
El pueblo baskir celebra en un evento de baile de samovar. Foto: Dinis Yalmurzin/Samauyrly Ritayim, usada con autorización.
Este artículo se publicó en Novaya Vkladka el 17 de junio de 2025. Global Voices publica una versión editada en virtud de un acuerdo de colaboración.
Baskiria es una de esas regiones de Rusia donde el pasado aún permanece vivo y tangible. Sobrevive en la extensa estepa, en la entonación melodiosa del idioma, en cómo la gente se saluda, en las tradiciones que nunca quedaron relegadas a los museos. Durante siglos, la comunidad autóctona de la región, el pueblo baskir, ha preservado un sistema único de asociación basado en clanes: cada uno tiene su propio territorio, sus propias leyendas y sus propios tamgas ancestrales, símbolos que pueden encontrarse en las manualidades, las banderas y el arte heráldico.
Los baskires son un pueblo túrquico que compone la población autóctona de Baskortostán. Es uno de los mayores grupos étnicos de Rusia, con alrededor de 1,6 millones de integrantes. Actualmente, ha surgido un nuevo interés por la identidad baskir, especialmente entre los jóvenes. Algunos aprenden el idioma con cursos en línea, otros regresan a sus pueblos natales durante las fiestas, y otros asisten a las reuniones de ritaiymen Ufá para escuchar el kurai (instrumento de viento tradicional), probar kumis y sentir que la tradición no es un mero capítulo olvidado de la historia, sino una presencia viviente.
Una nueva temporada de Samauryly Ritaiym, los baile de samovar, comenzó en la capital de Baskortostán. Lo que empezó hace cinco años como una reunión informal entre apenas doce jóvenes frente al río de Ufá para compartir té y escuchar música se convirtió en los actuales eventos animados que atraen a más de 2000 participantes. ¿Por qué estas fiestas se transformaron en actividades tan llamativas para los jóvenes y qué las convierte en espacios de encuentro entre diferentes etnias?
Desde reuniones amistosas a celebraciones en toda la ciudad
A lo largo de la embarcación del río de Aguidel en Ufá, las resonantes notas del kurai viajan por la bruma. Hay un gran samovar al lado de un escenario improvisado, mientras voluntarios preparan el espacio para una fogata. Un grupo de muchachas con vestidos baskires tradicionales extienden un mantel sobre una mesa y ponen platos de chak-chak y botellas de kumis. Algunos muchachos lucen gorros de piel baskires con colas de zorro; otros llevan banderas de la República de Baskortostán. Pese a la leve lluvia, los espectadores siguen el sonido de la música, y en pocos minutos, hay cientos de jóvenes reunidos.
Las reuniones de té alrededor del samovar son una tradición en los pueblos baskires. Sin embargo, escenas como estas eran insólitas en las ciudades de la república. El 17 de junio de 2020, no más de 15 personas participaron en los primeros bailes de samovar que se celebraron en la orilla del río de Ufá. “Nos pareció que la idea de organizar una reunión de té en un contexto urbano era original y tenía mucho potencial”, recuerda Rustam Abdrazakov, uno de los fundadores de los festivales de samovar. “Invité a mis amigos y todos quedaron encantados. Encendimos el samovar, cantamos, bailamos. Comenzamos a reunirnos más seguido, y cada vez el público crecía más».

Baskires en un evento de baile de samovar. Foto: Dinis Yalmurzin/Samauyrly Ritayim, usada con autorización
Las reuniones de samovar se celebran la noche de los miércoles, cada dos semanas. Abdrazakov considera que estos encuentros en los que abunda el baile son fundamentales para los jóvenes de pueblos baskires que se mudan a Ufá para asistir a la universidad y que, gradualmente, comienzan a hablar ruso por sentirse avergonzados de su lengua natal. Agrega que estos eventos dan un excelente espacio para hacer nuevos amigos. “Durante el ritaiym, los jóvenes pasan tres o cuatro horas hablando su idioma materno libremente. En los últimos cinco años, se formaron alrededor de doce o trece parejas que ahora traen a sus hijos. Los jóvenes baskires urbanos que apenas hablan el idioma están empezando a interesarse otra vez en el idioma, en la cultura, en la música».
Mientras que las primeras reuniones de samovar en Ufá atraían a menos de cincuenta personas, actualmente reúnen hasta mil personas o, a veces, más. Los organizadores invitan a grupos de baile, blogueros y músicos a estas fiestas de té, en las que los lugareños beben té, prueban beshbarmak, leen poesía y cantan canciones tradicionales y contemporáneas en baskir.
“Regresé, y me enamoré”
Alina Zagidullina, nativa de Ufá, se enteró del ritaiym a través de las redes sociales, luego de irse de Rusia en 2022. Al regresar, comenzó a participar en las reuniones. “Me arrepentía de no haberle prestado atención a la cultura baskir antes. Luego regresé, ¡y me enamoré! Me sorprende que en las fiestas no solo cantan música folclórica, sino que también eligen canciones de artistas contemporáneos. El valor principal es, por supuesto, preservar la cultura y el idioma, ya que la mayoría de los participantes son jóvenes, por lo que transmitirán todo esto a sus hijos”, explica.
Idel Gumerov, que también asiste regularmente a estas fiestas, aprecia que exista un espacio donde los jóvenes pueden divertirse sin alcohol, y que todo sea gratuito. Para él, estas reuniones de té se convirtieron en un pasatiempo placentero que brinda alegría a las semanas laborables.
Revivir tradiciones antiguas
Ahora, las reuniones de samovar se celebran incluso en pueblos remotos de Baskira, y los videos de la orilla del río de Ufá tienen miles de vistas. No obstante, no se sabe con certeza si estas fiestas reciben apoyo del Gobierno. Los organizadores insisten que los eventos están financiados con donaciones y evaden preguntas relativas a si tienen algún financiamiento oficial, ya que las consideran “provocadoras”. El Ministerio de Cultura de la región también sostiene que no tiene relación alguna con los festivales de samovar.
“Es por esta razón que todos nos visitan, sin importar su edad o nacionalidad”, conjetia Tansulpan Burakaeva, fundaron de un club de estudio del idioma baskir. “Si el Estado decide encargarse de esta iniciativa, automáticamente la utilizará para hacer propaganda”.

Baskires en un evento de baile de samovar. Foto: Dinis Yalmurzin/Samauyrly Ritayim, usada con autorización.
Para Burakaeva, estas reuniones de té y baile son una manifestación de la nostalgia y el resurgimiento de una antigua tradición. “En los pueblos baskires, el kiksee uyn, külägäi o ritaiym era un evento en el que los jóvenes podían reunirse, en el que todos podían descansar luego de un largo día de trabajo, y durante la guerra y los momentos de tragedia, en el que las personas podían escapar de su dolor a través de la danza, con el typyrlau (baile que consiste en golpear el suelo con los pies). Es por esa razón que se popularizó el ritaiym actual, revivido por un grupo de activistas”.
Sin embargo, no a todos los emocionan estos bailes animados que ocurren en la ciudad. En algunas publicaciones en las redes sociales que mencionan al Samauyrly Ritaiym, hay comentarios de que las festividades son inadecuadas por los eventos ocurridos desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. Otros responden que “vivir en una atmósfera constante de guerra es intolerable, todos necesitamos algo que nos ayude a distraernos de lo que está pasando”.






