
Mujeres celebran el Día Internacional de la Mujer en Ciudad de México, marzo de 2023. Derechos de imagen: Miguel González en Pexels.
Por Christelle Kalhoule y Sarah Strack
En marzo de 2026, mientras el mundo celebraba el Día Internacional de la Mujer, las organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres no esperan reconocimiento; lideran movimientos, defienden derechos y redefinen el concepto de democracia. Sin embargo, a pesar de impulsar el cambio y mantener la cohesión de las sociedades, enfrentan un entorno cada vez más hostil. En todas las regiones, los movimientos feministas y las organizaciones de la sociedad civil dirigidas por mujeres enfrentan una convergencia de crisis que amenaza décadas de avances conseguidos con gran esfuerzo: un entorno propicio cada vez más reducido, el auge del autoritarismo, la represión digital y un panorama de financiación global que retrocede, precisamente, cuando más se le necesita.
Es una cuestión democrática, no algo marginal
Desde Sudán hasta Afganistán, desde Guatemala hasta Senegal, las organizaciones de mujeres suelen ser las primeras en responder cuando las instituciones fallan, dan protección, documentan abusos, median en conflictos, defienden los derechos sobre la tierra y el trabajo, y exigen responsabilidad al poder. Sin embargo, hoy en día, a muchas de estas organizaciones las están marginando sistemáticamente, las tratan como actores opcionales y les niegan su rol esencial en la vida social y política.
Una tormenta perfecta para la sociedad civil feminista
En los últimos dos años, las organizaciones dirigidas por mujeres y dedicadas a cuestiones de género se han visto afectadas desproporcionadamente por los recortes de financiación y el cambio de prioridades de los donantes. A medida que los recursos se redirigen hacia respuestas humanitarias a corto plazo, la seguridad o los intereses geopolíticos, las inversiones a largo plazo en justicia de género, liderazgo femenino y organización feminista están dejando de ser prioritarias o se las considera «no esenciales».
Al mismo tiempo, el entorno propicio para la sociedad civil se está reduciendo a un ritmo alarmante. Las leyes que restringen los derechos de asociación, reunión y expresión se utilizan cada vez más contra los movimientos feministas y LGBTQ+. Las defensoras de los derechos humanos enfrentan vigilancia, acoso en línea, penalización y amenazas físicas. La falta de protección y responsabilización es alarmante.
En los espacios digitales, la reacción negativa es igual de real. Los algoritmos amplifican la misoginia, la violencia en línea silencia las voces de las mujeres y las nuevas tecnologías se implementan sin garantías para la igualdad de género o los derechos humanos. Sin embargo, las organizaciones feministas rara vez están presentes en la mesa en las que se toman las decisiones sobre gobernanza digital.
Esta combinación —menos financiación, menos libertades y mayor riesgo— está obligando a muchas organizaciones a entrar en modo de sobrevivencia. Y cuando la sociedad civil feminista se debilita, las sociedades se vuelven más desiguales, más polarizadas y menos democráticas.
La justicia de género no es una cuestión secundaria
A pesar de esta realidad, con demasiada frecuencia se sigue tratando a la igualdad de género como un tema secundario o un mero trámite burocrático, y no como prioridad política fundamental.
Pero las pruebas son claras: cuando las mujeres se organizan, las comunidades son más resilientes. Cuando se incluye a los movimientos feministas, las políticas son más inclusivas. Por el contrario, cuando se silencia la voz de las mujeres, se acelera el retroceso democrático.
La justicia de género es inseparable de la libertad cívica. No puede haber una democracia significativa sin el derecho a organizarse, protestar, expresarse y disentir, y no puede haber un entorno verdaderamente propicio para la sociedad civil si las mujeres, las niñas o los grupos de género marginados son excluidos, perseguidos o no tienen financiación.
Por eso, el momento actual exige algo más que declaraciones de preocupación. Exige coraje político y cambios estructurales.
Qué tiene cambiar – ahora mismo
Mientras Gobiernos, donantes e instituciones multilaterales atraviesan una época de incertidumbre y reformas, se necesitan tres cambios urgentes.
Primero, hay que proteger y aumentar la financiación para organizaciones feministas y dirigidas por mujeres, no sacrificarla. Es fundamental tener una financiación básica que sea flexible y a largo plazo para los movimientos que trabajan bajo presión, no proyectos a corto plazo que ignoran las realidades políticas del rubro.
En segundo lugar, debe defenderse activamente el entorno propicio para la sociedad civil. Esto incluye derogar las leyes restrictivas, proteger a las defensoras de derechos humanos y garantizar que los espacios digitales se rijan por la transparencia, responsabilidad e igualdad de género.
En tercer lugar, los movimientos de mujeres deben ser tratados como actores políticos, no solo como beneficiarios. Desde los debates sobre la reforma de Naciones Unidas hasta las negociaciones sobre el clima, desde la consolidación de la paz hasta la gobernanza digital, la sociedad civil feminista debe tener un lugar en la mesa, con influencia, no como mero gesto simbólico.
Marcha con nosotras: De la solidaridad a la acción
Por eso, Forus presentó la campaña «Marcha con nosotras» por la justicia de género, cimentaba en acción colectiva, narración de historias y liderazgo feminista.
«Marcha con nosotras» no consiste en hablar en nombre de las mujeres, sino en crear un espacio para que mujeres y activistas de género diverso puedan expresarse por sí mismos. A través de artículos, podcasts, narraciones multimedia e intervenciones en espacios internacionales de defensa, la campaña amplifica las voces que se excluyen , con demasiada frecuencia, a pesar de ser las más cercanas a las realidades de injusticia y resistencia.
En un momento en el que el miedo y la fragmentación amenazan con definir nuestra política, la sociedad civil feminista sigue ofreciendo algo radical: solidaridad, cuidado, responsabilidad y esperanza.
En marzo de 2026, decidimos apoyarlas.
Porque defender la justicia de género no es opcional.
Y porque proteger los derechos de las mujeres es proteger la propia democracia.







