
Pasaporte de lectura mecánica de Bangladesh. Imagen de Flickr de Moin Uddin (CC BY-NC 2.0).
El pasaporte verde de Bangladesh, que alguna vez fue símbolo de esperanza y oportunidades para millones de personas que buscaban una vida mejor en el extranjero, se ha convertido en un obstáculo en los controles migratorios de todo el mundo. Lo que ocurre a diario en los aeropuertos del Sudeste Asiático, el este de Asia y otras regiones no es solo una crisis migratoria, sino una ruptura sistemática de la confianza, la gobernanza y la dignidad humana. Miles de ciudadanos bangladesíes se presentan en los controles migratorios con visas válidas en mano, solo para ser rechazados, detenidos y deportados sin explicaciones claras.
El 13 de agosto de 2025, las autoridades migratorias de Malasia negaron el ingreso a 204 ciudadanos de Bangladesh en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur. Los pasajeros fueron enviados de vuelta a Bangladesh, con sus sueños truncados de trabajar en el extranjero incluso antes de poder salir del aeropuerto. Este incidente se produjo después de deportaciones masivas de 96 personas el 11 de julio, 123 el 24 de julio y 80 el 25 de julio. Estos viajeros tenían visas válidas, documentación en regla y boletos aéreos. Sin embargo, ninguno logró superar el control migratorio.
Solo en los primeros cuatro meses de 2025, a más de 3500 ciudadanos bangladesíes se les negó el ingreso a otros países y los deportaron de regreso a Bangladesh. No se trataba de delincuentes ni de personas que hubieran infringido las normas migratorias. Muchos tenían visas de turista o visitante legítimas, obtenidas por los canales correspondientes.
No obstante, las autoridades migratorias de los países de destino sospecharon que estos viajeros ingresaban con visas de visitante con la intención de permanecer más tiempo y trabajar de manera ilegal. Esta sospecha, justificada o no, ha generado una crisis que afecta por igual a miles de aspirantes a migrantes y a turistas genuinos.
La situación se extendió más allá del Sudeste Asiático. A finales de septiembre de 2025, 52 ciudadanos bangladesíes fueron deportados desde Italia, Austria, Grecia y Chipre. El 30 de agosto, Reino Unido deportó a 15 bangladesíes por infracciones migratorias.

Filas de ciudadanos bangladesíes que trabajan en el extranjero regresan a casa de vacaciones en el aeropuerto internacional Hazrat Shahjalal, en Daca, Bangladesh. Imagen de Flickr por zol m (CC BY-NC-ND 2.0).
Farzana, profesional de una ONG bangladesí, iba a Colombo para asistir a una conferencia laboral cuando fue sometida a interrogatorios degradantes por parte de funcionarios de inmigración. A pesar de llevar toda la documentación en regla, fue objeto de sospecha inmediata únicamente por su pasaporte. Su historia destaca una realidad más amplia: a personas con visas legítimas y documentación en regla se les niega el ingreso en los aeropuertos internacionales.
Miles de viajeros bangladesíes enfrentan una realidad preocupante: a personas con visas legítimas y documentación en regla se les niega el ingreso en aeropuertos. Este problema surge de una compleja combinación de desconfianza internacional, antecedentes de infracciones y un control reforzado por parte de las agencias fronterizas.
Las autoridades fronterizas expresan una preocupación inmediata cuando ciudadanos bangladesíes llegan con visas temporales y muestran fondos limitados, itinerarios poco claros o documentación inconsistente. Las autoridades reconocen que las visas temporales se han convertido en una vía frecuente para acceder a oportunidades laborales no autorizadas en el extranjero.
A partir de la experiencia acumulada con patrones de migración no autorizados, algunos países de destino han desarrollado sofisticados sistemas de detección que identifican determinados perfiles de viajeros.
Se usa indebidamente visas de visitante para migración laboral
Cuando las visas temporales se utilizan indebidamente con fines laborales, las consecuencias van mucho más allá de las dificultades individuales. Las repercusiones se extienden al entramado económico, social y a la reputación internacional de Bangladesh, y tienen un impacto directo en el progreso del país.
Varios países del Golfo y del Sudeste Asiático han bloqueado por completo o restringido severamente el ingreso de trabajadores bangladesíes, sin ofrecer fechas concretas para una posible reapertura. A pesar de las actuales conversaciones diplomáticas y de las reuniones de alto nivel, Bangladesh ha logrado avances mínimos para reabrir estos mercados laborales.
Emiratos Árabes Unidos, segundo destino laboral más importante para Bangladesh en el oeste de Asia, mantiene políticas restrictivas desde 2013. Aunque las cifras migratorias mostraron cierta recuperación después de 2021, los datos resultan preocupantes: de 101,000 trabajadores en 2022 y 98,000 en 2023, en 2024 esta cifra cayó drásticamente a apenas 47,000. Tras las manifestaciones de algunos migrantes en apoyo a las protestas internas por la reforma del sistema de cupos, Emiratos Árabes Unidos endureció discretamente la emisión de visas de visitante y de trabajo para ciudadanos bangladesíes en julio de 2024.
Las autoridades de Malasia suspendieron la contratación de trabajadores bangladesíes en mayo de 2025, tras descubrirse prácticas de reclutamiento poco éticas. Omán cerró el ingreso de trabajadores procedentes de Bangladesh en septiembre de 2024, con el argumento de un exceso de mano de obra y falsificación de documentos. De manera similar, Maldivas dejó de tramitar visas en 2024 tras detectar irregularidades en los procedimientos.
Según Mohammad Jalal Uddin Sikder, especialista en migración laboral y movilidad, muchos migrantes legales y turistas ignoran las normas. Las agencias de reclutamiento dan información engañosa, fomentan el uso de documentación fraudulenta y las campañas de información del Gobierno siguen siendo insuficientes.
Bangladesh muestra una notable pasividad diplomática al tratar estas restricciones. Diversos informes señalan que las misiones diplomáticas suelen responder a las suspensiones de visas con aceptación silenciosa o diálogos de carácter procedimental, en lugar de recurrir a una diplomacia estratégica y firme. Existe muy poca iniciativa visible para reconstruir la confianza internacional o demostrar mejoras en los sistemas regulatorios y en la supervisión migratoria.
A pesar de contar con una de las mayores poblaciones de trabajadores migrantes del mundo, las oficinas diplomáticas del país a menudo no han logrado negociar acuerdos de visas recíprocos ni marcos de movilidad más amplios.
Pérdida de relevancia del pasaporte y de la credibilidad nacional
El más reciente Índice de Pasaportes Henley 2025 sitúa a Bangladés en el puesto 100, la peor clasificación de su historia, junto a Corea del Norte. Este marcado deterioro refleja cómo ha caído la percepción de la credibilidad de Bangladesh en la comunidad internacional.
Los casos que involucran a ciudadanos bangladesíes por infracciones de visas, estadías no autorizadas y falsificación de documentos se han vuelto relativamente frecuentes en Asia, Europa y Medio Oriente. Países que antes recibían visitantes de Bangladesh ahora imponen requisitos de entrada más estrictos.
Singapur, Malasia y Tailandia han introducido procedimientos adicionales de verificación, mientras que Emiratos Árabes Unidos suspendió discretamente la mayoría de las categorías de visas para ciudadanos bangladesíes en 2024. Cada cambio de política, aunque pueda parecer aislado, contribuye a una erosión acumulativa de la confianza internacional que determina la solidez de un pasaporte.
Cada titular de un pasaporte bangladesí que se acerca a un control migratorio carga con un peso invisible de sospecha global. Años de incidentes dispersos han ido construyendo esta desconfianza, que hoy en día el personal de inmigración y las autoridades extranjeras aplican de manera indiscriminada a toda una nacionalidad.
Los servicios migratorios de los países de destino muestran una cautela reforzada frente a ciudadanos bangladesíes que ingresan con visas de visitante, ante la posibilidad de que oculten intenciones de trabajo no autorizado o situaciones de trata. Tras descubrirse que una red de reclutamiento de migrantes, en la que estaban involucradas seis empresas malasias, había trasladado a cientos de trabajadores con documentos falsificados y eludiendo procedimientos oficiales del Gobierno, las autoridades de Malasia endurecieron considerablemente sus protocolos de verificación. Los trabajadores involucrados en estas prácticas fraudulentas quedaron a la deriva, mientras que las llegadas posteriores de ciudadanos bangladesíes enfrentaron una desconfianza generalizada.
La situación se ha agravado desde el levantamiento de julio de 2024 ocurrido en Bangladesh. Las protestas y la inestabilidad llevaron a otros Gobiernos a percibir al país como una posible fuente de solicitantes de asilo, lo que desencadenó que las revisiones de visas fueran mucho más estrictas.
Las recientes restricciones impuestas por Dinamarca a estudiantes bangladesíes y nepalíes reflejan este temor. Las autoridades danesas sostienen que numerosos estudiantes de estos países utilizan las oportunidades educativas como una “puerta trasera” para acceder al mercado laboral danés.
Camino a seguir para recuperar la credibilidad y proteger a los migrantes
La crisis de rechazos en los aeropuertos no es un problema migratorio que pueda resolverse simplemente endureciendo los requisitos de visa. En esencia, se trata de una crisis de integridad nacional y de fallas institucionales.
La creciente desconfianza de la comunidad internacional hacia los viajeros bangladesíes no se basa en un prejuicio infundado, sino que es una reacción lógica ante años de abusos documentados de visas, trata de personas y migración irregular.
Sin embargo, esta desconfianza castiga por igual a inocentes y culpables, y niega a viajeros legítimos, estudiantes, empresarios y turistas la movilidad de la que gozan sin cuestionamientos ciudadanos de otros países.
Abdusattor Esoev, jefe de misión de la Organización Internacional para las Migraciones, señaló que afrontar los desafíos migratorios requiere una respuesta coordinada e integral que involucre al Gobierno, la sociedad civil, las organizaciones internacionales y el sector privado.






