¿Cómo transformar el potencial demográfico de la juventud africana en poder colectivo?

Captura de pantalla del canal de Les Hauts-Parleurs en YouTube.

Hacia fines de 2025, viajé a Japón, donde verifiqué de primera mano que el envejecimiento de la población no es una estadística abstracta: en los espacios públicos, el transporte, los medios, se pueden ver las dificultades que tiene una población cada vez más envejecida: aumentan las necesidades y los cuidados de salud, pero el transporte público ni las viviendas no se adaptan para favorecer la autonomía ni infraestructura.

En 2023, la población japonesa se componía de 29% de personas mayores de 65 años, 11% de menos de 15 años con una esperanza de vida de más de 80 años, para hombres y para mujeres. Comparativamente, en Senegal, en el mismo período, los mayores de 65 años representaban el 3,8% de la población, y los menores de 15 años representan el 39,1%.

Además de esa declaración, observo en Japón una verdadera adaptación social y especial de la infraestructura y servicios para acompañar a esta franja de edad: infraestructura pensada para movilidad reducida, dispositivos de salud, empleos dedicados al cuidado de los ancianos o usar dispositivos digitales para su vida diaria.

Pero en África, la tendencia es hablar de auge demográfico. En el continente vive ahora la juventud del mundo. Según un informe de UNICEF publicado en 2023, de acá a 2050, África representará cerca del 41% los nacimientos mundiales, cerca del 40% de los niños menores de cinco años, y 35% de los adolescentes. Esta juventud es una verdadera fuerza de transformación potencial.

Prometedoras iniciativas ante verdaderos desafíos

Cuando la juventud está acompañada, demuestra independencia e innovación. Es el caso de Kenia, donde los centros tecnológicos de Nairobi impulsan la «Silicon Savannah«, en Túnez, donde el ecosistema de empresas emergentes se sustenta en políticas públicas de empleo. En Ruanda, la política de inversión en digital y servicios ha permitido reducir el desempleo de jóvenes diplomados de alrededor de 10% en un decenio.

Sin embargo, ese potencial está subutilizado pues el acceso a la educación sigue siendo un privilegio. Más de 98 millones de niños y jóvenes en edad escolar están fuera de la escuela en África subsahariana, según la UNESCO. Para los adolescentes de entre 15 y 17 años, el porcentaje de no escolarización supera el 50% e incluye las carreras técnicas. Y es mayor para las mujeres. Así, millones de jóvenes se retiran el sistema sin las competencias necesarias para ser actores del desarrollo.

Solo una fuerte voluntad política puede revertir las tendencias, como muestra el caso de Ghana, donde el programa Secundaria Gratuita, combina gratuidad, política de becas y mejora de infraestructuras, ha permitido que la inscripción en educación secundaria aumente en un 69% entre 2017 y 2022.

Problema oculto: incompatibilidad entre formación y empleo

Sin embargo, el desarrollo durable no puede limitarse al acceso a la instrucción: las competencias adquiridas deben ser útiles. Numerosos sistemas educativos africanos siguen desconectados de las necesidades del mercado laboral. La formación técnica, profesional o digital sigue siendo insuficiente y suele estar poco valorada.

Las consecuencias son visibles: de 10 a 12 millones de jóvenes llegan cada año al mercado laboral africano, pero solo se crean 3,7 millones de empleos formales. Muchos recurren al sector informal, con ingresos precarios y sin protección social. Esa no productividad frena el crecimiento, afecta la cohesión social y con frecuencia alimenta la emigración.

En Nigeria, más del 92% de los trabajadores realizan trabajo informa, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas. Esa cifra es más elevada entre los jóvenes: en un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 98% de los hombres jóvenes y 99% de las mujeres jóvenes activos económicamente declaran tener empleos informales.

En Sudáfrica, la informalidad representa un segmento nada despreciable de la economía: según los sindicatos, ese sector representa cerca del 27% de la mano de obra.

Sin embargo, existen alternativas. En Somalia, el emprendedor social Mohamed Ali Dini, miembro del Instituto Aspen, fundó la Fundación IFTIN, programa que forma y da trabajo a jóvenes, a quienes ofrece acompañamiento en salud mental para superar los traumas de guerra y reinsertarse en la sociedad. Esa perspectiva integrada – empleo, salud y resiliencia– ilustra perfectamente cómo África puede transformar a la juventud en un actor de reconstrucción.

Entre los jóvenes, las chicas sufren de diversas discriminaciones: limitado acceso a la escuela, matrimonio precoz, embarazo adolescente, violencia sexual. Según UNICEF, más de una niña por cada ocho en África subsahariana ha sufrido alguna forma de violencia sexual durante la infancia.

Sin embargo, las muchachas son poderosos vectores de transformación. En Senegal, iniciativas como Senegaleses en tecnologíaJokalante forman a centenares de muchachas en empleos digitales o de codificación. Esos programas. que a menudo hace la sociedad civil, demuestran que invertir en educación et autonomía económica de las mujeres produce un efecto multiplicador en el conjunto de la sociedad: aumento de ingresos, reducción de desigualdades, mejora de la salud y la estabilidad familiar. Hacer que las muchachas sean independientes es una cuestión de estrategia de desarrollo durable.

Las proyecciones del Banco Africano de Desarrollo muestran que la población activa de África pasará de cerca de 56% a 63% de acá a 2050. Si esa transición está bien gestionada, puede ser una fuente de prosperidad. Pero sus inversiones masivas en educación, salud, formación y empleo formal, esa influencia puede transformarse en una trampa: el de una juventud numerosa más marginada.

Los países han mostrado el camino. En Etiopía, el Fondo Rotatorio para la Juventud ha permitido financiar más de 200,000 proyectos de jóvenes emprendedores desde 2019. Esos programas, cuando se apoyan en una visión nacional coherente, pueden reducir por mucho tiempo el desempleo de los jóvenes y reforzar la confianza social.

Definir las prioridades de desarrollo

Para transformar ese potencial en fuerza, muchos factores son esenciales. Se trata sobre todo de reformar en profundidad los sistemas educativos para que respondan a las necesidades reales de las economías locales. Los programas deben integrar competencias digitales, los empleos ecológicos, la agricultura durable, la artesanía y la gestión de pequeñas empresas. Garantizar un acceso universal a la educación secundaria, en particular para las niñas, pasa por becas especializadas, infraestructura adaptadas y políticas educativas de similitudes.

Además, es esencial crear empleos decentes para ofrecer perspectivas concretas a los jóvenes. Eso implica sostener a los emprendedores a través de mecanismos de financiamiento accesible, de tutorías y mejor integración en los mercados locales y regionales. Los Gobiernos y socios también deben alentar las inversiones en los sectores crecientes como tecnología, industria ligera y energías renovables.

La salud y la protección social constituyen otro pilar ineludible. Las políticas en favor de los jóvenes deben incluir salud reproductiva, salud mental y seguridad social. Se debe dar atención particular a la protección de las jóvenes contra la violencia y la discriminación, que frenan su participación económica y social.

En fin, la participación y el liderazgo de los jóvenes debe ser el centro de la acción pública. Los jóvenes, y en particular las jóvenes, deben estar integrados en los espacios de decisión en todos los niveles: local, nacional y regional. Exhortar un liderazgo inclusivo, basado en la realidad comunitaria, es una condición esencial para construir sociedades resilientes y equitativas.

Suelo pensar mucho en lo que vi en Japón: una sociedad que envejece y que, paradójicamente, valora a la juventud como un producto poco usual. Allá se ven más jóvenes, los atraen, los forman, los escuchan. En África, vamos a la inversa: abunda juventud, pero escasea la valorización. Tenemos el mayor tesoro demográfico del mundo, y sin embargo, no lo convertimos en una prioridad.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.