
Sobre para papeletas para elecciones generales y referéndum de Bangladesh de 2026. Imagen vía Wikipedia de Comisión Electoral de Bangladesh. Dominio público.
Dieciocho meses después de que estudiantes y jóvenes salieran a las calles para derrocar el régimen cada vez más autocrático de la expresidenta Sheikh Hasina, Bangladesh enfrenta ahora lo que el asesor principal Muhammad Yunus describe como un “momento que define un siglo”.
El 12 de diciembre de 2025, cuando el presidente de la Comisión Electoral, AMM Nasir Uddin, anunció el cronograma para las decimoterceras elecciones parlamentarias nacionales de Bangladesh, lo describió como «un papel histórico en el avance del proceso democrático del país».
El gobierno interino de Bangladesh describió estas elecciones como «una prueba que el país no puede darse el lujo de fallar«, y señaló que «esta oportunidad para una transición democrática ha llegado a costa de enormes sacrificios de los jóvenes».
El 12 de febrero, Bangladesh tuvo lo que la Unión Europea denominó «el mayor proceso democrático de 2026«. Sin embargo, un mecanismo de referéndum, una transformación digital y una marginación sistemática por género muestran los cimientos potencialmente endebles de la renovación democrática del país.
La paradoja del referéndum
El 12 de febrero, los votantes no solo eligieron a sus representantes en las decimoterceras elecciones parlamentarias nacionales de Bangladesh, sino que también votaron sobre reformas constitucionales que, según Yunus, darán forma al país los próximos cien años. Sin embargo, este doble mandato crea lo que podría denominarse el caballo de Troya de la democracia: una estructura de referéndum que parece democrática en la forma, pero que en la práctica podría socavar la legitimidad democrática.
Según la Orden de Implementación de la Carta de Julio, los votantes recibieron una boleta electoral rosa con aproximadamente 185 palabras de complejo lenguaje constitucional que abarca cuatro propuestas complejas. Deben responder a una única pregunta de sí o no: «¿Está de acuerdo con la ‘Orden de Implementación de la Carta Nacional de Julio (Reforma Constitucional), 2025′ y las siguientes propuestas de reforma contenidas en la Carta de Julio?». En la boleta electoral no hay explicaciones detalladas. No existe la posibilidad de aprobar unas reformas y rechazar otras. Los ciudadanos simplemente votan sí o no al paquete completo.

Referéndum constitucional de Bangladesh de 2026 Voto por correo. Imagen vía Wikipedia de Comisión Electoral de Bangladesh. Dominio público
Este planteamiento transforma lo que debería ser una democracia deliberativa en lo que los politólogos denominan «democracia plebiscitaria«, forma en la que los ciudadanos aprueban sin más las decisiones de la élite en lugar de participar significativamente en la ingeniería constitucional. Además, tal como revelan datos de la Comisión Nacional de Consenso, solo doce de los 30 rubros de reforma propuestas lograron un consenso genuino entre los partidos políticos, pero Yunus dijo que había «acuerdo general» sobre los 30 asuntos.
Si los votantes aprueban el referéndum pero el electo Consejo de Reforma Constitucional no logra finalizar las reformas en el término de 270 días útiles, entonces un proyecto de ley de reforma constitucional preparado por el gobierno interino no elegido se convierte en ley automáticamente.
En consecuencia, Bangladesh podría ver cómo las enmiendas constitucionales redactadas por un gobierno interino —sin mandato electoral— se convierten en vinculantes para un parlamento elegido democráticamente, simplemente porque ese parlamento no completó la tarea que se le había asignado en un plazo arbitrario.
El Partido Nacionalista de Bangladesh describe este mecanismo como “totalmente irracional, con motivación política y absurdo”, y sostiene que ningún proyecto de ley puede convertirse en ley sin procedimientos parlamentarios y recibir confirmación presidencial.
Por su parte, el comisionado electoral Abul Fazal Md. Sanaullah señaló que los simulacros demostraron que cada votante necesitaba entre siete y ocho minutos para completar ambas papeletas, pero que las disposiciones actuales de la Comisión Electoral solo permiten 54 segundos por votante hombre y 65 segundos por votante mujer. Hacer fila durante horas desalentará la participación, especialmente entre las mujeres, los ciudadanos de edad avanzada y las personas con problemas de salud. Algunos votantes podrían simplemente marcharse sin votar, lo que reduciría la participación y debilitaría la legitimidad electoral.
Además, ha surgido preocupación sobre la neutralidad del Estado. Los analistas se han preguntado si el Gobierno puede mantenerse neutral cuando los funcionarios en el terreno —muchos con responsabilidades administrativas o electorales— se han movilizado para promover el voto a favor del «sí» con actividades de divulgación a nivel local. Cuando el propio Estado parece partidista, aún sin una coacción explícita, resulta difícil evitar la percepción de presión administrativa. Esas percepciones podrían desencadenar impugnaciones legales y disputas tras el referéndum que desestabilicen aún más la frágil transición democrática de Bangladesh.
Si el referéndum logra su cometido, vincula a un parlamento electo con reformas en las que ha tenido una participación mínima. Si el referéndum no lo logra, los asesores del Gobierno advierten que el “fascismo volverá a Bangladesh”. Cualquier resultado sugiere que la transición democrática de Bangladesh yace en bases menos estables que una retorica revolucionaria podría sugerir.
Doble filo de la democracia digital
Cuando la Comisión Electoral de Bangladesh prohibió los afiches de campaña por primera vez en la historia electoral, obligó a las decimoterceras elecciones parlamentarias nacionales a pasar al espacio digital.
La mayoría de las campañas importantes han trasladado su centro de gravedad a internet, lo que ha transformado la forma en que los candidatos llegan a los votantes y cómo estos se acercan a la política.
Aproximadamente el 40% de los votantes tiene menos de 37 años, y muchos apenas recuerdan la política exclusivamente a través de mítines, carteles y manifiestos impresos. Para esta generación, la política aparece primero en las pantallas, comprimida en videos cortos, explicaciones gráficas, discursos transmitidos en vivo y fuentes impulsados por algoritmos.
El juvenil Partido Nacional Ciudadano surgió tras las protestas estudiantiles de 2024 y, desde entonces, ha convertido TikTok e Instagram en herramientas clave para la participación, lo que ha transformado el impulso de las protestas en imágenes breves y emotivas diseñadas para atraer a quienes votan por primera vez. De manera similar, el Partido Nacionalista de Bangladesh se ha apoyado en gran medida en las plataformas interactivas en línea, e invita a los votantes a responder directamente a las propuestas políticas, mientras que Jamaat-e-Islami, partido islamista de derecha, ha usado la colaboración de ideas masiva para su manifiesto en sitios web específicos.
A pesar de las impresionantes cifras generales, gran parte de la población de Bangladesh sigue estando fuera del ecosistema digital. Las mujeres, los votantes de más edad, los habitantes rurales y los grupos de bajos ingresos están representados desproporcionadamente entre quienes no tienen conexión a internet o tienen conexión limitada.
¿Puede este cambio en línea representar una auténtica transformación estructural hacia la participación de los jóvenes y una política sobre méritos, mientras excluye a millones que no pueden participar en el discurso político en línea?
Las plataformas digitales permiten a los partidos más pequeños movilizar a sus votantes con mínimo costo; sin embargo, las investigaciones revelan que ya existen sofisticadas redes de bots y campañas de propaganda coordinadas que están influyendo en los resultados electorales de Bangladesh.
Prueba de exclusión de género
A pesar de representar más de la mitad de la población y demostrar sistemáticamente una mayor participación electoral en las elecciones competitivas, las mujeres solo representan el 4,22% de los candidatos en las elecciones de 2026, en comparación con el 6,6% del total de candidatos en las elecciones de 2024.
De las 2580 candidaturas presentadas por candidatos de 51 partidos políticos e independientes, solo 109 eran mujeres: 72 de partidos políticos y 37 de independientes. Según las cifras disponibles, aproximadamente 2000 candidatos se presentaron en 298 circunscripciones, sin que se hubiera confirmado el número definitivo de candidatas, pero que seguirá siendo inferior al 5%, lo que representa la menor tasa de mujeres desde 1991.
El Partido Nacionalista de Bangladesh nominó solo a 10 mujeres entre 287 candidatos, lo que supone apenas un 3,5%, muy por debajo incluso del modesto objetivo del % que el propio partido propuso durante las conversaciones de la Comisión de Consenso Nacional.
El historial del partido Jamaat-e-Islami de Bangladesh es aún peor. Tras formar alianzas electorales, el partido presenta candidatos en más de 200 distritos electorales, pero si una sola candidata. Esto ocurre a pesar de que dicen que el 43% de sus integrantes son mujeres y de que han anunciado planes para crear «la mayor universidad de mujeres del mundo» con la fusión del Eden College y el Begum Badrunnesa College de Bangladesh. Los recientes comentarios de los dirigentes del partido sobre la situación de la mujer han suscitado muchas controversias.
Hasta el Partido Nacional Ciudadano, liderado por jóvenes y lleno de líderes revolucionarios con fuerte participación de mujeres, solo nominó a tres mujeres entre 47 circunscripciones, lo que supone alrededor del 7%.
Si los partidos políticos no pueden cumplir con los compromisos básicos de inclusión al seleccionar candidatos, los críticos se preguntan por qué alguien debería creer que implementarán reformas constitucionales complejas una vez elegidos y aislados de la responsabilidad inmediata.
Bangladesh se acerca a estas tres pruebas —la paradoja del referéndum, la naturaleza ambigua de la democracia digital y la exclusión de género—, que convergen para revelar una realidad aleccionadora.
En conjunto, determinarán si el levantamiento de Bangladesh en julio de 2024 se traduce en una verdadera consolidación democrática o si simplemente produce lo que los politólogos denominan «autoritarismo electoral» con una fachada revolucionaria.






