El mapa de la derrota: Claves ineludibles para entender el revés electoral de Daniel Noboa

La consigna durante las manifestaciones de octubre de 2025, fue en contra de una instalación de Asamblea Constituyente. Foto: Global Vioces. 12 de octubre de 2025, Quito-Ecuador.

Alrededor de 11 millones de personas acudieron a votar el 16 de noviembre de 2025 por el paquete de cuatro preguntas propuestas por el Gobierno Nacional de Ecuador. En un contexto con problemas crónicos que se van agudizando, como las 7.439 muertes violentas que, entre enero y octubre de 2025, superaron a las ocurridas en todo el 2024; y, los 32 días continuos de protestas lideradas por el Movimiento Indígena y varios colectivos sociales por la eliminación del subsidio al precio del diésel. En este contexto, al rededor del 60 por ciento de ciudadanos dijeron que “No” a las preguntas de la consulta y referéndum impulsada por el presidente Daniel Noboa.

La Consulta Popular y el Referéndum son mecanismos de democracia directa: herramientas para que la ciudadanía decida en las urnas sobre asuntos de gran impacto social y constitucional. La pregunta clave de la Consulta Popular del Gobierno de Noboa, fue si se debía instalar una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución que reemplace la aprobada en 2008, acusada de garantista y aprobada por la ciudadanía durante el gobierno de Rafael Correa.

Por otra parte, el Referéndum que planteó como un paquete de reformas constitucionales puntuales, con énfasis en la seguridad y en el sistema político. Noboa propuso tres temas centrales: a) La instalación de bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano (el No alcancó el 61 por ciento); b) La eliminación del financiamiento público a los partidos políticos (el No logró el 58 por ciento); y, c) La reducción del número de asambleístas nacionales y provinciales (el No alcancó 54 por ciento). Estos resultados reflejan la primera derrota contundente de un gobierno con menos de un año en su segundo mandato: ¿Qué explica esta derrota, después de haber ganado la Presidencia con el 56 por ciento de los votos en apenas siete meses atrás?

Las protestas marcaron el clima político de las elecciones

En plena escalada de protestas por el incremento del precio del diésel, el Gobierno de Noboa cumplió con la obligación de pedir autorización a la Corte Constitucional para llamar a una Asamblea Constituyente. La Corte admitió el pedido y habilitó la pregunta para ser sometida a votación. El cálculo político del Ejecutivo era evidente: usar la Consulta y el Referéndum como válvula de escape para descomprimir las calles. Pero, ocurrió lo contrario. Durante las protestas, la idea de una nueva Constitución ya había sido rechazada por buena parte de las organizaciones movilizadas.

Una vez levantado el paro, el presidente de la Confederación Nacional de Indigenas del Ecuador (CONAIE), Marlon Vargas, anunció públicamente que las bases del movimiento indígena se pronunciaban por el No en la Consulta Popular y el Referéndum. Las calles llegaron al proceso electoral con un mensaje nítido: no había confianza en el rumbo del Gobierno, y la propuesta de Constituyente se leyó como una maniobra política para asegurar la continuidad del poder, no como una solución de fondo a los principales problemas del país.

Durante los 32 días de movilización, la provincia de Imbabura se convirtió en un símbolo de la represión estatal, dejando un saldo de cientos de heridos y al menos tres personas fallecidas (Efraín Fuerez, Rosa Paqui y José Guamán). La pregunta de fondo que se instaló en el debate público fue: Si el Gobierno puede reprimir protestas con tanta fuerza, ¿por qué no logra frenar la violencia en las calles y las cárceles? La respuesta para mucha gente tenía que ver con mucha mano dura hacía la protesta social y poca voluntad política para construir políticas públicas con enfoque social, prevención, inclusión y que garanticen los derechos de las personas.

El desgaste del Gobierno también explica la derrota política

En política, la misma jugada rara vez funciona dos veces. En la campaña presidencial (nueves meses antes), Noboa ofreció becas para cursos de inglés, bonos para jóvenes, adultos mayores y personas damnificadas por las inundaciones en la costa. Para la Consulta Popular y el Referéndum, el Gobierno intentó repetir el libreto, expuesto en los millones de dólares destinados a “regalar bonos” a policías, militares, adultos mayores, becas para jóvenes; y, en el pago adelantado del décimo tercer sueldo a funcionarios públicos. Todo esto, sin una estrategia social coherente que justifique esos beneficios como parte de una política pública estructurada.

El mensaje que recibió buena parte de la población fue simple: el Gobierno intentaba comprar respaldo político. A esto se sumó una crisis especialmente sensible. El sistema de salud pública y la seguridad social entraron en una nueva emergencia sanitaria. A inicios de noviembre de 2025, el propio Gobierno reconoció un desabastecimiento de alrededor del 50 por ciento de medicamentos en centros de salud públicos, lo cual, se tradujo en falta de atención médica adecuada incluso en casos graves y urgentes. La combinación de inseguridad, crisis de salud y medidas asistenciales improvisadas minó la credibilidad de Noboa justo antes de la votación.

La articulación ciudadana por el No

La campaña fue corta: solo 13 días. Pero ese tiempo bastó para alinear a una constelación diversa de actores ciudadanos en torno al No: activistas sociales, pueblos y nacionalidades indígenas, defensores de derechos humanos, defensores del agua y la naturaleza, académicos, artistas, militantes de izquierda, actores políticos progresistas, influencers y ciudadanía no organizada. Con arte, música, intervenciones culturales, una intensa disputa de sentidos en redes sociales y profundos debates en plazas, universidades, medios de comunicación y territorios, se construyó un relato común: defender la Constitución vigente frente a una Constituyente percibida como riesgosa, innecesaria o potencialmente funcional a un proyecto de concentración de poder.

El resultado fue contundente: el 62 por ciento de la población rechazó la instalación de una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución actual. El mensaje al presidente Noboa fue directo: Gobierne y resuelva la crisis de inseguridad, salud y empleo con las herramientas que ya tiene en la Constitución vigente, en lugar de intentar cambiar las reglas del juego.

Galápagos y la defensa del territorio

La otra gran línea de rechazo ciudadano fue geopolítica y ambiental. En una entrevista con CNN, Daniel Noboa habló abiertamente de instalar bases militares de Estados Unidos en la isla de Baltra, que se encuentra en el archipiélago de Galápagos y en las ciudades costeras de manta Manta y Salinas.

Las Islas Galápagos no son cualquier territorio: Son Parque Nacional, Reserva de Biosfera y Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Los defensores de la naturaleza y de los animales, junto con amplios sectores sociales, se movilizaron en defensa de este espacio único del planeta. La campaña logró sumar a distintas generaciones alrededor de una idea clara: Galápagos no se toca. El 60,84 por ciento de votantes rechazó la instalación de bases extranjeras en Ecuador.

Finalmente, tras conocerse los resultados, Daniel Noboa usó su cuenta de X para aceptar la derrota electoral de su propuesta de Consulta Popular y Referéndum. Pero, más allá del reconocimiento público, no anunció cambios claros en la dirección de su gobierno. Sin un ajuste visible de estrategia, el siguiente movimiento fue un viaje oficial a Estados Unidos. Así, el conflicto entre un Gobierno que apuesta por mano dura, bonos coyunturales y reformas de alto impacto, y una ciudadanía que exige seguridad, salud y empleo sin autoritarismo, queda abierto.

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