Proyectos de renovación urbana en Etiopía y giro hacia propaganda estética

Addis Ababa at night.

Adís Abeba de noche. Imagen de PMO Etiopía vía Wikimedia Commons (licencia: dominio público).

Por Amanuel Tesfaye Kebede

Después de que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, visitó Adís Abeba, capital de Etiopía, el 17 de febrero, no fue la importancia diplomática ni geopolítica de su visita lo que captó la atención de internet. Lo que realmente generó interés fue un video de su caravana que avanzaba a gran velocidad por un bulevar recién inaugurado en la capital etíope, con calles amplias y limpias, rodeadas de edificios altos y luces brillantes. El video tuvo más de cinco millones de visualizaciones en un solo día y se difundió rápidamente por distintos rincones del mundo. Muchos etíopes lo difundieron, y otros videos similares, con orgullo. Comentaristas de países africanos, y de lugares tan lejanos como Irán y Pakistán expresaron admiración y lo compararon con las deterioradas calles de sus países.

Narrativa de la transformación urbana de Adís Abeba

Es la segunda vez en los últimos meses que el paisaje urbano de Adís Abeba se vuelve viral. En enero, la visita del influenciador estadounidense Darren Watkins Jr., conocido en línea como IshowSpeed, alcanzó diez millones de visualizaciones en un día y generó un entusiasmo similar en torno a la transformación urbana de la ciudad. La transmisión en vivo por YouTube y varios fragmentos de video también se viralizaron en X y TikTok. Muchos interpretaron esas imágenes como un enfrentamiento directo a obsoletos estereotipos occidentales que presentan a África con una infraestructura limitada, y como una prueba de que el país se está transformando a un ritmo vertiginoso.

El proyecto urbano de corredores, iniciativa de transformación de ciudades que busca “mejorar la infraestructura, la vivienda y los espacios públicos”, se ha convertido en uno de los ejes centrales de la agenda del Gobierno etíope. En los últimos tres años, esta iniciativa ha incorporado y ampliado veredas, ciclovías, espacios verdes y un moderno alumbrado público, y ha impulsado desarrollos complementarios en la ribera del río. Sin embargo, también ha sido objeto de críticas por los desalojos forzosos de sectores urbanos de bajos recursos, la pérdida de patrimonio cultural y la falta de transparencia.

Por otra parte, el proyecto ha sido cuestionado por no dar prioridad inadecuada ni asignar suficientes recursos del Estado, especialmente ante las dificultades socioeconómicas y políticas que enfrenta Etiopía. Amplias zonas del país atraviesan conflictos armados y están fuera del control del Gobierno. Actualmente, 4,5 millones de personas están desplazadas internamente, mientras que diezmillones de ciudadanos necesitarán ayuda humanitaria en 2025. A esto se suma que nueve millones de menores en edad escolar están fuera del sistema educativo por el conflicto y a la escasez de recursos.

Propaganda estética

En medio de una crisis sistémica de esta magnitud, los proyectos de renovación urbana y las imágenes que los acompañan, se han convertido en una poderosa herramienta de propaganda estética. Este tipo de contenido lo impulsan actores estatales y simpatizantes, y lo amplifica por una red de influenciadores, viajeros y usuarios de redes sociales que muchas veces lo difunden sin cuestionarlo.

Para contrarrestar las críticas, el Gobierno etíope y aliados digitales recurren a impactantes imágenes de ciudades renovadas como prueba de que la gestión gubernamental está dando resultados. De este modo, la propaganda estética amplía las estrategias de lo que ya se ha denominado propaganda en red, propaganda computacional y la más reciente, propaganda de influenciadores.

Este giro a una propaganda la estética está vinculado a los cambios tecnológicos. Hoy, las imágenes y los videos breves dominan las redes sociales. Esto se volvió evidente desde los inicios de TikTok en 2018, que rápidamente se convirtió en una de las mayores plataformas del mundo. Los investigadores señalan que los contenidos visuales suelen ser “llamativos, emocionales y fáciles de consumir”, lo que los vuelve especialmente eficaces en la era digital marcada por la sobrecarga de información. Los Estados autoritarios han comprendido este cambio y se han adaptado a las estrategias de propaganda para atraer más audiencia juvenil.

Propaganda del Estado y más allá del Estado

A diferencia de la propaganda tradicional, en la que el Estado suele ser el principal productor y difusor de contenido, la propaganda estética se genera de forma más distribuida, y participan actores estatales, influenciadores, agencias de turismo, viajeros e incluso ciudadanos comunes. Gran parte del material sobre el proyecto de corredores proviene de cuentas oficiales del Gobierno en redes sociales, como las de la oficina del primer ministro y la administración de la ciudad de Adís Abeba. Estas cuentas suelen publicar videos de alta calidad en plataformas como X y TikTok, , que incluyen tomas con drones. Luego, seguidores y simpatizantes recortan y difunden fragmentos de esas grabaciones. Sin embargo, el Estado no es el único actor involucrado. Influenciadores internacionales como IshowSpeed, figuras africanas como Wode Maya y otros creadores locales también han producido material que destaca la transformación de la ciudad.

Esta tendencia no se limita a Adís Abeba ni a Etiopía. En los últimos años, los influenciadores han desempeñado un papel cada vez más importante en difundir narrativas favorables a regímenes autoritarios en distintos lugares del mundo, desde Dubái hasta China.

Además de producir material propio, los actores estatales también amplifican las publicaciones creadas por influenciadores y aprovechan momentos de viralidad inesperada, como ocurrió con el video de la caravana de Erdoğan.

Cuando ese video comenzó a circular y llamó la atención internacional, funcionarios, misiones diplomáticas y cuentas afines del Gobierno se encargaron de amplificarlo. No solo lo difundieron, también agregaron imágenes de otros proyectos de desarrollo urbano en distintas partes del país, lo que reforzó esa narrativa visual como historia oficial. En algunos casos, este material también se difunde a través de medios tradicionales controlados por el Estado, lo que extiende la propaganda gubernamental más allá del entorno digital.

Mostrar la realidad de África

Estas imágenes también resultan poderosas porque se presentan como retratos auténticos de la realidad etíope, lo que permite esquivar representaciones estereotipadas occidentales sobre el continente. Es cierto que gran parte de los medios occidentales tienen problemas de credibilidad en el continente, pues históricamente han retratado a África y a los africanos como inferiores, para lo que amplifican historia de violencia y pobreza, y dan menos prioridad a historias positivas. En ese contexto, el contenido visual modernas ciudades africanas resulta liberador.

Sin embargo, esto es una ilusión. En lugar de mostrar la realidad de África y los africanos como es, simplemente sustituye el encuadre extranjero y occidental con una perspectiva elitista interna, mientras la mayoría de la sociedad es invisible. De este modo, se debilita el debate crítico sobre las verdaderas condiciones socioeconómicas y políticas. Si bien se siente y parece inspirador, reproduce legitimidad estatal a expensas de poblaciones vulnerables e invisibilizadas.

Estética como fuente de legitimidad

Aunque estos videos de transformación urbana no contienen información equivocada, sí desplazan las críticas con una narrativa visual atractiva. Descontextualizan la imagen de la subyacente económica política del país. El contenido de formato breve también desalienta el cuestionamiento crítico y causal, ya que enfatiza el repetitivo despliegue de tomas de carreteras, horizontes urbanos y alumbrado público. A medida que el video se convierte en el medio político dominante, la propaganda pasa de narración a visualización, lo que hace que la estética sea el centro de la legitimidad autoritaria.

Por supuesto, es importante reconocer que este tipo de material visual destinado a promover el turismo y popularizar destinos no es nuevo ni exclusivo de Etiopía. El caso etíope resulta especialmente preocupante cuando se la sitúa en un contexto político más amplio, donde una crisis está desgarrando el país y se cierne el espectro de una nueva guerra, además de múltiples insurgencias en expansión. En este contexto, la estética hace más trabajo político de legitimar a la élite gobernante y ocultar la realidad en el terreno.

Si bien gran parte de la literatura sobre propaganda digital se centra en superpotencias como China, que tiene una capacidad sin precedentes de vigilancia y control de narrativas, el caso etíope muestra que incluso un Estado frágil, cuyo monopolio de la violencia se ve cuestionado, puede recurrir a esta propaganda visual para legitimarse y desviar la atención de múltiples dificultades políticas, económicas y militares.

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