
Partidarios en el partido de India contra Bangladesh en cuartos de final en el MCG, Australia. Imagen vía Flickr por Tourism Victoria. (CC BY 2.0).
La Copa del Mundo de Críquet T20 2026, torneo bienal organizado por el Consejo Internacional de Críquet (ICC), tiene el objetivo de celebrar el alcance global del críquet, aunque en cambio ha expuesto las líneas divisorias en las que deporte, seguridad y política se entrecruzan con consecuencias no deseadas. Bangladesh ha rechazado participar en los partidos programados en territorio indio por cuestiones de seguridad y tensiones políticas. Sin embargo, la actual crisis del críquet representa mucho más que un simple enfrentamiento diplomático o una disputa de seguridad.
El origen de las preocupaciones sobre la seguridad de Bangladesh no puede entenderse adecuadamente sin examinar la paradoja de Mustafizur Rahman que ha desconcertado al mundo del críquet. Cuando la Junta de Control para el Críquet en India instruyó a los Kolkata Knight Riders a dejar ir al lanzador rápido bangladesí de su equipo IPL 2026 por razones de seguridad, involuntariamente crearon un enigma lógico que los funcionaron de Bangladesh aprovecharon rápidamente.
Si la propia Junta de control de críquet india no se sentía capaz de garantizar la seguridad de un solo jugador de Bangladesh en la primera división india —torneo que se jugó bajo condiciones controladas con seguridad privada y acceso público limitado—, ¿cómo podía Bangladesh confiar razonablemente que se protegería adecuadamente a toda una selección nacional, personal de apoyo, periodistas desplazados y, potencialmente, a miles de partidarios durante un torneo global?
En efecto, la evaluación de seguridad del propio Consejo Internacional de Críquet se filtró, por lo que se reconoció lo que Bangladesh sostenía desde el inicio. La evaluación independiente de riesgos de enero de 2026 explícitamente señaló que mientras la amenaza al mismo equipo de Bangladesh se mantenga “moderada”, el riesgo para los nacionales y partidarios de Bangladesh que asistan a las fechas programadas sería de “moderado a alto», particularmente para quienes vistan colores del equipo y se desplacen en grupos aislados hacia el estadio. Además, ésta evaluación advirtió específicamente que “la presencia de Mustafizur Rahman podría ser problemática si el extremismo religioso llegara a activarse cinéticamente.
El informe revela una desconexión fundamental entre el manejo del riesgo burocrático y las realidades vividas en materia de seguridad. Cuando el asesor deportivo Asif Nazrul “señaló que Bangladesh no comprometería la seguridad y dignidad de sus criquetistas, espectadores, y periodistas”, no participaba en teatro diplomático, sino que estaba articulando claramente una responsabilidad fundamental del Gobierno: proteger a sus ciudadanos.
Más aún, el momento y el contexto en el que surgieron estas preocupaciones de seguridad reforzaron significativamente su legitimidad. Las relaciones entre Bangladesh e India se han deteriorado abruptamente desde que la ex primera ministra de Bangladesh Sheikh Hasina huyó a India en agosto de 2024, después de levantamiento estudiantil que derrocó al partido gobernante, la Liga Awami. Desde entonces, las relaciones diplomáticas entre los dos países han estado marcadas por una escalada de tensiones, recriminaciones mutuas y, más preocupante aún, incidentes violentos dirigidos a instalaciones diplomáticas de Bangladesh.
Cuando las barreras diplomáticas bloquean las gradas
La dimensión que más se pasa por alto en esta crisis tal vez radique en la imposibilidad práctica de que los hinchas de Bangladesh asistan actualmente al torneo, aunque la situación de seguridad llegara a resolverse. Debido al estancamiento diplomático en curso entre los dos Estados, el Gobierno indio ha implementado una estricta política de restricción de visados contra Bangladesh, que en la práctica prohíbe a los ciudadanos comunes de Bangladesh obtener visados indios.
Aunque se ha especulado para jugadores y personal de asistencia podría emitirse visados diplomáticos especiales, periodistas y auspiciadores de Bangladesh enfrentan barreras insuperables.
¿Qué clase de “Copa del Mundo” excluye a los hinchas de una nación participante? ¿Cómo celebrar el atractivo mundial del críquet mientras se niega el ingreso a los hinchas por su nacionalidad?
El espectro de la violencia de masas
La posibilidad de violencia de masas contra los hinchas de Bangladesh, jugadores, personal y periodistas no es alarmismo especulativo, sino una extrapolación razonable a partir de incidentes documentados de violencia contra los hinchas de Bangladesh y creciente propaganda contra Bangladesh. En India, particularmente en estados como Bengala Occidental, que serán sede de partidos de la Copa del Mundo, el sentir contra Bangladesh se ha intensificado dramáticamente desde la destitución de Hasina, motivada por acusaciones respecto al trato a las minorías indias en Bangladesh y ampliada por partidos políticos buscando ventaja electoral.
En efecto, la mención específica en la evaluación de que la presencia de Mustafizur Rahman podría desencadenar violencia «si el extremismo religioso se involucra cinéticamente» revela cómo el deporte se ha convertido en un sustituto de los puntos conflictivos comunitarios. La expresión «involucrarse cinéticamente» es jerga de seguridad que se refiere a violencia real, ataques físicos que pueden ir desde el abuso verbal hasta la agresión colectiva.
El cálculo político detrás de la crisis
Tal vez la dimensión más cínica de ésta crisis esté en cómo los Gobiernos de India y Bangladesh están utilizando como arma al críquet para la ventaja política nacional, particularmente en el contexto de la elecciones para la Asamblea Legislativa de Bengala Occidental de 2026, programadas para marzo–abril 2026.
Para el partido que gobierna en India Bharatiya Janata (BJP), que ha estado intentando ingresar al espacio político de Bengala desde 2014 al mando del primer ministro Narendra Modi, oponerse a Bangladesh se ha convertido en una mina de oro electoral
¿Qué mayor carta puede haber en este momento que la retórica contra Bangladesh, enmarcada como protección de las minorías indias? Si el críquet y la religión pueden desplegarse como instrumentos electorales, particularmente en Calcuta, entonces se les incentiva a manufacturar y mantener esta crisis.
Simultáneamente, con sus propias presiones políticas e incentivos, el gobierno interino de Bangladesh entiende que la retórica contra India sirve como su mayor carta política. Adoptar una postura firme contra India, rechazar comprometerse a participar en la Copa del Mundo, y enfrentar públicamente las evaluaciones de seguridad del Consejo Internacional de Críquet, juegan bien internamente, particularmente entre segmentos de la sociedad de Bangladesh.
Esto crea una dinámica peligrosa en la cual ningún gobierno tiene incentivos para reducir la intensidad. En cambio, ambos se benefician de mantener las condiciones de la crisis, de usar el críquet como un representante en el campo de batalla para tensiones geopolíticas más amplias.
Cómo los políticos exiliados ensombrecen el torneo
Una dimensión particularmente preocupante de esta crisis incluye la concentración de los líderes exiliados de la Liga Awami en el área de New Town de Calcuta, la ciudad programada como sede de tres de los cuatro grupos de partidos de Bangladesh.
Aproximadamente 2000 exministros y líderes de alto y medio nivel de la Liga Awami, que gobernaron Bangladesh entré 2009 y 2024, a los que se han unido periodistas, activistas de la sociedad civil, militares, agentes del orden y diplomáticos que abandonaron Bangladesh después de la revolución de julio en agosto de 2024, han establecido una base política de facto en New Town.
Eso crea una situación explosiva, en la que la selección de críquet de Bangladesh estaría jugando partidos en una ciudad que se ha convertido en la sede operativa para los enemigos políticos del Gobierno, con líderes que planean activamente su regreso al poder en Bangladesh.
¿Podrían los partidarios de la Liga Awami, protegidos y hospedados por las autoridades indias, ver los partidos de críquet de Bangladesh como oportunidades para realizar sus manifestaciones políticas?
En ese contexto, las preocupaciones de Bangladesh sobre seguridad respecto a jugar en India son inseparables de preocupaciones sobre jugar en una ciudad que sirve como un santuario para sus opositores políticos.
Usar el deporte como arma
A pesar de reconocer riesgos de moderados a altos para los partidarios de Bangladesh en su evaluación de seguridad, el Consejo Internacional de Críquet ha intentado enmarcar éstas preocupaciones como manejables y ha rechazado la interpretación de Bangladesh de que la asesoría es una “completa mentira”. Esto denota un deliberado rechazo de preocupaciones legítimas para proteger la programación del torneo y los intereses comerciales.
Si Bangladesh, miembro de pleno derecho del Consejo Internacional de Críquet, puede ver que sus preocupaciones documentadas en materia de seguridad se descartan como una postura política, ¿qué recursos tienen los países más pequeños o con menos influencia política en el mundo del críquet?
El precedente que se viene estableciendo aquí es peligroso: el compromiso del Consejo Internacional de Críquet para proteger a jugadores y partidarios está condicionado a no perturbar la logística del torneo ni a las retadoras y poderosas Juntas de Críquet como la Junta de Control para el Críquet en India.
En la medida que Bangladesh permanezca firme en su posición de no viajar a India para la Copa del Mundo T20 de 2026, la crisis revela una intersección peligrosa entre el deporte y la política.
La evaluación de seguridad del Consejo Internacional de Críquet reconoce la existencia de riesgos, pero insiste en que son manejables. India ofrece garantías de seguridad mientras, simultáneamente, restringe los visados para los hinchas de Bangladesh y no logra proteger las instalaciones diplomáticas de los ciudadanos de Bangladesh en India. Ambos Gobiernos utilizan el críquet como arma para obtener ventajas políticas internas mientras que justifican sus acciones en nombre de los intereses deportivos.
El rechazo de Bangladesh a jugar no es una maniobra política ni una postura diplomática. Más bien, representa una postura por principios: que las preocupaciones en materia de seguridad importan y que la integridad del críquet depende de mantener el deporte separado de su uso como arma del poder político.






