
Desde 2021, el presidente de China, Xi Jinping, ha estado alentando a los oficiales locales a reforzar e innovar la gobernanza social. Captura de pantalla para el video de la Radio Nacional de china sobre «Opinión de Xi sobre la gobernanza social». Uso legítimo.
En los últimos años, el discurso oficial de China ha usado cada vez más el término “gobernanza social” (社會管治) para describir las políticas en la región uigur (Sinkiang) en China. Este término administrativo aparentemente neutro está modificando sutilmente la percepción social de la represión, el genocidio, la asimilación forzosa y el control social.
Los uigures son un pueblo originario de la región de Uigur (en el noroeste de China), conocida en la historia moderna como Turquestán del Este. Tienen idioma, etnia y cultura diferentes a los los del pueblo han, que conforman aproximadamente el 92% de la población de la República Popular China. En el siglo XVIII, la región se convirtió en colonia del Imperio qing manchú. Después, fue dominada por la República de China y actualmente está gobernada por la República Popular China. Durante el siglo XX, los uigures lucharon contra la dominación de la República de China y establecieron las repúblicas independientes del Turquestán Oriental en 1933 y nuevamente en 1944. Durante décadas, los uigures han enfrentado persecución del Gobierno de la República Popular China.

Sinkiang, China, donde viven la mayoría de los uigures. Imagen de Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
Desde 2016, la crisis de los uigures atrae atención internacional por las denuncias de detenciones masivas, desapariciones forzadas, sistemas de vigilancia extensivos y restricciones sobre la vida religiosa y cultural. Documentos gubernamentales filtrados, testimonios de los sobrevivientes de los campos y múltiples investigaciones internacionales han convertido a la región en un punto central en lo que respecta a las discusiones sobre derechos humanos.
Las autoridades chinas siempre han descrito estas políticas como medidas necesarias para combatir el terrorismo y mantener la estabilidad. Sin embargo, expertos en derechos humanos de Naciones Unidas y de organizaciones internacionales de derechos humanos han expresado repetidamente gran preocupación sobre la magnitud de la represión y el impacto que genera en la sociedad uigur.
En los últimos años, la narrativa oficial que rodea a la región ha comenzado a cambiar. Los centros de detención se han vuelto menos visibles en la cobertura de los medios estatales, han vuelto a surgir campañas de turismo que destacan los paisajes de la región y la herencia cultural, y los informes oficiales muestran cada vez más a la región como una tierra pacífica, próspera y armónica.
Dentro de esta narrativa en desarrollo, ha surgido un concepto que se ha vuelto particularmente destacado: “gobernanza social”.
El 1 de marzo, el periódico estatal Xinjiang Daily publicó el artículo “Unir corazones y mentes, avanzar a través de la gobernanza” (凝心聚力向治而行). El informe describía discusiones entre funcionarios locales que repasan las prácticas de gobernanza y planean las prioridades administrativas futuras. Describía a la región uigur como un modelo de gobernanza efectivo, de estabilidad social y de satisfacción pública.
Frases como “liderazgo del partido”, “sistemas de petición cerrados”, “redes de servicio voluntario” y “gobernanza local” aparecen repetidamente a lo largo del artículo, lo que da una imagen de administración eficiente y ordenada.
Aún así, dentro de este fraseo aparentemente neutro de gobernanza, desaparecen las principales preocupaciones políticas sobre la autonomía social, religiosa y cultural de los uigures.
La «gobernanza social» reemplaza a las preocupaciones étnicas y políticas
Al decodificar los documentos oficiales chinos, es clave buscar lo que los oficiales omiten decir. Este artículo en particular menciona poco los derechos étnicos, la libertad religiosa, el uso del idioma o la continuidad cultural. Tampoco reconoce las continuas preocupaciones internacionales.
Los conflictos de la región uigur no son meramente un asunto de gobernanza, también provienen de la historia, del cambio demográfico y de estructuras políticas de poder.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas de China, la población de la región uigur era de aproximadamente 4,87 millones en 1953, de los cuales alrededor de 3,64 millones (aproximadamente un 75%) eran uigures, mientras que los chinos han eran apenas el 6%. Sin embargo, para 2010, la población de chinos han conformaba casi el 40% de la población, mientras que la población de uigures bajó casi a un 46%.
Muchos investigadores asocian esta transformación demográfica a décadas de amplias políticas de migración que fomentaron el asentamiento desde el interior de China.
Aunque China opera formalmente un sistema de “autonomía étnica regional (民族區域自治制)”, la estructura política no muestra lo mismo. El cargo más poderoso de la región (el secretario del Partido Comunista) es elegido por el Gobierno central, mientras que el presidente regional, que por lo general es uigur, tiene mucha menos autoridad real.
Bajo este tipo de estructura, la autonomía por lo general existe más como un acuerdo simbólico que como una autonomía significativa.
Como resultado, los uigures han quedado cada vez más marginados en su propia tierra, no solo de manera política, sino en rubros como educación, empleo y uso del idioma.
Liderazgo del partido y reducción del espacio social independiente
El artículo publicado en el medio estatal consolida la asimétrica estructura de poder y enfatiza repetidamente la eficiencia de la “gobernanza social liderada por el partido”.
Bajo esta retórica, el partido gobernante se posiciona como el organizador central de la vida social, que deja poco margen a las organizaciones sociales independientes. Las instituciones religiosas, las redes de ayuda mutua comunitaria, las estructuras de autoridad tradicionales y las organizaciones sociales informales son reemplazadas por un sistema de gobernanza dirigido por el Estado, creado a lo largo de décadas de varias políticas de seguridad.
Después de 2016, muchos uigures fueron enviados a instalaciones descritas como “centros de educación vocacional y entrenamiento”. Los investigadores internacionales estiman que durante el momento cumbre de su campaña es posible que el número de detenidos haya sido entre cientos de miles hasta más de un millón de uigures.
Al mismo tiempo, las autoridades han construido una extensa infraestructura de vigilancia que incluye recolección de datos biométricos, sistemas de vigilancia digital y un sistema de gestión territorial en cuadrícula a nivel de los barrios”.
También se implementaron programas de control social a gran escala. Un ejemplo es el denominado “programa de emparejamiento para convertirse en familia (結對認親)”, a través del cual los funcionarios gubernamentales son asignados para hospedarse en casas de familias uigures para dar seguimiento a la vida diaria y reforzar la supervisión política.
Estas políticas no solo han modificado las estructuras administrativas de la región, también han afectado profundamente la vida diaria de las comunidades uigures.
La lógica gobernante del sistema de control liderado por el partido se menciona en el artículo con otro concepto clave, “estabilidad”, que se utiliza junto a la frase “paz a largo plazo”.
La estabilidad se muestra como el mayor bien público y las políticas de gobernanza se presentan como medidas preventivas diseñadas para eliminar riesgos potenciales, que puede incluir actos tales como: hablar uigur, participar en actividades religiosas, comunicarse con parientes en el extranjero, estudiar o viajar a otro país.
Los expertos en derechos humanos de Naciones Unidas han descrito los aspectos de gobernanza de la región como una forma de opresión preventiva, en la que las personas pueden enfrentar restricciones no por acciones específicas, sino por su identidad, creencias o redes comunitarias.
Las narrativas oficiales del artículo también alaban la expansión de las redes de servicio voluntario como un logro de la cohesión social y de la participación cívica.
Sin embargo, en realidad, las redes organizadas por los partidos, que se han convertido cada vez más en la única actividad colectiva aceptable, han reemplazado las maneras tradicionales de apoyo social dentro de las comunidades uigures, incluidas la caridad religiosa y las redes comunitarias de ayuda mutua.
A través de este proceso, la vida social de todos los días está cada vez más integrada a las estructuras de gobernanza.
El delicado lenguaje de asimilación
En su conclusión, el artículo oficial enfatiza la importancia de cultivar un “sentido compartido de identidad nacional china” (中華民族共冋體意識). Esto implica que mientras las diferencias culturales existan, la identidad nacional china debería priorizarse por sobre todas las otras identidades.
Este principio se traduce como un conjunto de prácticas políticas de asimilación, que por lo general implican que las culturas étnicas pueden mostrarse, pero no se pueden organizar de manera independiente; pueden existir lenguas étnicas, pero no dominan la vida pública; pueden practicar la religión, pero solo dentro de limitaciones políticas estrictas.
Se han adaptado algunas políticas a las estructuras familiares de los uigures, incluidas campañas que alientan el matrimonio entre diferentes etnias y el cuidado centralizado de los hijos de padres que han sido detenidos.
Los críticos sostienen que políticas de ese tipo representan un profundo intento de reformar la vida social y cultural de los uigures.
El tono del artículo “Unir corazones y mentes, avanzar a través de la gobernanza” es moderado, racional y optimista, por lo tanto, es poderoso.
Ha renombrado «control» como «gobernanza», «represión» como «servicio» y «asimilación» como «integración». La coerción estructural se presenta como una administración pública responsable.
La gobernanza en la era posviolencia
El moderno de gobernanza que emerge en la región uigur también refleja una transformación más profunda en políticas autoritarias contemporáneas.
La represión no siempre depende de la coerción visible, ya que los sistemas administrativos, las tecnologías de datos, la ingeniería social y las políticas de la lengua pueden transformar gradualmente la realidad social.
Para muchas familias uigures, la experiencia característica de los últimos años no ha sido un conflicto abierto, sino desaparición: entre los uigures en el extranjero, muchos han perdido contacto con sus familiares en casa. Muchos han sido detenidos, sentenciados o simplemente han desaparecido de la vida pública.
El sistema de gobernanza social, que se presenta como racional, benevolente y exitoso según el discurso oficial chino, está creado de manera precisa para no permitirle a la gente organizarse, expresar su identidad ni continuar con su vida cultural, por lo que normaliza silenciosamente la represión en la sociedad.






