
Parque solar en Karachi, Pakistán. Imagen de Wikimedia Commons (licencia CC BY-SA 4.0).
Este artículo fue presentado como parte de la Beca de Justicia Climática de Global Voices, que vincula a periodistas de países sinófonos y de la mayoría global para investigar los efectos de los proyectos de desarrollo chino en el extranjero. Encuentra más historias aquí.
Desde 2023, Pakistán ha enfrentado severas olas de calor anuales que han causado que la red de energía nacional falle reiteradamente. Combinado con crecientes costos de las tarifas de electricidad y repetidos apagones, viviendas y pequeños negocios se han visto obligados a recurrir a la única fuente confiable de poder que queda: el sol.
El sector solar de Pakistán ha crecido a un ritmo impresionante. Solo en el año fiscal 2024, el país importó 16 gigavatios de paneles solares de China, más del triple de los 4.9 gigavatios importados el año anterior. A mediados de 2025, las importaciones acumuladas han llegado a cerca de 36 gigavatios, un volumen que ahora equivale a cerca de tres cuartas partes de la capacidad instalada total de generación de energía de Pakistán. Esta aumento ha hecho que la electricidad de azoteas y a pequeña escala tenga uno de los mayores crecimientos entre las fuentes de electricidad del país.
Esta explosión solar ha captado la atención global. Se la ha recibido como evidencia de que el sur de Asia podría avanzar a un futuro renovable. Pero debajo del optimismo yace una historia más compleja, que revela cómo el creciente rol de China en el sector de energía de Pakistán está en la intersección de vulnerabilidad climática, fragilidad financiera y ambición geopolítica.

Instalación de azotea solar. Imagen de Solaris Renewables (licencia de CC BY-NC 4.0).
“Corredor Verde” y la reconstrucción del mapa de energía de Pakistán
Con el Corredor Económico China–Pakistán, Pekín ha ayudado a desarrollar una diversidad de proyectos de energía, que van desde el proyecto hidroeléctrico Karot al parque solar Quaid-e-Azam y la granja eólica Dawood. El carbón también ha tenido un rol significativo. De los 21 proyectos del Corredor, incluidos los que están en proceso, ocho son centrales térmicas de carbón, que reflejan las iniciativas de Pakistán ante la severa escasez de electricidad, con proyectos que podrían construirse rápido y funcionar a escala.
El carbón ocupa un lugar incómodo en el entorno de energía de Pakistán. Los grupos ambientales advierten que expandir la minería de carbón y la generación de energía aumenta la dependencia al carbono, empeora la contaminación y amenaza a las comunidades vulnerables, con estudios que muestran depender a largo plazo hace que el país corra el riesgo de llevar al país a un camino alto en carbono. Pero la persistencia del carbón refleja limitaciones materiales: Pakistán tiene una de mas mayores reservas de lignito del mundo, que ofrece una alternativa nacional a costosas importaciones de combustible durante las frecuentes faltas de energía y periodos de dificultades fiscales. Algunos expertos de energía nacionales sostienen que, con fuerte regulación, tecnología moderna y resguardos comunitarios, el carbón local puede servir como eje confiables, mientras Pakistán avanza a un futuro de energía más limpia.
Este debate captura el dilema central del país con débil estabilidad económica, como Pakistán, y su trilema de energía, en el que seguridad, asequibilidad y sostenibilidad a menudo van en diferentes direcciones.
Es ahí donde la contradicción en la huella de energía de China en Pakistán se vuelve imposible de ignorar. Pekín se presenta como un líder global en tecnología renovable, y enmarca cada vez más sus inversiones en el extranjero como parte de una transición global verde, pero algunos de sus proyectos más influyentes en Pakistán se hicieron sobre carbón, el propio combustible que ahora exhorta al mundo a dejar atrás. El resultado en un legado dual: China es simultáneamente el país que permite el auge solar de Pakistán y el país cuyas inversiones siguen dando forma a las cargas financieras y ambientales del sistema de energía. Esta es la contradicción incómoda en el centro del llamado Corredor Económico China-Pakistán Verde: la tecnología verde de China permite una transición, pero las primeras inversiones de China, con mucho carbón, restringen la capacidad del Gobierno de profundizar esa transición.
Esta tensión allana el camino para la narrativa que ahora promueven ambos Gobiernos para tomar acción. En años recientes, funcionarios chinos y pakistaníes han calificado este cambio de infraestructura como “Corredor Económico China–Pakistán Verde”. Los mensajes sugieren un cambio evolutivo de los proyectos con carbón a una asociación baja en carbono.
En el papel, este giro está de acuerdo con los principios de justicia climática: mejorar el acceso a energía limpia, bajar los costos de generación y reducir la dependencia a combustibles fósiles importados.
En la práctica, la imagen es más complicada.
Energía solar china: Liberación y dependencia en un paquete
La propagación de paneles solares chinos de bajo precio ha sido transformador para los países en desarrollo, incluido Pakistán. Los pueblos que han soportado horas de apagones ahora pueden tener ventiladores, bombas de agua y pequeños electrodomésticos. Las viviendas urbanas pueden resistir sin depender únicamente en una red inestable. Mezquitas, granjas, escuelas y hasta salones de bodas incluyen ahora paneles chinos.
La energía solar se ha convertido en un mecanismo de sobrevivencia y un símbolo de estatus.
Pero este cambio expone problemas estructurales más profundos. Como Pakistán no tiene capacidad de manufactura interna, toda expansión solar aumenta su dependencia a las importaciones. La depreciación de la moneda aumenta los costos instantáneamente. Un tributo de 10% impuesto a los paneles solares en 2024 para proteger el ingreso por la red hizo poco para reducir la demanda, pero destacó un dilema fiscal: cuanta más gente recurrió a energía solar de azoteas, más ingresos pierde la red.
A medida que la energía solar de las azoteas se esparce por Pakistán, su efecto en la red nacional se ha vuelto un punto de verdadera contención. Los analistas advierten que aumentar la autogeneración podría reducir el ingreso de los servicios públicos, y citan proyecciones de que sistemas con medición neta podrían desplazar miles de millones de kilovatios-hora de ventas de red eléctrica. Pero los funcionarios cuentan otra historia: a pesar de un aumento de 173% de producción neta en el año anterior, la Agencia de Adquisición de Energía Central dice que la mayoría de casas solares aún usan casi la misma cantidad de electricidad de la red en las noches y los meses nublados, lo que significa que las pérdidas de ingresos aún no se han materializado totalmente. La energía solar ya está cambiando patrones de consumo, pero las consecuencias financieras siguen desiguales, disputadas y muy vinculadas con el diseño de tarifas, variación por temporadas y el ritmo de adopción.
La ola de la batería solar y el cambiante entorno social
Hay una segunda ola en curso: baterías de litio chinas a buen precio están inundando los mercados de Pakistán. China exportó a Pakistán cerca de 68% más de baterías de litio en los primeros seis meses de 2025 que en todo 2024, lo que permitió que las viviendas almacenen electricidad solar para usar en la noche. Para muchas familias, es la primera vez que han tenido energía sin interrupciones.
El acceso a la energía ya no es algo que solo provee el Estado; es algo que la gente genera para su propio uso. Esta electrificación de las bases, permitida casi totalmente por equipamiento chino, ha cambiado el significado social de energía en Pakistán.
Y la desigualdad persiste. Las casas más pobres, hasta las urbanas de clase media, no puede pagar sistemas de azotea, ni cuando los precios disminuyen. Sin financiamiento específico ni subsidios, la energía solar se convierte en un privilegio más que en un derecho.
Pakistán se ha comprometido a generar el 60% de su electricidad de fuentes renovable para 2030. A 2023, había llegado al 40%, incluida la energía nuclear, y 26% sin energía nuclear, según Ember. La rápida propagación de sistemas de batería solar ofrece un atajo potencial a llegar a la meta, que a veces se mueve más rápido que grandes proyectos de energía hidráulica o eólica, que con frecuencia se ven disminuidos por brechas de finanzas, conflictos de tierras y demoras políticas.

Proyecto energético Zorlu Enerji, cerca de la ciudad de Jhimpir, en el distrito de Thatta (Pakistán), a unos cien kilómetros al noreste de Karachi, primer proyecto eólico de propiedad y financiación privadas en Pakistán, construido en el marco de la Política de Energías Renovables de 2006. Imagen de Flickr (CC BY-SA 2.0).
Sin embargo, este cambio se está produciendo sin apenas un marco normativo que lo regule. Pakistán no tiene normas nacionales para instalación, almacenamiento o seguridad contra incendios de las baterías, ni con un marco claro para integrar los pequeños sistemas de baterías solares en la red eléctrica nacional. Tampoco existe una política para gestionar la próxima oleada de residuos electrónicos, ya sean baterías de litio caducadas o paneles solares desechados, que podrían suponer graves riesgos para el ambiente y la salud pública si no se gestionan adecuadamente. Hogares y empresas están improvisando gran parte de la transición, y actúan por necesidad, en lugar de guiarse por una política coherente, lo que hace que el auge ecológico sea prometedor y precario al mismo tiempo.
Apuesta geopolítica de China: los parámetros técnicos
Más allá de Pakistán, China tiene una ambición mayor: establecer las normas técnicas y operativas para los sistemas energéticos en los países en desarrollo. Si las redes, los medidores, las turbinas, los sistemas de almacenamiento y las plataformas de supervisión digital se construyen alrededor de tecnologías chinas, el cambio a alternativas alternativas se vuelve costoso.
Esto no es inusual. Las potencias occidentales han dado forma a las normas mundiales durante décadas. Pero plantea cuestiones críticas de justicia para el sur de Asia. ¿Permitirá el modelo chino que las industrias locales crezcan? ¿La transferencia de conocimientos acompañará a los equipos? ¿O los países quedarán atrapados en otro ciclo de dependencia tecnológica?
¿Puede China elegir un camino diferente al de Occidente?
China enfrenta ahora una elección estratégica en Pakistán. Puede continuar con el planteamiento actual de exportaciones de equipos de gran volumen, financiación proyecto por proyecto y condiciones contractuales que protegen a los inversionistas, pero que a menudo suponen una carga para las finanzas públicas de Pakistán o crean desigualdad. O puede avanzar hacia un modelo más acorde con los principios de justicia climática: reestructurar los contratos de carbón heredados para aliviar la presión fiscal, apoyar la fabricación local de componentes solares y ayudar a diseñar redes regionales integradas que reduzcan la dependencia de Pakistán de las importaciones de combustibles volátiles. Este cambio también significaría priorizar las infraestructuras resistentes a las olas de calor y las inundaciones para enfrentar las mayores amenazas climáticas del país, y ampliar la financiación climática en condiciones favorables de manera que no se agrave la carga de la deuda existente.
Estos cambios estabilizarían la transición de Pakistán, y también demostrarían un modelo de cooperación entre el Sur y los países en desarrollo que no es extractivo.






