
Captura del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl de Bad Bunny y Apple Music, tomada del vídeo del canal NFL en YouTube. Uso legítimo.
Las presentaciones de medio tiempo del Super Bowl siempre son un espectáculo, pero en el Super Bowl LX, el artista puertorriqueño Bad Bunny hizo algo inusual: creó una convincente clase magistral de comunicación sobre energía, para lo que convirtió la infraestructura eléctrica en una coreografía perfectamente programada.
Mientras interpretaba su canción “El apagón”, los bailarines, vestidos de instaladores de líneas eléctricas, trepaban postes eléctricos mientras las chispas parpadeaban a lo largo de los cables. Para millones de personas que veían el espectáculo en todo el mundo, fue un momento visual impresionante. Para los puertorriqueños, reflejó una realidad del día a día: una red eléctrica frágil y apagones recurrentes que, por años, han moldeado la vida diaria en la isla.
Como luego señaló Diana Hernández, profesora y codirectora del Laboratorio de Oportunidades Energéticas de la Universidad de Columbia, al medio Straight Arrow News: «Para el público que quizá lo olvidó, al trepar esos postes, Bad Bunny dio voz y visibilidad a una situación inolvidable de quedarse sin energía en Puerto Rico en un sentido muy literal».
Sin referirse ni una sola vez a términos como “cambio climático”, el espectáculo ilustró un momento de comunicación sobre la energía que millones de personas comprendieron al instante, a nivel local y también global:
The production on the Bad Bunny halftime show was off the charts. From the cane fields to the broken power lines, it was rich in symbolism and Puerto Rican pride. And pounded to a relentless beat. #SuperBowl
— Tom Harrington (@cbctom) February 9, 2026
La producción del espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny estuvo fuera de serie. Desde los cañaverales hasta los postes eléctricos que no funcionan, estuvo lleno de simbolismo y orgullo puertorriqueño, y vibraba con un ritmo implacable.
Debido a la naturaleza urgente y transcendental del problema, la ciencia climática y la comunicación que resulta sobre la situación a menudo se relaciona con un aumento de ansiedad existencial. Aún así, programas como el Programa de Yale sobre Comunicación del Cambio Climático y autores de libros para niños, como el escritor neoyorquino Ian Hunt, buscan abordar el problema a un nivel sistemático.
Red eléctrica debilitada
El sistema eléctrico de Puerto Rico ha tenido repetidas crisis desde que el huracán María devastó la isla en 2017. La tormenta destruyó gran parte de la red y provocó el apagón más largo en la historia moderna de Estados Unidos, que dejó a algunas comunidades sin electricidad por casi un año. Casi nueve años después, los cortes de luz aún ocurren rutinariamente.
Datos federales indican que, entre 2021 y 2024, clientes puertorriqueños experimentaron cerca de 27 horas de interrupciones de la electricidad al año, sin incluir las provocadas por tormentas grandes. Estos datos son mucho más altos que el promedio en Estados Unidos continental. Solo en 2024, los habitantes pasaron un promedio de 70 horas sin energía, incluidos los cortes provocados por tormentas.
Mientras tanto, en tiempos recientes, los precios de la electricidad también se mantienen dentro de los más altos en Estados Unidos, con un rango de 0.24 a 0.49 dólares estadounidenses por kilovatio por hora, precios significativamente más caros que el promedio en el continente. Estas cifras reflejan décadas de una infraestructura vieja y sin suficientes inversiones, y una red eléctrica expuesta a riesgos climáticos intensos. Sin embargo, los números por sí solos no pueden reflejar lo que un apagón significa en realidad: comida caducada, máquinas de diálisis detenidas, negocios cerrados y niños que hacen sus tareas encorvados bajo la luz de una linterna.
Sistemas de energía moribundos
El sistema eléctrico de Puerto Rico depende fuertemente de las centrales eléctricas de combustibles fósiles centralizadas ubicadas al sur de la isla. La electricidad debe viajar grandes distancias por terreno montañoso para llegar a los grandes centros de población del norte. Estos corredores de transmisión son particularmente vulnerables a los huracanes, derrumbes de tierra y fenómenos meteorológicos extremos.
Mientras tanto, el informe «Puerto Rico Infrastructure Report Card» de 2019 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles calificó con F (desaprobado) el sistema eléctrico de la isla, y mencionó equipos deteriorados, redundancia eléctrica deficiente y limitada resiliencia energética. El investigador de energía Cecilio Ortiz García describió el sistema sin rodeos: “La red que el huracán María destrozó ya estaba moribunda».
Desde entonces, el cambio climático ha intensificado los riesgos. Las temperaturas más altas en el océano contribuyen a formar tormentas más fuertes, y posteriores huracanes como Fiona en 2022 volvieron a provocar cortes de luz. En un sistema ya debilitado por décadas de inversión insuficiente, incluso pequeñas perturbaciones pueden desatar fallas en cascada para los lugareños.
Dificultades en la inversión
En 2021, Puerto Rico transfirió la gestión de su red de transmisión y distribución a LUMA Energy, consorcio estadounidense-canadiense, en un intento de modernizar las operaciones. Sin embargo, los esfuerzos por privatizar han sido controvertidos.
Los lugareños declararon sufrir apagones frecuentes y alzas en los precios de las facturas de la luz, mientras que los críticos argumentan que las mejoras a la fiabilidad han sido lentas. Los defensores refutan que reconstruir una red vieja requiere tiempo y constante inversión.
Las restricciones financieras complican aún más la situación. La Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) tiene una deuda de miles de millones de dólares, lo que provoca que sea difícil financiar grandes mejoras en la infraestructura. En 2023, el Departamento de Energía de Estados Unidos presentó el Fondo de Resiliencia Energética de Puerto Rico de mil millones de dólares, con el objetivo de expandir sistemas fotovoltaicos solares para techos y de almacenamiento en baterías para hogares vulnerables, pero informes posteriores indicaron que se atrasaban o redirigían partes de estos fondos.
A pesar de estas dificultades, una transformación está en marcha y los sistemas fotovoltaicos solares para techos y de almacenamiento en baterías se han expandido por todo Puerto Rico. A mediados de 2025, la isla instaló más de un gigavatio de capacidad de energía fotovoltaica, que suministra una parte creciente de la demanda eléctrica.
Las comunidades toman la iniciativa
También han surgido iniciativas comunitarias. En el pueblo montañoso Adjuntas, la organización sin fines de lucro Casa Pueblo ha sido pionera en microrredes solares que permiten que vecindarios y negocios continúen operando incluso cuando la red eléctrica central falla. El dueño de un negocio local describió el cambio con facilidad: «Ahora tengo estabilidad. No se me acaba la electricidad y puedo seguir prestando mis servicios».
Los ingenieros defienden cada vez más lo que llaman un planteamiento de «red eléctrica ascendente», que construye resiliencia mediante sistemas de energía distribuidos que conectan hogares, barrios y, a la larga, redes más grandes. Para las regiones insulares que son más vulnerables a los huracanes y al clima extremo, los sistemas distribuidos ofrecen descarbonización y seguridad energética.
La cultura popular como comunicación sobre el cambio climático
Esto es exactamente lo que hizo que el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny fuese tan fundamental. La comunicación sobre el cambio climático a menudo depende de estadísticas, debates políticos y proyecciones sobre futuros riesgos. Si bien son importantes, esos mensajes pueden sentirse abstractos, pero la narrativa cultural funciona diferente.
Al situar a los «linieros», trabajadores que reparan los postes de luz en Puerto Rico, al centro de un espectáculo global, Bad Bunny visibilizó la infraestructura de la isla y sus fallos. Los postes de distribución eléctrica se elementos de utilería, los apagones se volvieron letras de canciones.
Como Hernández observó, el momento representó «un ascenso al poder pese a todas las dificultades, y en muchas maneras, realmente contra todo pronóstico». Las millones de personas que vieron el Super Bowl de pronto vieron lo que estaba escondido: los sistemas físicos que hacen que las sociedades funcionen y las consecuencias cuando fallan.
Mientras tanto, el futuro de la electricidad en Puerto Rico sigue siendo incierto. Los debates sobre privatización, dependencia de los combustibles fósiles, desarrollo renovable y rapidez con que la isla puede pasar a un sistema eléctrico más resiliente continúan, pero el espectáculo de medio tiempo reveló algo inesperado: la infraestructura puede capturar la atención cultural. La red eléctrica, normalmente invisible al público, por un momento se convirtió en el centro de una conversación global.
La crisis de la red eléctrica en Puerto Rico no es única. Alrededor del mundo, los sistemas de energía enfrentan crecientes presiones por el cambio climático, la infraestructura desactualizada y el aumento de la demanda. La diferencia es que Bad Bunny no les dio un sermón a las audiencias sobre el cambio climático ni la política energética, mostró cómo es la vulnerabilidad y, a veces, esa es la comunicación más fuerte de todas.






