
Imagen destacada creada con elementos de Canva Pro.
El carnaval de Trinidad y Tobago sigue evolucionando. La música de la edición de 2026 ha rendido homenaje a los veteranos de las artes del carnaval. Varias bandas de tambor metálico han elegido tonadas clásicas como su música Panorama en contraposición a nuevas ofertas de soca. Por su parte, “Encore«, la marcha del rey del soca Machel Montano, es un guiño al extraordinario diseñador de mascaradas Peter Minshall, y Kes the Band has resucitado el concepto de “Ron y Coca Cola”, escrito por Lord Invader como comentario social sobre la Segunda Guerra Mundial. Es una canción que se hizo más conocida después de la nueva versión de 1940 de las hermanas Andrews. Mical Teja hizo “Último tren«, su aporte al calipso “Último tren a San Fernando” de 1957. De otro lado, una de las canciones más populares de la temporada, “Respetuosamente tuyo”, de Full Blown muestra algo del clásico de “Sudor frío” de Crazy.
Sin embargo, es un asunto todavía más moderno el que cautiva a la blogósfera local antes del festival nacional, incluir un juguete para adultos en las bolsas de regalos de las mascaradas de una popular banda de mujeres.
La medida de Tribe de regalar una rosa a este grupo demográfico fue objeto de revisión en videos en medios sociales, y pronto llamó la atención del arzobispo católico Jason Gordon, que criticó la medida en el púlpito, dijo que todo había “ido demasiado lejos”. Destacó que se deben poner barandillas de seguridad para proteger a los jóvenes, y continuó, “Así como le hemos pedido al Gobierno que regule los medios sociales por el bien de nuestros niños, si Tribe no puede dar marcha atrás, creo que el Gobierno tendrá que regularlos”.
Dean Ackin, líder de la banda Tribe, dijo a The Trinidad Express que “el carnaval se trata de libertad, expresión, diversión y algo de travesura, y como saben los pioneros de las mascaradas modernas, siempre estamos buscando maneras de buscar que las cosas sean frescas, juguetonas y memorables”.
Cada bando mantuvo su posición, y los usuarios de medios sociales empezaron a intervenir. En una difundida publicación de Facebook, Darryn Dinesh Boodan hizo referencia a un editorial de The Trinidad and Tobago Guardian que “expone que el hecho de que Tribe incluya un juguete sexual ‘Rose’ en una única bolsa de juguetes no es solo un error de juzgamiento, sino una señal de que el carnaval se ha vuelto culturalmente hedonista”. Como alguien que no participa en el festival, Boodan se sorprendió y pensó que “el hedonismo era la parte más divertida del carnaval y, francamente, el meollo de todo”. Boodan agregó que el editorial “trata los comentarios del arzobispo como un tranquilo guiño moral”, y llamó la atención de la gente al hecho de que Gordon “también soltó la idea de la intervención estatal si las bandas no se retractan’”, afirmación que catalogó como “clara advertencia: regúlense ustedes, o invitaremos al Gobierno a regularlos”.
En un artículo de Wired868, Jessica Joseph señaló que la palabra carnaval —que se deriva del latín “carne vale” o “adiós a la carne”— “habla de su función cultural original, una liberación deliberada de excesos, deseos, música, baila, comida y libertad antes de las restricciones de la Cuaresma. […] Llamarlo mero ‘hedonismo’ es reduccionista cuando siempre ha sido celebración con protestas en su raíz”.
Joseph agrega que en las culturas africanas e indias, “la alegría pública se vive a través de actos simbólicos de reclamar espacio, identidad, placer y difuminar juguetonamente lo que es sagrado para la cultura precolonial y profano para los colonizadores. Pretender ahora que el carnaval tiene como objetivo reflejar decencia en la Iglesia es no entender lo que siempre ha sido el carnaval, ni siquiera por tratarse de un festival estrictamente católico”.
Y siguió diciendo que lejos de preocuparse por los hábitos de masturbación de las mujeres, a los trinbagoenses les preocupa más la realidad de cada día, como recesión económica, desempleo, estrés mental, violencia, corrupción y violencia policial, por no mencionar “todo un ecosistema de delitos sexuales no verificados, sobre todo contra niños (para quienes la Iglesia católica tiene un rol importante)”.
En esa línea, varios otros cibernautas están en desacuerdo con que el arzobispo Gordon hable al respecto, pero comparativamente guardan silencio sobre otros asuntos críticos, incluida la reciente muerte de un muchacho a manos de un policía, que quedó captado en cámaras. A la novia del muchacho también le dispararon y está paralizada desde el incidente.
Por su parte, la activista cultural Tillah Willah bromeó: “Me encanta que la gente crea que esto se trata de sexo (me refiero a que los hombres se han masturbado en grupo, ¿¿¿por qué las mujeres no podrían tener un final feliz???) ni tampoco de cómo el capitalismo. Tu acceso ilimitado a recursos determina cuánto tiempo al aire, atención y visibilidad tiene tu marca. La atención del marketing de indignación es la más valiosa de estos tiempos, y conocemos las muchas maneras en que el sexo vende. Máxima puntuación por ingenio y por todo el nerviosismo y el falso pánico moral que han aportado más millones a ese banco”.
En Wired868, Joseph coincide: “Muchas [bandas] sacan provecho de la belleza femenina, la sensualidad femenina, la libertad femenina en su promoción de marketing, que lleva a que las mujeres colaboren significativamente con los ingresos del carnaval. Cuanto más dinero se genere, más elaborada se vuelve las mercadería del carnaval y sí, hay un serio debate sobre capitalismo, clasismo y eliminación cultural en relación con esto”.
También comentó sobre el hecho de la demografía de mujeres que participan en las mascaradas con Tribe “están al tanto de la brecha del orgasmo en el coito heterosexual y, a diferencia de generaciones anteriores, no van a aceptarla sumisamente. Estas mujeres actualmente existen en una zona donde la cultura del sexo casual está oficialmente muerta y enterrada. Viven en la era del movimiento del 4B, donde el sexo de pareja no se reparte generosamente. Hasta la música soca lo refleja. ‘¡Las chicas malas no necesitan un hombre!’, [cantan] Patrice y Nailah”.
Continúa, “la actividad sexual en solitario no conlleva riesgo de embarazo, lo que también reduce los abortos, ni enfermedades de trasmisión sexual, y en una sociedad como la nuestra, plagada de violencia de género en relaciones de pareja, la actividad sexual en solitario también es más segura que el sexo en pareja”.
Gabrielle Hosein, catedrática del campus San Agustín en Trinidad del Instituto para Estadios de Género y Desarrollo de la Universidad de las Indias Occidentales, agregó, “Más que nada, las mujeres disfrutan de ser mujeres sin hombres, disfrutan su poder erótico en grupo con otras mujeres. Decenas de miles de personas de múltiples etnias están en las calles casi desnudas, beben alcohol, son irreverentes entre sí, y ponen dinero en insistir que están a salvo de la violencia sexual de los hombres en el camino […].
El arzobispo enfrenta a las mujeres contra el carnaval tradicional, pese a que siempre ha sido ahí en las mujeres han buscado autodeterminación sexual. Convierte al carácter juguetón del sexo en pánico moral. Se opone a algo que, de ninguna manera, llevará a la vulnerabilidad, a enfermedades de transmisión sexual no deseadas, embarazos no planeados, coerción sexual o prácticas sexuales no seguras. No está claro a quién perjudica que las mujeres hagan algo que siempre han hecho, dentro y fuera de relaciones, con o sin hombres, con otras mujeres o solas, en el tiempo de carnaval”.
“Regañar al carnaval es fácil”, sugirió Bryan St. Louis en otra publicación de Wired868. “Exigir responsabilidad a los líderes es peligroso. Por eso, el sermón se dirige al pueblo, nunca a los poderosos. […] La verdadera moralidad debe llevar espinas, no solo pétalos. Debe estar dispuesta a pinchar al poder, no solo a perfumar el aire con condenas fáciles. Sin ese filo, no es más que rosas sin espinas: teatro frágil, no moralidad, sino mascarada.
Al otro lado del debate, Tricia Leacock, madre de un joven carnavalero, preguntó, “¿Qué te da el derecho de plantar ideas y conceptos adrede contra los valores que elijo sostener en mi casa, con el disfraz de una bolsa de regalos para un disfraz de carnaval, sobre todo sin mi consentimiento?».
Tenemos que llamar a las cosas por su nombre. Esto es absolutamente inaceptable. Muchas madres trinitenses ya están teniendo problemas con los trajes de baño y los adornos, y no con los disfraces. […] ¿Qué se supone que deben decirles los padres a sus hijos que han recibido estos «juguetes2 en sus bolsas de regalos? ¿Qué dice esto sobre lo que se espera de nuestras jóvenes? […] ¡Este no es el carnaval que queremos, y esto no representa quiénes somos!
El blog ChatterBox intervino en el debate para enfatizar que “piel no equivale a sexo. La mirada sí. Y suele ser la mirada de los hombres […] La rosa no inventa la sexualidad en el carnaval. La sexualidad siempre ha existido en su interior. Lo que la rosa simboliza es algo diferente: se centra en el placer femenino, no solo en exhibir los cuerpos femeninos. Ese cambio duele”.
La publicación concluye: “Puedes no estar de acuerdo con la decisión. Puede parecerte innecesaria. Pero declarar que denigra la cultura es simplificar siglos de complejidad en una única conclusión ansiosa. Toda rosa tiene espinas. La rosa no es lo podrido. Las espinas son la tensión que nos recuerda que la cultura está viva, debatida y que evoluciona en tiempo real.
El carnaval es arte. El carnaval es resistencia. El carnaval es comercio. El carnaval es sensualidad. El carnaval es fe en el diálogo con libertad”.






