
Masina de camino a Ndjili, Kinshasa, República Democrática del Congo. Imagen de Kaysha a través de Unsplash (licencia: Licencia de Unsplash)
Escrito por Caroline Alessia Jarjou, máster en economía del desarrollo por la Universidad de Florencia.
“Si permanecemos en silencio, Congo pronto desaparecerá del mapa”, dijo François Kaserake Kamate en una entrevista con Global Voices. Para Kamate, activista ambiental y de derechos humanos del este de República Democrática del Congo, el silencio significa erradicar comunidades, medios de sustento y dignidad humana en un conflicto que el mundo ha optado por ignorar ampliamente. Durante 13 años, Kamate ha participado en movimientos no violentos que buscan justicia y que se asuman responsabilidades, lo que a menudo implica gran riesgo personal.
El Congo es uno de los países con más recursos de la Tierra, aunque su población sigue siendo una de las más pobres. Para Kamate, esta paradoja yace en el corazón del conflicto: «Nuestros recursos naturales se han convertido en una maldición». Minerales esenciales para las cadenas de suministro globales, que se utilizan en teléfonos, automóviles eléctricos y baterías, lo que impulsa la violencia armada en lugar del desarrollo. Esta “maldición de los recursos” es sostenida por un devastador ciclo de corrupción, divisiones étnicas de la era colonial y normalización de la violencia y explotación de los recursos, incluidas la minería ilegal, las masacres y la represión del Estado.
La no violencia en una realidad militarizada
En este entorno de violencia, el activismo no es un camino común a seguir en República Democrática del Congo. Kamate explicó:
People consider activists like us as useless and misguided. We walk several kilometers on foot with simple messages, and people do not understand why we are trying to solve problems we are not responsible for.
La gente considera inútiles y desorientados a los activistas como nosotros. Caminamos varios kilómetros a pie con mensajes simples, y la gente no entiende por qué estamos tratando de resolver problemas de los que no somos responsables.
Con la amenaza inmediata de la violencia, el trabajo infantil y la corrupción, muchos jóvenes de la generación de Kamate se unieron a las milicias para proteger sus recursos, tierras y familias. Sin embargo, él eligió un camino diferente, y dijo:
I was of violence, war, and the cycle of social injustices. I wanted to follow a non-violent path because I believed in peaceful strategies to change the paradigm.
Yo estaba sujeto a la violencia, la guerra y el ciclo de las injusticias sociales. Quería seguir un camino no violento porque creía en estrategias pacíficas para cambiar el paradigma.
Y agregó:
But in the DRC, activism is treated as a threat. As soon as we tell them the truth, demand our rights, they see us as enemies. It really surprised me that the national security forces decided to kill our comrades during our peaceful protests.
Pero en República Democrática del Congo, el activismo se trata como una amenaza. En cuanto les decimos la verdad y exigimos nuestros derechos, nos ven como enemigos. Realmente me sorprendió que las fuerzas de seguridad nacional decidieran matar a nuestros compañeros durante nuestras protestas pacíficas.
Esta represión crea un temor generalizado entre los civiles. Kamate explicó: “Muchas veces, cuando organizamos nuestras acciones, las personas temen unirse porque podrían perder sus hogares, sus trabajos, que los arresten, torturen o incluso podrían perder la vida”.
A lo largo de los años, Kamate ha sido arrestado innumerables veces. Ha tenido que reubicarse en Kinshasa e incluso perdió su trabajo como educador.
Los tres pilares de la violencia
Esas tácticas de intimidación son parte de una estrategia mayor que utilizan quienes están en el poder para mantener el control. Kamate describe la ignorancia, la pobreza y la corrupción como los tres pilares que sostienen a los políticos y la violencia continua, y explica:
They want people to be ignorant of their rights, too poor to think big, and therefore easier to corrupt.
Quieren que la gente ignore sus derechos, que sea demasiado pobre para pensar en grande y, por lo tanto, más fácil de corromper.
En estas condiciones, la sobrevivencia se enlaza con la obediencia política. Muchos civiles aceptan dinero para apoyar planes políticos, protestas o incluso hablar contra el activismo, impulsados por la desesperación económica, lo que fortalece un sistema que prospera en la dependencia. Estos pilares internos se ven reforzados por actores externos cuyos intereses se benefician de la inestabilidad en lugar del cambio.
La comunidad internacional y la responsabilidad global
A pesar de que desde hace décadas la presencia de las ONG ha sido significativa, tomar conciencia por sí sola no ha reflejado un gran cambio. Si bien se ha documentado ampliamente que las milicias y las fuerzas del Estado abusan de los derechos de los civiles, que los grupos armados operan en interés de empresas multinacionales y que reciben apoyo y patrocinio de países vecinos para obtener acceso a la riqueza mineral, las ONG y la comunidad internacional a menudo tienen dificultades para abordar la raíz del problema y la violencia estructural. Kamate explicó:
When projects are implemented by international organizations, they do not consider the values, local voices, or communities. That’s why it is very hard and difficult to get positive results, and most of these projects do not succeed.
Cuando las organizaciones internacionales implementan los proyectos, no se consideran los valores, la opinión de la población ni las comunidades. Por eso es muy complicado y difícil obtener resultados positivos, y la mayoría de estos proyectos no prosperan.
Esta desconexión refleja un patrón más amplio en las prácticas de desarrollo y ayuda, conocido como el «complejo del salvador blanco», en el que las soluciones e intereses externos sobrepasan las necesidades, el conocimiento y la autonomía de la población.
Kamate describe esto como una condena performativa: “Los condenan solo en las redes sociales, la radio y la televisión, pero no detienen la situación. No nos escuchan”.
Esta brecha entre el conocimiento y acción permite que la explotación y la violencia persistan dentro del sistema económico mundial y las cadenas de valor. Los minerales extraídos son esenciales para los teléfonos, vehículos eléctricos y otras tecnologías cotidianas, lo que vincula a consumidores internacionales y demanda directamente con las realidades que se viven sobre el terreno del este de Congo.
La esperanza como forma de resistencia
Las responsabilidades de la crisis en curso las comparten las instituciones políticas, las corporaciones y los mercados globales. Kamate refuta la idea de la impotencia individual: “Todos tienen un rol. Si todos participan, unidos, finalmente podremos obtener aquello por lo que estamos luchando”.
Sin embargo, décadas de violencia y represión han hecho que muchos no quieran o no puedan hablar. El activismo de Kamate se centra en reconstruir la solidaridad entre quienes han sufrido. Trabaja con mujeres que han perdido a sus hijos y familias, y las alienta a creer que el cambio sigue siendo posible a través de métodos no violentos y pacíficos.
En la entrevista con Global Voices, enfatizó la importancia de la esperanza:
This is not the end of life. Even though the situation is getting worse, we must have hope that tomorrow will be better than today.
Este no es el final de la vida. A pesar de que la situación está empeorando, debemos tener la esperanza de que el mañana será mejor que el presente.
Para Kamate, la urgencia de la situación no deja espacio para el silencio: “Si me quedo callado, Congo desaparecerá por completo del mapa en veinte años. Si no actúo ahora, entonces, ¿cuándo? Si no lo hago yo, entonces, ¿quién?».
Su voz es una de las muchas que se deben escuchar. Faltan espacios a nivel internacional y nacional para que los jóvenes activistas expresen sus demandas, necesidades y planes. Kamate enfatiza que: “Si tenemos esos espacios, creo que nuestras voces se escucharán, porque los jóvenes no solo somos el futuro de la sociedad, como dice la mayoría, sino el presente y el futuro al mismo tiempo”.
Kamate concluyó:
People in eastern Congo urgently need peace and justice. We are tired of suffering from situations we did not create. For too long, our country has been exploited by powerful external interests, while the world remains silent. We need international solidarity. People must understand that the resources they use every day come from places where others are paying the price. Standing with Congo means refusing silence.
La gente en el este de Congo necesita paz y justicia urgentemente. Estamos cansados de sufrir por situaciones que nosotros no creamos. Nuestro país ha sido explotado por poderosos intereses externos durante demasiado tiempo, mientras el mundo permanece en silencio. Necesitamos solidaridad internacional. Las personas deben entender que los recursos que utilizan todos los días provienen de lugares donde otros están pagando el precio. Apoyar a Congo significa negarse al silencio.






