Pueblos indígenas del extremo este de Rusia se quedan sin hombres por la guerra

Escultura de bronce de un ciervo en una aldea evenki. El pastoreo de renos es aún una de las principales ocupaciones del pueblo evenki. Foto de Vladímir Sevrinovsky.  Usada con autorización.

Este artículo de Vladímir Sevrinovsky se publicó originalmente en Novaya Vkladka el 8 de octubre de 2025. Global Voices publica una versión editada en virtud de un acuerdo de intercambio de contenidos.

Los pueblos indígenas de Rusia tienen el derecho de prestar servicio civil voluntario y de prorrogar el reclutamiento. Sin embargo, hay más hombres de estas minorías étnicas, como los evenkis, los nanais y los nivkhshave, tres grupos indígenas del extremo este, que combatieron en Ucrania en comparación con el resto de la población rusa.

El extremo este de Rusia es una región extensa, poco poblada y muy alejada de Moscú. Singapur, Yakarta y hasta la ciudad australiana de Darwin están más cerca de Vladivostok que de la capital de su propio país. Hay tan poca gente que el Gobierno ofrece una serie de incentivos especiales para atraer nuevos residentes. Sin embargo, la región enfrentó algunas de las campañas de reclutamiento más agresivas para la guerra en Ucrania.

Según el medio independiente Mediazona, el Distrito Federal del Lejano Oriente ocupa el primer lugar en Rusia en cuanto a soldados confirmados muertos en combate por cápita. Una parte significativa de estas muertes proviene de las minorías indígenas que ya estaban en riesgo de desaparecer. Como sostiene la socióloga Guzel Yusupova, la mayoría de los reclutados son habitantes rurales de grupos sociales vulnerables, personas que a menudo desconocen sus derechos.

Los evenkis

Igor Ivanov, descendiente de una larga tradición de pastores de renos, se formó como veterinario y se unió a la brigada de pastores. La mujer con la que se casó también llevaba una vida nómada junto a ellos.  Aunque las mujeres no suelen pastorear renos, sí son chumrabotnitsas o cuidadoras del chum, especie de carpa tradicional. Además, se encargan de preparar el fuego, cocinar y cuidar de los pastores.

Durante la Segunda Guerra Mundial, solo seis personas de este distrito fueron al frente. Según Natalia Benchik, que encabeza la Asociación de Grupos Indígenas del Distrito, los pastores evenkis no fueron reclutados en aquel momento. Sin embargo, más de 30 hombres del mismo distrito fueron a luchar a Ucrania. Los habitantes dicen que movilizaron a alrededor de diez hombres, mientras que el resto firmó contratos de manera voluntaria.

El río Olenyok cerca del pueblo que lleva el mismo nombre. Foto de Vladímir Sevrinovsky. Usada con autorización.

El distrito intentó dar apoyo a sus soldados. Aunque dispone de un presupuesto subvencionado en gran medida, los habitantes envían con frecuencia pieles de reno al frente; y los funcionarios aseguran que estas brindan «no solo protección contra el frío y la humedad en las trincheras, sino también un camuflaje seguro contra las cámaras infrarrojas del enemigo».

A principios de 2024, luego de varios rechazos, a Ivanov, «enfermo y pequeño», como lo describió su esposa Nina, lo reclutaron repentinamente. Como la mayoría de los hombres de la zona, era un tirador experto, pero pronto se dio cuenta de que esas habilidades no eran útiles en el frente moderno. Nina recordó que le dijo: «Luchan con drones ahora. Mucha gente muere, es terrible». Ivanov nunca regresó.

Según los lugareños, al menos ocho de los hombres que fueron a la guerra murieron, mientras que seis siguen desaparecidos y uno desertó. Los lugareños, que recogen suministros para los que están en el combate, también cuidan al desertor porque consideran que tanto el que lucha como el que huye son personas de la comunidad, atrapadas en medio de la adversidad y que merecen compasión.

Los nanais

Andrey Beldy, exdirector del Centro Cultural Nanai, vive en el distrito Nanai en el lrai de Jabarovsk, y se refiere con amargura a los funcionarios que, según él, llevaron al pueblo al borde de «la asimilación y la extinción total».

En la actualidad, alrededor de 300 personas hablan con fluidez la lengua nanai. Beldy organiza iniciativas culturales para preservar las tradiciones nacionales, y en el mejor de los casos, las autoridades locales las ignoran; en el peor, las obstaculizan. Coordina juegos tradicionales nanais a cuenta suya. Aunque alguna vez habló su lengua materna, la perdió después de estar años en un internado y recién en la edad adulta pudo retomarla.

Ídolos en el museo histórico local en la aldea de Troitskoye, capital del distrito de Nanai. Foto de Vladímir Sevrinovsky. Usada con autorización.

La movilización de otoño de 2022 en el krai Jabarovsk fue masiva, incluso para los parámetros del extremo este. Según Pavel Sulyandziga, defensor de los derechos humanos, se reclutó a 40 hombres en el pueblo nanai de Dada, que tiene una población total de alrededor de 400 habitantes.

La Asociación de Pueblos Indígenas del Norte en el krai Jabarovsk solicitó al presidente de Rusia y a otros funcionarios que detuvieran la movilización en los asentamientos indígenas: «Cuando se recluta a grupos étnicos que aparecen en el Libro Rojo, puede ser fatal, porque se convoca a los últimos hombres oroch, udege y nanai y es probable que no regresen».

Luego de algunos meses de hablar con los periodistas, Beldy entrerró a su hijo, que murió en la guerra.

Los nivkhs

En los comienzos de la década de 2000, el creador del alfabeto escrito nivkh, Vladimir Sangi, célebre novelista y poeta, diseñó un plan para salvar a su gente. Propuso reubicar a los nivkhs en asentamientos pequeños autónomos, «reservas» inspiradas en las de Estados Unidos, donde los ancianos, que eran alrededor de veinte, pudieran transmitir la lengua y las tradiciones a las generaciones más jóvenes. Allí, lejos de las ciudades y de la influencia del alcohol, podrían vivir como alguna vez lo hicieron sus ancestros.

Los nivkhs son un pueblo paleoasiático, originario de la cuenca del río Amur y de la isla Sajalín. La población, de unos 4000 habitantes, se mantuvo casi sin cambios durante el último siglo. Los lingüistas incluso encontraron rastros de proto-nivkh en coreano, lo que sugiere que el territorio de sus antepasados se extendía mucho más al sur.

Renos nivkh. Foto de Vladímir Sevrinovsky. Usada con autorización.

Su folclore es tan impresionante como surrealista: lejos de ser guerreros atraídos por la aventura, las leyendas nivkh relatan historias sobre objetos como la aguja, la orina y el excremento, el cráneo de un perro e incluso la piedra de afilar que se embarcan en misiones heroicas.

Cuando la Unión Soviética estableció la escolarización obligatoria, esto separó a las familias. Los pequeños asentamientos nivkh no tenían escuelas, por lo que los niños iban a internados donde se les prohibía hablar su lengua materna. Muchos recuerdan el trauma de ser privados de sus nombres, ya que a los niños se los llamaba por números.

A principios del milenio, varias asociaciones que fundó Sangi ejercieron presión para que se aprobara una ley que protegiera a las minorías étnicas. Las compañías de petróleo y gas congraciaron a los grupos indígenas de Sajalín con subsidios y acuerdos para explotar las tierras ancestrales. La identidad cultural se convirtió en una especie de mercancía: con la financiación de las empresas, prosperaron la artesanía tradicional, los festivales y los libros a cambio de imágenes pintorescas que apaciguaran la conciencia de los inversores.

En la década de 2020, el nivkh comenzó a resurgir: se enseña en algunas escuelas primarias, se ofrece en cursos opcionales e incluso aparece en una aplicación móvil con una guía de conversación. Sin embargo, solo algunos la usan en la vida cotidiana.

En 2024, el Ministerio de Justicia de Rusia añadió 55 organizaciones fundadas en el exterior representantes de pueblos indígenas rusos a la lista de grupos extremistas, a las que calificó como dependientes de un ficticio «movimiento separatista antirruso».

La movilización de la segunda mitad de 2022 también llegó a los nivkhs. Los pocos activistas civiles que quedaban estaban fragmentados y nadie imaginaba protestas como las que se vieron en Daguestán. «Los daguestaníes aún conservan su espíritu», dijo un nivkh de mediana edad. «El nuestro hace tiempo que nos lo quitaron».

Dicen que cuando los pueblos desaparecen, se llevan todo. Si a estas comunidades las mantienen sumidas en el silencio y la guerra, no solo desaparecerán los pueblos, sino también el humo de sus carpas, los nombres de sus ríos, sus lenguas y sus canciones.

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