Olvídate de la «madre de los dragones«. En Bangladesh otra matriarca ha alzado el vuelo: la «madre de los patos». Si últimamente has leído las noticias, navegado en línea o echado un vistazo a una pantalla en Bangladesh, probablemente hayas oído hablar de Rumeen Farhana. Hoy ocupa más espacio en la mente colectiva del país que cualquier otra figura política.
Rumeen Farhana es una abogada y política bangladesí que antes militaba en el Partido Nacionalista de Bangladesh, en el que ocupaba el cargo de cosecretaria de Asuntos Internacionales. Se inició en la política bajo la tutela de la ex primera ministra Khaleda Zia.
Durante años, Farhana ha sido el rostro inconfundible del Partido Nacionalista de Bangladesh bajo el régimen de la Liga Awami. Como diputada, era la única voz que desafiaba con firmeza abiertamente la hegemonía de la Liga Awami. Sin embargo, en un giro inesperado que refleja la naturaleza volátil de la política bangladesí, las elecciones de 2026 no la mostraron como una figura de vanguardia, sino como una marginada.
Ganó en la circunscripción de Brahmanbaria-2 como candidata independiente por un margen de 38,000 votos en las elecciones generales de Bangladesh de 2026, celebradas recientemente. Tras no conseguir la candidatura del Partido Nacionalista de Bangladesh, se presentó de forma independiente con su ya emblemático símbolo del «pato» y luego fue expulsada del partido. En su lugar, la administración del Partido Nacionalista apoyó al candidato de un partido aliado para competir contra ella.
Dado que el pato era su símbolo electoral oficial, el 13 de febrero se sentó en una rueda de prensa con un pato de verdad acurrucado en su regazo. La internet, haciendo lo que mejor sabe hacer, enloqueció de inmediato y la coronó como la «madre de los patos».

Internet se llenó de publicaciones en las que la apodaban «la madre de los patos». Uso legítimo.
De todas las candidatas de estas y anteriores elecciones, Rumeen ha soportado las formas más abyectas, terribles e implacables de acoso, en línea y fuera de línea. Ha enfrentado a su propio partido, a la corriente dominante del país, a agresores violentos y a prácticamente todas las formas de retórica política populista que dominan la sociedad bangladesí. A lo largo de la campaña electoral, partidos políticos y usuarios no partidistas de todo el espectro la atacaron, vilipendiaron y difundieron continuamente las peores formas de contenido de odio y acoso sexual generado por IA en su contra. Sin embargo, contra todo pronóstico, la «madre de los patos» sigue sin doblegarse, sin ser derrotada y sin pedir disculpas por ser ella misma.
En esta entrevista exclusiva con Abhimanyu Bandyopadhyay, de Global Voices, habla sobre su ruptura con la dirección del Partido Nacionalista, las acusaciones de corrupción, la creciente brecha de género en Bangladesh y el espacio cada vez más reducido para la disidencia.
Abhimanyu Bandyopadhyay (AB): Has dicho en repetidas ocasiones que, en las recientes elecciones parlamentarias nacionales, los principales partidos políticos destinaron millones de takas y utilizaron ejércitos de bots en línea en tu contra. Como candidata independiente, ¿genuinamente creíste que podrías lograr la victoria frente a fuerzas tan bien organizadas?
Rumeen Farhana (RF): Yes, I did. See, my politics revolves around Bangladesh’s most marginalized working-class people. So, I had to bet my everything on those unheard voices.
What gave me confidence was the response I was getting on the ground. From day one, my campaign was all about welfare. I went door-to-door, spoke to them personally, listened to their problems, and gradually people came forward on their own. It has been my good fortune that they accepted me with such spontaneity and affection. I have never practiced identity politics, never weaponized religion for political gain, and never used hollow nationalism as a tool.
Throughout the campaign, my core mantra was to address my constituents’ demands and needs. And I think people sensed that I wasn’t there to cash in. That I wouldn’t walk away from a position or be bought off with money. And because of that trust, I didn’t need any flashy rallies or expensive showdowns to prove my credibility.
Rumeen Farhana (RF): Sí, lo creía. Verás, mi proyecto político gira en torno a la clase trabajadora más marginada de Bangladesh. Por eso, tenía que apostar todo por las voces que nadie escucha.
Lo que me dio confianza fue la respuesta que recibía en el terreno electoral. Desde el primer día, mi campaña se centró por completo en el bienestar social. Fui de puerta en puerta, hablé con la gente personalmente, escuché sus problemas y, poco a poco, se acercaron por iniciativa propia. He tenido la suerte de que me aceptaran con mucha espontaneidad y cariño. Nunca he practicado la política identitaria, nunca he usado la religión como arma para obtener beneficios políticos y nunca he usado el nacionalismo vacío como herramienta.
A lo largo de la campaña, mi mantra principal fue atender las demandas y necesidades de mis electores. Y creo que la gente pudo intuir que no estaba allí para sacar provecho, que no abandonaría un cargo ni me dejaría comprar con dinero. Y gracias a esa confianza, no necesité mítines llamativos ni enfrentamientos costosos para demostrar mi credibilidad.
AB: En la circunscripción de Brahmanbaria-2, la coalición del Partido Nacionalista y el Bangladesh Jamaat-e-Islami presentaron como candidatos a clérigos islámicos, lo que sugiere que la influencia religiosa fue un factor significativo en esa circunscripción. ¿Tuviste alguna dificultad para ganarte la aceptación de los votantes?
RF: Not at all. There is an enormous gulf between the manufactured reality of Facebook bot accounts and the reality on the ground. The working-class people in the villages are far more transparent and open-minded than we give them credit for. Their daily struggle for food, clothing, and shelter is so intense that they simply do not have the luxury of indulging in any social media delulu.
I went to them exactly as I am. I refused to feign a persona just to appear more acceptable. That would have been dishonest. The fact that they accepted me is clearly proven by the election results. I am even grateful to those who did not vote for me, who criticized me harshly, or attacked me with inappropriate language. Because their behavior inspired many ordinary people to stand more firmly in my favor.
RF: Absolutamente no. Existe un abismo enorme entre el escenario artificial que crean las cuentas de bots en Facebook y la realidad en el terreno electoral. La clase trabajadora de los pueblos es mucho más sincera y con más mente abierta de lo que creemos. Su lucha diaria por conseguir comida, ropa y un techo es tan intensa que simplemente no pueden permitirse el lujo de dejarse llevar por tonterías de las redes sociales.
Me presenté ante ellos tal y como soy. Me negué a fingir ser otra persona solo para parecer más aceptable; eso habría sido deshonesto. El hecho de que me aceptaran queda claramente demostrado por los resultados de las elecciones. Incluso estoy agradecida a quienes no votaron por mí, a quienes me criticaron duramente o a quienes me atacaron con un lenguaje inapropiado. Porque su comportamiento inspiró a mucha gente común y corriente a posicionarse con más firmeza a mi favor.

Rumeen Farhana con su pato mascota. Captura de pantalla de un vídeo de YouTube publicado por Campus Times. Uso legítimo.
AB: ¿Por qué decidiste presentarte como candidata independiente?
RF: I have been working in this constituency since 2017. In 2018, I was asked to step aside for a senior leader, with the promise that 2024 would be my turn.
In 2024, the party again finalized my candidacy. Even the current Home Minister, Salahuddin Ahmed, called me to confirm that the Chairman himself had confirmed my seat. Then, suddenly, everything changed.
In Bangladesh, major political parties largely operate on two things: money and sycophancy. If you can provide both, your nomination is secure. I had neither. So what happened was perhaps inevitable.
Look at the hypocrisy. The Ameer of Bangladesh Jamaat-e-Islami recently said that no woman can rise to the party’s top leadership. Women who join Jamaat do so knowing this reality. But those of us in the BNP believed that there would be no such gender based discrimination. Yet, in the end, not a single woman secured nomination independently of male patronage. Only three percent of nominees were women, and almost all of them inherited either their father’s or husband’s seat.
If I only knew that it would require a man’s shadow to secure a ticket in BNP, I would never have gone there. We criticize Jamaat, but can anyone hold a top position in the BNP other than a member of the Zia family? Aren’t these two sides of the same coin?
The day I decided to contest as an independent candidate, I knew that I could be expelled from the party. Although I didn’t expect it to happen so soon.
There is also a personal cycle here. My father (Oli Ahad) was a freedom fighter in the liberation movement and also a founding member of the Awami League. In 1973, when the Awami League was at the height of its power, he contested as an independent candidate and won. Fifty-three years later, history repeated itself. I am the same age now that he was then. Sometimes I feel it’s all part of God’s plan. If Baba (father) were alive today, he would have been immensely proud.
RF: Llevo trabajando en esta circunscripción desde 2017. En 2018, me pidieron que cediera el puesto a un dirigente de mayor rango, con la promesa de que en 2024 me tocaría a mí.
En 2024, el partido volvió a confirmar mi candidatura. Incluso el actual ministro del Interior, Salahuddin Ahmed, me llamó para confirmarme que el propio presidente había confirmado mi escaño. De repente, todo cambió.En Bangladesh, los principales partidos políticos funcionan en base a dos factores mayormente: dinero y servilismo. Si puedes aportar ambas cosas, tu nominación está asegurada. Yo no tenía ninguna, así que lo que ocurrió quizá fue inevitable.
Fíjense en la hipocresía. El emir de Jamaat-e-Islami de Bangladesh dijo recientemente que ninguna mujer puede ascender a la cúpula del partido. Las mujeres que se unen a Jamaat lo hacen sabiendo esta realidad. Pero quienes formamos parte del Partido Nacionalista creíamos que no habría tal discriminación de género. Sin embargo, al final, ni una sola mujer consiguió la nominación sin el patrocinio de un hombre. Solo el 3% de los candidatos eran mujeres, y casi todas heredaron el escaño de su padre o de marido.
Si hubiera sabido que se necesitaría la sombra de un hombre para conseguir una candidatura en el Partido Nacionalista, nunca habría ido. Criticamos a Jamaat, pero ¿alguien que no sea un miembro de la familia Zia puede ocupar un puesto de liderazgo en el Partido Nacionalista? ¿No son estas dos caras de la misma moneda?
El día que decidí presentarme como candidata independiente sabía que me podían expulsar del partido, aunque no esperaba que sucediera tan pronto.
Aquí también hay un ciclo personal. Mi padre (Oli Ahad) luchó por la libertad en el movimiento de liberación y también fue miembro fundador de la Liga Awami. En 1973, cuando la Liga Awami estaba en la cima de su poder, se presentó como candidato independiente y ganó. Cincuenta y tres años después, la historia se repite. Ahora tengo la misma edad que él tenía entonces. A veces siento que todo forma parte del plan de Dios. Si baba (padre) estuviera vivo, se habría sentido inmensamente orgulloso.
AB: ¿Qué tan difícil es para una mujer dedicarse a la política en el clima sociopolítico actual de Bangladesh?
RF: It is exhaustingly difficult. In Bangladesh, we have this strange paradox. We’ve had women in top administration for decades, yet we have an insane level of misogyny embedded in our collective unconscious. Sometimes, I get the feeling that a large section of our society would only truly feel at peace if women were erased from the public sphere entirely.
Let me give you an example of how deep this goes. I have many well-wishers who are highly educated people with degrees from prestigious foreign universities. They come up to me and say, “You know, Rumeen, there isn’t a better female orator than you.” I usually just smile and ask them a simple question: “Who among the men is better?”
People literally cannot process a reality where a woman’s merit isn’t qualified by her gender. So, they try to tuck me back into that neat little “female” box to make it feel less threatening.
Over the last sixteen years, you won’t find a single man in my former party who stood as vocally or as fearlessly in the line of fire as I did. But as a nation, we have this systemic, almost cellular resistance to giving a woman her due. We’ll cheer for her, sure, but we hate to admit she’s the best in the room. It’s not like we can’t win an election; it’s the system that’s gatekeeping us from contesting.
RF: Es agotadoramente difícil. En Bangladesh nos encontramos ante una extraña paradoja. Desde hace décadas hay mujeres en los cargos más altos de la administración; sin embargo, hay un nivel insano de misoginia arraigado en nuestro inconsciente colectivo. A veces tengo la sensación de que una gran parte de nuestra sociedad solo se sentiría verdaderamente en paz si las mujeres desaparecieran por completo de la esfera pública.
Déjame darte un ejemplo de lo profundo que es esto. Tengo muchos admiradores que son personas con un alto nivel de formación, con títulos de prestigiosas universidades extranjeras. Se me acercan y me dicen: «Rumeen, no hay mejor mujer oradora que tú». Normalmente me limito a sonreír y les hago una pregunta sencilla: «¿Quién de los hombres es mejor?».
Literalmente, la gente no puede asimilar una realidad en la que el mérito de una mujer no se vea condicionado por su género. Así que intentan volver a meterme en esa bonita cajita de «mujer» para que resulte menos amenazante.
En los últimos 16 años, no encontrarás ni un solo hombre en mi expartido que se haya mantenido tan firme y valiente en la línea de fuego como yo. Pero como nación, tenemos esta resistencia sistémica, casi celular, a reconocerle a una mujer lo que le corresponde. La animaremos, claro, pero odiamos admitir que es la mejor de la sala. No es que no podamos ganar las elecciones; es el sistema el que nos impide competir.
AB: En cuanto a los ataques contra las mujeres, vimos cómo lo hacía la «Helmet Bahini» (brigada de los cascos) de la Liga Awami, y hemos observado patrones similares bajo el gobierno interino. El 20 de febrero, a medianoche, justo un día después de que se constituyera el gobierno electo, simpatizantes del Partido Nacionalista te atacaron en el Shaheed Minar. ¿Qué opinas al respecto?
RF: Right now, the biggest threat to the BNP is the BNP itself. They secured a two-thirds majority in Parliament. The Awami League is not currently active in the field. Therefore, they are running an unbalanced parliament alongside their former allies. If they cannot restrain and civilize their own cadres, the BNP is headed for dark days.
However, when I look ten or fifteen years down the road, I struggle to see a place for the BNP in the long-term future of Bangladeshi politics. I believe our political landscape will likely return to a two-party system. On one side, there will be Jamaat and its allies, and on the other, the Awami League and the left. I don’t think the BNP can survive by trying to hold the middle ground unless they treat their two-thirds majority as a threat and implement constant checks and balances. If they don’t refine themselves, if they don’t strictly monitor their workers, they will lose their public connection soon.
RF: En este momento, la mayor amenaza para el Partido Nacionalista es el propio Partido Nacionalista. Se han asegurado una mayoría de dos tercios en el Parlamento. La Liga Awami no está activa actualmente sobre el terreno. Por lo tanto, están dirigiendo un Parlamento desequilibrado junto a sus antiguos aliados. Si no pueden controlar y civilizar a sus propios grupos, al Partido Nacionalista le esperan días oscuros.
Sin embargo, cuando miro hacia el futuro, dentro de diez o quince años, me cuesta ver un lugar para el Partido Nacionalista a largo plazo en la política bangladesí. Creo que nuestro panorama político, probablemente, volverá a ser un sistema bipartidista. Por un lado, estará Jamaat y sus aliados, y por el otro, la Liga Awami y la izquierda. No creo que el Partido Nacionalista pueda sobrevivir si sigue tratando de ocupar el centro del espectro político, a menos que considere su mayoría de dos tercios como una amenaza y aplique constantes controles y contrapesos. Si no se reforman, si no supervisan de forma estricta a sus trabajadores, pronto perderán la conexión con el público.
AB: ¿Crees que tu victoria animará a más mujeres a entrar en la política?
RF: I hope so. As of now, I’m already feeling a shift. But I do have a concern. Many women in Bangladesh internalize a permanent victim identity. I haven’t seen this pattern as strongly in the West or even in India. This likely stems from years of oppression that have embedded deep insecurities within them. The next generation must move beyond this mindset. Dear girls, trust your own strength, fix your gaze on your target, and be prepared for the sheer level of patience, labor, and sacrifice required to get there. Bangladesh’s political culture suffers from a chronic lack of well-educated people. Even when such individuals do enter, they get systematically sidelined . If we want to change the trajectory of this nation, we need more educated individuals, especially women, to step into politics.
RF: Eso espero. Desde ahora, ya noto un cambio, pero hay algo que me preocupa. Muchas mujeres en Bangladesh han interiorizado una identidad de víctima permanente. No he visto este patrón con tanta intensidad en Occidente, ni siquiera en India. Probablemente se deba a años de opresión que han arraigado profundas inseguridades en las mujeres. La próxima generación deberá superar esta mentalidad. Queridas chicas, confíen en su propia fuerza, fijen la mirada en su objetivo y estén preparadas para el gran nivel de paciencia, esfuerzo y sacrificio que se requiere para llegar hasta allí. A la cultura política de Bangladesh le faltan crónicamente personas con buen nivel educativo, pero incluso cuando algunos logran entrar, son sistemáticamente marginadas. Si queremos cambiar la trayectoria de esta nación, necesitamos que más personas con estudios, especialmente mujeres, entren en política.







