
Mujer protesta con cartel que dice «Dejen de matarnos», en marcha en Brasilia, capital de Brasil. Foto de Marcelo Camargo/Agência Brasil. Uso legítimo.
En el primer fin de semana de noviembre de 2025, miles de brasileños tomaron las calles para llamar la atención al desenfrenado aumento de casos de violencia contra la mujer. Desde entonces, un nuevo ciclo de brutales historias ocuparon las noticias, como la mujer que saltó de un auto en movimiento tras ser secuestrada y apuñalada por su expareja. A otra la mataron, y su cuerpo maniatado fue descubierto en un basurero. Un conductor llevó el cadáver de una mujer trans de 18 a la estación policial, y aunque confesó ser el asesino, fue liberado poco después. En otro caso, una mujer de 25 años murió tras ser golpeada y caer del décimo piso de un edificio. El principal sospechoso es la pareja de la mujer, que quedó arrestado.
La cantidad de casos de violencia de género ha sido preocupante desde hace algún tiempo en el país, pese a que se han elevado las penas para los agresores. ¿Cuáles son las razones para el aumento de casos denunciados? Para entender este contexto, Global Voices entrevistó a Isabella Matosinhos, investigadora del Foro Brasileño de Seguridad Pública.
Global Voices (GV): En las últimas semanas, las noticias nacionales brasileñas se han visto llenas de casos de violencia contra la mujer en todo el país. ¿Qué explica este momento?
Isabella Matosinhos (IM): O que estamos vendo nas últimas semanas não é exatamente um aumento súbito da violência, mas a convergência entre três fatores: números historicamente altos, maior visibilidade pública e casos recentes de extrema crueldade, que elevam a violência a uma potência muito alta.
A violência contra mulheres no Brasil não começou agora — ela já vinha se mantendo em patamares muito elevados. O que muda neste momento é que alguns casos se tornaram particularmente brutais e simbólicos, revelando com mais clareza a gravidade das dinâmicas de gênero que estruturam essa violência. Esses episódios chocam pela crueldade, pela repetição e pela sensação de que poderiam ter sido evitados.
Ao mesmo tempo, a sociedade está menos disposta a silenciar. Há maior mobilização social, mais atenção da imprensa e uma consciência crescente de que essas violências não são “casos isolados,” mas parte de um padrão estrutural. Por isso, muitos interpretam o momento como uma explosão, quando, na verdade, é a combinação de violência persistente em níveis altos, casos recentes de grande impacto emocional e uma intolerância social também crescente.
Em síntese, não estamos apenas diante de mais um ciclo de notícias sobre violência contra mulheres. Estamos diante de episódios que escancaram a brutalidade do problema e de uma sociedade que passou a reagir de maneira mais firme, exigindo respostas mais consistentes do Estado.
Isabella Matosinhos (IM): Lo que hemos visto en las últimas semanas no es exactamente un súbito aumento de la violencia, sino la convergencia de tres factores: números históricamente altos, mayor visibilidad pública y recientes casos con crueldad extrema, que elevan esta violencia a una potencia más alta.
La violencia contra la mujer en Brasil no empezó ahora, se ha sostenido en niveles muy altos. Lo que cambia ahora es que algunos casos se han vuelto particularmente brutales y simbólicos, lo que revela con más claridad la severidad de la dinámica de género que estructura esta violencia. Estos episodios impactan por su crueldad, repetición y la sensación de que pudieron haberse evitado.
Al mismo tiempo, la sociedad está mucho menos dispuesta a quedarse callada. Existe mayor movilización social, más atención de la prensa y cada vez más conciencia de que esta violencia no son “casos aislados”, sino parte de un patrón estructurado. Por consiguiente, muchos interpretan este momento como un estallido, cuando en realidad es la combinación de violencia persistente en altos niveles, casos recientes con alto impacto emotivo y también creciente intolerancia social.
En resumen, no solo enfrentamos otro ciclo de violencia contra la mujer. Enfrentamos episodios que exponen la violencia de este asunto, y una sociedad que ha empezado a reaccionar más firmemente, que exige respuestas más consistentes del Estado.
GV: Según el más reciente Informe Anual del Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP), con 1492 feminicidios registrados en 2024, Brasil ha alcanzado niveles sin precedentes desde 2015, cuando la ley de feminicidio entró en vigencia. ¿Cómo leemos esto?
IM: Esse é um indicador muito preocupante, porque mostra que, dez anos após a lei, ainda não conseguimos reduzir a mortalidade de mulheres por razões de gênero. O feminicídio é o ponto final de uma escalada de violências que começa muito antes, na violência psicológica, na ameaça, no controle, na violência sexual.
Os números recordes mostram que, apesar de termos avançado em legislação, ainda há fragilidades profundas na capacidade do Estado de prevenir, proteger e interromper o ciclo da violência antes que chegue ao extremo. Também revelam desigualdades estruturais de gênero que permanecem muito presentes no Brasil.
IM: Es un indicador muy preocupante, porque muestra que diez años después de la ley, aún no podemos reducir la mortalidad de la mujer por razones vinculados con el género. El feminicidio es el punto final de una escalada de violencia que empezó mucho antes, con violencia psicológica, amenazas, control, violencia sexual.
Estos números sin precedentes muestran que, pese a avanzar en la legislación, aún hay profundas fragilidades en la capacidad estatal de evitar, proteger e interrumpir un ciclo de violencia antes de llegar al extremo. También revelan desigualdades estructurales de género que siguen muy presentes en Brasil.
GV: Diez años después, ¿cómo evalúa la implementación de la ley en los estados? ¿Podría ser que no se denuncien todos los feminicidios, dado que a los homicidios de este tipo no siempre se les reconoce como tales?
IM: Sim. A aplicação da lei ainda é desigual entre os estados e há subnotificação relevante. Para que um crime seja tipificado como feminicídio, é necessário reconhecer a motivação de gênero e contextualizar aquele homicídio dentro de dinâmicas de violência prévia. Isso depende tanto de investigação quanto de formação adequada de quem registra, investiga e denuncia o caso.
Existem estados com boa classificação e estados onde homicídios de mulheres ainda entram apenas como “homicídio simples,” mesmo quando há evidências claras de que se trata de feminicídio. Em 2024, a nível Brasil, 40,3% dos homicídios femininos foram classificados como feminicídio. Em alguns estados, esse percentual é superior a 60%, o que pode indicar uma leitura dos casos com um olhar apurado para a violência de gênero, por parte das polícias. Em outros estados, o percentual não chega a 15%. Além da violência em si, estamos falando também de invisibilidade estatística, que compromete o planejamento de políticas públicas.
IM: Sí. La ley no se aplica igual en todos los estados y hay muchos casos que no se denuncian. Para que un delito se clasifique como feminicidio, es necesario reconocer un motivo de género y para contextualizarlo dentro de la dinámica de violencia anterior. Esto depende de la investigación, y de la adecuada formación de quienes registran, investigar y denuncian el caso.
Hay estados con buenos indicadores y otros en donde los asesinatos de mujeres se siguen denunciando como “homicidio simple”, aunque hay una clara evidencia de feminicidio. En Brasil en 2024, 40.3% de los homicidios de mujeres se registraron como feminicidios. En algunos estados, este porcentaje es mayor al 60%, lo que puede indicar que la Policía lee los casos con una mirada aguda de violencia de género. En otros estados, el porcentaje no llega al 15%. Además de la propia violencia, hablamos de una invisibilidad en estadísticas, lo que compromete la planificación de políticas públicas.
GV: En 2024, una nueva ley convirtió al feminicidio en un delito en sí mismo, y aumentó las penas. Y aún así, ahora tenemos este preocupante escenario. ¿Cómo podemos leer estos dos factores?
IM: O aumento de pena, por si só, não reduz feminicídio. Se reduzisse, seria muito simples de resolver o problema. Mas isso não acontece. A violência contra mulheres se alimenta de fragilidade institucional e normas sociais que toleram o machismo e o controle masculino.
Ou seja: sem políticas preventivas, sem rede de proteção estruturada, sem investigação rápida e sem medidas protetivas efetivas, a punição posterior tem impacto limitado.
A lei é importante, porque afinal ainda recorremos ao sistema penal para responsabilização de pessoas que cometem crimes, e porque ela passa a ideia de que nós, como Estado, não toleramos a violência de gênero. Mas ela atua no final do processo de violência. Para reduzir feminicídios, precisamos agir no começo – na violência psicológica, no controle, na ameaça, nos sinais que antecedem o crime para, assim, impedir a escalada da violência e o desfecho letal que é o feminicídio.
IM: El aumento de la pena, en sí mismo, no reduce los feminicidios. De ser así, sería muy fácil resolver el problema. Pero no ocurre así. La violencia contra la mujer se alimenta de la fragilidad institucional y las normas sociales que toleran el machismo y el control del hombre.
Esto significa que, sin políticas preventivas, sin una red de protección estructurada, sin una investigación rápida y medidas de protección efectivas, el castigo después del hecho tiene impacto limitado.
La ley es importante, porque aún necesitamos del sistema penal para responsabilizar a los culpables de los delitos, y porque transmite la idea de que, como Estado, no toleramos la violencia de género. Pero actúa al final de un proceso violento. Para reducir los feminicidios, debemos actuar al comienzo, durante la violencia psicológica, control, amenaza, en señales que preceden al delito, para parar el aumento de la violencia, y el resultado letal que es el feminicidio.
GV: ¿Es posible estimar las cifras de 2025 con relación a las de años anteriores?
IM: Ainda é cedo para qualquer projeção, porque dependemos dos dados consolidados das polícias civis. A tendência dos últimos anos tem sido de estabilidade em patamares muito altos ou algum crescimento, e isso mostra que as políticas existentes não têm sido suficientes para conter a violência letal contra mulheres.
IM: Es demasiado pronto para hacer proyecciones, porque dependemos de datos consolidados de la Policía Civil en diferentes estados. La tendencia de los años anteriores ha sido estabilidad a niveles muy altos o algo de crecimiento, lo que muestra que las políticas existentes no bastan para contener la violencia letal contra la mujer.
GV: Un cartel en la protesta en São Paulo decía: “El feminicidio empieza en el discurso”. ¿El aumento del discurso misógino en la política y a través de influenciadores, tiene algún peso en lo que vemos ahora en Brasil?
IM: Sim, tem peso, e não é pequeno. O feminicídio não começa no dia do crime; ele começa nas hierarquias de gênero que estruturam a sociedade. Começa quando a violência psicológica é minimizada, quando o controle do parceiro é naturalizado como ciúme, quando piadas ou comentários degradantes sobre mulheres são tratados como humor.
Discursos públicos misóginos – especialmente vindos de figuras políticas – legitimam esse ambiente. Eles reforçam a ideia de que homens têm direito sobre corpos e decisões das mulheres, e enfraquecem esforços de prevenção. O discurso não mata sozinho, mas ele cria terreno fértil para que a violência aconteça e seja tolerada.
IM: Sí lo tiene, y no es ligero. el feminicidio no empieza el día del crimen, empieza en las jerarquías de género que estructuran la sociedad. Empieza cuando la violencia psicológica se minimiza, cuando el control de la pareja se normaliza como si fueran celos, cuando las bromas o los comentarios degradantes sobre las mujeres se ven como humor.
Los discursos misóginos públicos, sobre todo los que vienen de figuras públicas, legitiman este ambiente. Refuerzan la idea de que los hombres tienen derecho sobre el cuerpo y las decisiones de la mujer, lo que debilita las iniciativas de prevención. El discurso no mata propiamente, pero crea un terreno fértil que hace posible que la violencia ocurra y se tolere.
GV: El presidente Luiz Inacio Lula da Silva y otros hombres destacados de varios campos han estado hablando sobre el rol de los hombres en este debate. Al ver los datos y la realidad de la políticas públicos, ¿cuál es su posición?
IM: Trazer os homens para a discussão é imprescindível, porque a violência contra mulheres, via de regra, tem como autor um homem. O modo como formulamos os dados também importa. Quando dizemos “mais de 1.400 mulheres foram vítimas de feminicídio em 2024”, estamos descrevendo um fato. Mas quando dizemos “em 2024, homens mataram mais de 1.400 mulheres”, estamos apontando responsabilidade. Isso desloca o foco: do comportamento da vítima para a ação do agressor.
E a participação dos homens na prevenção passa por reconhecer que a violência não começa no tapa ou no soco: começa quando eu rio de uma piada machista, quando compartilho um vídeo íntimo sem consentimento, quando justifico o controle sobre a roupa, o corpo ou a liberdade de uma mulher. Sem envolvimento deles, não há mudança cultural duradoura.
IM: Es imprescindible que los hombres participen en este debate, porque la violencia contra la mujer, como regla, tiene a hombres como autores. También es importante cómo formulamos los datos. Cuando decimos “más de 1400 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 2024”, estamos describiendo un hecho. Peto cuando decimos “en 2024, hombres mataron a más de 1400 mujeres”, estamos indicando una responsabilidad. Cambia la atención, del comportamiento de la víctima a la acción del agresor.
Y el rol de los hombres en evitarlo pasa por reconocer que la violencia no empieza con una bofetada o un puñete: empieza cuando me río de una broma sexista, cuando difundo un video íntimo sin consentimiento, cuando justifico el control en la ropa, el cuerpo o la libertad de una mujer. Sin su participación, no hay cambio cultural duradero.
GV: El último informe anual señala que la violencia contra la mujer sigue siendo algo complicado para las políticas públicas, sobre todo las de seguridad pública. ¿Qué dificultades observa?
IM: No campo dos dados, enfrentamos desafios que começam na forma como as polícias civis registram as informações. O trabalho que fazemos no FBSP – de coletar, padronizar e tornar comparáveis os dados das 27 unidades da federação — já revela a dimensão do problema: os boletins de ocorrência nem sempre seguem um mesmo padrão e a qualidade do preenchimento é muito desigual.
Ainda assim, hoje conseguimos traçar um perfil mínimo das vítimas de feminicídio, como idade e raça, mas seria igualmente importante conhecer o perfil dos agressores — algo que, em teoria, deveria constar nos registros, especialmente porque a maior parte dos feminicídios ocorre no contexto de uma relação íntima de afeto. No entanto, esses campos são preenchidos de maneira muito precária ou simplesmente não são informados, o que impede análises mais precisas e a formulação de políticas focadas no agressor.
Outro exemplo de fragilidade é a tentativa de identificar quantas vítimas de feminicídio tinham uma Medida Protetiva de Urgência vigente no momento do óbito. Alguns estados não conseguiram fornecer a informação, ainda que este seja um dado crucial para entender falhas de proteção. Essas lacunas mostram que o país precisa qualificar não apenas a produção dos dados, mas também a capacidade institucional de integrá-los e usá-los como ferramenta de prevenção.
No campo da implementação das políticas públicas, o desafio é semelhante: a Medida Protetiva de Urgência, prevista pela lei Maria da Penha, é um recurso poderoso para evitar a escalada da violência, mas os feminicídios de mulheres que estavam sob MPU evidenciam falhas na fiscalização e no monitoramento. A proteção não se encerra na decisão judicial; ela depende de articulação entre polícia, Judiciário, assistência social e saúde, além de equipes com capacidade real de acompanhar o risco.
Somam-se a isso as fragilidades da rede de acolhimento – delegacias especializadas insuficientes, serviços de assistência sobrecarregados, falta de abrigos e equipes reduzidas. Quando a rede não funciona de forma coordenada, a responsabilidade pela própria proteção recai novamente sobre a mulher, o que é insustentável frente ao risco que ela enfrenta.
Em síntese, os principais obstáculos estão na qualidade e integração dos dados, na fiscalização das medidas protetivas e na capacidade do Estado de oferecer acolhimento e proteção contínua. Esses elementos são fundamentais para prevenir o feminicídio, mas ainda não estão plenamente consolidados no país.
IM: En el campo de los datos, tenemos desafíos que empiezan en cómo la Policía Civil registra su información. El trabajo que hacemos en el Foro –desde recopilar, empadronar y comparar todos los datos de las 27 unidades federativas– ya revelan la escala del problema: los registros policiales no siempre siguen el mismo patrón, y la calidad de la información completada es desigual.
De todas maneras, ahora podemos rastrear un perfil básico de las víctimas de feminicidio, como edad y raza, pero sería igualmente importante conocer el perfil de los agresores, algo que, en teoría, debería aparecer en los registros, sobre todo si se considera que la mayoría de los feminicidios pasan dentro del contexto de una relación íntima. No obstante, esos recuadros se llenan precariamente, o se dejan en blanco, lo que impide analizar con precisión y formular políticas centradas en el agresor.
Otro ejemplo de fragilidad es el intento de identificar cuántas víctimas de feminicidio han tenido una medida de protección de emergencia activa cuando ya están muertas. Algunos estados no pueden dar esta información, aunque es un factor crucial para entender los fallos de protección. Estos vacíos muestran que el país debe mejorar no solo la producción de datos, sino también la capacidad institucional de integrarlos y usarlos como herramienta de prevención.
En el rubro de implementar políticas públicas, el desafío es similar: la medida de protección de emergencia, que dispone la ley Maria da Penha, es un recurso poderoso para evitar el aumento de la violencia, pero los feminicidios de mujeres con medida de protección de emergencia destacan los fallos en la supervisión y el seguimiento. La protección no termina con una orden judicial; depende de la articulación entre Policía, Poder Judicial, servicios sociales y sistema de salud, además de equipos con capacidad para evaluar riesgos.
A la fragilidad de la red de apoyo se agregan insuficientes estaciones policiales especializadas, servicios sociales sobrecargados, falta de casas seguras y poco personal. Cuando la red no funciona en la coordinación, la responsabilidad de su propia protección recae en la mujer, lo que no se sostiene ante el riesgo que enfrenta. Básicamente, los principales obstáculos están en la calidad e integración de los datos, en supervisar medidas de protección y en la capacidad estatal de dar ayuda y protección. Estos elementos son fundamentales para evitar el feminicidio, pero no están totalmente consolidados en el país.
GV: ¿Y cuál sería el camino para avanzar y detener esta tendencia en adelante?
IM: O primeiro é fortalecer a prevenção, com políticas que atuem antes da violência escalar: educação para igualdade de gênero; formação de profissionais da escola; saúde e assistência para identificar sinais precoces e orientar caminhos de proteção. Sem prevenção, o Estado chega sempre tarde.
O segundo é garantir proteção rápida e eficaz às mulheres em situação de risco. Isso envolve qualificar a rede de acolhimento, ampliar abrigamento, e garantir que isso exista não só em grandes centros urbanos, mas que esteja espalhado em todo tipo de município no país. Passa também por monitorar o cumprimento de medidas protetivas e criar fluxos integrados entre rede de acolhimento, assistência e Justiça. A vida de muitas mulheres depende da agilidade dessa resposta.
O terceiro é aprimorar investigação e responsabilização. Delegacias especializadas, perícia disponível, análise de risco estruturada e equipes preparadas para lidar com violência de gênero são essenciais para romper ciclos de violência e reduzir impunidade.
Por fim, o país precisa investir em dados de qualidade, integrados e atualizados, capazes de orientar políticas públicas e monitorar resultados. Sem diagnóstico preciso, não há política eficaz. Reverter a tendência exige articulação intersetorial, financiamento estável e compromisso político contínuo. Não há solução simples, mas há um caminho possível que passa por fazer do enfrentamento à violência contra a mulher uma prioridade de Estado, não de governo.
IM: Lo primero es fortalecer la prevención con políticas que actúen antes de un aumento de la violencia; educación para igualdad de género, formación de profesionales de escuelas de salud y servicios sociales para identificar los primeros síntomas y guiar los caminos a la protección. Sin prevención, el Estado siempre llega demasiado tarde.
Lo segundo es asegurar una protección rápida y efectiva para las mujeres en riesgo. Esto incluye una red de apoyo de calidad, ampliar los refugios ofrecidos, y garantizar que exista no solo en centros urbanos, pero también difundir en todas las municipalidades en todo el país. También incluye dar seguimiento a las medidas de cumplimiento con medidas de protección y crear flujos integrados entre el sistema de apoyo, asistencia y justicia. La vida de muchas mujeres depende de la velocidad de esta respuesta.
Lo tercero es mejorar la investigación y la responsabilización. Estaciones policiales especializadas, conocimiento, análisis de riesgos estructurados y equipos preparados para lidiar con la violencia de género son esenciales para romper ciclos de violencia y reducir la impunidad.
Por último, el país tiene que invertir en datos de calidad, integrados y actualizados, que puedan orientar políticas públicas y dar seguimiento a los resultados. Sin un diagnóstico preciso, no hay política efectiva. Revertir esta tendencia exige una articulación intersectoriales, financiamiento estable y compromiso político continuo. No hay una solución simple, pero hay un camino posible que incluya hacer que la violencia contra la mujer sea una prioridad estatal, no de gobierno.






