
Código proyectado sobre una mujer. Foto por ThisIsEngineering. De uso libre de Pexels.
¿Puede Occidente fomentar un proceso justo y democrático para la gobernanza de la inteligencia artificial (IA), o dominarán los intereses capitalistas y empresariales? Esta pregunta ha polarizado a los países en desarrollo, particularmente a África, y destacado la brecha digital y las diferentes perspectivas entre el Norte y el Sur. Si bien la utilidad de la IA es ampliamente reconocida, la cuestión clave sigue siendo: ¿quién se beneficia y a quién sirve?
La historia ha demostrado que los avances tecnológicos de los países desarrollados a menudo han estado acompañados de explotación en los países en desarrollo. La Revolución Industrial, impulsada por invenciones como la máquina de vapor y la tecnología aplicada al transporte, son excelentes ejemplos. Estas innovaciones impulsaron el progreso en el Norte, pero exacerbaron la explotación en el Sur, lo que fomentó una actitud defensiva y escepticismo hacia el dominio tecnológico del Norte. Este legado continúa influyendo en el planteamiento de los países en desarrollo hacia las nuevas tecnologías como la IA.
Además, este escepticismo también tiene sus raíces en precedentes históricos que han moldeado cómo interactúan los países con la tecnología. Los precedentes históricos sugieren que las estrategias tecnológicas de los países pueden entenderse a través de dos perspectivas pedagógicas. La «pedagogía protestante» permite a los países aplicar y adaptar la tecnología a sus contextos culturales y socioeconómicos únicos, lo que impulsa el avance en la cultura y en la economía. Por el contrario, la «pedagogía católica» toma la forma de acción, en la que los países solo pueden participar a través de la acción de los originadores de la tecnología. Esta perspectiva ha sido perjudicial para el desarrollo de África, como se observa en las economías extractivas establecidas durante la colonización.
Como señalan Acemoglu y Robinson en su libro de 2012, “Why Nations Fail” (Por qué fracasan los países), esta perspectiva ha fomentado un sistema en el que los recursos son controlados por agentes externos, lo que limita la capacidad de África para dar forma a su propio destino económico.
La brecha de la IA: creciente preocupación
La brecha de la IA es notoria: Norteamérica y China están a punto de recolectar la mayor parte de los beneficios económicos de la IA, mientras que los países en desarrollo tienen aumentos más moderados debido a las menores tasas de adopción. Según el Foro Económico Mundial, se prevé que la IA contribuya con 15,700 millones de dólares a la economía global para 2030, y la mayoría de los beneficios irán a parar a países de altos ingresos. Esta disparidad destaca la necesidad de un desarrollo y una gobernanza de la inteligencia artificial realmente inclusivos.
La Segunda Conferencia sobre el Estado de la Inteligencia Artificial en África (COSAA) 2025, destinada a brindar una plataforma para discutir el potencial transformador de la IA en África, fue recibida con intenso escepticismo e incertidumbre con respecto a la inteligencia artificial. Una pregunta apremiante dominó la discusión: ¿quién se beneficia realmente de la IA? Esta preocupación está bien fundada, dada la dinámica actual. Por ejemplo, África genera una enorme cantidad de datos, pero solo el 2% de los centros de datos se encuentran en el continente, lo que significa que la mayoría de los beneficios potenciales se dirigen a otros lugares. Además, los trabajadores de datos y conductores de aplicaciones en África enfrentan importantes desigualdades en comparación con sus pares de los países desarrollados, lo que subraya la necesidad de distribuir más equitativamente los beneficios y oportunidades en la economía digital.
Dado este contexto, es preocupante que la respuesta de la Asamblea General de las Naciones Unidas haya sido inadecuada al potencial de la IA para mejorar la economía y para cerrar la brecha económica. Un planteamiento más concreto habría abordado las diferencias en su implementación, la fuga de cerebros y las limitaciones del contexto local. En cambio, la atención se centró en las aplicaciones militares de la IA, particularmente en la guerra, como destacó el presidente ucraniano Zelenski sobre el potencial de la IA para desarrollar armamento. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿sobre qué bases puede África buscar el desarrollo de la IA, dadas las dinámicas de poder existentes?
Intereses mercantilistas a menudo eclipsan la prosperidad global
El mundo digital se ha acostumbrado a priorizar los objetivos mercantilistas egoístas sobre las iniciativas de desarrollo regional, nacional y global. Esta tendencia persiste a pesar del potencial de la IA para sacar a millones de personas de la pobreza. Un ejemplo reciente es la controversia en torno al African Network Information Center (AFRINIC), registro regional de internet para África.
AFRINIC se estableció para promover la soberanía digital y el desarrollo de infraestructura en África mediante la asignación de recursos de direcciones IP en todo el continente. Sin embargo, la adquisición de casi siete millones de direcciones IPv4 de AFRINIC por parte de Cloud Innovation, empresa fundada por el empresario chino Lu Heng, ha suscitado preocupación. Aunque Cloud Innovation está formalmente registrada en Seychelles, la mayoría de sus operaciones están en Asia, donde arrienda estas direcciones IP a empresas en China, Filipinas y Hong Kong. Esta situación ha provocado un debate en torno a las cuestiones de representación, inclusión y la posible interrupción del ecosistema de internet de África.
Consolidación y control: el futuro de la IA
La carrera por la IA ha despertado preocupaciones sobre la trayectoria y la seguridad de la economía global, y destaca una tendencia hacia la consolidación. Por ejemplo, en enero de 2025 la administración del expresidente estadounidense Joe Biden presentó la Norma Final Interina, que regula la distribución de chips avanzados para IA, y categoriza a los países en niveles según el acceso. Esta política favorece a los países desarrollados, más del 90% de los países del Nivel 1 disfrutan de acceso sin restricciones, mientras que los países en desarrollo, incluida África, enfrenta un acceso limitado en el Nivel 2.
Además, el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planea desechar este sistema e involucrar directamente a los países para el acceso a chips, lo que no necesariamente mejorará la situación, ya que podría conducir a un panorama más fragmentado y potencialmente desigual.
Muchos países en desarrollo, particularmente los de África, a pesar de tener importantes reservas de minerales críticos utilizados para fabricar chips, a menudo no tienen la influencia, la experiencia y el poder de negociación para negociar eficazmente con el Gobierno de Estados Unidos y asegurar términos favorables, lo que limitaría sus beneficios económicos de estos recursos y exacerbaría el problema. El descubrimiento de petróleo en países africanos como Nigeria, Angola y Gabón ilustra este punto. A pesar de las vastas reservas de petróleo, estos países a menudo luchan por negociar acuerdos favorables con corporaciones multinacionales, lo que lleva a una distribución desigual de los ingresos, beneficios económicos limitados y dependencia de la experiencia extranjera.
La preparación de los países en desarrollo para IA: desafíos y preocupaciones
Los países en desarrollo enfrenta importantes desafíos para adaptarse a la IA, particularmente para recopilar y gestionar datos. Un problema importante es el estado actual de las normas de recopilación de datos. Los tres métodos comunes son la autoproducción, los repositorios y los sitios, que pueden ser tediosos y consumir mucho tiempo. Además, mantener una perspectiva coherente en la recopilación de datos es crucial, pero la integración de datos de fuentes extranjeras puede introducir sesgos existentes y perpetuar las desigualdades estructurales.
Otro desafío significativo es la falta de un ecosistema de datos estructurado en África, debido a la presencia incipiente del continente en este campo. Esto plantea preocupaciones sobre la transferibilidad de datos, dadas las diferentes políticas, leyes y mecanismos de aplicación de datos en los países en desarrollo, particularmente en África. Por ejemplo, más de 40 países han promulgado leyes de protección de datos, lo que crea complejidad y una posible fragmentación.
Estas dificultades resaltan la necesidad de un enfoque más coordinado e inclusivo para el desarrollo de la IA en los países en desarrollo, uno que priorice la calidad, la coherencia y la equidad de los datos. Al abordar estas cuestiones, podemos garantizar que la IA beneficie a los países en desarrollo y promueva un desarrollo equitativo.
El camino hacia la legitimidad
Occidente tiene el poder de hacer de la IA una herramienta legítima para el avance humano al utilizar a los valores democráticos como característica fundamental. Este camino comienza con incluir y participar, e involucra a las partes interesadas de todas las regiones y países para comprender los desafíos y aspiraciones únicos.
Este planteamiento colaborativo promueve que se asuman responsabilidades y exista transparencia, lo que genera confianza entre ciudadanos y autoridades. La transparencia es crucial a medida que los sistemas de IA toman decisiones que impactan en las vidas, y las explicaciones claras empoderan a los ciudadanos para comprender las opciones y exigir responsabilidades a las autoridades.
La equidad y la no discriminación son principios esenciales, que promueven la justicia social y la equidad al tiempo que respetan los derechos humanos y la diversidad. La supervisión y regulación humanas son vitales, con marcos sólidos que rigen el desarrollo y la implementación de la IA.
Para hacer realidad el potencial de la IA, los Gobiernos, las organizaciones regionales e internacionales deben colaborar para aprovechar su poder como una fuerza para el progreso. Naciones Unidas debe priorizar la restauración de la confianza en la IA y alinearla con iniciativas globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las leyes de privacidad de datos.
Naciones Unidas puede facilitar si colabora con instituciones regionales para alinear los objetivos con las normas internacionales y promover prácticas responsables de IA. Las organizaciones regionales deben trabajar juntas para garantizar el intercambio de datos sin problemas, la aplicación de la ley digital y altos parámetros para recopilar y proteger datos, priorizar el lenguaje y la integración cultural para beneficiar a todas las comunidades.








