Paradoja del renacimiento democrático de Bangladesh: Análisis crítico de promesas y desafíos de las elecciones de 2026

A long queue of residents’ snakes across the school grounds around midday on February 12, 2026.

Larga cola de votantes serpentea los terrenos de una escuela cerca del mediodía, 12 de febrero de 2026. Los votantes hacen largas filas para emitir su voto, lo que ilustra la alta participación y las largas esperas en este centro de votación de Mirpur, en el centro de Daca. Imagen del autor, utilizada con autorización.

El 12 de febrero de 2026, Bangladesh celebró elecciones que muchos califican de hito democrático, las primeras elecciones verdaderamente competitivas que ha vivido el país en casi dos décadas. Pero, tras todo el discurso sobre un nuevo comienzo democrático y la restauración del derecho al voto, se esconde una pregunta delicada: ¿qué clase de democracia es esta realmente y quién decide si es legítima?

A medida que se iban conociendo los resultados tras el cierre de las urnas, la alianza liderada por el Partido Nacionalista de Bangladesh, de centro derecha, obtuvo una victoria aplastante, consiguió al menos 212 de los 299 escaños escrutados. La alianza de la extrema derecha liderada por el partido Jamaat-e-islami de Bangladesh quedó en segundo lugar con alrededor de 77 escaños, mientras que el Partido Nacional Ciudadano, fundado por los líderes del levantamiento de 2024, hizo su debut parlamentario con seis escaños.

Sin embargo, la contundente victoria del Partido Nacionalista de Bangladesh, con una mayoría parlamentaria de dos tercios, plantea preguntas fundamentales no solo sobre quién ganó, sino también sobre qué tipo de democracia se está formando realmente. Se podría denominar una «democracia de sustracción«, unas elecciones que lograron una equidad de procedimiento en parte por excluir al partido que había gobernado durante los quince años anteriores, pero que crean una paradoja en el centro de las afirmaciones sobre la legitimidad democrática.

Se restablece la democracia participativa: cifras detrás de la participación electoral

Lo que se desarrolló ese día en los 42,779 centros de votación fue nada menos que un extraordinario logro institucional, una muestra de la coordinación de la maquinaria estatal, la innovación tecnológica y la resiliencia de las aspiraciones democráticas en una nación demasiado hambrienta de una verdadera opción electoral.

La víspera de las elecciones, el asesor jefe del gobierno interino, el doctor Muhammad Yunus, apareció en televisión e instó a todos a hacer del 12 de febrero el «nacimiento de un nuevo Bangladesh«, y mencionó que eran los propios votantes quienes escribirían el futuro del país.

En lo que constituyó la mayor movilización de seguridad en la historia electoral de Bangladesh, cerca de 970,948 agentes de seguridad de todas las ramas de las fuerzas del orden y las fuerzas armadas se desplegaron en los centro de votación y en lugares estratégicos de todo el país. Participaron todas las ramas de la fuerza de seguridad del Gobierno, incluidos más de 100,000 efectivos del Ejército, alrededor de 5000 de la Marina, 3730 de la Fuerza Aérea, más de 37,000 de la Guardia Fronteriza y cerca de 188,000 policías.

Además, se autorizó a 1051 magistrados ejecutivos a llevar a cabo tribunales móviles, lo que generó consecuencias legales inmediatas para las infracciones, en lugar de esperar una resolución judicial tras las elecciones. En aproximadamente 25,700 de los 43,000 centros de votación, la Policía utilizó cámaras corporales, lo que permitió documentar visualmente lo que sucedía y contribuyó a que funcionarios y personal de seguridad asumieran responsabilidades en tiempo real.

Heavy security is visible outside the polling site in Paikpara, near Model Academy in the capital Dhaka. Image by the author.

Fuertes medidas de seguridad fuera del centro electoral de Paikpara, cerca de la Academia Modelo, en la capital, Daca. Imagen del autor, utilizada con autorización.

Con 127,7 millones de votantes registrados, que incluyen 64,8 millones de hombres, 62,9 millones de mujeres y 1234 votantes de tercer género, estas elecciones representaron uno de los mayores ejercicios democráticos del año. Cincuenta partidos políticos registrados presentaron 1755 candidatos, mientras que 273 candidatos independientes se disputaron también los escaños, lo que dio a los votantes una amplia variedad de opciones. De las mujeres candidatas de partidos, participaron 63 mujeres y 20 independientes.

La participación electoral llegó al 59,44%, muy por debajo del 80 al 87% registrado en elecciones verdaderamente competitivas hace décadas, pero aún así un aumento significativo con respecto al discutido 41,8% registrado en 2024. Y lo que es más importante, reflejó una elección real: la gente votó porque quiso, no porque los persuadieron o porque falsificaron sus votos.

Campo de competencia: Una contienda binaria con significativos intereses en juego

La contienda se redujo a una lucha directa entre el Partido Nacionalista de Bangladesh y una coalición liderada por Jamaat-e-Islami, que incluía al Partido Nacional de los Ciudadanos, fundado por estudiantes. Por muy simple que fuera esta configuración, los votantes tenían una clara elección entre dos visiones muy diferentes para el país.

Cuando se dieron a conocer los resultados, la alianza liderada por el Partido Nacionalista de Bangladesh no solo había ganado, sino que había ganado por amplia mayoría, obtuvo 212 escaños y una sólida mayoría de dos tercios. Los 77 escaños de la alianza Jamaat-e-Islami representaron el mejor resultado electoral en la historia de Jamaat, lo que la posicionó como la principal fuerza de oposición.

Fundamentalmente, Shafiqur Rahman, líder de la alianza Jamaat-e-Islami, demostró madurez democrática al aceptar con elegancia la derrota, a pesar de algunas objeciones. Mencionó que su partido «respetaría los resultados de las elecciones, fueran los que fueran» y no participaría en políticas de oposición obstructivas.

Chief Election Commissioner A, M, M, Nasir Uddin briefed the election results. Public Domain.

El presidente de la Comisión Electoral, A. M. M. Nasir Uddin, dio a conocer los resultados de las décimas terceras elecciones parlamentarias nacionales de 2026 en el edificio de la Comisión Electoral de Bangladesh, en Agargaon, Daca. Foto vía Wikipedia, del Departamento de Información de Prensa de Bangladés. Dominio público, 13 de febrero de 2026.

La aritmética de la victoria: cuando dos tercios no lo dicen todo

Para comprender realmente por qué el Partido Nacionalista de Bangladesh ganó tan contundentemente, hay que mirar más allá de la dinámica electoral y ver cómo se desarrolló realmente la votación. Bangladesh utiliza un sistema de mayoría simple, lo que significa que los candidatos solo necesitan obtener más votos que su competidor más cercano, no una mayoría absoluta. Se trata de un sistema que el país heredó del dominio colonial británico que tiende a dar un gran impulso al partido ganador, mientras que los partidos más pequeños, con apoyo disperso, se quedan atrás.

Como han señalado varios analistas, el recuento final de votos dirá mucho más sobre lo que realmente ocurrió. En un sistema así, un partido que obtiene entre el 40 y el 45% de los votos nacionales puede fácilmente llevarse entre el 65 y el 70% de los escaños si su apoyo se distribuye de manera eficiente entre los electores. Por el contrario, un partido con un 30 al 35% de los votos podría acabar con solo un 20 al 25% de los escaños si sus votantes están concentrados geográficamente o demasiado dispersos. Por lo tanto, la aplastante victoria del Partido Nacionalista de Bangladesh en escaños no significa necesariamente que se haya ganado el corazón de todos los votantes, sino que ha ganado donde más importaba.

Esta realidad matemática significa que la alianza Jamaat-e-Islami, a pesar de haber logrado su mejor resultado electoral de la historia, puede haber obtenido un apoyo popular sustancialmente mayor que el que sugieren sus 77 escaños. Si, efectivamente, la alianza obtuvo entre el 30% y el 35% de los votos nacionales, como indican algunas proyecciones, eso significa que millones de votantes bangladesíes apoyaron a partidos que solo ejercerán una influencia limitada en un parlamento en el que el Partido Nacionalista de Bangladesh tiene dos tercios de los escaños.

Las preferencias de estos votantes darán forma a los debates parlamentarios y a las estrategias de la oposición, pero tienen pocas posibilidades de influir en los resultados políticos reales, ya que la coalición gobernante puede aprobar cualquier ley, incluidas las enmiendas constitucionales, sin el apoyo de la oposición.

La dimensión del referéndum: legitimidad constitucional a través del mandato popular

A voter’s phone screen shows the official Smart Election app of the Bangladesh Election Commission with the assigned polling-centre details clearly visible. Image by the author.

Pantalla del teléfono de votante que muestra la aplicación oficial Smart Election de la Comisión Electoral de Bangladesh, en la que se ven claramente datos del centro de votación asignado. Imagen del autor, utilizada con autorización.

El referéndum paralelo sobre la Carta Nacional de julio añadió complejidad y legitimidad al ejercicio electoral. La carta proponía llevar a Bangladesh a un sistema parlamentario bicameral, limitar a dos mandatos la duración del cargo de primer ministro, reforzar la independencia judicial y establecer controles reales sobre el Poder Ejecutivo.

El 65,5% de apoyo a la Carta Magna que se desprende de los resultados no oficiales sugiere que los votantes se involucraron sustantivamente en cuestiones relacionadas con los sistemas bicamerales, los límites de mandato y las protecciones institucionales, en lugar de limitarse a aprobar las propuestas sin más.

La estadística más reveladora podría ser el 34,5% que votó contra las reformas constitucionales a pesar del abrumador impulso a favor, una cifra que probablemente represente la oposición férrea a todo el proyecto del gobierno provisional.

Al vincular las elecciones a cuestiones más importantes sobre cómo debe gobernarse el país, la energía de la revolución de julio de 2024 se tradujo en planes concretos sobre el papel, y no dejó que se esfumara como una simple charla revolucionaria.

La paradoja del Jamaat: Inclusión democrática de fuerzas antidemocráticas

Aquí es donde las cosas se complican. Uno de los resultados más extraños de estas elecciones es el regreso del Jamaat-e-Islami. El partido que se opuso a la independencia de Bangladés en 1971 y que estuvo prohibido durante años ha obtenido ahora su mejor resultado histórico, con lo que se convierte en la principal fuerza opositora en el Parlamento.

El hecho de que Bangladesh haya permitido el regreso de Jamaat a la escena política, mientras que mantiene fuera a la Liga Awami. Este partido tuvo un papel fundamental en el movimiento independentista de 1971, pero quedó excluido de las elecciones tras el levantamiento estudiantil de 2024 que derrocó a la primera ministra Sheikh Hasina, y parece ser una solución desigual que refleja más el clima político del momento que cualquier principio democrático coherente.

Con la Liga Awami excluida de la participación, Jamaat se posicionó como la principal alternativa para los votantes que buscaban una «nueva fuerza política». En un entorno electoral más inclusivo, Jamaat podría haber obtenido un número considerablemente menor de escaños; sin embargo, las circunstancias particulares de 2026 crearon oportunidades que el partido supo aprovechar eficazmente.

El camino por delante

Con la aprobación del referéndum, se esperan grandes cambios constitucionales, aunque para que se produzcan será necesario un trabajo constitucional específico. El hecho de que el Partido Nacionalista de Bangladesh tenga una mayoría de dos tercios significa que el partido tendrá básicamente la oportunidad de redactar las normas como desee.

Sin embargo, las deformaciones del sistema de mayoría simple sugieren que la distribución de los escaños parlamentarios puede no reflejar con exactitud la voluntad popular de los votantes.

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