Cómo el fracaso del alto el fuego entre Camboya y Tailandia puede iluminar el camino hacia la paz

Border crossing between Thailand and Cambodia

Cruce de fronteras entre Camboya ya Tailandia. Foto de Eric Molina en Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Este artículo de Duanghathai Buranajaroenkij fue publicado originalmente por Peace News Network el 24 de noviembre de 2025. Una versión editada se vuelve a publicar en Global Voices como parte de un acuerdo de colaboración mediática.

En en noviembre de 2025, acusaciones de violaciones al cese al fuego entre Tailandia y Camboya generaron la rabia del público y revivieron temores en ambos lados de que la situación pueda generar un nuevo conflicto. Las declaraciones se vuelven más duras y la presión política se intensifica, y algunas voces en política sugieren dejar de lado el acuerdo totalmente. Esta sensación de alarma es comprensible, pero también refleja una falta de comprensión fundamental de qué es un cese al fuego y cómo funcionan.

En vez de tratar un incumplimiento como prueba de fracaso, es más correcto y más constructivo verlo como una parte prevista del proceso de paz. Los ceses al fuego casi nunca funcionan a la perfección la primera vez. Su fragilidad no es una señal de que la paz es imposible, sino un recordatorio de que la paz debe construirse por medio de persistencia, aprendizaje y paciencia.

Naturaleza de los ceses al fuego: frágiles, imperfectos y necesarios

En todo el mundo, los ceses al fuego casi siempre empiezan en ambientes intensamente frágiles. Las partes pueden haber acordado pausar la violencia, pero siguen existiendo condiciones subyacentes, desconfianza, temor, reclamos históricos, presión de partidarios de línea dura volátiles dinámicas locales. En una atmósfera así, hasta un incidente menor, ya sea intencional o accidental, puede desencadenar renovada tensión.

Pero esta fragilidad no significa que el cese al fuego no tiene sentido. Significa que está vivo. Los ceses al fuego no son estructuras estables; son espacios de respiración temporales creados en medio de la inestabilidad. Su fin no es eliminar el riesgo, es dar una base para gestionar el riesgo juntos.

Cuando las sociedades tienen la expectativa de que un cese al fuego funcione sin fallos, cualquier incumplimiento se interpreta como traición. Pero si entendemos que esa fragilidad es normal, respondemos con más calma y evitamos aumentar una situación que se otra manera podría contenerse de otra manera.

Lo que muestra la investigación: el fracaso como camino al éxito

Este concepto está fundamentado en investigaciones en todo el mundo. Jason Quinn y Madhav Joshi del Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame estudió 196 conflictos entre 1975 y 2011. Sus hallazgos revelan un patrón que enfrentan suposiciones comunes. Muchas veces, los ceses al fuego fallan antes de cumplir sus objetivos. Esos fracasos tempranos tienen un rol fundamental: exponen los puntos débiles, aclaran los malos entendidos y permite a los negociadores refinar sus sistemas de comunicación y supervisión.

Uno de los predictores más fuertes de un cese al fuego durable no es qué tan bien se sostienen los primeros intentos, sino si las partes han tenido acuerdos previos, aunque no hayan logrado su cometido. En otras palabras, cada fracaso se vuelve parte de la curva de aprendizaje que a la larga estabiliza el proceso.

Visto a través de este lente, romper un cese al fuego no es una catástrofe. Es parte de la educación de paz.

Liderazgo en tiempos de fragilidad

Los momentos de tensión del cese al fuego ponen a prueba a los dirigentes más que otro tiempo. Los líderes responsables deben evitar el pánico y recordar al público que esos incidentes son previsibles. También deben calmar a sus propias fuerzas de seguridad, que pueden sentir rabia o amenazas, y están bajo presión de “porristas” que exigen una línea más dura.

Una buena dirigencia exigen encarar y explicar que la inestabilidad inicial es típica y que el compromiso y no las represalias es lo que evita que las cosas aumenten. Sin un mando así, las sociedades pueden verse fácilmente arrastradas a ciclos de rabia y enfrentamiento, aunque nadie quiere realmente que el conflicto vuelva a encenderse.

Un cese al fuego crea espacios para la paz, pero no la garantiza

Por sí solo, un cese al fuego no puede resolver los reclamos políticos y sociales que azuzan el conflicto. Si los problemas subyacentes siguen sin resolverse, como desconfianza, canales de comunicación no claros, fronteras inseguras o falta de participación de la comunidad, entonces la presión aumentará debajo de la superficie. Esperar que el solo cese al fuego lleve paz no es realista.

En cambio, se debe ver el cese al fuego como una herramienta entre varias. Da espacio para que los negociadores trabajen en problemas más profundos: arreglos políticos, necesidades económicas, problemas de seguridad locales, y mecanismos para evitar que todo aumentes. Si estos elementos no se fortalecen, hasta el mejor cese al fuego será frágil.

Volver a empezar tantas veces como sea necesario

La clase para gestionar un cese al fuego efectivo es aceptar desde el comienzo que fracasar es probable. Esta mentalidad no promueve el pesimismo; promueve la resiliencia. Cuando ocurre un fallo, la pregunta no debería ser “¿es imposible la paz?”, sino “¿qué nos enseña esto sobre lo que debemos fortalecer ahora?”.

Los países alrededor del mundo han necesitado varios intentos de ceses al fuego antes de llegar a una paz estable. Tailandia y Camboya pueden no ser excepción. Lo que importa no es si el cese al fuego se sostiene perfectamente, sino si ambas partes siguen comprometidas con retomar el diálogo tras los reveses.

Un cese al fuego puede fallar muchas veces. Puede causar frustración o desconcierto. Pero sigue siendo un paso crucial hacia la paz, y cada intento acerca más a las partes para entender cómo evitar la violencia de manera más efectiva.

El verdadero fracaso es darse por vencidos

Que el cese al fuego falle no significa que el proceso de paz ha fracasado. Significa que el proceso está en curso. Lo que determina el futuro no es si hay enfrentamientos, sino si los Gobiernos, Ejércitos y sociedades responden a los enfrentamientos.

Si interpretamos cada incumplimiento como una razón para abandonar el diálogo, el conflicto regresará. Pero si vemos cada incidente como parte de un proceso de aprendizaje largo y complicado, entonces podemos responder con la paciencia y madurez necesarias para que los avances continúen.

No fracasamos cuando se rompe un cese al fuego. Solo fracasamos cuando decidimos que unos incumplimientos bastan para darse por vencidos ante la paz.

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