Curar una región: Cómo la atención de salud lleva paz a Arauca, Colombia

Médicos sin Fronteras instaló clínicas móviles en pueblos afectados por el conflicto y con acceso de salud insuficiente. En esta foto, clínica instalada en el pueblo de Laureles II, en Arauca. Foto de Santiago Valenzuela – Médicos sin Fronteras, usada con autorización.

Este artículo de Samir Jones se publicó originalmente en Peace News Network el 18 de febrero de 2026. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo de asociación editorial.

Mariocy, madre venezolana de 39 años que vive en una zona rural en las afueras de la capital de Arauca, dice que constantemente enfrenta obstáculos para encontrar trabajo bien remunerado y acceder a servicios de salud básicos para su familia. “A los venezolanos nos es difícil encontrar trabajo acá”, dice en una entrevista con Médicos sin Fronteras. “En Arauca, hemos recibido atención de salud solo por medio de clínicas móviles organizaciones [humanitarias]”.

Arauca está en el noreste de Colombia y comparte frontera con Venezuela, por lo que es un destino común para migrantes y refugiados venezolanos. Desde 2022, la región ha aparecido frecuentemente en los titulares por el conflicto armado entre el Ejército de Liberación Nacional y facciones disidentes del Estado Mayor Central. Sin embargo, las experiencias indirectas de los civiles impactados por el conflicto, aparecen poco en los medios. Para muchos habitantes, la “paz” no se define por ceses al fuego o negociaciones, sino por acceso a necesidades básicas. ¿Puede una familia moverse libremente? ¿Puede una madre llevar a una clínica a su hijo enfermo sin cruzar territorio peligroso?

La crisis en Arauca no es solo sobre batallas y balas. Se trata de cómo el conflicto se cuela en la rutina diaria. Un análisis reciente del Clúster de Protección Global identifica estos riesgos urgentes como el “impedimento y restricción ilícitos de la libertad de movimiento, confinamiento y desplazamiento forzado». El mismo informe señala que en 2023, el 34% de la población del departamento ha sido reconocida como víctimas del conflicto armado, y deja a miles sin educación, comida y sobre todo, sin atenciones médicas básicas. Como dice Siham Hajaj, jefe de la misión en Colombia de Médicos sin Fronteras, dijo a Peace News Network (PNN), “Para las comunidades atrapadas en el medio de enfrentamientos entre grupos armados y para miles de migrantes, el acceso a servicios de salud se ha visto obstaculizados por múltiples efectos asociados con el conflicto armado”.

En Laureles II, Médicos sin Fronteras atendió a mujeres con bebés en brazos que no habían recibido todas sus vacunas o que tenían enfermedades estomacales por la mala calidad del agua. Foto de Santiago Valenzuela – Médicos sin Fronteras, usada con autorización.

¿Dónde se encuentran exactamente la salud y la paz? Cuando las familias no pueden moverse libremente y quedan con acceso limitado a atención de salud primaria, la salud se convierte en una línea fallida que aumenta el estrés y la desconfianza. Los servicios se deterioran, los rumores se difunden y, lo peor de todo, las comunidades se fracturan. En una región con mucha presencia de familias venezolanas desplazadas, a muchos se les culpa por las dificultades que vive la comunidad y se las aleja. Según el Clúster de Protección Global, a las familias venezolanas en Arauca se les suele negar servicios y enfrentan discriminación, incluido el riesgo de violencia de género y reclutamiento infantil.

La atención de salud confiable e inclusiva hace más que tratar enfermedades. Puede funcionar como pegamento social que suaviza la presión comunitaria y transforma las clínicas en espacios seguros para todos. Esto es exactamente lo que ha estado haciendo Médicos sin Fronteras desde marzo de 2025. En vez de obligar a los pacientes a viajar largas distancias por territorio arriesgado, Médicos sin Fronteras lleva atención a municipalidades rurales, descuidadas y afectadas por el conflicto del departamento, incluidas Tame, Arauquita y Puerto Rondón. Hajaj dice que “entre el 3 de marzo y el 13 de noviembre de 2025, [Médicos sin Fronteras] hizo 4899 consultas médicas generales, 801 consultas sobre salud sexual y reproductiva, 65 consultas a embarazadas, y 314 consultas individual es de salud mental”.

Between March and November 2025, MSF  implemented a medical project in the department of Arauca, situated in northeastern Colombia near the border with Venezuela. Their work consisted of providing medical and humanitarian care.

Entre marzo y noviembre 2025, Médicos sin Fronteras implementó un proyecto médico en el departamento de Arauca, al norte de Colombia, cerca de la frontera con Venezuela. Su trabajo consiste en brindar atención médica y humanitaria. Foto de Guzmán Botella — Médicos sin Fronteras, usada con autorización.

Aunque estos números son impresionantes, el verdadero impacto se vuelve claro a través de las historias de quienes reciben atención de Médicos sin Fronteras. “Los niños se enferman todo el tiempo”, dice una madre venezolana embarazada que migró a Arauca Médicos sin Fronteras. “No tengo [Permiso de Protección Temporal] o una tarjeta, pero gracias a Dios me encontró una fundación y son quienes me están ayudando con las consultas”.

Una clínica móvil y el acceso a servicios de salud no puede dar por terminado un conflicto armado. Sin embargo, puede crear motivos comunes. Las comunidades que los alojan y los recién llegados están en las mismas salas de espera, dependen del mismo personal y pasan por una misma forma inusual de legitimidad, en la que el tratamiento se basa en necesidades médicas. “Neutralidad e independencia”, dice Hajaj, “nos permite llegar a miles de pacientes en zonas afectadas por conflicto armado”.

Esta perspectiva de servicios de salud consistentes y neutrales fortalecen la unidad social, reduce el temor y la exclusión, y reconstruye la confianza entre comunidades divididas. Como dice el doctor Tedros Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud: “No puede haber salud sin paz, y no puede haber paz sin salud”. A través de su trabajo en Arauca, Médicos sin Fronteras ha demostrado que la atención de salud accesible es más que un servicio; es un sistema que genera paz que trata a todos como merecen ser atendidos.

Sin embargo, brindar atención de salud en Arauca y otras regiones marcadas por la violencia sigue siendo extraordinariamente difícil. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud sobre recuperación del sistema de salud en situaciones frágiles y afectadas por conflictos, es común que la violencia afecte infraestructura y clínicas, aleja a los trabajadores de salud, afecta el suministro médico y evita que la gente llegue de manera segura a los servicios de salud cuando no pueden o no quieren acceder a instalaciones en zonas inseguras. Cuando los caminos están bloqueados o cerrados sin aviso, hasta los servicios básicos pueden estar lejos de alcance de la gente. En lugares en los que una clínica puede cerrar por el sonido de una pistola, la atención de salud neutral se vuelve la delgada línea que permite que la atención de salud avance.

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