
Vertedero en Uzbekistán. Captura del canal de YouTube del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. Uso legítimo.
Este artículo se presentó en el marco de la convocatoria Justicia Climática de Global Voices, que reúne a periodistas de países de habla china y de la mayoría global para investigar los efectos de los proyectos de desarrollo chinos en el extranjero. Más historias aquí.
Como parte de su avance hacia una gestión más sostenible de los residuos, el 7 de julio de 2025 Uzbekistán comenzó la construcción de su primera planta de incineración para generar energía junto a la empresa China International CAMCE, en la provincia oriental de Andiján. Una vez finalizada, la planta producirá 240 millones de kilovatios hora de electricidad al año pues quemará 1500 toneladas de residuos por día. CAMCE invertirá 140 millones de dólares y asumirá todos los gastos. Los operadores obtendrán ingresos mediante tarifas de eliminación de residuos y venta de electricidad.
La segunda planta comenzó a construirse el 18 de julio en la provincia central de Samarcanda, junto al grupo chino de gestión de residuos Shanghai SUS Environment. También procesará 1500 toneladas de residuos por día y generará 240 millones de kilovatios hora de electricidad al año. La empresa invertirá 150 millones de dólares en su construcción.
En el acto de inauguración en Samarcanda, el director de la Agencia de Gestión de Residuos, Sharifbek Khasanov, destacó que estos proyectos:
… данные проекты служат целям охраны окружающей среды, сокращения объёмов размещения отходов на полигонах, использования возобновляемых источников энергии и обеспечения экологической устойчивости.
… contribuyen a proteger el ambiente, reducir los desechos en los vertederos, aprovechar fuentes de energía renovable y promover la sostenibilidad.
A simple vista, el proyecto parece beneficioso para ambas partes. Para Uzbekistán, representa una forma de enfrentar el creciente problema de los residuos, disminuir la contaminación y generar más electricidad. Para las empresas chinas, es una oportunidad de expandirse al exterior ante el exceso de oferta en su mercado interno. Pero detrás de esta aparente historia de éxito persiste la falta de transparencia en los acuerdos entre el Gobierno uzbeko y los inversionistas chinos, y el silencio sobre los posibles riesgos ambientales y para la salud, que hasta ahora no se han reconocido públicamente.
Quemar el problema
Las dos plantas anteriores son solo el punto de partida de un proyecto mucho más amplio entre China y Uzbekistán para transformar la gestión de los residuos en el país. El Gobierno uzbeko firmó acuerdos con tres compañías chinas para construir al menos siete plantas de incineración en seis provincias y en la capital, Taskent, con fecha de finalización prevista para 2027. CAMCE estará a cargo de dos plantas en la ciudad y la provincia de Taskent, SUS Environment levantará otra en Qashadaryo, y China Everbright International construirá dos más en las provincias de Namangan y Ferganá.
Estos proyectos tienen un fuerte respaldo político en Uzbekistán. En octubre de 2024, durante la presentación de las plantas al presidente Shavkat Mirziyóyev, el mandatario destacó:
Это не просто заводы, а один из судьбоносных вопросов. От этой сферы зависят и пригодность наших земель и вод, и здоровье населения, и чистота воздуха, и стабильность энергетики.
No son solo fábricas; detrás hay cuestiones esenciales. De eso depende la calidad de nuestras tierras y aguas, la salud de la población, la pureza del aire y la estabilidad de la energía del país.
El presidente confía en que estos proyectos den resultados. Pero también es evidente que el país enfrenta una crisis de residuos que ya no puede controlar. Cada año, Uzbekistán genera alrededor de 14 millones de toneladas de basura, de los cuales solo se recicla el 4%. Durante años, los residuos en Uzbekistán se arrojaron en vertederos a cielo abierto, muchos ubicados a menos de un kilómetro de zonas residenciales. Esa práctica libera cada año más de siete millones de toneladas de gases de efecto invernadero y unas 43,000 toneladas de líquidos tóxicos que contaminan el aire, el suelo y el agua. Las comunidades cercanas viven expuestas a estos desechos y sufren consecuencias directas en su salud.
Mark Fodor, coordinador de la campaña Defensores en Desarrollo de la Coalición por los Derechos Humanos en el Desarrollo, participó en una investigación de Bankwatch sobre el impacto de los vertederos en las comunidades uzbekas. En una entrevista, habló sobre el ambiente de censura que impide a muchos en el país expresar sus preocupaciones sobre este tipo de problemas.
«Me impactó ver cómo se castiga a quienes se animan a hablar en Uzbekistán. Una cosa es cruzarse con alguna persona que haya sufrido represalias, pero es muy distinto ver cómo ese miedo se extiende y paraliza a toda la sociedad. Hay comunidades enteras que prefieren guardar silencio, aun cuando los vertederos les están arruinando la vida».

Camión de basura en Uzbekistán. Las autoridades confían en que las plantas de incineración reduzcan los desechos enviados a los vertederos. Captura del canal de YouTube del BERD. Uso legítimo.
Para intentar enfrentar la crisis de residuos, en septiembre de 2024 Uzbekistán creó la Agencia para la Gestión de Residuos y el Desarrollo de la Economía Circular. Hasta ahora, su principal apuesta han sido las plantas de incineración. Además de los siete proyectos financiados por empresas chinas, el país planea construir una gran planta con inversión del grupo emiratí Tadweer. También prevé dos proyectos adicionales, financiados por compañías coreanas, que generarán electricidad a partir del gas producido en los vertederos.
En conjunto, estos proyectos incinerarán más de 4,4 millones de toneladas de residuos al año que, de otro modo, habrían terminado en vertederos. Producirán unos 2100 millones de kilovatios hora de electricidad, valorados en 97 millones de dólares. Según las estimaciones oficiales, también permitirán ahorrar más de 152 millones de metros cúbicos de gas natural y reducir en 2,4 millones de toneladas las emisiones de gases de efecto invernadero.
Falta de transparencia
La principal preocupación en torno a las plantas de incineración es la falta de transparencia en los acuerdos. Hasta ahora, se conoce muy poco sobre las condiciones que pactaron las partes. Lo único que trascendió es que, a cambio de construir las plantas en Uzbekistán, las tres empresas chinas recibieron garantías del Estado para comprar electricidad durante los primeros 30 años. La falta de transparencia genera múltiples dudas e interrogantes.
¿Por qué el Gobierno no hizo una licitación abierta ni eligió con transparencia las ofertas más convenientes? ¿Qué otras concesiones hicieron las autoridades? ¿Y a qué precio comprará el Estado la electricidad producida por estas plantas: al valor de mercado o por encima?
Estas dudas no surgieron de la nada. El vecino Kirguistán firmó un contrato con la empresa china Junxin para construir una planta de incineración en su capital, Biskek. Las investigaciones indican que este tipo de acuerdos suele beneficiar ampliamente a los inversionistas chinos. Por ejemplo, además de comprar la electricidad generada por Junxin, el Gobierno kirguiso deberá pagar 17 dólares por cada tonelada de residuos incinerados, lo que representa unos 6,2 millones de dólares al año. Además, una vez finalizado el contrato de 30 años, el país ni siquiera será propietario de la planta.
Algunos grupos de derechos humanos señalaron que las autoridades no crearon mecanismos para recibir comentarios, quejas o aportes de la población sobre este y otros proyectos de infraestructura que podrían afectar la salud y la vida de las comunidades. Es un problema común en Uzbekistán, donde el control del Estado sobre la sociedad civil y las políticas de censura casi eliminaron el espacio para el debate y la crítica.
Otra gran preocupación tiene que ver con los posibles impactos ambientales y en la salud pública. Pese a los esfuerzos del Gobierno por presentar las plantas de incineración como una solución ecológica, existen pruebas de que también pueden causar daños. Numerosos estudios muestran que las incineradoras antiguas o mal mantenidas pueden provocar cáncer, malformaciones, muertes infantiles y abortos espontáneos. Aunque las plantas modernas controlan mejor las emisiones, todavía es pronto para considerarlas seguras, ya que muchas enfermedades tardan años en manifestarse.
En Uzbekistán, los plásticos representan una parte importante de los residuos sólidos, más del 10%. Al incinerarlos, se liberan dioxinas, furanos, microplásticos y otras sustancias químicas tóxicas y persistentes que pueden generar contaminación química y poner en riesgo la salud pública. En China, su impacto provocó protestas ciudadanas por la liberación de partículas al aire y la posible contaminación de las fuentes de agua locales.
Ante estas protestas, el Gobierno chino impuso regulaciones más estrictas para las plantas de incineración dentro del país. Las nuevas normas exigen seguimiento y publicación de datos sobre la contaminación, establecen límites de emisión, amplias zonas de protección alrededor de las plantas y sanciones severas para las empresas que las incumplen.
El exceso de plantas en China
Para China, el motivo de su cooperación con Uzbekistán y otros países de Asia central es simple: tiene más plantas de incineración de las que necesita.
En los medios oficiales, esto casi no se menciona. Las empresas chinas que participan en los proyectos de Uzbekistán lo presentan como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el plan del Gobierno para ampliar su influencia comercial y de infraestructura en el extranjero. Un artículo del medio estatal Sina Finance afirma que estos proyectos se ajustan a los objetivos de esa iniciativa.
本次对外投资事项是公司深入践行共建‘一带一路’倡议…推动海外环保领域‘投建营’一体化项目落地落实的重要举措。
Esta inversión en el extranjero es una medida importante para implementar la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y promover proyectos integrados de inversión, construcción y operación en el sector ambiental fuera del país.
En la prensa china, Uzbekistán aparece como un destino atractivo para estos proyectos. Un artículo del diario estatal Diario del Pueblo afirma:
乌兹别克斯坦拥有地理位置和人才优势,近年来政局稳定、经济平稳发展,政府又采取了一系列吸引外资的措施。
Uzbekistán tiene una ubicación estratégica y mano de obra calificada, y en los últimos años tuvo estabilidad política y un crecimiento económico constante. El Gobierno también tomó varias medidas para atraer inversión extranjera.
El medio además lo presenta como un país con «espíritu industrial», dispuesto a aprender de la experiencia de otros, especialmente de la «avanzada» tecnología china en proyectos de incineración y de la «madurez» de su industria nacional.

Planta de incineración Hanyang Guodingshan, Wuhan, China. Imagen de Wikimedia Commons. (CC BY-SA 3.0).
Detrás de esa retórica empresarial, que busca mostrar a las compañías como aliadas del desarrollo de Uzbekistán, hay un problema simple: en China ya no hay suficiente basura que quemar. En los últimos 20 años, la industria creció tan rápido que muchas plantas quedaron sin actividad y las empresas empezaron a buscar oportunidades fuera del país.
Según datos del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural de China, el número de plantas de incineración pasó de 67 en 2005 a más de mil en 2023. Al mismo tiempo, la proporción de residuos tratados por incineración aumentó del 9,8% al 82,5%. Hoy, estas plantas operan en promedio al 60% de su capacidad. En resumen, no hay suficiente basura para mantenerlas en funcionamiento, y la competencia dentro del país es muy fuerte.
Para las empresas chinas del sector, Uzbekistán y otros países de Asia Central representan un nuevo mercado con abundantes oportunidades, sin competencia y con Gobiernos dispuestos a ofrecer condiciones favorables. Además, el papel de China como principal socio comercial e inversionista del país, y segundo mercado de exportación, les da una clara ventaja.






