
Lago glaciar del Himalaya. Imagen de Pexels.
Este artículo se presentó en el marco de la convocatoria Justicia Climática de Global Voices, que reúne a periodistas de países de habla china y de la mayoría global para investigar los efectos de los proyectos de desarrollo chinos en el extranjero. Más historias aquí.
A la región del Himalaya Hindu Kush, cordillera que atraviesa Afganistán, Pakistán, Tayikistán, China, Nepal e India, se conoce como la «torre de agua» de Asia, aunque gran parte de ese recurso queda atrapado en los glaciares que cubren sus picos escarpados. Con el avance del cambio climático, muchos de esos glaciares se derriten a un ritmo alarmante y dan origen a grandes lagos entre las montañas.
Aunque no se sabe con exactitud cuántos lagos glaciares hay, algunos estudios estiman que existen más de 8900 en toda la región. Sin embargo, estas maravillas naturales también implican un riesgo. Las inundaciones por desborde de lagos glaciares son un fenómeno en el que una presa natural cede y libera de golpe el agua acumulada, como si fuera un «tsunami interior». Cada vez ocurren con mayor frecuencia y representan una amenaza mortal para las comunidades cercanas. Estos desastres naturales son comunes en India, Pakistán, Nepal y China, y pueden causar muertes, destrucción y desplazamientos masivos.
Predecir estos fenómenos es muy difícil, pero los inventarios completos de lagos glaciares y los sistemas de observación que combinan datos satelitales, aéreos y terrestres podrían dar a los científicos alertas tempranas sobre posibles inundaciones por desborde de lagos glaciares y ayudar a salvar vidas.
La disputa por los datos
Desde hace tiempo, el intercambio de datos ha sido un tema conflictivo. En la región del Himalaya Hindu Kush, una de las zonas geopolíticamente más sensibles del mundo, difundir información, en especial la relacionada con el agua, sigue siendo un tema muy controvertido. «El agua es un tema muy delicado», señala Arun Bhakta Shrestha, experto en clima y reducción de riesgos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, en entrevista con Global Voices. En muchos países de la región, los datos sobre el agua se tratan como información confidencial. Esto incluye tanto los registros hidrológicos de largo plazo, como las alertas ante desastres que exigen respuesta inmediata, como las vinculadas a las inundaciones por desborde de lagos glaciares.
Esta cultura de información restringida tiene consecuencias reales. Como señala Shrestha, los datos sobre desastres también son información humanitaria. Cuando un lago glaciar se desborda, la inundación no respeta fronteras: avanza con fuerza río abajo y pone en riesgo vidas e infraestructura. «Si esta información pudiera difundirse río abajo, la gente podría evacuar», señaló. «De lo contrario, la gente muere».
Aun así, las alertas tempranas que podrían salvar vidas rara vez se difunden. Según Shrestha, el problema no se debe solo a lo delicado del tema, sino también a la inercia política. «Esos burócratas… se quedan con los datos para evitar complicaciones», dijo. El problema no es la falta de tecnología, gran parte de los datos puede obtenerse por observación remota, sino la resistencia al cambio, que genera políticas rígidas y alimenta la desconfianza entre países vecinos.
La desconfianza genera un círculo vicioso. Las tensiones geopolíticas hacen que los países retengan información, lo que alimenta nuevas sospechas. En ese contexto, los malentendidos se multiplican y surgen mitos, como la idea de que un país administra mal o utiliza el agua de los tramos altos como arma. Estos mitos obstaculizan la cooperación. «No se puede analizar un problema de forma aislada», subrayó Shrestha. «Las cuencas fluviales atraviesan fronteras; son un recurso compartido»
La falta de una visión integral y de estrategias coordinadas puede ser mortal. Para romper este «círculo vicioso de desconfianza», los expertos proponen fortalecer la colaboración científica. Aunque los acuerdos políticos pueden demorar años o incluso décadas, la ciencia ofrece un terreno común.
Instituciones como el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas impulsan esa cooperación científica entre fronteras. «Necesitamos más investigaciones conjuntas y más conocimiento compartido», señaló Xu Baiquing, destacado investigador del Instituto de Estudios del Tíbet de la Academia China de Ciencias, en entrevista con Global Voices. Subrayó que una colaboración sostenida puede ayudar a reducir las brechas de datos, generar confianza y disminuir las tensiones.
El rol de China en el ecosistema regional
Entre los ocho países que conforman la región del Himalaya Hindu Kush, China tiene una ventaja comparativa en materia tecnológica, financiera y de infraestructura. Según fuentes oficiales, el país desarrolló un sistema integral de observación terrestre que incluye satélites meteorológicos, oceánicos y de superficie, con niveles de recolección de datos, en cantidad y calidad, que alcanzan estándares internacionales.
En el ámbito académico, una búsqueda en los principales portales de investigación muestra que Estados Unidos, Reino Unido, China, Canadá, Alemania y Suiza encabezan los estudios sobre lagos glaciares e inundaciones por su desborde, y conforman el núcleo de la producción científica y editorial a nivel mundial. India, por su parte, avanzó en la recopilación de datos y en la gestión del riesgo, sobre todo tras varios desastres mortales.

HIMANSH, estación de investigación de gran altitud de India que estudia los glaciares del Himalaya y su impacto en los recursos hídricos. Imagen de YouTube. Uso legítimo.
Sin embargo, aunque países como China tienen muchos conocimientos científicos, sus aportes suelen quedar limitados por las barreras idiomáticas, las plataformas incompatibles o la desconfianza política. Muchos estudios sobre glaciares chinos se publican en revistas nacionales o en bases de datos gubernamentales, inaccesibles para la comunidad internacional. «No es que China se niegue a difundir datos», explicó un glaciólogo que prefirió mantener el anonimato, «sino que faltan plataformas, confianza y canales adecuados».
En lo que respecta a los inventarios de lagos glaciares y a las evaluaciones de riesgo de inundaciones por desborde de lagos glaciares, incluso los científicos chinos dependen en gran medida de los datos satelitales de agencias estadounidenses como la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Por ejemplo, un estudio de 2020 hecho por científicos chinos sobre los lagos glaciares del Asia de Alta Montaña se basó principalmente en imágenes de Landsat, disponibles gratuitamente a través de la NASA y del USGS.
Los países desarrollados y la desigualdad en el acceso abierto a los datos
El acceso abierto a los datos satelitales de Estados Unidos impulsó la investigación a nivel mundial, aunque no todos los países se benefician por igual. Nepal y Bután enfrentan limitaciones en su infraestructura digital, falta de especialistas y escasez de personal capacitado. Estos obstáculos dificultan el seguimiento transfronterizo y los sistemas de alerta temprana, algo especialmente preocupante si se considera su alta vulnerabilidad y mínima contribución al deshielo global.
Además, como señala Xu Baiqing, los datos satelitales no pueden emitir alertas en tiempo real. «Satélites como los Landsat de la NASA nos ayudan a analizar eventos pasados y a evaluar tendencias», explicó, «pero no pueden ofrecer advertencias inmediatas». Para eso se necesitan satélites geoestacionarios o de seguimiento de desastres. Aun así, no es suficiente. El trabajo de campo sigue siendo esencial para comprender y reducir los riesgos glaciares. Xu promueve una perspectiva más integrado de los sistemas terrestres, que combine infraestructura de macrodatos, modelos científicos y redes de observación. Añadió que el uso de modelos hechos con inteligencia artificial puede ayudar a los científicos a entender mejor las causas, y no solo las consecuencias, de los desastres glaciares.
Incluso China, pese a sus ventajas tecnológicas, financieras y humanas, enfrenta dificultades para instalar redes de observación en el terreno. Cuando el lago Jinwuco se desbordó en junio de 2020, Zhang Qianggong, jefe de la unidad de riesgos climáticos y ambientales del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, explicó a Global Voices que trasladar una sola bolsa de cemento al sitio tomó tres días completos. El transporte del equipo, por sí solo, puede superar los 300,000 yuanes (unos 41,000 dólares).
En medio de condiciones tan difíciles y riesgosas, las autoridades chinas estudian cómo prepararse ante futuros desbordes de lagos en la región. Los investigadores señalaron en un artículo de la Academia China de Ciencias (CAS):
青藏高原须高度警惕冰湖溃决风险。其中,喜马拉雅山、念青唐古拉山中东段冰湖溃决概率是其他区域的3倍。
La meseta de Qinghai-Tíbet presenta un alto riesgo de desbordes de lagos glaciares y exige una vigilancia permanente. La probabilidad de que ocurran en el Himalaya y en las zonas central y oriental de las montañas Nyainqentanglha es tres veces mayor que en otras regiones.
Las brechas de sostenibilidad profundizan la injusticia climática
En Nepal y en otros países, aunque incluso cuando se instalan sistemas de alerta temprana en tierra, a menudo con apoyo de financiadores, su sostenibilidad a largo plazo sigue siendo incierta. «El financista puede pagar la instalación», explica Zhang, «pero ¿quén reemplaza las baterías? ¿Quién capacita al personal?». Sin financiamiento constante ni capacitación continua, estos sistemas suelen fallar al cabo de pocos años, lo que vuelve a dejar a las comunidades expuestas.
Este acceso desigual a herramientas, conocimiento e infraestructura hace que a muchos lagos glaciares de alto riesgo no se les dé seguimiento. Aunque los datos existan, siguen siendo fundamentales las preguntas sobre quién los controla, quién puede interpretarlos y quién tiene la capacidad de actuar en consecuencia. Si los recursos científicos y los sistemas de alerta temprana siguen concentrados en los países desarrollados, mientras las regiones más vulnerables del sur carecen de equipamiento, la injusticia en el centro de la crisis climática se agrava todavía más.

Región del Himalaya Hindu Kush, cordillera que se extiende por Afganistán, Pakistán, Tayikistán, China, Nepal e India. Imagen de GRID-Arendal (CC BY-NC-SA 2.0).
Esta preocupación se ha intensificado con la administración del presidente estadounidense Donald Trump, cuando iniciativas fundamentales de investigación climática, como la Misión de Geología y Biología de Superficie de la NASA, sufrieron fuertes recortes de presupuesto. La propuesta de poner fin al programa Landsat, el registro satelital más extenso y antiguo del planeta, también causó conmoción en la comunidad científica mundial, no solo por sus consecuencias en Estados Unidos, sino por la dependencia global de los datos satelitales de ese país.
Instituciones como el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas ofrecen un rayo de esperanza. Con iniciativas como el Programa de Seguimiento y Evaluación del Himalaya Hindu Kush, facilitan evaluaciones regionales e intercambio de datos entre países. Sin embargo, estas iniciativas siguen siendo limitados en alcance y financiación. Los expertos señalan que Europa, con su experiencia en glaciares alpinos, podría hacer más para fomentar la cooperación y apoyar el desarrollo científico en el Himalaya.
En definitiva, para fortalecer la capacidad de respuesta ante los desastres, la cooperación entre países debe ir más allá de los gestos diplomáticos. Es necesario compartir infraestructura, crear portales de datos accesibles en distintos idiomas, realizar simulaciones conjuntas y mantener programas de formación permanentes. A medida que los glaciares retroceden, el margen para una colaboración real se reduce cada vez más.
El próximo desborde de un lago glaciar no es una posibilidad lejana, sino una cuestión de tiempo. Los datos pueden marcar la diferencia, pero solo si se difunden, se comprenden y se utilizan a tiempo.






