
Imagen creada por Arzu Geybullayeva con Canva Pro.
Desde fines de agosto, más de un centenar de hombres vinculados a la cultura y el entretenimiento en Turquía, entre quienes podemos nombrar fotógrafos, músicos, actores, comediantes y editores, han sido acusados de acoso y agresiones sexuales. A medida que mujeres y personas LGTBIQ+ cuentan en redes sociales sus experiencias, los relatos, comparados con el movimiento global #MeToo, han sacudido la escena cultural del país, lo que ha hecho que figuras de renombre y varias instituciones corten lazos con los acusados.
Todo comenzó cuando un grupo de mujeres relató cómo algunos fotógrafos las presionaron para posar desnudas y luego difundieron esas imágenes íntimas sin su consentimiento. Según las denunciantes, estos hombres se valían de su poder e influencia para hostigar y agredir de forma física a varias mujeres. Poco después, otras voces se sumaron desde distintos espacios artísticos y culturales. Mientras este artículo se escribía, seguían apareciendo nuevos testimonios.
Una de las denuncias más importantes involucra a Gökhan Özoğuz, vocalista de la banda turca de ska-punk «Athena». Según la declaración de una mujer en X, tras etiquetarlo en una selfie durante un concierto, él le habría escrito para pedirle fotos íntimas e invitarla a su hotel. Aunque ella no aceptó, el solo hecho de que existiera esa propuesta contraviene las normas sociales en Turquía, ya que Özoğuz estaba casado en ese momento, y tenía hijos.
En paralelo, varias mujeres acusaron al comediante Mesut Süre de acoso y de intento de agresión sexual a lo largo de una década. Tras las revelaciones, los productores de su exitoso programa de YouTube «İlişki Testi» (El reto en pareja) anunciaron que dejarían de trabajar con él. En un comunicado publicado en la cuenta de Instagram del programa, expresaron solidaridad con las víctimas y se comprometieron a dedicar el espacio a visibilizar otras historias no escuchadas.
En el Oda Tiyatrosu, colectivo teatral de Estambul, se señaló a un director cuyo nombre no se hizo público, al que se acusa de aprovecharse de jóvenes actores a través de pruebas de audiciones coercitivas en las que les pedía desnudarse. Ante las quejas recibidas sobre prácticas poco éticas en audiciones y ensayos, el Sindicato de Actores de Turquía instó a las víctimas a denunciar cualquier vulneración de sus límites.
Denuncias en el ámbito mediático y editorial
La prensa cultural tampoco quedó al margen. Se presentaron denuncias contra Kültigin Kağan Akbulut, fundador y editor en jefe de la revista digital «Argonotlar», por acoso verbal y contacto físico no deseado. En un gesto poco frecuente, la propia publicación confirmó que Akbulut no negó las acusaciones y presentó su renuncia.
En el caso del cineasta Selim Evci, la plataforma en directo «Mubi Turquía» retiró sus películas, mientras que el centro cultural «Akbank Sanat» rompió vínculos con su productora antes de su festival anual de cortometrajes. Se acusa a Evci de agresión física a una mujer en una entrevista para ingresar a una pasantía hace siete años.
Un futuro incierto
Aunque las acusaciones siguen surgiendo, hasta ahora no se han presentado cargos formales ni se ha informado cuál será el curso de acción a seguir.
En algunos casos, se les han cancelado los proyectos a los hombres mencionados en los testimonios, ya que distintas instituciones decidieron dejar de trabajar con ellos. En otros, como el de Evci, los acusados llevaron a las denunciantes a la justicia por difamación. El actor Tayanc Ayaydin, por su parte, negó las acusaciones y sostuvo que, si bien pudo haber actuado de manera imprudente, eso no debería calificarse como acoso.
En Turquía, para que se abra una investigación por un delito, la víctima debe presentar una denuncia dentro de los seis meses posteriores al hecho. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, muchos de los episodios relatados sucedieron mucho antes de ese plazo.
El proceso judicial resulta también desgastante: la carga de la prueba recae en la víctima, que debe aportar todas las evidencias. Según un reciente artículo de la Deutsche Welle, las estadísticas del Ministerio de Justicia muestran que, en comparación con otros delitos, las tasas de condena por acoso y agresión sexual son bajas: «Una parte significativa de los casos termina en absolución o archivo, lo que refuerza entre las víctimas la percepción de que estos crímenes quedan impunes». Por eso, la exposición pública y el escrutinio social suelen ser más efectivos que el propio sistema judicial.
¿Se viene un cambio cultural?
En un comunicado, el Sindicato de Actores describió los testimonios como «un ciclo en el que quienes intervienen se sienten aislados, indefensos y, a menudo, forzados al silencio». Aseguran que las víctimas no están solas y añadió que romper ese ciclo exige solidaridad y acción colectiva.
Al reflexionar sobre el alcance más amplio de los testimonios, la veterana editora Evrim Kepenek señaló la frecuencia con la que los agresores son exonerados, generalmente bajo el argumento de que las víctimas no hablaron antes. Añadió: «Una de las principales razones por las que las sobrevivientes hablan tarde es que se quedan paralizadas en el momento del acoso o el abuso, lo que implica que sus mecanismos de defensa se bloquean». Citó además un tuit de la socióloga Zeynep Duygu para remarcar las causas de esas declaraciones tardías:
Delayed disclosure isn’t a contradiction; it is the result of trauma, power dynamics and social pressure. Trauma silences the victim, the perpetrator’s power makes speaking impossible, and society's accusatory language deepens the silence. The delay does not diminish the reality of the violence; on the contrary, it reveals the pressures under which the victim was silenced. The time for disclosure, however, is related to the victim's safety, social conditions, and the support network. Therefore, every disclosure, regardless of when it is made, is essential and expresses the truth.
La exposición tardía no es una contradicción; es el resultado del trauma, de las dinámicas de poder y de la presión social. El trauma silencia a la víctima, el poder del agresor hace imposible hablar, y el lenguaje acusatorio de la sociedad profundiza el silencio. La demora no resta verdad a la violencia, por el contrario, pone en evidencia las presiones bajo las cuales la persona damnificada fue silenciada. El momento de la acusación está relacionado con la seguridad de la víctima, las condiciones sociales y la red de apoyo. Por lo tanto, cada testimonio, sin importar cuándo se haga, es esencial y expresa la verdad.
Tras las revelaciones recientes, la escritora Sema Kaygusuz publicó:
To those questioning the prolonged silence of women who have been subjected to harassment, sexual assault, and aggravated sexual assault, I have a few words. These crimes exploit silence. Unlike murder, theft, or robbery, which are momentary; the destruction they cause lasts for years. makes you sick, destroys self-worth. Due to its unprovability, it turns into a dark narrative that is constantly repeated searched for inconsistencies.
A quienes cuestionan el prolongado silencio de las mujeres que han sido víctimas de acoso, agresión sexual y agresión sexual agravada, les digo que estos delitos se aprovechan del silencio. A diferencia del asesinato, el robo o el hurto, que son momentáneos, el daño que provocan dura años, te enferma, destruye la autoestima y por su carácter difícil de probar, se convierte en un relato oscuro que se repite constantemente, buscando incoherencias.
Las palabras de Kaygusuz, junto con innumerables publicaciones en redes sociales, se compartieron con la etiqueta #SusmaBitsin [hablar para ponerle fin], que también es el nombre de una iniciativa que en 2018 creó un grupo de mujeres del rubro del cine de Turquía.
En una publicación en Instagram, Susma Bitsin se sumó a la conversación con esta declaración:
We embrace all women and LGBTQ+ individuals who have found the courage to confront their perpetrators in solidarity. We know there are many other survivors who don't yet feel ready to speak out, we believe them, and we remind them that we are here for them all. We are all too familiar with the camera's objectifying gaze on women's and LGBTQ+ individuals within our industry. We know these men who manipulate models/actresses in the blurry creative landscape that comes with the profession of photography; we know this system. We know the names of those of you who think you've never been exposed. Feminist solidarity will not leave you alone, so that those of you who find courage in the absence of sanctions will pay the price.
Acompañamos a todas las mujeres y a las personas LGTBIQ+ que han encontrado el valor de enfrentar a sus agresores en solidaridad. Sabemos que hay muchos otros sobrevivientes que aún no se sienten listos para hablar; les creemos y les recordamos que estamos aquí para todos. Conocemos de sobra la mirada «cosificadora» de la cámara sobre las mujeres y las personas LGTBIQ+ dentro de nuestro rubro. Conocemos a esos hombres que manipulan a modelos y actrices en el terreno difuso que trae la profesión de la fotografía. Sabemos los nombres de quienes creen que nunca han quedado expuestos. La solidaridad feminista no los dejará en paz: quienes encuentran coraje en la falta de sanciones sufrirán las consecuencias.
Un grupo de escritoras también emitió un comunicado en solidaridad:
We, as writers, have not forgotten the perpetrators of harassment in the past. Regardless of their sector, we will not forget the perpetrators of harassment who have been exposed today, those who protected them, and those who targeted those who exposed them. We stand with women and LGBTQ+ survivors of harassment and abuse of power.
Because literature keeps records of social memory.
Como escritoras, no hemos olvidado a los responsables de acoso en el pasado. Sin importar el sector, no olvidaremos a los responsables de acoso que hoy han sido expuestos, a quienes encubrieron y a quienes atacaron a quienes los denunciaron. Estamos junto a las mujeres y personas LGTBIQ+ que han sobrevivido acoso y abuso de poder.
Porque la literatura guarda la memoria social.
¿Habrá un cambio esta vez?
Está por verse si estos testimonios lograrán transformar el entorno en Turquía. Según la plataforma «Detendremos los Femicidios«, en 2024 hubo 394 femicidios, la mayor cifra anual desde que comenzaron el registro en 2010. En los primeros seis meses de 2025, el sitio documentó 136 casos de mujeres asesinadas y 145 fallecidas en circunstancias sospechosas
En una entrevista con BBC en turco, Gülsüm Kav, portavoz de «Detendremos los Femicidios», señaló que, a diferencia de olas anteriores de denuncias, esta vez el panorama ha cambiado. Lejos de ser historias aisladas, existe mayor unión: «Estamos viendo más instituciones del lado de las mujeres. Estamos viendo una conciencia colectiva en la sociedad respecto a la violencia contra las mujeres. Es un avance positivo».
Los obstáculos siguen
Sin embargo, los obstáculos siguen. En 2021, Turquía se retiró de manera oficial del Convenio de Estambul del Consejo de Europa, tratado considerado vital para las víctimas de violencia doméstica. La abogada Ceren Kalay Eken declaró a la BBC que las mujeres que buscan justicia a menudo enfrentan barreras legales. «Se espera de ellas que presenten pruebas contundentes», explicó y añadió que «en ese proceso las mujeres que intentan reclamar sus derechos terminan aún más desgastadas”.
Eken añadió que los autores de estos delitos suelen ser hombres del entorno familiar, cercano o laboral, lo que exige gran fortaleza y tiempo para denunciarlos. «He visto mujeres que estaban listas para presentar una denuncia 30 años después de haber sufrido violencia», manifestó.
Cada año, decenas de mujeres salen a las calles de todo el país el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para denunciar la impunidad estructural que persiste frente a los delitos de género. Este año, exigieron el fin de la violencia y criticaron a las autoridades por imponer un relato centrado en la familia mediante la campaña del «Año de la Familia», que busca inculcar valores más tradicionales y recarga aún más las responsabilidades sobre los hombros de las mujeres.
Durante décadas, las mujeres en Turquía han marchado en solidaridad, exigido cambios y reclamado derechos y libertades. ¿Podría ser este el punto de inflexión? En el contexto del actual liderazgo del país y del historial de la sociedad de mirar hacia otro lado, las posibilidades parecen ser limitadas.






