
Foto del Comité Nacional de Desarme, Desmovilización y Reintegración de Buea para excombatientes de Boko Haram y de grupos armados de las regiones del noroeste y suroeste. Imagen de sus archivos, utilizada con autorización.
Este trabajo se realizó gracias a una beca otorgada por la Asociación de Periodistas Anglófonos de Camerún (CAMASEJ), como parte de un proyecto financiado por Open Society Foundations.
Lo que comenzó en 2016 como un reclamo social en las regiones anglófonas de Camerún se transformó en un negocio rentable. Hoy, los grupos armados mantienen la crisis anglófona a través de un sistema brutal de secuestros que, solo en 2023, dejó más de 7,8 millones de dólares (4500 millones de francos CFA) en rescates pagados por civiles.
Todo comenzó con un pedido de apoyo económico. Una llamada desconocida instaba a quienes provenían de las regiones anglófonas a aportar fondos para la «lucha» contra la marginación. Ese pedido se volvió amenaza. La «lucha» ahora funciona como una empresa clandestina: los llamados «generales de guerra» actúan como directivos. El secuestro es su estrategia comercial; los rescates, su fuente de ingresos. Como consecuencia, familias, docentes, directores de escuela y agricultores quedan atrapados entre el miedo y la ruina económica.
Audrey Shiynyuy vivió dos ataques de los combatientes separatistas, conocidos como «Amba boys». La primera vez que llegaron a su casa, secuestraron a su padre, lo llevaron hasta una zona boscosa y fijaron un precio por su vida. Hoy, Audrey recuerda lo ocurrido con calma. La familia pagó el rescate «para apoyar la lucha». El padre regresó a casa y todos creyeron que lo peor había pasado. Pero cuando los combatientes volvieron, ya no pidieron dinero: lo mataron. El primer pago no compró su libertad, solo aplazó el desenlace. Es la muestra más clara de un conflicto que destruye a su propia gente.
La violencia entre las fuerzas del Gobierno y los combatientes separatistas que buscan crear el Estado independiente de Ambazonia lleva más de nueve años. Según Human Rights Watch, el conflicto dejó más de 6000 muertos hasta 2024 y desplazó a más de 1,1 millones de personas, según el Consejo Noruego para los Refugiados. La crisis tiene raíces históricas en la marginación del grupo angloparlante por parte del Gobierno mayormente francófono.
Lo que comenzó como protestas pacíficas de abogados y docentes en 2016, en rechazo a la imposición del francés en tribunales y escuelas, escaló tras una fuerte represión estatal.
A medida que el conflicto se endureció, los secuestros se convirtieron en un negocio más lucrativo. Un informe de 2023 de la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional, con datos de ACLED, registró cerca de 450 secuestros con pedido de rescate en las regiones anglófonas, más del doble de los ocurridos en 2022. Cada secuestro financia el siguiente y alimenta un ciclo de violencia y desesperación económica. Los datos recientes son difíciles de obtener por el estigma y el miedo a sufrir represalias.
La contabilidad humana
La contabilidad de esta economía de guerra se escribe en el cuerpo y la memoria de los sobrevivientes. El periodista Fred Vubem Toh vivió su primer capítulo en la carretera Bambui-Babanki. A las 15:00 horas, tres hombres armados salieron de la maleza y lo rodearon con armas.
Lo trasladaron en motocicleta a un campamento remoto. Lo acusaron de ser «agente de La République». Su multa: 20,500 dólares (12,5 millones de francos CFA) o la muerte. «Tenía que entregar cinco armas y cada una costaba 4100 dólares», relató. Cuando dijo que no podía pagar, las negociaciones se volvieron violentas.
They started beating me with planks and machetes… The more I pleaded, it made them angry. I saw it as their excuse to take my life.
Empezaron a golpearme con tablones y machetes… Suplicar por mi vida los enfurecía más. Lo vi como su excusa para matarme.
Su libertad no fue fruto de una negociación: logró fugarse. Al segundo día, cuando quedó solo con un guardia, fingió un dolor estomacal; en cuanto el guardia salió, huyó.
I started running and I leaped over a log of wood and fractured my leg without even realizing.
Empecé a correr y salté sobre un tronco y me fracturé la pierna sin siquiera darme cuenta.
Durante tres días avanzó como pudo, se escondía bajo troncos caídos mientras los rastreaban por el bosque, hasta que un agricultor lo encontró y lo ayudó al abrigo de la oscuridad.
Su sobrevivencia habla de fortaleza, pero reveló otra falla. Aunque entregó al Ejército y a la oficina del gobernador un mapa detallado del campamento, nunca recibió ayuda del Estado:
I am shocked that till now nothing has been done. I learnt that the boys come out to the road everyday… and kidnap people and impose a daily levy. The population suffers.
Me sorprende que hasta ahora no hayan hecho nada. Supe que esos hombres salen a la carretera todos los días… Secuestran personas y les exigen un pago diario. La población sufre.
Cómo funciona la economía del secuestro
Okha Naseri Clovis, ex Amba boy, hoy desarmado e inscrito en el Comité de Desarme, Desmovilización y Reintegración, explica el giro del conflicto: de una causa ideológica a un negocio.
Civilians were never our target but became due to how expensive our generals saw it was to run a war and an army. They had to resort to feed from and hurt the very people they claimed to be protecting.
Los civiles no eran nuestro objetivo, pero la guerra era demasiado costosa. Los generales empezaron a obtener dinero de la propia gente a la que decían proteger.
Según Clovis, hubo un hecho decisivo: el secuestro de trabajadores tunecinos en la carretera Kumba-Bakassi.
My General at the time, General Lake, asked for USD 147,500 [FCFA 90 million] and the company paid USD 82,000 [FCFA 50 million] cash up front. Victims are kept and tortured in a room.
Mi comandante, el general Lake, pidió 147,500 dólares (90 millones de francos CFA) y la empresa pagó 82,000 por adelantado. A las víctimas las tienen encerradas y las torturan en una habitación.
Los pagos se realizan por transferencias y, a veces, en efectivo. Así, los grupos acumulan grandes sumas en sus cuentas. Clovis dice:
In a day they can smoke drugs worth over 5 million and buy guns from our suppliers in Nigeria. One bullet is over USD 4.10 [FCFA 1,800] … which is why when we kidnap someone, our goal is to get as much money as possible.
En un día pueden gastar más de cinco millones en drogas y comprar armas a nuestros proveedores en Nigeria. Una bala cuesta más de cuatro dólares… Por eso, cuando secuestramos a alguien, la meta es obtener la mayor cantidad de dinero posible.
Los gastos de esta guerra recaen sobre cada persona. Godwin Benyella, director de la escuela secundaria GBHS Atiela, tiene dos entradas en esta cuenta. La primera fue un intento de secuestro en el que su hijo recibió un disparo.
At 9 am in broad daylight… blood was oozing from my child’s leg.
A las 09:00 horas, a plena luz del día… la sangre salía de la pierna de mi hijo.
La segunda ocurrió cuando él y sus vicedirectores fueron secuestrados en su oficina. Su salvación llegó con un engaño desesperado.
I had an iPhone and I discovered they do not like taking an Apple gadget… I told them there is a tracker in my car which will be followed.
Tenía un iPhone y descubrí que no quieren quedarse con dispositivos Apple por el riesgo de rastreo. También les dije que mi auto tiene un rastreador y podían ubicarlo.
Asustados, los combatientes exigieron millones. Su esposa envió el dinero «poco a poco».
Bin Joachem Meh, director académico e investigador de la Escuela Internacional de Negocios de Yaundé, describe los rescates como un sistema económico complejo. Explica:
Ransom money moves through the local economy… via a multi-layered process that blends coercion with commerce.
El dinero del rescate circula en la economía local… a través de un proceso que mezcla coerción y comercio.
Todo comienza cuando la familia liquida sus bienes. Luego, el dinero ingresa a un circuito clandestino. Una parte se gasta de inmediato para cubrir necesidades diarias, lo que inyecta capital ilícito en los mercados locales. El resto se reinvierte en la guerra: armas, logística y pagos a combatientes. Las víctimas se convierten en financistas del conflicto que las destruye. El efecto macroeconómico es devastador. Meh habla de «distorsiones graves del mercado» y una «redistribución predatoria de la riqueza» que obliga a las familias a vender bienes productivos, como tierras, y genera pobreza intergeneracional. Además, afirma:
The conclusion is inescapable. Yes, ransom payments have helped sustain or even prolong the conflict. They provide a reliable, internally-generated revenue stream… Transforming kidnapping into a profitable enterprise, makes political resolution economically disadvantageous for those who profit from the ongoing instability.
La conclusión es clara. Sí, los rescates sostienen y prolongan el conflicto. Son una fuente confiable de ingresos… Convertir el secuestro en un negocio hace que una solución política resulte poco conveniente para quienes se benefician del caos.
Nada cambia si todo sigue igual
Hoy, Clovis es activista del movimiento My Kontri People Dem. Estudia transporte y logística y sigue en contacto con la región que él llama «zona cero». Desde allí anima a las comunidades a unirse, protegerse y enfrentar a los Amba boys. Dice:
The war has become a business which everyone benefits from.
La guerra se volvió un negocio del que todos se benefician.
Explica que varios de los actuales comandantes son delincuentes con un largo historial delictivo, reclutados en prisiones, un plan que salió mal, según él. Su objetivo es enriquecerse, no liberar a nadie. «Cuando el secuestro no da suficiente dinero, salen a las calles y cobran un impuesto», contó. La lucha ideológica quedó vacía y la reemplazó una búsqueda implacable de ganancias.
Según estadísticas del Comité Nacional de Desarme, Desmovilización y Reintegración, hasta el 15 de septiembre de 2025, 373 hombres, 111 mujeres y 75 niños entregaron sus armas y avanzan en su proceso de reintegración en el centro de Barmenda, en la región del Noroeste. En el centro de Buea, en la región del Suroeste, hay 651 hombres, 30 mujeres y 23 niños registrados como excombatientes. Los gobernadores dicen que se están tomando medidas para proteger a los civiles, aunque muchos dicen sentirse abandonados y obligados a financiar al mismo grupo que los ataca.
Contexto mundial
La crisis silenciosa de Camerún se parece a lo que ocurre en zonas de Nigeria, Malí y Haití, donde grupos armados se sostienen con secuestros. La tendencia es clara: cuando un conflicto da ganancias, la paz se vuelve mal negocio. La respuesta de la comunidad internacional es limitada y el cansancio local normaliza esta economía invisible del sufrimiento. Para miles de cameruneses, la vida cotidiana se mide en miedo, pérdidas y dinero. En este mercado de guerra, la vida humana queda reducida a un monto, y cada rescate paga otra bala. Sin acciones reales, el ciclo no se detiene.






