En Guadalupe, creatividad al servicio de residuos cero

L'Admérane, espacio en Guadalupe que transforma los residuos en material creativo. Foto de Olivia Lobar, utilizada con autorización.

L'Admérane, espacio en Guadalupe que transforma los residuos en material creativo. Foto de Olivia Lobar, utilizada con autorización.

Entre iniciativas ciudadanas, participación artística y políticas públicas, Guadalupe se está reinventando para convertir la basura en un recurso. Con iniciativas que van de talleres de costura a festivales ecológicos, todo el archipiélago se está movilizando para alcanzar un futuro más sostenible.

Según los últimos datos publicados por el Observatorio Regional de Residuos y Economía Circular (ORDEC), el país produjo 346,720 toneladas de basura en 2023. Un cuarto de estos residuos se recicló; el 60% restante fue sepultado en dos instalaciones de residuos no peligrosos. Aunque la producción de residuos en el país se ha mantenido estable desde 2019, hay una necesidad urgente de mejorar los canales de recuperación de residuos.

Cuando la creación se convierte en resistencia ecológica

Moda suprarreciclada en l’Admérane.

Moda suprarreciclada en l’Admérane. Foto de Olivia Lobar, usada con autorización.

Para algunos guadalupeños, el acto de crear se está convirtiendo también en un acto de resistencia ecológica. Donde algunos solo ven desechos, hay artistas y artesanos que han decidido transformar la basura en material creativo. Están apareciendo nuevos espacios híbridos, que dan una segunda vida a materiales que estaban destinados a acabar en la basura, dentro de un proceso consciente que es estético, social y sostenible.

Un ejemplo de esto es l’Admérane, espacio creativo en el antiguo refectorio de Ilet Pérou en Capesterre-Belle-Eau, en donde, en cuanto llega, el visitante se ve inmerso en un universo creativo de murales, muebles reciclados, hileras de máquinas de coser y percheros de ropa con cortes y estampados originales.

Foto de Béatrice Souillet por JP Volet; imagen via Olivia Losbar y usada con permiso.

Foto de Béatrice Souillet por JP Volet. Imagen vía Olivia Losbar, usada con autorización.

“La gente trae su ropa a l’Admérane. Nosotros la lavamos y la seleccionamos. Algunos artículos van a una pequeña tienda de segunda mano, aunque nosotros nos centramos sobre todo en reutilizar creativamente. Mostramos a la gente qué se puede hacer con este residuo textil, y lo damos a conocer”, explica Béatrice Souillet, presidenta de Le Nouveau Mode, asociación tras la creación de este espacio dedicado a la economía circular. “Te enseñamos cómo reciclar y mejorar el producto, o nos encargamos nosotros directamente. El objetivo es tomar lo viejo y hacer lo bello”.

L'Admérane acoge a emprendedores de la moda y a beneficiarios de ingresos solidarios que van a aprender a coser, y también ofrece talleres a escolares y profesionales. El lugar de trabajo ha iniciado una colaboración con Orange Caraïbe, operador de telecomunicaciones líder en la región. Su equipo recupera artículos descartados, como viejos carteles, y les da una segunda vida, y además ofrece talleres para trabajadores de la empresa en Guadalupe, Martinica y Guayana Francesa.

“La moda es el segunda industria más contaminante del mundo. Por lo tanto, debemos adoptar un consumo responsable», asegura Souillet. «En Guadalupe, se han establecido algunas iniciativas para recuperar los ‘residuos’ textiles, pero aunque una parte se procesa en el archipiélago, una gran cantidad de la ropa recolectada se envía a Francia continental o África. Tenemos que procesar nuestros residuos textiles nosotros mismos. Reciclar estos residuos crea trabajos”.

Luchando contra la moda rápida

Cojines esparcidos por el suelo en l’Admérane.

Cojines hechos a partir de carteles de anuncios esparcidos en el suelo en l’Admérane. Foto de Olivia Lobar, usada con autorización.

Sin embargo, los diseñadores de productos reciclados enfrentan otro problema: la moda rápida. “No podemos reciclar los materiales de mala calidad. Había una moda rápida, pero la moda ultrarrápida, con [el auge de] páginas web como Shein y Temu, genera materiales de mala calidad, a veces incluso perjudiciales para la salud y el ambiente”, continúa. Por tanto, para Souillet es necesario comunicarse de forma más efectiva con el público general y explicar que, en lugar de comprar muchas prendas de mala calidad a precios bajos, es mejor pagar un poco más por una prenda duradera.

L’Admérane tiene el apoyo del Consejo Departamental de Guadalupe y ha ganado numerosos premios, y recientemente se convirtió en un polo territorial de cooperación económica. Al mismo tiempo, Souillet ha creado su propia marca, Cyrikaë, sobre un firme compromiso con la conciencia ambiental.

Arte como respuesta al sobreconsumo

Foto del artista Guy Gabon via Olivia Losbar; usada con permiso.

Foto del artista Guy Gabon cortesía de Olivia Losbar.

Por su parte, el trabajo de la artista y diseñadora ecológica Guy Gabon busca reutilizar y transformar. Para ella, ser diseñadora ecológica significa rechazar usar materias primas y preferir materiales secundarios, es decir, que hayan tenido ya una primera vida. Esta elección le sobrevino al observar su entorno y su rápida degradación. Ante la proliferación de residuos y la espiral de sobreconsumo, se dio cuenta de la necesidad urgente de actuar contra una sistema que produce objetos desechables, a menudo hechos con materiales que duran mucho más de lo que estaba previsto.

En la labor de Gabon ningún material está predeterminado: metal, plástico, textiles; todo depende del mensaje o forma que quiera expresar. Según ella, esta restricción autoimpuesta es una condición necesaria para reducir la producción de residuos. “No puedes tenerlo todo”, afirma, convencida de que la transición ecológica requiere de un cierto grado de incomodidad y sacrificio.

Veinte años después de embarcarse en esta senda, Gabon ha percibido un cambio en la actitud de la gente, aunque considera que el ritmo de este cambio todavía es lento. A pesar de la resistencia persistente, la conciencia ambiental está creciendo a nivel mundial. “Tenemos que cambiar cómo vivimos en el mundo”, insiste, y pide paciencia y determinación para lograr un cambio de comportamiento duradero.

Festivales más responsables

En el sector de los eventos artísticos también hay iniciativas para mejorar la gestión de residuos. Algunos festivales producen docenas de toneladas de residuos, y por eso cada vez más organizadores están adoptando políticas para reducir y organizar los residuos. El objetivo es reducir los residuos en la fuente para reducir el consumo de productos desechables y de un solo uso, mediante implementar políticas de compra responsable, dar a conocer a las partes interesadas y facilitar la clasificación de residuos durante los eventos.

Antes y durante cada evento artístico, los organizadores emprenden campañas de sensibilización para trabajadores y asistentes a los festivales, para animarlas a consumir de forma diferente. Pueden dar, por ejemplo, vasos reutilizables y vajilla lavable, optar por envases de vidrio o barriles, limitar el uso de botellas de plástico y promover el compostaje de alimentos. Además, se establecen zonas específicas para dar a conocer sobre este asunto dentro de la sección de los expositores.

Los organizadores de eventos están tomando medidas para adoptar políticas más responsables de gestión de residuos. Foto de Mouvances Caraïbes via Olivia Lobar, usada con autorización.

A menudo, se encarga la gestión de residuos en festivales a asociaciones como Mouvances Caraïbes, especializada en educación ambiental y desarrollo sostenible, y trabaja para dar a conocer sobre estos asuntos. Mediante iniciativas solidarias, la asociación trata de informar al público sobre una nueva manera de vivir que es más justa, más satisfactoria y ecológica, además de ser más colaborativa.

François Vatin trabaja desde hace siete años asociaciones de este tipo como gestor de residuos en eventos, y hace un año se unió a Mouvances Caraïbes. Durante los festivales, coordina la gestión de los residuos y la comunicación entre organismos públicos, organizadores, expositores y proveedores de servicio. Sin embargo, este ingeniero ha visto pocas mejoras en casi una diez años. En cambio, afirma que aunque mucha gente quiere adoptar una política responsable, los costos siguen siendo una barrera, especialmente para pequeños organizadores con recursos financieros limitados.

En un sector en el que los presupuestos fluctúan de un evento a otro, dependiendo de los subsidios y los patrocinios, cada pequeño recorte en el presupuesto lleva inevitablemente a reducir las acciones. Para Vatin, esta reducción suele ser detrimento de acciones destinadas a preservar el ambiente, y se lamenta de algunas creencias populares que persisten. “Nos dicen que ya no separan los residuos. Creen que no tiene sentido. Pero en Guadalupe hay cada vez más contenedores de basura, así que se está progresando”, dice. “En general, cada vez más sectores se están desarrollando y cada vez más gente se está involucrando. Ya no podemos escondernos detrás de este argumento. Ahora depende de la voluntad de la gente”.

Hacia una archipiélago sin residuos

En lo que concierne al sector público, la gestión de residuos es una prioridad. El Consejo Regional de Guadalupe se ha marcado el objetivo de hacer que el archipiélago sea un territorio libre de residuos en 2035.

Desde 2016, todas los municipios de Guadalupe han transferido sus responsabilidades en el tratamiento de residuos a una cooperación intermunicipal pública, básicamente una asociación conocida como EPCI, a través de la cual se han creado nuevas infraestructuras de tratamiento y recuperación de residuos.

En esta línea, se espera que una planta de recuperación de energía empiece a operar en Guadalupe en 2028. El proyecto, estimado en 96 millones de euros (algo más de 111 millones de dólares), debería permitir la incineración de residuos para contribuir a la producción eléctrica. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para alcanzar los objetivos.

Se trata de un esfuerzo colectivo a largo plazo a escala regional. Por eso, en septiembre de 2024, después de una reunión entre representantes de los territorios franceses del Caribe, República Dominicana, Dominica y Santa Lucía, se firmó un acuerdo. El Proyecto de Residuos Cero en el Caribe, liderado por el sindicato de recuperación de residuos Syvade y financiado por INTERREG Caribbean, tiene como objetivo impartir conocimiento y desarrollar los sectores de recuperación de residuos en todo el Caribe.

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