags of grooming, there were still gaps. They understood privacy, but not always as a right, and their perception of risk was mostly shaped by family and culture rather than personal agency.
On March 8, 2025, we reached a broader audience at Gerakbudaya, Malaysia’s leading independent bookstore and cultural hub, during an event for International Women’s Day. The screening drew activists, students, educators, and everyday Malaysians eager to engage, challenge, and redefine the conversations around digital safety and exploitation. The response was overwhelming — people expressed a mix of anger, empathy, and empowerment. I think ‘Hai Anis’ had evolved into something more than a film; it became a dialogue.
AN: El impacto de «Hai Anis» va mucho más allá de la pantalla. Uno de nuestros logros más importantes ha sido nuestra colaboración con Monster's Among Us (MAU), organización que se dedica a enseñar educación sexual a los niños. Proyectamos «Hai Anis» durante Mi cuerpo, mis reglas, programa de educación sexual integral en tres comunidades en el valle de Klang, con 24 estudiantes de entre 13 y 17 años. No eran meros espectadores pasivos: se convirtieron en participantes activos en una conversación que es normalmente silenciada. Sus reacciones fueron poderosas y variadas, pasaron desde curiosidad hasta preocupación, desde contar experiencias personales a reflexionar sobre qué entendían por seguridad. Pese a que varios detectaron algunas señales de acoso cibernético, todavía había aspectos que no lograban identificar. Entendían el significado de privacidad, pero no siempre como un derecho, y su percepción del riesgo la moldeaba sobre todo su familia y su cultura más que una cuestión individual.
El 8 de marzo de 2025 llegamos a una audiencia más amplia en Gerakbudaya, la tienda de libros independientes más importante de Malasia y eje cultural, durante un acto por el día internacional de la mujer. La proyección atrajo a activistas, estudiantes, maestros y a ciudadanos malasios con ganas de involucrarse, desafiar y redefinir las conversaciones sobre seguridad digital y explotación. La respuesta fue abrumadora: la gente expresó una mezcla de enojo, empatía y empoderamiento. Creo que «Hai Anis» ha evolucionado hasta convertirse en algo más que una película: se ha transformado en un diálogo.






