El futuro no tan concreto de Nepal

Carretera de montaña en construcción en Nepal. Imagen de Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

Este artículo fue presentado como parte de la Beca de Justicia Climática de Global Voices, que vincula a periodistas de países sinófonos y de la mayoría global para investigar los efectos de los proyectos de desarrollo chino en el extranjero. Encuentra más historias aquí.

Hasta hace diez años, Nepal importaba cemento desde India, pero después del terremoto de Gorkha de magnitud 7,8 de 2015, la demanda aumentó varias veces, y para 2019, el país logró ser autosuficiente en la producción de este material de construcción. Em gran medida, esto fue posible gracias a grandes inversiones en la industria cementera de Nepal.

En 2017, el grupo chino Hongshi firmó con el Gobierno de Nepal un acuerdo de inversión extranjera directa por 359 millones de dólares. En ese momento, era el mayor proyecto industrial de inversión extranjera directa en el sector manufacturero de Nepal.

Hongshi Group se asoció con la nepalí Shivam Cement para construir una planta de cemento de última generación en el distrito de Nawalparasi, con una participación del 70%, con un acuerdo de producir 12,000 toneladas de cemento por día.

Pekín suele celebrar la inversión de Hongshi Group en Nepal como una historia modelo de las primeras iniciativas chinas en el extranjero dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, su proyecto internacional de desarrollo y conectividad. Fue uno de los primeros intentos a gran escala de una cementera china por expandirse a nivel internacional, y su empresa conjunta en Nawalparasi se volvió rentable. Funcionarios chinos la mencionan con frecuencia como prueba de que la Iniciativa de la Franja y la Ruta puede ofrecer beneficios mutuos: ayudar a las empresas chinas a adquirir experiencia global mientras “reactivan la economía local”.

En Nepal, el proyecto generó al menos 10,000 empleos, construyó carreteras y fortaleció el comercio regional. Sin embargo, esta narrativa de prosperidad compartida también oculta un desbalance. Mientras las ganancias y el prestigio suben, del costo ambiental y social se guarda silencio en los valles de donde se extrae la piedra caliza y el polvo nunca desaparece por completo.

Hongshi Shivam cement plant in Nawalparasi, Nepal. Photo by Investment Board Nepal. Used with permission.

Planta de cemento Hongshi Shivam en Nawalparasi, Nepal. Foto de Investment Board Nepal. Usada con autorización.

Dos años después, en 2019, Huaxin, otra empresa cementera china, llegó a Nepal con una inversión de 140 millones de dólares y con el objetivo de producir 3000 toneladas de cemento por día. Hongshi y Huaxin también estaban entre los mayores inversionistas extranjeros en Nepal hasta ese momento.

Según la Encuesta Económica 2013–2014, Nepal tiene 1070 millones de toneladas de depósitos de piedra caliza, suficientes para sostener la producción de cemento en el país durante al menos cien años. Con el impulso de la demanda de reconstrucción tras los desastres de 2015, Nepal vivió un auge en la industria del cemento, y varias empresas locales también comenzaron sus operaciones.

Desde la primera fábrica de cemento instalada en 1967, Nepal tiene ya 124 fábricas registradas, de las cuales 72 están en funcionamiento en todo el país y producen hasta 22 millones de toneladas al año. Como resultado, Nepal comenzó a exportar cemento a India en julio de 2022.

Impacto ambiental

Las inundaciones de septiembre de 2024 en Nepal, que causaron casi 250 muertes en todo el país, fueron provocadas por lluvias monzónicas sin precedentes. Sin embargo, la destrucción en el valle de Rosi, donde se registraron al menos 69 muertes, tuvo más relación con la extracción no regulada de piedra y arena en su cuenca. Como resultado, so forzó a los ríos a fluir por canales estrechos, y las aguas cargadas de escombros avanzaron sobre las llanuras pobladas.

Pero eso fue solo la punta del iceberg. En los últimos tiempos, la extracción de piedra no regulada —y a menudo ilegal—, donde las empresas extraen más de lo permitido, la falta de medidas de protección y la sobreexplotación han provocado inundaciones y deslizamientos más graves, además de contaminación del aire, el agua y el suelo.

En un estudio de 2021 del Nepal Rastra Bank, el 92% de los encuestados dijo que las cementeras causaban contaminación del aire, del agua, sonora y del suelo en sus comunidades, lo que afectaba severamente sus medios de vida. Otro artículo de 2021, publicado en The Journal of Development Innovations, vinculó directamente la erosión del suelo con la mala gestión y la escasa supervisión de las minas de piedra caliza de Nepal, además de prácticas de excavación perjudiciales.

La tecnología importada, a menudo presentada como más limpia y eficiente, agrega un nivel de complejidad a la resistencia local. Como las fábricas que trabajan con inversión extranjera directa suelen utilizar maquinaria más avanzada y sistemas modernos de filtración, parecen ambientalmente superiores a las plantas nacionales más antiguas. Por esta ventaja técnica, es más difícil que el Gobierno —e incluso las comunidades afectadas— se oponga a estas inversiones, ya que se presentan como progreso. En el discurso público, rechazar estos proyectos puede parecer irracional o contrario al desarrollo, aunque los pueblos cercanos siguen soportando el polvo, el ruido y los cambios en el paisaje. La promesa de “mejor tecnología” suaviza así las críticas y redefine qué daños se consideran aceptables.

En una entrevista con Himalkhabar en 2022, habitantes de los distritos de Palpa y Dang hablaron sobre el impacto en el suministro de agua subterránea, la contaminación del suelo y del aire, y la salud pública causada por las plantas cementeras cercanas. Incluso organizaron protestas para oponerse al funcionamiento de las plantas, pero no fueron escuchados.

Mahendra Pandey dijo: “Todos hablan de los beneficios de la industria del cemento, pero a nadie le importa cómo nos afecta a los agricultores acá. El Gobierno no ayuda; no le importa lo que vivimos las personas sobre el terreno”.

Foto de Saurya Cements. Usada con autorización.

Foto de Saurya Cements. Usada con autorización.

La contaminación del aire ya es uno de los mayores factores de riesgo de muerte en Nepal, por encima del tabaco y la hipertensión arterial. Según el informe Estado del Aire Global 2025, un total de 41,300 personas murieron en 2023 por exposición a niveles peligrosos de contaminantes en el aire. Las emisiones de industrias como la del cemento son una de las principales fuentes de PM2.5 ambiental, partículas con un diámetro de 2,5 micrómetros o menos que pueden causar problemas de salud y están vinculadas con enfermedades cardíacas y pulmonares, cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, diabetes y demencia, entre otros trastornos.

La industria del cemento en Nepal tiene un volumen de negocios anual estimado en alrededor de 150,000 millones de rupias (más de mil millones de dólares). También generó 3850 millones de rupias (24 millones de dólares) en ingresos por exportaciones a India durante el año fiscal 2023/2024. Pero todo este desarrollo tiene un costo social y ambiental enorme. Ciertamente, la industria cementera sin supervisión no solo afecta la salud pública y la ecología, también incrementa la huella de carbono de Nepal en un momento en que el país se comprometió a alcanzar emisiones netas cero para 2045.

Inversión china en el sector del cemento

A partir de 2024, India impuso un embargo no oficial al cemento producido en Nepal. Funcionarios indios dejaron de emitir sellos IS, que certifican que el producto cumple los requisitos de la Oficina de Normas Indias. Esto fue a pesar de quelas  empresas locales afirmaban que el cemento nepalí tenía una calidad superior a la de sus equivalentes indios.

Pero, al igual que con la energía hidroeléctrica, India no quería productos de Nepal elaborados con componentes chinos. Esto derivó en una serie de clausuras o funcionamientos parciales de las fábricas de cemento del país.

Las empresas chinas Hongshi y Huaxin fueron decisivas para que Nepal alcanzara la autosuficiencia en la producción de cemento y para que miles de lugareños consiguieran empleo. Pero Nepal forma parte de una larga lista de países que obtuvieron beneficios similares y, al mismo tiempo, sufrieron pérdidas ecológicas.

Si bien los efectos de la inversión china en la industria del cemento de Nepal todavía están en evolución, otros países ofrecen pistas sobre cómo podría evolucionar esta expansión. Por ejemplo, China transformó a Tayikistán de importador de cemento a uno de los mayores exportadores de Asia central. Todo comenzó cuando Huaxin y Tajik Gayur Group crearon la empresa conjunta Huaxin Gayur Cement en la provincia suroccidental de Khatlon, con una capacidad anual de 1,2 millones de toneladas. Un año después, dos empresas más inauguraron sus plantas, y en 2024, se construyeron otras cinco plantas con inversiones chinas.

Los beneficios inmediatos que ofrecen estas empresas, como empleos para la población local, a veces acompañados de acceso a atención médica y educación, además de regalías para el Gobierno, hacen que resulte difícil oponerse únicamente con el argumento del costo ambiental. También suele ser complicado vincular directamente los impactos en la salud y el ambiente con un proyecto de infraestructura específico o con algunas emisiones.

Y aunque se presentan denuncias, es probable que la comunidad local no obtenga un resultado favorable, como ocurrió con un pueblo de Kazajistán que buscó una compensación y el cierre o traslado de la cementera Gezhouba Shieli.

En un principio, los tribunales distritales y provinciales fallaron a favor de los pobladores, determinaron que la planta se había construido demasiado cerca de la zona residencial, en contra del marco legal vigente. Pero, finalmente, el Gobierno federal de Kazajistán modificó las regulaciones sobre la distancia obligatoria entre plantas peligrosas y zonas residenciales.

Al final, se permitió que la planta cementera Gezhouba Shieli siguiera operando en el mismo lugar y continuara contaminando la zona sin enfrentar consecuencias.

El legado de Himal Cement y el activismo ambiental en Nepal

La fábrica estatal Himal Cement se estableció en 1967 en Chobhar, Katmandú, con asistencia alemana, y tenía una capacidad de 160 toneladas por día. Tras una renovación, esta capacidad aumentó a 200 toneladas. Antes de eso, el cemento utilizado en la construcción se importaba desde India, Singapur o Europa.

Pero, más de tres décadas después, creció la oposición por las emisiones de la planta. Tras la presión local, la empresa aceptó instalar filtros para reducir las emisiones de polvo de la chimenea, preparar una evaluación de impacto ambiental largamente postergada y construir un muro de contención para proteger las zonas cercanas de los deslizamientos.

La planta finalmente cerró de forma definitiva en 2002, después de una campaña a gran escala de Chobhar contra el polvo y la contaminación del aire. Expertos señalaron que hasta el 80% del polvo y el hollín atrapados por la inversión térmica invernal en el valle de Katmandú provenían de Himal Cement, y que Katmandú era la única gran ciudad del mundo con una fábrica de cemento en plena producción a solo cuatro kilómetros del centro. La planta fue clausurada definitivamente en 2002.

Este fue uno de los primeros sonados cierres de una industria por motivos ambientales en Nepal; muchas otras siguieron el mismo camino. El legado de Himal Cement y su final recuerdan el frágil equilibrio entre ecología y economía.

Años después, la extracción ilegal en los lechos de los ríos continúa desenfrenada. Y cuando el activista ambiental Dilip Mahato denunció a una mafia local de arena, lo asesinaron a sangre fría. Su familia todavía espera justicia.

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