
El presidente chino, Xi Jinping, y los líderes de los cinco Estados de Asia central en la Cumbre China-Asia Central 2023 celebrada en Xi'an, China. Imagen vía Wikimedia Commons (CC BY 3.0).
Este artículo fue presentado como parte de la Beca de Justicia Climática de Global Voices, que vincula a periodistas de países sinófonos y de la mayoría global para investigar los efectos de los proyectos de desarrollo chino en el extranjero. Encuentra más historias aquí.
En los últimos 20 años, China se ha convertido en un actor diplomático, comercial y político cada vez más importante en Asia central. Las exnaciones soviéticas luchan por crecer económica y políticamente, y China está invirtiendo en una amplia gama de industrias dentro de la región, como producir y fabricar vehículos eléctricos, procesar residuos, promover energías renovables, participar en minería y mucho más.
Global Voices conversó con Elzbieta Pron, profesora adjunta de la Universidad de Silesia en Katowice (Polonia), con una maestría en Estudios Chinos (de la Universidad Adam Mickiewicz en Polonia), una segunda maestría en Desarrollo Nacional de la Universidad Nacional de Taiwán y un doctorado en Estudios Chinos Contemporáneos de la Universidad de Nottingham, sobre el cambiante rol de China en la región. Elzbieta investiga las relaciones entre China y Asia central desde la perspectiva de la Organización de Cooperación de Shanghái y, después a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, proyecto de conectividad y desarrollo internacional de China. Esta entrevista se ha editada por motivos de extensión y claridad.

Mapa de Asia central y China. vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0),
GV: ¿Cuál fue el impulso inicial de China para acercarse a Asia central como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta? ¿En qué se diferencia Asia central de otras regiones?
Elzbieta Pron (EP): The most immediate answer to this question would be that Central Asia has commonly been assessed as a “testing ground” for various Chinese strategies and projects. Central Asia is close enough in terms of geography to develop various initiatives, in which geographical proximity matters (security cooperation, transportation, etc), yet distant enough in political, cultural, and ethnic terms to pose a diplomatic challenge to China. If China manages to make it in Central Asia, it should manage to reach its goals elsewhere as well.
In 2013, China could have counted on the initiative being welcomed and awaited in Central Asia. Although Central Asia was very reluctant towards the greater economic presence of China in the region in the 1990s and 2000s, in 2013, its perspective was different. The decisive factor for it was the establishment of the Russian Customs Union in 2010 (in 2015 institutionalized as the Eurasian Economic Union), which had given citizens of its member states facilitated entry to the Russian market and provided a number of trade facilitations, yet — importantly — making trade with China much more complicated and tying the entire CA region closer to Russia. This was not what Central Asian governments planned and intended for, as their foreign and economic policies were all about “opening up” to all directions. And that is where global infrastructure and connectivity projects such as BRI fit perfectly. It was just the right timing for such an initiative.
Most governments of Central Asia (save for Kyrgyzstan) were relatively predictable, stable, and long-term authoritarian governments, the type of ideal partners for China to develop big, costly, and sometimes lengthy projects. Despite relatively widespread Sinophobic sentiments in the region, these popular voices had had a very limited impact on foreign policy-making between the CA governments and China.
And finally, Central Asia, especially Kazakhstan, has had very attractive geographical features for China to promote and develop infrastructure connectivity. Not only does it share a long border with the most urbanized parts of China’s Xinjiang Uyghur Autonomous Region, but it also stretches all the way to the Caucasus, not far from Ukraine.
Elzbieta Pron (EP): La respuesta más inmediata a esta pregunta sería que Asia central se ha considerado comúnmente como un «campo de pruebas» para diversas estrategias y proyectos chinos. Asia central está lo suficientemente cerca geográficamente como para desarrollar diversas iniciativas en las que la proximidad geográfica es importante (cooperación en materia de seguridad, transporte, etc.), pero lo suficientemente lejos política, cultural y étnicamente como para suponer una dificultad diplomática para China. Si China logra triunfar en Asia central, también debería poder alcanzar sus objetivos en otros lugares.
En 2013, China podía contar con que la iniciativa fuera bien recibida y esperada en Asia central. Aunque Asia central se mostró muy reacia a una mayor presencia económica de China en la región en las décadas de 1990 y 2000, en 2013 su perspectiva era diferente. El factor decisivo fue la creación de la Unión Aduanera Rusa en 2010 (institucionalizada en 2015 como la Unión Económica Euroasiática), que había facilitado a los ciudadanos de sus Estados miembros acceder al mercado ruso y había brindado una serie de facilidades comerciales y, lo que es más importante, había complicado mucho más el comercio con China y había vinculado toda la región de Asia central más estrechamente a Rusia. Esto no era lo que los Gobiernos de Asia central habían planeado y pretendido, ya que sus políticas exteriores y económicas se centraban en la «apertura» en todas las direcciones. Y ahí es donde encajan perfectamente los proyectos de infraestructura y conectividad globales como la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Era el momento adecuado para una iniciativa de este tipo.
La mayoría de los Gobiernos de Asia central (excepto el de Kirguistán) eran relativamente predecibles, estables y autoritarios a largo plazo, el tipo de socios ideales para que China desarrollara proyectos grandes, costosos, y a veces prolongados. A pesar del sentir sinófobo relativamente extendido en la región, estas voces populares habían tenido un impacto muy limitado en la formulación de la política exterior entre los Gobiernos de Asia central y China.
Por último, Asia central, especialmente Kazajistán, presenta unas características geográficas muy atractivas para que China promueva y desarrolle la conectividad de las infraestructuras. No solo comparte una larga frontera con las zonas más urbanizadas de la región autónoma uigur de Sinkiang, en China, sino que también se extiende hasta el Cáucaso, no lejos de Ucrania.
GV: ¿Cuáles son las diferencias más notables entre cómo se desarrolló la Iniciativa de la Franja y la Ruta en Asia central? ¿Es esto un factor de las diferentes relaciones entre esos países y Rusia?
EP: From the perspective of Central Asia, the BRI has had several features that have made it particularly valuable and in line with Central Asian policies. All Central Asian countries (with the exception of Turkmenistan, which had long adhered to the so-called political neutrality) have framed their foreign policies around a multi-vectoral outlook and connectivity. Kazakhstan, due to its location between geographical Asia and Europe, has been additionally driven by “Eurasianism” as its guiding principle.
What is more, all five Central Asian landlocked states were particularly focused on turning the limitations of being “landlocked” into advantages of being “landlinked”; to be an inseparable part of global connectivity networks and beneficiaries of them.
In that context, the cross-regional connectivity projects, like BRI, played out very well. Although clearly orchestrated, administered, and funded by China, the BRI was intended and developed as a global project, opening its partner states to other regions, not tying them to China. Central Asian governments seemed convinced that engagement in the BRI would help them reach their own policy priorities. By giving as little as necessary, with China’s money and projects, they will achieve as much as possible.
EP: Desde la perspectiva de Asia Central, la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha tenido varias características que la han hecho especialmente valiosa e idónea con las políticas de Asia central. Todos los países de Asia central (con la excepción de Turkmenistán, que durante mucho tiempo se ha adherido a la llamada neutralidad política) han enmarcado sus políticas exteriores en torno a una perspectiva multivectorial y la conectividad. Kazajistán, por su ubicación entre Asia y Europa, se ha visto impulsado adicionalmente por el «eurasianismo» como principio rector.
Es más, los cinco Estados sin costa de Asia central se han centrado especialmente en convertir las limitaciones de ser «sin costa» en ventajas de estar «conectados por tierra», para ser una parte inseparable de las redes de conectividad globales y sacarles beneficio.
En ese contexto, los proyectos de conectividad interregional, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, han funcionado muy bien. Aunque claramente orquestada, administrada y financiada por China, la Iniciativa de la Franja y la Ruta se concibió y desarrolló como un proyecto global, abrió sus Estados socios a otras regiones, sin atarlos a China. Los Gobiernos de Asia central parecían convencidos de que la participación en la Iniciativa de la Franja y la Ruta les ayudaría a alcanzar sus propias prioridades políticas. Que dando lo mínimo necesario, con el dinero y los proyectos de China, lograrán lo máximo posible.
GV: ¿Cómo ha cambiado la perspectiva hacia las energías renovables en los últimos diez años? ¿Qué papel desempeñan las energías renovables en las prioridades generales de China?
EP: There are two interrelated yet different aspects of this question. The first is China’s overall approach to renewable energy, and the second is its approach to cooperation on renewable energy with external partners.
When it comes to China’s approach to renewable energy in general, China has been very supportive of it. The first reason for this is China’s overall energy policy, which has always sought diversification of energy resources, mainly due to China’s limited domestic potential in energy. While China possesses large (yet limited) coal supplies, its potential in other energy resources is modest, perhaps with the exception of abundant hydropower, which now makes about 15 percent of China’s energy portfolio. Secondly, due to its vast size and natural features, renewable energy — as exemplified by hydropower — has had a huge potential in China, although we should remember that China’s energy needs are also immense. And finally, China has constantly strived for its international status and image of a responsible member of the international community.
When we look at cooperation on renewable energy, we should, however, also look at it through the lens of China’s overall foreign policy, especially towards countries striving for innovation and international status. In such cases, China is often not a direct beneficiary of cooperation on green energy, yet such cooperation (e.g., photovoltaic plants or wind farms built by Chinese firms) is more of a political tool. It demonstrates China’s commitment to the much-praised “harmonious development of the world” [as stated by Chinese President Xi Jinping], its serious approach to smaller and poorer states, which are treated as partners in modern and innovative technologies, and where China is a bearer of such technologies (often for an exchange of certain goods or benefits).
EP: Hay dos aspectos interrelacionados, pero diferentes, en esta pregunta. El primero es la perspectiva general de China respecto a las energías renovables y el segundo es su perspectiva respecto a la cooperación en materia de energías renovables con socios externos.
En lo que respecta a la perspectiva general de China respecto a las energías renovables, China las ha apoyado mucho. La primera razón es la política energética general de China, que siempre ha buscado diversificar los recursos energéticos, debido principalmente al limitado potencial de energía interno del país. Si bien China tiene grandes reservas de carbón (aunque limitadas), su potencial en otros recursos energéticos es modesto, quizás con la excepción de la abundante energía hidroeléctrica, que actualmente representa alrededor del 15% de la cartera energética de China. En segundo lugar, por su enorme tamaño y características naturales, las energías renovables —como la energía hidroeléctrica— tienen un enorme potencial en China, aunque debemos recordar que las necesidades energéticas del país también son inmensas. Por último, China se ha esforzado constantemente por alcanzar una situación internacional y una imagen de miembro responsable de la comunidad internacional.
Sin embargo, cuando analizamos la cooperación en materia de energías renovables, también debemos considerarla desde la perspectiva de la política exterior general de China, especialmente hacia los países que luchan por la innovación y el prestigio internacional. En tales casos, China no suele beneficiarse directamente de la cooperación en materia de energía ecológica, sino que esa cooperación (por ejemplo, las plantas fotovoltaicas o los parques eólicos construidos por empresas chinas) es más bien una herramienta política. Demuestra el compromiso de China con el tan alabado «desarrollo armonioso del mundo» [según declaraciones del presidente chino Xi Jinping], su perspectiva seria hacia los Estados más pequeños y pobres, a los que trata como socios en tecnologías modernas e innovadoras, y donde China tiene esas tecnologías (a menudo a cambio de determinados bienes o beneficios).
GV: ¿Ha cambiado la acogida de los proyectos de energía renovable en los últimos diez años? ¿Entre países concretos de Asia central?
EP: In short — yes. This is especially true for Kazakhstan and Uzbekistan, which both have significant amounts of natural gas (Uzbekistan) and crude oil (Kazakhstan). In the past five to six years, however, both countries have become very interested in developing renewable energy. This approach has been driven by several factors. First, both gas and oil resources are limited, and a responsible state should have a more far-reaching energy policy. Second, despite the amount of these traditional resources, neither Uzbekistan nor Kazakhstan is able to provide full energy security to its
citizens. While both governments used to enjoy revenue from the sale of oil and gas, the very citizens of both states have experienced energy shortages and frequent blackouts, which eventually also caused protests and complaints against the government policies.The situation looks very different for Kyrgyzstan and Tajikistan, two early birds to renewable energy. Both states are mountainous with virtually no oil, gas, or even major coal assets, yet both have abundant hydropower potential. While both Tajikistan and Kyrgyzstan had sought opportunities to develop renewable energy projects since the early 1990s, they had not managed to utilize the full potential of their rivers. The primary reason for it is the underdevelopment of economies of both states, lack of funds, but also the inability to provide a basic security for foreign companies working in Tajikistan and Kyrgyzstan, especially in remote areas where such hydropower plants would be located. Another reason was political and economic pressure from Uzbekistan, especially in the 1990s and 2000s, which warned both smaller neighbors not to engineer the streams of its rivers too much due to potential droughts it could cause in an already water-scarce Uzbekistan. Ironically, as of 2025, Uzbekistan is one of the most active Central Asian states in hydropower energy along the Pskem River.
EP: En resumen, sí. Esto es especialmente cierto en el caso de Kazajistán y Uzbekistán, que tienen importantes reservas de gas natural (Uzbekistán) y petróleo crudo (Kazajistán). Sin embargo, en los últimos cinco o seis años, ambos países han mostrado gran interés por desarrollar energías renovables. Este planteamiento se debe a varios factores. En primer lugar, los recursos de gas y los de petróleo son limitados, y un Estado responsable debe tener una política de energía de mayor alcance. En segundo lugar, a pesar de la cantidad de estos recursos tradicionales, ni Uzbekistán ni Kazajistán pueden brindar plena seguridad energética a sus ciudadanos.
Aunque ambos Gobiernos disfrutaban de ingresos procedentes de la venta de petróleo y gas, los propios ciudadanos de ambos Estados han sufrido por escasez de energía y frecuentes apagones, lo que finalmente también ha provocado protestas y quejas contra las políticas gubernamentales.
La situación es muy diferente en Kirguistán y Tayikistán, dos países pioneros en el uso de energías renovables. Ambos Estados son montañosos y prácticamente no tienen petróleo, gas ni importantes recursos de carbón, pero ambos tienen un abundante potencial hidroeléctrico. Aunque Tayikistán y Kirguistán han buscado oportunidades para desarrollar proyectos de energía renovable desde principios de la década de 1990, no han logrado aprovechar todo el potencial de sus ríos. La razón principal es el subdesarrollo de las economías de ambos países, la falta de fondos, pero también la incapacidad de brindar seguridad básica a las empresas extranjeras que trabajan en Tayikistán y Kirguistán, especialmente en las zonas remotas donde se ubicarían dichas centrales hidroeléctricas. Otra razón fue la presión política y económica de Uzbekistán, especialmente en las décadas de 1990 y 2000, que advirtió a sus dos pequeños vecinos que no modificaran demasiado el curso de sus ríos por las posibles sequías, que podría provocar en un Uzbekistán ya de por sí escaso en agua. Irónicamente, en 2025, Uzbekistán es uno de los Estados de Asia central más activos en materia de energía hidroeléctrica a lo largo del río Pskem.
GV: Ante una era que algunos han calificado como la nueva Guerra Fría, ¿cómo cree que será el futuro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en Asia central? ¿Ha habido un rechazo cada vez mayor a la política ambiental de China en la región?
EP: I do anticipate that China will continue to be an active promoter of all BRI projects in the region, and that the region will continue to be its main partner. This is primarily because there is a great sense of close, long-term, and beneficial political cooperation between the Chinese and Central Asian governments, all authoritarian, and all with expectedly long leaderships. Even Turkmenistan, which had long stayed away from Chinese initiatives in the region, is increasingly involved in cooperation with China.
But there are two deep cracks in this picture. First, despite very thorough political cooperation between all six governments, Central Asian governments are clear that they are after connectivity and “landlinking” and not after tying themselves to China. Additionally, Central Asian governments (especially Uzbekistan and Kazakhstan) act in a very pragmatic, opportunistic manner, and seem to be willing to cooperate with China on BRI and elsewhere as long as it is profitable to them. This also applies to environmental policies and renewable energy, in which China is an important partner.
The second is a more horizontal crack between Central Asian governments and its populaces, which are often deeply unhappy about state policies. They view these policies as against national interests, while seeing China as a predatory state with unclear intentions. Although China abstains from meddling in these internal matters of Central Asian domestic policy, it does experience a backlash while local populations manage to successfully press on local governments to revoke pro-Chinese policy changes, land leases, or parts of agreements that were supposed to remain undisclosed to the public.
EP: Preveo que China seguirá promoviendo activamente todos los proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en la región y que esta seguirá siendo su principal socio. Esto es sobre todo porque existe gran sensación de cooperación política estrecha, duradera y beneficiosa entre los Gobiernos de China y Asia central, autoritarios y con mandatos previsiblemente largos. Incluso Turkmenistán, que durante mucho tiempo se había mantenido al margen de las iniciativas chinas en la región, está participando cada vez más en la cooperación con China.
Pero hay dos profundas fisuras en este panorama. En primer lugar, a pesar de la estrecha cooperación política entre los seis Gobiernos, los Gobiernos de Asia central tienen claro que lo que buscan es la conectividad y la «conexión terrestre», y no atarse a China. Además, los Gobiernos de Asia central (especialmente Uzbekistán y Kazajistán) actúan muy pragmática y oportunistamente, y parecen dispuestos a cooperar con China en la Iniciativa de la Franja y la Ruta y en otros ámbitos siempre que les resulte rentable. Esto también se aplica a las políticas ambientales y las energías renovables, de las que China es un socio importante.
La segunda es una brecha más horizontal entre los Gobiernos de Asia central y sus poblaciones, que a menudo están profundamente descontentas con las políticas estatales. Consideran que estas políticas van contra los intereses nacionales, mientras que ven a China como un Estado depredador con intenciones poco claras. Aunque China se abstiene de interferir en estos asuntos internos de la política nacional de Asia central, sí sufre reacciones adversas cuando las poblaciones locales logran presionar con éxito a los Gobiernos locales para que revoquen los cambios políticos favorables a China, los arrendamientos de tierras o partes de acuerdos que se suponía que debían permanecer ocultos al público.






