
Albé Sanchez. Fotografía tomada por Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
Por Sam Donndelinger y Cameron Oakes
Esta historia de Uncloseted Media fue escrita en colaboración con Rewire News Group, plataforma sin fines de lucro que brinda información sobre salud sexual y reproductiva, derechos y justicia. Global Voices lo reproduce en virtud de una colaboración para compartir contenido.
Por dos semanas, Albé Sanchez no salió de su casa en el sur de Minneapolis.
«Me obligaron a entrar en modo sobrevivencia», dijo Sanchez a Uncloseted Media y Rewire News Group (RNG). «Sentí como si existiera una pared invisible [hacia el mundo exterior] que no podía cruzar, a menos de que en verdad quisiera ponerme en una situación de la que podría no salir».
Como queer y mexicoestadounidense, Sanchez temía ser blanco de la presencia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en su vecindario, aun cuando es ciudadano estadounidense.

Albé Sanchez. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
«Cada día es un riesgo», menciona. Si encajas con el perfil, entonces te conviertes en el blanco, aun con documentación. Esto hace que incluso ir al trabajo o al supermercado se vuelva aterrador.
Por más de diez años, Sanchez, educador de salud de 30 años de edad, ha estado tomando PrEP oral, medicamento que ayuda a prevenir el VIH. No obstante, el estrés creciente provocado por las redadas del ICE ha complicado aún más continuar recibiendo las dosis.
«Saltarme una dosis de vez en cuando me llevó a programar la cita [por algo más sostenible]», dice.
Sanchez dice que sentía que alguien en su clínica local estaría para apoyarlo. La clínica estaba a solo 10 minutos en auto desde su trabajo; conocía al personal gracias a visitas anteriores y también sabía de las actividades comunitarias. De igual manera, podía estar seguro de encontrar personal que hablara español y proveedores de ascendencia latina. Pero no todo el mundo ha tenido la misma experiencia al acceder a la atención médica.

Albé Sanchez. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
A principios de diciembre, el ICE empezó con la Operación Metro Surge, acción masiva en la que más de 3000 agentes del ICE tomaron las calles de Minnesota, supuestamente para ayudar a alcanzar las metas de deportación propuestas por el presidente estadounidense Donald Trump. La campaña ha estado marcada por controversias, errores fatales, falta de supervisión y violencia hacia los civiles, frecuentemente con resultados mortales y aterradores.
Desde entonces, cada vez más pacientes latinos en Minnesota están postergando o cancelando las citas médicas que podrían salvarles la vida para prevenir y tratar el VIH.
Estos hallazgos son alarmantes para las comunidades latinas que, hasta 2023, tenían un 72% más de probabilidades que la población general estadounidense en ser diagnosticados con VIH. A pesar de que el número total de infecciones ha disminuido, los casos entre personas latinas incrementaron un 24% entre 2010 y 2022.
«Estoy muy preocupado de que pueda haber un fuerte aumento en la transmisión», dice Alex Palacios, especialista de salud comunitaria en el área de Minneapolis.
En una declaración de enero de 2026 como parte de una demanda que buscaba poner fin a la Operación Metro Surge después de que un agente del ICE mató a la transeúnte desarmada Renee Nicole Good, el comisionado del Departamento de Salud de Minnesota afirmó que las pruebas de VIH entre la población latina habían «disminuido drásticamente» y que «aunque el personal subvencionado sigue yendo a la comunidad para promover y hacer pruebas, la gente no se presenta».
Las clínicas locales reportan lo mismo. Aliveness Project, centro de salud comunitario en Minneapolis que se especializa en la atención del VIH, dijo a Uncloseted Media y RNG que han observado una disminución de más del 50% en nuevos clientes. La clínica atiende a muchos latinos e indocumentados. Aunque usualmente reciben a 750 personas por semana, según los proveedores, informa haber recibido cien personas menos cada semana desde diciembre.
Desde entonces, Red Door, la mayor clínica de enfermedades de transmisión sexual y VIH, ha registrado un «ligero aumento» en los pacientes que no se presentan a sus citas.

Sanchez recibe atención médica en Aliveness Project. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
¿Qué sucede cuando se detiene el tratamiento?
Actualmente, existen múltiples medicamentos disponibles que funcionan para prevenir el VIH, y docenas que sirven para tratarlo una vez que alguien ha tenido un resultado positivo. Muchas personas que reciben medicación de manera constante presentan niveles tan bajos del virus que dejan de transmitirlo a través de las relaciones sexuales. Sin embargo, para volverse indetectable es necesario que los pacientes no detengan el tratamiento; de otra manera, el virus se replica y muta, lo que debilita el sistema inmune e incrementa el riesgo de contraer infecciones potencialmente mortales.
«Si los pacientes no toman sus medicamentos de manera constante, el VIH puede aprender sobre la medicación y volverse resistente. Cuando esto sucede, la medicación deja de funcionar para el paciente y el nuevo virus resistente podría transmitirse a otros», dice George Froehle, médico asistente y proveedor de atención en Aliveness Project. «Seguir con el tratamiento es uno de los aspectos más importantes para la atención médica del VIH».
Para continuar con la atención médica y evitar que se propaguen cepas peligrosas e intratables en Minnesota, los proveedores de Aliveness Project han comenzado a enviarles la medicación a los pacientes. Además, cuando es posible, ofrecen consultas a distancia y pausan el trabajo de rutina en los laboratorios para limitar las consultas en persona.
«Lo mejor que podemos hacer desde la perspectiva de la salud pública es mantener indetectables a las personas con VIH, para que no lo transmitan», comenta Froehle, y agrega que los proveedores que están en otras ciudades que son blanco del ICE deberán hacer planes en caso de citas faltantes para las inyecciones, recurrir a las consultas a distancia y preparar a sus equipos para el «trauma que puede producirse».

Sanchez recibe atención médica en Aliveness Project. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
Sanchez entiende el riesgo de un tratamiento inconsistente, razón por la que optó por la medicación preventiva inyectable.
«Tengo un alto riesgo [de VIH en mi comunidad],» dice Sanchez. «Con poca certeza sobre el futuro y si la atención para VIH seguirá estable, me di cuenta de que no podía dejar ir esta oportunidad».
Sin embargo, los tratamientos inyectables para el VIH suelen administrarse en intervalos de dos semanas a seis meses, y la medicación debe administrarse en una clínica, lugar que muchos pacientes están evitando, según proveedores.
«Tienen un margen de dos semanas» para recibir las inyecciones, según Froehle, que añadió que, como los pacientes tienen miedo de acudir en persona, en algunos casos han debido cambiar el tratamiento inyectable contra VIH. Esto ha generado que los pacientes vuelvan a tratamientos orales contra el VIH sin las pruebas que normalmente se les realizarían si el ICE no hubiera estado en Minneapolis. «[Los tratamientos orales] no habían sido eficaces [para estos pacientes] desde el principio, y por eso estaban recibiendo tratamientos inyectables».
Los medicamento orales del VIH también deben tomarse regularmente para que funcionen. En respuesta, los proveedores han pedido a los pacientes que tengan sus pastillas en todo momento en caso de que sean deportados o detenidos.
Esta precaución tiene sus motivos. Las instalaciones federales de inmigración de Estados Unidos tienen antecedentes de negar atención médica adecuada a quienes viven con VIH, a pesar de que las normas internas les obligan a hacerlo. Desde 2025, al menos a dos hombres que viven con VIH se les ha negado el acceso a su medicación en una cárcel de Brooklyn, según demandas obtenidas por THE CITY. Un hombre afirmó que solo le dieron su medicación después de que se le abrieron los labios y le salió una pústula abierta en la pierna. En enero de 2025, otro hombre murió por complicaciones del virus mientras estaba detenido por el ICE en Arizona.
Más allá de ser detenido sin la medicación adecuada, los pacientes están en riesgo de ser deportados a países con acceso limitado a la atención médica contra el VIH, como Honduras y Venezuela, mencionan los expertos.
«Muchos hombres [de Venezuela] me dijeron que decidieron irse porque ser gay ahí no era seguro y porque tuvieron dificultades para recibir atención médica contra el VIH», dice Froehle. «Es doloroso ver que nuevas personas enfrentan no solo la deportación, sino también a lugares donde no se sienten seguras»
«Algunos de estos pacientes morirán en su país de origen», dice Anna Person, presidenta de la Asociación de Medicina del HIV. «Es una sentencia de muerte».
Una «catástrofe en cadena»
Si bien la presencia del ICE está debilitando la infraestructura de la atención médica del VIH que Minneapolis ha construido durante décadas, expertos mencionan que siempre ha existido un punto ciego en la atención del VIH para la comunidad latina de la ciudad.
Vincent Guilamo-Ramos, director del Institute for Policy Solutions de la Escuela de Enfermería de la Universidad Johns Hopkins, describe el VIH en las comunidades latinas como una «catástrofe en cadena», resultado de años de desigualdad.
«Ha existido una crisis invisible entre latinos que no han recibido la suficiente atención», dice. «Los números han ido en aumento en cuanto a nuevas infecciones, mientras que a nivel nacional han disminuido. … Esa debería ser una señal de alarma».
Los números están aumentando por las barreras estructurales y el estigma que aleja a los latinos de recibir atención médica. Un informe de 2022 de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades indicó que entre 2018 y 2020, casi uno de cada cuatro hispanos que viven con VIH informaron haber sido víctimas de discriminación en entornos médicos. La falta de representación entre los proveedores, las barreras lingüísticas, y la desconfianza profundamente arraigada hacia el sistema de salud complican aún más el acceso a la atención médica, según Guilamo-Ramos.
Más allá del sistema de salud, el estigma dentro de las comunidades latinas puede ser igualmente perjudicial. De acuerdo con la información de Human Rights Campaign, en 2024 más del 78% de la población latina joven que forma parte de la comunidad LGBTQ informa que ha sufrido homofobia o transfobia dentro de la comunidad latina.

Sanchez en el exterior de las instalaciones de Aliveness Project. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
Sanchez está de acuerdo en que el estigma y los prejuicios son barreras gigantescas que impiden recibir atención médica, al igual que las estrictas normas de género y las creencias católicas que muchas comunidades latinas tienen. Además, dice que la presencia del ICE está amenazando el acceso a la atención médica del VIH.
«Esto ha provocado mucho daño en las personas», menciona Sánchez. «No poder acceder a tus consultas médicas es una puñalada por la espalda… Poder recorrer alguna de estas cosas en circunstancias normales ya es muy difícil».
Palacios, como afrolatino y persona que vive con el VIH, dice que la fuerte presencia del ICE está agravando las barreras que desde hace tiempo dificultan el acceso de la comunidad latina a la atención del VIH.
«El panorama siempre ha sido sombrío y desolador», afirma. «Y esto solo parece un problema más que enfrentar y contra el cual luchar».
El retroceso
Recibir atención médica contra el VIH se está volviendo cada vez más complicado en todos los ámbitos, ya que el Gobierno federal ha recortado los fondos estimados para esta causa, lo que compromete décadas de progreso contra el VIH desde que Donald Trump retomó el poder en enero de 2025.
En febrero de 2026, a tres meses de la Operación Metro Surge, la administración de Trump propuso realizar un recorte de 600 millones de dólares destinados a subsidios para el VIH en cuatro estados demócratas, incluidos 42 millones de dólares para programas en Minnesota. Un juez federal ha detenido temporalmente estas reducciones.
«Esto disminuirá drásticamente todas las acciones que hemos realizado para prevenir el VIH y nos dejará sin recursos», dice Dylan Boyer, director de desarrollo para Aliveness Project. «Esa es la realidad en la que vivimos».
«Tenemos todas las herramientas, y sin embargo estamos enfrentando este retroceso en la infraestructura y financiamiento para la investigación, a las iniciativas de prevención y tratamiento, que nos van a llevar directamente de vuelta a la década de 1980″, afirma Person, experta nacional en VIH que creció en Minnesota. «Para ser sinceros, no parece haber otra razón además de la crueldad, ya que no hay ninguna razón científica que lo justifique».
Reparación y representación
Jenny Harding, directora de Desarrollo de un programa de viviendas de apoyo para personas que viven con VIH en el área de Minneapolis, menciona que, aunque la presencia del ICE está disminuyendo en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul, «el daño ya está hecho».
Person dice que reparar esto llevará tiempo, especialmente entre la comunidad médica y los pacientes, ya que los proveedores de servicios relacionados con el VIH pueden tener una relación «muy frágil» con sus clientes.
«En ocasiones se necesitan años para construir ese nivel de confianza y me preocupa que la gente simplemente diga: «Ya no me siento seguro aquí. El sistema no vela por mis intereses y no voy a volver», agrega. «No es algo que se pueda solucionar con solo pulsar un botón para que todo vuelva a la normalidad».
«Tenemos que hacer responsable al Gobierno federal, en particular al Departamento Federal de Salud y Servicios Humanos. Tenemos que garantizar que la financiamiento para el VIH se mantenga intacto», dice Guilamo-Ramos, y añade que, para reducir las tasas de VIH en la comunidad latina, debería haber iniciativas más especializadas, como tener proveedores de atención médica bilingües y adaptados a la cultura, programas de divulgación comunitarios ubicados en los lugares de mayor riesgo, iniciativas para fomentar la confianza y abordar la desconfianza médica, clínicas móviles y programas específicos para volver a involucrar a los pacientes que han dejado de recibir atención.
El número de pacientes de Aliveness Project ha incrementado en las últimas semanas a la par que las operaciones del ICE han decaído, pero el personal de la clínica mantiene los «ojos bien abiertos» y aún presenta «dificultades para llegar a las personas, que están comprensiblemente asustadas».
«Nuestro objetivo principal ahora es volver a conectar con las personas a través de nuestra labor de divulgación para que nadie deje de tomar sus medicamentos contra el VIH o de recibir atención preventiva», dice Boyer, que también es parte de Aliveness Project.

Sanchez en las instalaciones de Aliveness Project. Fotografía de Liam James Doyle para Uncloseted Media y Rewire News Group. Usada con autorización.
Para Sanchez, comunicarse con proveedores que hablen español y que sean de ascendencia latina en Aliveness Project le permite sentirse en confianza para comunicarse con ellos y agendar una consulta a pesar de los riesgos.
«Existen diversos lugares aquí en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul en los que puedes recibir atención médica y en donde no verás tu color de piel … Todavía hay muchos profesionales de la salud que, lamentablemente, tienen prejuicios. … Aliveness es todo lo contrario», dice. «Ver esa representación y saber que alguien conoce ese contexto cultural para poder tratarte en momentos delicados es fundamental».
Esta historia se escribió con la ayuda de MISTR, plataforma de salud a distancia que ofrece acceso gratuito a PrEP, DoxyDEP, y a exámenes de enfermedades de transmisión sexual, pruebas y tratamiento para hepatitis C. Además, ofrece atención médica a largo plazo para pacientes con VIH. MISTR no ha tenido participación editorial en el contenido de esta historia.






