
Captura de pantalla de Afrique en 365 jours en YouTube; armada con Canva pro.
Este artículo es parte de la serie Spotlight de abril de 2026 de Global Voices, Perspectivas humanas sobre IA. Esta serie ofrecerá una mirada profunda hacia cómo se está usando IA en países en desarrollo, cómo su uso e implementación afectan a las comunidades individuales, qué podría significar este experimento de IA para futuras generaciones, y más. Puedes apoyar este reportaje donando aquí.
En la carrera mundial por la inteligencia artificial (IA), una realidad fundamental golpea a gran parte de África subsahariana: cómo se alimenta un computador cuando la electricidad se interrumpe varias veces al día; cómo se accede a un modelo de IA en línea cuando la conexión a internet cuesta más de un cuarto del salario mensual.
La llegada de la IA trastorna las sociedades establecidas e impulsa al mundo a una nueva era tecnológica. Pero la revolución muestra una doble velocidad, pues esa transformación que se supone debe impulsar al mundo es más visible en los países desarrollados que en los países en desarrollo. Cada día, las grandes empresas de tecnología anuncian la salida de nuevos modelos, siempre más poderosos, y los Gobiernos de los países occidentales debaten regulaciones complejas. Ese mundo que la IA quiere transformar queda extrañamente occidental en los discursos dominantes.
Por su parte, a África le cuesta seguir el ritmo o adoptar esta revolución. El continente tiene más de 1500 millones de habitantes, cuya mitad vive en zonas rurales, a menudo sin energía eléctrica. Adoptar IA choca con dos muros estructurales anteriores a algoritmos y datos: el acceso a electricidad y el acceso a internet.
Electricidad, prerrequisito invisible que frena
En el siglo XXI, hay poblaciones que aún viven sin electricidad. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, cerca de 600 millones de africanos no tenían acceso a electricidad en 2025. Esa cifra representa cerca del 43% de la población africana, y el 85% de esas personas están en África subsahariana. Ese desfase muestra que, pese a los esfuerzos, la cobertura eléctrica es insuficiente ante un crecimiento demográfico que supera el ritmo de la electrificación.
El acceso desigual a la electrificación hace que las desigualdades sean aún más evidentes. Si países como Sudáfrica, Ghana, Kenia muestran tasas de electrificación más elevadas, otros como Níger, Chad, Sudán del Sur muestran tasas de electrificación muy bajas. En esos países, más del 80% de la población viven en zonas sin acceso confiable a la electricidad. Incluso en países con un nivel más avanzado, la calidad del suministro es aleatoria: los cortes de electricidad en Sudáfrica o Costa de Marfil son una realidad cotidiana que afecta a empresas, hospitales y viviendas.
Walid Sheta, presidente de Schneider Electric Medio Oriente y Ádrica, declaró a Africanews en la Cumbre Mundial de Gobiernos en Dubái en febrero de 2026:
Le vrai défi est de coordonner gouvernements, entreprises et partenaires financiers pour électrifier chaque territoire avec une solution adaptée.
El verdadero desafío es que coordinen Gobiernos, empresas y socios financieros para electrificar cada territorio con una solución adaptada.
Es un verdadero problema que la inteligencia artificial proponga una variada gama de posibles soluciones ante numerosos desafíos que se imponen en África, mientras el continente no se beneficia. Se trata de una profunda ironía en una paradoja: los países que ganarían más con IA suelen ser los que disponen de menos infraestructura para acceder.
Las numerosas herramientas de IA o las plataformas especializadas en agricultura, medicina, finanzas, tecnología u otras requieren aparatos conectados que funcionen continuamente, servidores accesibles a toda hora del día y redes estables. Todos estos requisitos son los que faltan en muchas regiones.
Al lado de esas carencias, ciertamente existenciales, los Gobiernos africanos y las grandes empresas tecnológicas siguen anunciando estrategias nacionales de IA, centros de innovación, asociaciones con Google o Microsoft, mientras gran parte de la población sufre cortes de electricidad todos los días. Folli Herbert Amouzougan, especialista en informática y técnico de gobernanza de internet y de políticas digitales de Togo, describe su diferencia entre la retórica política alrededor de la IA y la realidad de las infraestructuras de base en África subsahariana:
Je qualifierai d'aberrant ce décalage entre les discours politiques sur l'IA et la réalité des infrastructures de base en Afrique subsaharienne. Je pense que ces déclarations sont semblables à un saut dans le vide et qu'il ne sert à rien de mettre la charrue avant les bœufs. Il m'est inconcevable de réaliser n'importe quelle prouesse technologique dans un pays sans assainir et stabiliser le secteur énergétique prioritairement et doter le pays en question d'infrastructures de base: un réseau électrique efficace, efficient et opérationnel couvrant au moins 95% du territoire. L'on ne peut construire une tour (IA) sans la bonne fondation (infrastructure énergétique et de connectivité).
Calificaría de aberrante esa diferencia entre los discursos políticos sobre IA y la realidad de las infraestructuras de base en África subsahariana. Pienso que esas declaraciones parecen un salto al vacío, y que no sirve de nada poner la carreta antes que los bueyes. Me parece inconcebible hacer cualquier proeza tecnológica en un país sin haber saneado ni estabilizado el sector energético prioritariamente, ni equipado al país en cuestión de infraestructuras de base: una red eléctrica eficaz, eficiente y operacional que cubra al menos 95% del territorio. No se puede construir una torre (IA) sin una buena base (infraestructura energética y de conectividad).
Conectividad a internet costosa y muy lenta
Si la electricidad es el primer cerrojo con el que chocan los proyectos innovadores, el acceso a internet de mala calidad es el golpe fatal a las innovaciones. Esos dos elementos están íntimamente vinculados. Mientras la penetración de internet en África ha evolucionado, la calidad y la velocidad del rendimiento es el otro rompecabezas que enfrentan las poblaciones africanas.
En 2024, África subsahariana concentraba el 75 % de expansión mundial en términos de cobertura de internet móvil, pero la tasa de penetración de internet en zonas rurales en el continente está entre las más débiles del mundo. La calidad de internet plantea problemas específicos para usar IA, y esta latencia elevada hace que la experiencia del usuario sea frustrante, y que incluso no se pueda usar en aplicaciones en tiempo real.
La estabilidad de la conexión pasa a ser otro factor crítico. Una sesión de trabajo con una herramienta de IA que se corta cada diez minutos por falta de una señal estable no es viable para un uso profesional serio. Sin embargo, en las zonas periurbanas y rurales, este tipo de interrupción es la norma, no la excepción.
Pero más allá de tasa de acceso, el costo relativo de la conectividad es una gran preocupación. En numerosos países de África subsahariana, 1 gigabyte de datos móviles puede representar entre 2% y 10% del ingreso mensual promedio, por lo que el costo de usar intensivamente aplicaciones de IA en la nube es totalmente prohibitivo para la mayoría.
Consecuencias concretas
Para las empresas emergentes y las pequeñas y medianas empresas de África subsahariana que quisieran integrar IA en sus procesos, las restricciones de infraestructura crean una desventaja competitiva estructural. Primero hay que resolver los problemas de acceso a la API de OpenAI antes de pensar en la siguiente etapa. Esa limitación se traduce concretamente en costos más elevados: conexiones vía VPN, uso de datos móviles costosos, plazos más largos y, a veces, una imposibilidad total de acceder a herramientas más avanzadas disponibles en el mercado mundial.
La IA es también la llamada a transformar la educación: personalización del camino del aprendizaje, tutores virtuales, evaluación automática, generación de recursos pedagógicos. Pero todas esas promesas suponen un acceso confiable a internet en las escuelas.
Sin embargo, según la UNESCO, la gran mayoría de escuelas de primaria y secundarias en África subsahariana no está conectada a internet. En ese contexto, existe el riesgo de que aumenten las desigualdades educativas: los alumnos de las grandes ciudades conectadas se beneficiarán de las herramientas de IA pedagógica, mientras que los estudiantes de las zonas rurales quedarán excluidos.
Energía solar, una solución prometedora pero parcial
Dada la falta de redes eléctricas centralizadas, se impone la energía solar fuera de la red como una solución alternativa en numerosas comunidades rurales. Empresas como M-Kopa au Kenya o Bboxx en varios países de África oriental y occidental, lo que permite que negocios sin acceso a la red se beneficien de electricidad solar con paneles fotovoltaicos y de sistemas de pago personalizado.
Sin embargo, esas soluciones tienen sus límites en el contexto de IA. Los pequeños paneles solares alimentan eficientemente lámparas, teléfonos móviles, incluso pequeños electrodomésticos. Pero no necesariamente bastan para alimentar de manera constante computadores, enrutadores de señal inalámbrica o servidores locales que serían necesarios para ejecutar modelos de IA de forma local.
Si la IA se dispone a redefinir el acceso al conocimiento, la salud, el empleo y la gobernanza, la conectividad ya no es solo una cuestión de comodidad: se trata de igualdad de derechos fundamentales.
Mientras millones de personas en África subsahariana no tienen acceso a electricidad confiable y a internet a costo razonable, el discurso de “IA para todos” seguirá sonando vacío. Las soluciones existen: energía solar, cables submarinos, modelos de IA fuera de línea, inversiones públicas y privadas específicas. Lo que falta es una voluntad política y económica a la altura de lo que está en juego.
El futuro de la IA no se verá solamente en los laboratorios de Google DeepMind o de Anthropic. Se verá también en las aulas sin electricidad de Níger, en los centros de salud rurales del Congo, y en las empresas emergentes de Nairobi que innovan pese a las restricciones a la creatividad que eso implica.






