
«Dejen de matarnos», dice este cartel mostrado en una marcha en Brasilia, capital de Brasil, para denunciar la violencia contra la mujer. Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil. Uso legítimo.
Miles de mujeres marcharon en varias ciudades de Brasil el fin de semana del 6 y 7 de noviembre para dar un mensaje de que la violencia contra la mujer no puede trivializarse y que está en crisis. Las protestas se organizaron bajo el título “Levante mujeres vivas” (Levante Mulheres Vivas), tras varios destacados casos que llegaron a las noticias en las semanas anteriores.
Por ejemplo, un influenciador de medios sociales conocido por crear contenido “píldora roja” (término que se origina en las películas de The Matrix y que simboliza un “despertar” que algunos grupos políticamente conservadores y misóginos han adoptado), fue arrestado presuntamente por atacar a su pareja y tratar de obligarla a tener relaciones sexuales. Él ha rechazado las acusaciones.
En São Paulo, un hombre arrastró a una mujer con su auto un kilómetro, lo que causó la amputación de las piernas de la mujer. Según la Policía, el sospechoso estalló de “rabia” después de ver a la mujer hablando con otro hombre en un bar. La familia y amigos de la víctima dijeron que habían salido un tiempo. El hombre niega conocerla, pese a los testigos que dicen haberlos visto discutir en el bar.
En Río de Janeiro, un servidor público mató a tiros a dos mujeres con quienes trabajaba en una unidad educativa federal, y después se suicidó. La Policía está investigando si el caso tiene un factor misógino, porque el atacante no aceptaba mujeres en puestos altos en el lugar de trabajo. CBN Radio dice que el delito “podría estar motivado por la misoginia, que es odio, desprecio o prejuicio contra la mujer”, según relatos de los padres de estudiantes y otras personas cercanas a las víctimas.
En Florianópolis, estado de Santa Catarina, un niño de cinco se paró frente a su madre para protegerla mientras su padre la acuchillaba, con lo que le salvó la vida. En la misma ciudad, a fines de noviembre, a una mujer de 31 años la violaron y asesinaron en un camino de excursiones cuando iba a una clase de natación.
En la capital Brasilia, se encontró el cuerpo carbonizado de una recluta militar de 25 años después de un incendio en una unidad militar con un corte en el cuello. Un soldado de 21 años confesó haberla matado e iniciado el fuego después de una discusión.
Ese mismo día, en São Tomé das Letras, estado de Minas Gerais, una mujer de 26 años sufrió quemaduras en el 60% de su cuerpo. Ya en el hospital, dijo a los policías que su novio le había arrojado gasolina y la prendió fuego, también tras una discusión.
Las antropóloga y escritora Debora Diniz publicó un llamado a las marcha en su cuenta de Instagram, y agregó:
Esse é o paradoxo do nosso tempo bruto contra as mulheres: marchar para garantir o direito à vida. Caminhar para interromper a naturalização do feminicídio. Ocupamos a cidade para lembrar o óbvio: não deveria ser necessário pedir para não morrer.
Marche. E fale desse paradoxo, sem suavizar. Estranhe que a sobrevivência precise de coro, de cartaz, de grito na garganta. Estranhe que tenhamos de gritar para viver — e, ainda assim, grite. Porque cada passo junto desmente o silêncio que tentaram nos impor.
Esta es la paradoja de nuestro brutal tiempo contra la mujer: marchar para garantizar el derecho a vivir. Caminar para interrumpir la normalización del feminicidio. Ocupamos la ciudad para recordar lo obvio: no debería ser necesario pedir no morir.
Marcha. Y hablemos de esta paradoja, sin suavizarla. No debería ser normal que la sobrevivencia necesite un coro, afiches, un grito en la garganta. No debería ser normal que aún necesitemos gritar para vivir, y aún así, gritar. Porque cada paso [que demos] juntos desmiente el silencio que están tratando de imponernos.

Protesta en la avenida Paulista, São Paulo, por “Mujeres vivas'’, 7 de noviembre de 2025. Foto: Rovena Rosa/Agência Brasil.. Uso legítimo.
Desde 2006, Brasil tiene una ley para combatir la violencia de género, especialmente para proteger a las víctimas de violencia doméstica. Tiene el nombre de Maria da Penha, que quedó parapléjica después de que su esposo le disparó en la espalda cuando dormía. En 2015, otra ley, firmada por la entonces presidenta Dilma Rousseff, endureció las penalidades para el asesinato de mujeres y niñas, y agregó el feminicidio como homicidio calificado en el Código Penal del país. Este cambio introdujo en la legislación la noción de que hay mujeres a las que matan por su género.
En 2024, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva promulgó otra ley que hace del feminicidio un delito por cuenta propia, con penas de hasta 40 años de prisión, y que pueden llegar a 60 años en algunos casos (en el sistema de justicia brasileño no hay prisión perpetua). Después de las últimas protestas, Lula publicó un video en su cuenta de X (antes Twitter) que muestra la marcha en Brasilia, que incluye a ministras de su gabinete y la primera dama, Rosangela Janja Lula da Silva, y escribió que “combatir el feminicidio es un trabajo para todos, sobre todos para los hombres”.
Pero pese a esas leyes existentes, esta protección a mujeres y niñas en el país nunca parece ser suficiente garantía, y la cantidad de esos delitos es preocupante.
El informe anual 2025 de la organización no gubernamental Foro Brasileño de Seguridad Pública mostró que, aunque las muertes violentas han disminuido en Brasil, los casos de violencia contra mujeres y menores aumentó.
Los datos recopilados por los sistemas estatales mostraron 3870 víctimas de tentativa de feminicidio, un aumento del 19% en comparación con el año anterior. En 2024, Brasil tuvo 1492 víctimas de un feminicidio, un aumento del 0.7%, el mayor número registrado desde que la ley de 2015 entró en vigencia. Esto significa que cada día matan a un promedio de cuatro mujeres por razones vinculadas a su género. A ocho de cada diez mujeres las mataron sus parejas o exparejas.

‘Mujeres vivas. Basta de feminicidios’, protesta en Brasilia. Foto: Marcelo Camargo/Agência Brasil. Uso legítimo.
En un capítulo de ese informe que analiza estos datos, los expertos dicen que la violencia contra la mujer sigue siendo “uno de los mayores desafíos que tienen las fuerzas públicas brasileñas, en particular en el rubro de seguridad pública, ya sea en producir y sistematizar datos, o en términos de formular e implementar estas políticas públicas, sobre todo las preventivas”. También advirtieron: “Las leyes mejoran pero la violencia persiste, y las mujeres siguen en riesgo. Estos riesgos son diversos”.
En otro informe de 2023 que analiza números de 2022, cuando “todas las formas de violencia contra la mujer han tenido un aumento”, el Foro indicó:
Agressões físicas, ofensas sexuais e abusos psicológicos se tornaram ainda mais frequentes na vida das brasileiras. O assédio sexual, seja no ambiente de trabalho ou no transporte público, atingiu recordes inimagináveis. (…) estamos diante de um crescimento agudo de formas graves de violência física, que podem resultar em morte a qualquer momento.
Agresiones físicas, delitos sexuales y abuso psicológico se han vuelto más frecuentes en la vida de las brasileñas. Acoso sexual, ya sea en el lugar de trabajo o transporte público, llegó a números inimaginables. (…) estamos ante un crecimiento severo de grave violencia física, que pueden resultar en muerte en cualquier momento.
Una dura predicción que se ha vuelto realidad para muchas mujeres. Pocos días antes de las marchas, el 4 de noviembre, el diario Correio Braziliense publicó un editorial:
Os recentes casos de violência de gênero que chegaram ao noticiário nacional não deixam dúvidas da existência de um ódio crescente contra as mulheres no país, confluindo para um cenário de perigosa normalização das atrocidades. Não à toa especialistas alertam para uma prática disseminada de extermínio de mulheres e autoridades ressaltam os riscos da banalização de crimes do tipo. (…)
A inação faz parte da engrenagem que tira a vida das mulheres brasileiras todos os dias. Sem uma mobilização que envolva agentes públicos, a sociedade civil, escolas, igrejas, estudiosos, não se alteram estruturas que sustentam um ciclo prolongado de violência que tem o feminicídio como estágio crônico. A crueldade também está na omissão, e esta, sim, precisa ser extirpada.
Casos recientes de violencia de género que han llegado a las noticias nacionales no dejan dudas sobre la existencia de desenfrenado odio contra las mujeres en el país, que convergen en un escenario de peligrosa normalización de las atrocidades. No por nada los especialistas advierten sobre esta difundida práctica de exterminar mujeres, y las autoridades destacan los riesgos de banalizar esos delitos. (…)
La inacción es parte de este engranaje de toma la vida de brasileñas todos los días. Sin una movilización que incluya agentes públicos, la sociedad civil, escuelas, iglesias, intelectuales no podemos cambiar estructuras que sostengan un ciclo extendido de violencia que tiene al feminicidio en estado crónico. La crueldad también está en la omisión, y ciertamente, esto debe erradicarse.






