Sanar a través de la música: Desafiar el silencio en Myanmar

Dr Elizabeth, Myanmar

Incluso en el exilio, la doctora Elizabeth continúa su proceso de sanación a través del ritmo, la resistencia y la esperanza radical. Foto de Exile Hub, utilizada con autorización.

Exile Hub es uno de los socios de Global Voices en el Sudeste Asiático. Esta sociedad surge en respuesta al golpe de Estado de 2021 en Myanmar, y tiene como objetivo apoyar a periodistas y defensores de los derechos humanos. Este artículo editado se reproduce en el marco de un acuerdo de colaboración.

Elizabeth destacó por su imaginación desde temprana edad, una niñita del centro de Myanmar que amaba perderse en novelas de fantasía chinas e historias de valentía. La pequeña tienda de alquiler de libros de su tía se convirtió en su refugio, donde pasaba incontables horas imaginando sus propios mundos y escribiendo sus propias historias. Cuando estudiaba medicina, empezó un blog, en el que publicaba poemas de amor y artículos de «edutenimiento» sobre como por qué es importante lavarse las manos o usar casco al andar en motocicleta. Ya entonces, su voz contenía tanto compasión como convicción.

Su motivación para convertirse en médica fue únicamente suya, no impulsada por la presión social ni las expectativas de sus padres, sino por el sueño de algún día firmar sus libros «Doctora Elizabeth, Universidad de Medicina». En aquella época, muchos autores de renombre en Myanmar incluían su título universitario junto a su nombre artístico, y ella quería hacer lo mismo. Luego de graduarse de la Universidad de Medicina en 2012, realizó una especialización en cardiología intervencionista.

Cuando el Ejército de Myanmar tomó el poder en 2021, ella estuvo entre los primeros médicos en negarse a trabajar bajo la junta. Fue aún más lejos, se expresó públicamente, hizo transmisiones en vivo con mensajes que alentaban a otros trabajadores de la salud a resistir la opresión. Su valentía tuvo un precio. Fue acusada conforme al artículo 505(a) del Código Penal por «difundir noticias falsas» e «incitar disturbios». Durante un año, se mantuvo oculta en poblados remotos antes de finalmente cruzar a Mae Sot, Tailandia, en 2022.

A pesar de las dificultades, el exilio se convirtió en un nuevo comienzo. A través de la reflexión, comprendió cuán profundamente el patriarcado había moldeado su país y su propia sensación de limitación. Dice que el feminismo «le abrió los ojos»: le reveló los sistemas invisibles que restringen a las mujeres y le dio las palabras para nombrar la justicia por la que había luchado desde siempre.

Cuando trabajaba como médica residente, a menudo se manifestaba contra las injusticias laborales, denunciaba tratos injustos o señalaba a los responsables. En aquel momento, no conocía el término feminismo, pero simplemente no podía quedarse callada. Recuerda entre risas: «Quizás viene de todas las novelas chinas que leí de niña, las heroínas siempre encontraban una forma de luchar contra la injusticia».

Al preguntarle qué significa para ella el feminismo, explicó: «Para mí, ser feminista significa bondad. Si guardo silencio cuando otras sufren, un día también será mi turno de sufrir. Entonces, elijo luchar no solo por mí misma, sino también para evitar que les ocurran cosas similares a cualquiera de nosotras».

En el exilio, la música la encontró de nuevo. Lo que comenzó como una forma personal de sanar se convirtió rápidamente en un movimiento. Comenzó a escribir canciones, las letras nacían del dolor, en melodías que hablaban de fortaleza. Una de sus canciones revolucionarias forma parte de la «Blood Money Campaign» (Campaña Dinero Sangriento), himno de protesta que se hizo viral en las redes de resistencia de Myanmar. Otra canción suya, “Tattoo Revolution” (“Revolución tatuaje”), se emitió en la radio del Gobierno de Unidad Nacional.

En 2025, en Mae Sot, participó en una sesión de bienestar en la que se conectó por primera vez con una comunidad de mujeres exiliadas con apoyo de Exile Hub. Después, durante una residencia feminista, descubrió el sentir de la hermandad entre mujeres y la solidaridad, junto con otras mujeres que habían huido de la represión de Myanmar. Con la ayuda de una Beca de Narración Feminista, actualmente está creando The Phoenixes (Las aves fénix), una serie de videos musicales que celebra la fuerza y la creatividad de las mujeres de Myanmar en el exilio.

Reflexiona sobre el camino recorrido, y menciona: «Ser parte de este proyecto me dio espacio para cantar mis propias canciones, hacer mejor música y ayudar a mis amigas a que también alcancen sus sueños».

En la actualidad, Elizabeth continúa con su proceso de sanación a través del ritmo, la resistencia y la esperanza radical. Su historia nos recuerda que, incluso cuando la silencian, la voz de una mujer aún puede elevarse como canción, como valentía y como luz para otras que intentan avanzar en la oscuridad.

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