La generación inflamada: Generación Z reformula reglas de protesta alrededor del mundo

Manifestaciones malgaches en 2025 en Antananarivo, «Leo kolikoly» significa hartos de la corrupción. Imagen de la Plataforma Nacional de Organizaciones de la Sociedad Civil de Madagascar (PFNOSCM). Usada con autorización.

En abril de 2025, cuando los jóvenes nepalís comenzaron a difundir memes y a iniciar debates que ridiculizaban la corrupción del Gobierno, pocos en los círculos políticos de Katmandú lo notaron. En septiembre de 2025, en apenas días, muchas publicaciones de TikTok se convirtieron en marchas callejeras, e hilos de Discord se convirtieron en reuniones estratégicas. Para cuando se impusieron restricciones a las redes sociales, el movimiento ya las había sobrepasado y extendido por servidores encriptados y redes proxy, y unificó a miles bajo un único mantra: estamos aquí y nos harán caso.

Esta es la nueva cara de la protesta. De la capital de Nepal a las calles de Indonesia, de las universidades de Madagascar a las plazas de Bangladesh, la generación Z —generación de nativos digitales nacidos entre fines de la década de 1990 e inicios de la década de 2010— está reformulando cómo es una movilización. Algunas palabras vienen a la mente: fluida, irreverente, descentralizada, rápida y disruptiva, y mueve sus tentáculos a través de las redes.

Dos constantes son fundamentales para definirla: dominio de las herramientas digitales y negativa a conformarse con la situación actual.

“Los jóvenes han logrado aprovechar herramientas como las redes sociales, las usan de formas que superan los sistemas tradicionales. El rol fundamental que tuvieron en unificar a la juventud fue evidente en las protestas en Nepal. Los jóvenes reunieron a sus pares con memes, carruseles y publicaciones en varias plataformas, como TikTok, Instagram y Discord en el proceso de construir un lenguaje político compartido para articular sus quejas. A los frustrados poderes establecidos, que no manejan las herramientas digitales como los más jóvenes, les resultó difícil comprender totalmente el campo de acción de un movimiento así, pues tomó forma en varios rincones de internet, y menos pudieron penetrarlo o controlarlo”, cuenta Juria Sato Bajracharya de Global Nation en entrevista con Bibbi Abruzzini de Forus.

Los jóvenes exigen transparencia, meritocracia y decisiones abiertas, no en habitaciones llenas de humo.

El 8 de setiembre de 2025, miles de jóvenes protestan, muchos con uniformes escolar y universitario, en Katmandú central cerca del monumento de Maitighar Mandala y el Parlamento federal. Imagen de Sanjog Manandhar/Analog Club Nepal. Usada con autorización.

“A pesar de su naturaleza descentralizada y de no tener liderazgo, el movimiento se vio unificado por la fuerte voz de los jóvenes, que expresaron prioridades comunes y claras: el fin de la corrupción institucional y la politización de las instituciones públicas. Los jóvenes, con un sentido de solidaridad generacional, rechazan conformarse con el estado actual de las cosas y eligen forjar un futuro propio. Esto ha significado reinventar la vida política: por ejemplo, la generación Z nepalí destaca fuertemente la transparencia, con pedidos de que las decisiones se tomen abiertamente, y con conocimiento y consenso del público”, añade Bajracharya.

Nepal: El meme que trajo abajo un Gobierno

En Nepal, la chispa vino de un intento del Gobierno de reforzar el control sobre el libre diálogo y el espacio físico —en una decisión aún más destructiva— y de restringir las redes sociales. Al cabo de 30 horas del primer llamado en línea a la protesta, el gobierno electo cayó con el punto culminante de miles de microacciones.

“El planteamiento de las políticas se ha desplazado, se presta atención al conocimiento y la gobernabilidad por la meritocracia, más que en dinámicas tradicionales de poder”, indica Bajracharya.

Fuera del “caos hermoso” vino un nuevo pedido de competencia. “En el último mes, la conciencia política de los jóvenes ha tenido una transformación significativa”.

Los jóvenes piden una gobernabilidad cimentada en conocimiento e integridad. Las protestas disminuyeron, pero las conversaciones no. En TikTok, grupos de Facebook y cafés locales, jóvenes nepalíes continúan debatiendo lo que llaman mandato de la generación Z ahora que se anunciaron elecciones para marzo de 2026.

En setiembre de 2025, el Gobierno nepalí impuso una dramática prohibición de uso de redes sociales en un aparente intento de silenciar la disidencia y las iniciativas contra la corrupción. Manifestantes de la generación Z se reunieron en Katmandú, Nepal el 8 de setiembre en extendidas protestas contra la corrupción. Imagen de Sanjog Manandhar/Analog Club Nepal. Usada con autorización.

Un ejemplo es la designación del activista digital de base Mahabir Pun como nuevo ministro de Educación, Ciencia, y Tecnología, que fue reconocido con el premio Ramón Magsaysay en 2007 por su trabajo de dar acceso a internet a zonas rurales de Nepal con el proyecto de redes inalámbricas.

“A los ojos de los jóvenes, una meritocracia que incluya a personas con credenciales confiables es un gobierno en el que vale la pena confiar”, dice Bajracharya. “Movimientos como estos ya han comenzado a redimensionar la cultura política, han influenciado debates políticos y cambiado la opinión pública”.

Como documentó el Sistema de la Unión Europea para un Entorno Propicio para la Sociedad Civil (EU SEE), la crisis transformativa en Nepal también resalta deterioros regionales adicionales en propiciar entornos para la sociedad civil. A pesar de las protecciones constitucionales, las organizaciones de la sociedad civil enIndia siguen enfrentando vigilancia, acoso y cada vez más escrutinio legal. Sri Lanka está en una posición precaria desde el que presidente Gotabaya Rajapaksa huyó del país en 2022. En su vecina Bután, las actividades de la sociedad civil están restringidas por trámites burocráticos, falta de acceso a la información, aplicación ilimitada de leyes restrictivas. En Pakistán, las condenas en masa de simpatizantes de partidos opositores han paralizado a la sociedad civil. La situación en Myanmar es particularmente crítica. La junta militar ha detenido la distribución que hacen las ONG de medicación fundamental para VIH, malaria y tuberculosis, mientras las prohibiciones de viaje y restricciones de transporte aumentan y la tensión regional crece.

Y mientras que el cambio político de Nepal ha capturado la atención global, en la región, los jóvenes de Sri Lanka han ido forjando su propio camino al renacer democrático.

No es solo es la generación Z

Kasumi Ranasinghe Arachchige, investigadora integrativa, activista y promotora de CADE Voces Jóvenes por los Derechos Digitales de Sri Lanka, habla desde un momento poderoso de despertar cívico liderado por los jóvenes de su país.

Los jóvenes de Sri Lanka tiene una larga historia de movilizaciones estudiantiles y organización comunitaria, pero en 2022 Aragalaya marcó un punto de quiebre histórico: un alzamiento interseccional, descentralizado y digitalmente activado, en el que miles ocuparon calles y plazas públicas para exigir que se asuman responsabilidades, reformas democráticas y el fin de una crisis económica.

Para Arachchige, lo que sucedió era sobre exclusión y sobrevivencia. Como lo explica en entrevista con Forus, “no se trata de si es la generación Z o no es una generación que pregunta, es literalmente la gente que han dejado de lado, la que ha quedado relegada y cuyas necesidades básicas no han quedado satisfechas… acceso a la salud, seguridad, agua y todos los requisitos para que los humanos, para que las civilizaciones continúen”.

Su conexión en psicología y ecopsicología da forma a cómo entiende el pulso emocional tras los movimientos de ahora. Dice que los jóvenes no imaginan clima y colapso económico en términos abstractos, pueden sentirlo llegar: “Las generaciones más jóvenes están viendo el futuro, pero no como una destrucción jalada de los pelos, muy limitada e inminente”. Dice que esa proximidad es porque “vemos muchas más generaciones más jóvenes, muchos más jóvenes en las calles”.

Ciudadanos nepalíes en vigilia con velas en honor a las víctimas de la generación Z. Imagen de Sanjog Manandhar/Analog Club Nepal. Usada con autorización.

Aragalaya también transformó la percepción pública de la protesta. A partir de ese momento, Arachchige reflexiona, “estos movimientos fueron descentralizados y esa fue su fortaleza”. Las redes digitales ofrecieron protección, conexión y amplificación, permitieron que personas comunes y corrientes intervinieran en política. Recuerda que el apoyo legal, creativo y comunitario surgió orgánicamente, desde apoyo legal a respaldo emocional. Sobre todo, destaca que el estigma público en torno a la protesta cambió.

Lo que ve en Sri Lanka repite los movimientos juveniles de Asia y África: “Estamos viendo focos de protestas en todos lados”. Con estas luchas, sostiene que el corazón del conflicto no es una marca generacional, sino un cambio sistémico. “No necesariamente significa que es alguna generación», dijo. “Es el pedido de cambio de sistema, una exigencia de justicia social, justicia climática y justicia económica”.

Los más afectados por la crisis están liderando la lucha por el futuro, y se niegan a que se les desestime por ser meramente «jóvenes». Son ciudadanos que piden dignidad, autonomía y un mundo en el que se pueda vivir.

Madagascar: Cuando la desigualdad y la corrupción se encienden

A miles de kilómetros, otros país insular está temblando. El 25 de setiembre, en Antananarivo, Madagascar, los estudiantes tomaron las calles para protestar por los apagones y los cortes de agua. Las protestas, impulsadas por el deterioro de las condiciones de vida y la corrupción política, se extendió como incendio forestal por las provincias de Madagascar: Diego, Toamasina, Toliara, Mahajanga, Fianarantsoa.

“A las manifestaciones se les unieron cerca de mil ciudadanos, incluidos muchos jóvenes del movimiento de la generación Z de Madagascar, muy activos en redes sociales, y planearon reunirse en la Plaza de la Democracia en Ambohijatovo, sitio histórico en la capital designado por la protesta. Las fuerzas de seguridad les bloquearon el avance y recurrieron a lo que se consideraron medidas desproporcionadas. Se informó de gases lacrimógenos, balas de goma y hasta fuego de rifle automático (tipo AK-47 )”, según alertas de la iniciativa EU SEE, que da seguimiento a un entorno propicio para la sociedad civil en más de 86 países.

A pesar de la fuerte represión de las fuerzas de seguridad, la generación Z de Madagascar prometió no dar marcha atrás, instaron a todas las regiones que se les unan y declararon que «los malgaches no se rinden». Imagen de Plataforma Nacional de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Madagascar (PFNOSCM). Usada con autorización.

Las autoridades los desestimaron como “disturbios estudiantiles”. Al caer la noche, había levantamientos a nivel nacional.

“Estamos recuperando nuestra dignidad”, señaló Morasata Alimana Marc, vicepresidente de la Plataforma de la Sociedad Civil de Madagascar, PFNOSCM.

El 13 de octubre, tras semanas de enfrentamientos, el presidente huyó del país. El Parlamento fue disuelto. Un gobierno militar interino prometió un nuevo comienzo, a pesar del peso de la advertencia histórica. La crisis del país se ha vuelto cíclica: 1972, 1990–92, 2002, 2009, y ahora 2025, según Erico Randriarimalala, miembro de PFNOSC y del Observatorio de Derechos Humanos en Madagascar.

“Tenemos el derecho de denunciar cuando nuestra sociedad nos falla. En Madagascar, quienes toman las decisiones no respetan nuestros derechos básicos, cada vez vemos más restricciones a la libertad de expresión y falta de acceso a educación de calidad, trabajos decentes, y políticas que aborden nuestras necesidades más fundamentales. Hoy, la gente está teniendo que protestar simplemente para asegurar el acceso a agua y electricidad”, explica en entrevista con Forus.

Los jóvenes empezaron las manifestaciones en la capital, Antananarivo, y cinco ciudades principales en Madagascar el 25 de setiembre. Imagen de la Plataforma Nacional de las Organizaciones de la Sociedad Civil de Madagascar (PFNOSCM). Usada con autorización.

“Los jóvenes no confían en un sistema que no responde a sus aspiraciones, lleno de nepotismo y corrupción. Todas estas situaciones han complicado las frustraciones y la molestia de los jóvenes. Han mostrado su ‘ras de bol’ [hartazgo] ante la injusticia social”, agrega Erico. “El movimiento juvenil ha ganado amplio apoyo público, pues quieren ver el cambio. Tenemos que escuchar, confiar y crear con los jóvenes, y considerar su autonomía”.

Con las mismas dificultades en Madagascar, donde los ciudadanos tienen acceso desigual a servicios y derechos básicos, en Asia, la frustración por la negligencia sistémica y desigualdad social alimenta la movilización de bases y pedidos públicos de que se asuman responsabilidades.

Se ven provocados por incidentes aparentemente pequeños que exponen la justicia sistemática como se mostró en el reciente Vuka! Dialogo de Coalición Solidaridad, dedicado a la resistencia contra la corrupción y autoritarismo en Asia y el rol de los jóvenes.

Manifestantes en Antananarivo, Madagascar. Las protestas fueron provocadas por frustraciones sobre los cortes de servicios de gas y electricidad. Imagen de Plataforma Nacional de Organizaciones de la Sociedad Civil de Madagascar (PFNOSCM). Usada con autorización.

En Indonesia, la indignación por el alarde que hacen los parlamentarios de sus autos de lujo y su aprobación de enormes asignaciones económicas aumentaron después que la Policía mató a un conductor. Se movilizaron estudiantes, trabajadores eventuales y sindicatos a nivel nacional. La indignación desbordó con la etiqueta #IndonesiaGelap (Indonesia a oscuras).

En Bangladesh, las protestas por cuotas de trabajo reservadas para las élites derrocaron un régimen autoritario de 15 años, mientras que en Filipinas, la exposición de proyectos de infraestructura «fantasma» condujo a manifestaciones masivas. Abrió una compuerta. Arrestaron a cientos, incluidos menores, bajo las leyes de la dictadura. En respuesta, los detenidos se organizaron tras las rejas, y formaron la Alianza contra la Corrupción y Violencia Policial. Ya liberados, encontraron aliados no esperados.

Aprendiendo a través de fronteras

La rebelión de la generación Z con diferentes manifestaciones intergeneracionales, interseccionales y de “jóvenes” es global.

En Perú, las movilizaciones juveniles contra las reformas de pensiones han chocado con un gobierno cada vez más hostil a la disidencia. La ley 32301, que da a las autoridades amplias facultades sobre las ONG, ha amordazado a activistas y las protestas se han vuelto mortales.

“El rol protector de la sociedad civil se reduce mientras los riesgos crecen”, señala Carlos Arana de la Asociación Nacional de Centros. Artistas, estudiantes y trabajadores informales continúan tomando las calles, exigen que se escuche su voz y que haya un cambio.

Después de la marcha pacífica por el honor de quienes perdieron la vidas en manifestaciones recientes en Perú, también se informó que el 4 de noviembre de 2025 habría una protesta nacional pacífica en todas las regiones del país. Imagen de la Asociación Nacional de Centros (ANC). Usada con autorización.

“Los jóvenes, independientemente de su afiliación partidaria o de ser de otras generaciones, ha llamado más de una vez a los ciudadanos a que asuman sus responsabilidades por la protesta. Su profundo arraigo a los valores de justicia y equidad permite que surjan como catalizadores para un cambio de la sociedad”, añade Josefina Huamán, secretaria ejecutiva de la ANC, y también secretaria de la Mesa de Articulación de Asociaciones Nacionales y Redes de ONG de América Latina y el Caribe, ente coordinado por las asociaciones nacionales y redes de ONG en Latinoamérica y el Caribe.

El 15 de octubre de 2025, diversos grupos de la generación Z se movilizaron por principales avenidas de Lima Metropolitana y se reunieron en una manifestación frente al Palacio de Justicia contra la violenta represión de protestas, que resultó en varias muertes.

En ese punto, Yackov Solano, representante de la generación Z, anunció una marcha y movilización nacional pacífica para el 14 de noviembre, y dijo claramente en un megáfono: “Perú es un país hermoso con un gran potencial; no permitamos que lo empañen personas que no saben cómo manejar el poder. Como joven, lamento que [la Policía Nacional] esté ensuciándose las manos con inocentes, en un gobierno que está maltratándolos. Sé que tienen comandantes que no saben lo que están haciendo […] No somos sus enemigos, no estamos buscando poder, simplemente estamos buscando sanear nuestro país”.

Estas dinámicas resuenan en la región, donde jóvenes y sociedad civil responden a la desigualdad sistemática y la represión del Gobierno.

Marcha encabezada por familiares de los fallecidos en las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte en Perú. Imagen de Asociación Nacional de Centros (ANC) Perú. Usada con autorización.

En Paraguay, una manifestación juvenil organizada por miembros de la generación Z en septiembre contra la impunidad, la corrupción y el uso indebido de recursos públicos fue recibida con violencia. A pesar de ser pacífica, la marcha desencadenó un enorme operativo policial que incluyó a cerca de 3000 oficiales, que la Policía Nacional dijo que era para “acompañar a los jóvenes”.

Según información de EU SEE, la marcha, promovida en redes sociales, reunió a 300 o 400 participantes, jóvenes y adultos. Al poco de iniciar, los asistentes informaron de excesivos controles policiales y cuatro arrestos. Los organizadores habían dicho que la manifestación era pacífica, sin afiliación política ni con ONG, y sin financiación. También advirtieron de mensajes engañosos en línea, que intentaban desvirtuar la naturaleza de la protesta, con oficiales infiltrados en WhatsApp, Telegram y otros grupos de redes sociales.

“Lo que fue inusual en esta manifestación fue la excesiva presencia policial, la dura represión a los manifestantes y la gran cantidad de detenidos sin causa. Otro aspecto nuevo fue la ‘cibervigilancia’ de las redes sociales que hicieron las autoridades antes de la manifestación. En movilizaciones ciudadanas anteriores, como las de marzo de 2025, no hubo esas medidas policiales», dijeron representantes de la sociedad civil de Pojoaju (Asociación de ONG del Paraguay) en Forus y la red de EU SEE.

Varios movimientos continúan saliendo a las calles, sobre todo para protestar contra las leyes “contra las ONG” . El 23 de octubre de 2025,el presidente Santiago Peña aprobó el decreto 4806, que regula y aprueba la ley 7363 sobre control, transparencia y responsabilidad de organizaciones no lucrativas.

Esta ley, que la sociedad civil llama «ley contra las ONG» o “ley garrote”, se promulgó en noviembre de 2024 y estuvo a la espera de regulación más de once meses. La ley somete a las organizaciones de la sociedad civil a arbitraria supervisión estatal sin medidas adecuadas para defenderse, lo que disminuye su autonomía y rol en promover los derechos humanos, democracia y bienestar social. Las organizaciones de la sociedad civil advirtieron sobre el control discrecional incorporado en la ley que permite que se use específicamente contra actores de la sociedad civil que critican al Estado. La sociedad civil considera la ley como una herramienta para vigilancia estatal, y no un mecanismo de transparencia que podría usarse para silenciar voces de opositoras, especialmente las que critican al Gobierno.

La represión es rápida, igual que las respuestas: foros regionales, campañas educativas de derechos cívicos, presión diplomática y creación de nuevos espacios para exponer la hipocresía entre la retórica y la represión

Manifestantes de la generación Z con la bandera nepalí en Katmandú. Imagen de Sanjog Manandhar/Analog Club Nepal. Usada con autorización.

Y ahora vemos que la rabia de la generación Z no es solo por la represión; es sobre el clima, la corrupción, la desigualdad y la injusticia diaria, las líneas divisorias del nuevo descontento global.

Pese a fronteras e idiomas, los movimientos han comenzado a aprender unos de otros. Los activistas filipinos dicen comparten su modelo de «abogado del pueblo» con sus pares. Los colectivos digitales intercambian consejos de seguridad y herramientas de verificación de datos. Lo que se ve caótico de lejos, de cerca es una creciente red de estrategia compartida. Se han construido puentes en tiempo real. Paradójicamente, la “maquinaria de represión” está creando una «maquinaria de solidaridad».


Este artículo fue escrito por Bibbi Abruzzini y Clarisse Sih, de Forus, con ayuda desde miembros de Forum, la red de EU SEE y el grupo CADE Voces Jóvenes por los Derechos Digitales.

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