Nuestra generación seguirá resistiéndose a las restricciones del Talibán impuestas a mujeres y niñas

Afghan girls taking a university exam.

Niñas afganas rinden examen universitario. Captura de pantalla del video «Niñas afganas dan exámenes universitarios dos semanas después de ataque en el aula» del canal de YouTube de la AFP News Agency. Uso legítimo.

Este artículo lo escribió Fareshtah en 2025. Se publica con su consentimiento en virtud de una cobertura especial que cuenta las historias de mujeres jóvenes y niñas de Afganistán después de la toma del poder del Talibán en agosto de 2021.

Conozco bien el término «guerra entre el Talibán y el Gobierno» porque he sido testigo de los intercambios y los conflictos entre ambas partes desde mi infancia. Nuestro destino siempre ha fluctuado debido a sus acciones y decisiones.

Nací en el último año del primer régimen talibán (1996–2001) en la provincia central de Ghor en Afganistán. Afortunadamente, tuve el derecho a la educación después de la caída del primer régimen. Todavía recuerdo la emoción de mi primer día en la escuela, vestida con un uniforme negro y una bufanda blanca. ¡Fue algo especial!

Todavía no había ingresado a la universidad cuando escuchamos las noticias sobre las conversaciones de paz entre Estados Unidos y los talibanes en febrero de 2020, y teníamos esperanza por la paz y un mejor futuro.

Finalmente, después de aprobar el examen de ingreso, entré a la universidad. Los años 2020 y 2021 fueron de los años de mayor realización personal de mi vida, porque había encontrado mi camino y estaba a punto de alcanzar todas mis metas.

Estaba estudiando Sharia y Ciencias Islámicas, y quería convertirme en una exitosa abogada, así que me inscribí en un programa de dos años de técnicas  legales a través de la Fundación Asia y el Ministerio de Educación Superior.

Al mismo tiempo, la guerra entre los talibanes y las fuerzas gubernamentales se intensificaba. La situación de seguridad estaba empeorando, y por extremas las olas de calor, la universidad y las clases de habilidades legales fueron presenciales y en línea.

Veía noticias del colapso de las provincias una tras otra, pero todavía estaba pensando en mis metas y seguía persiguiéndolas. El 13 de agosto de 2021, la guerra había llegado a las puertas de nuestra ciudad natal, Herat. Al día siguiente, estaba tratando de conectarme a mi clase en línea en mi habitación cuando mi hermano abrió la puerta y dijo: «Déjalo, se acabó».

El fin de los sueños

Con la caída de Herat, no hubo examen, ni presentación, ni noticias de la clase o su continuación. Todas mis esperanzas se evaporaron repentinamente ante mis ojos, como si hubiera estado en un sueño muy dulce y alguien me hubiera despertado con un golpe duro.

Un golpe tan duro que me quitó el poder del habla y las lágrimas. Sentí que mi alma se había separado de mi cuerpo, y todo lo que quedaba era un cuerpo sin vida.

Mi corazón ardía con el deseo de continuar la universidad y la clase de técnicas legales, pero en la desesperanza total, no podía hacer nada más que llorar.

Después de unos meses, las universidades privadas abrieron, pero no hubo noticias de la apertura de universidades públicas. Seis meses después, las universidades públicas finalmente abrieron. Estudié intensamente durante los últimos tres semestres y terminé mi tesis. Se suponía que debía defender mi tesis un sábado (24 de diciembre) y asistir a la ceremonia de graduación de mi generación el lunes (26 de diciembre).

Sin embargo, el martes 20 de diciembre de 2022, se emitió un decreto que prohibía a las mujeres asistir a las universidades.

Me puse en contacto con mi profesor y me dijo: «Vamos, defiende tu tesis porque ya te graduaste».

El sábado por la mañana, me fui a la universidad, feliz de que me hubieran dado el derecho a defender mi tesis, pero también triste porque muchas otras chicas abandonaron el programa.

Cuando llegué a la entrada de la universidad, un miembro del Talibán bloqueó la puerta y se negó a dejarme salir del bicitaxi que había tomado para llegar allí.

Finalmente, me bajé y corrí hacia la entrada de la universidad, pero él se paró frente a mí con una pistola.

Lo ignoré y me acerqué a la puerta. El hombre sujetó la correa de la bolsa de mi computador portátil, la jaló y dijo violentamente: «¿No entiendes de lo que hablo? ¿O debería volarte los sesos?».

Dio un disparo al aire, y un extraño y desagradable zumbido empezó a sonar en mis oídos.

Una persona que presenció todo se acercó a mí y me dijo: «Hermana, por favor, vete». Era uno de los guardias universitarios que yo conocía. Salí de ahí y fui a la casa editorial: “Shame Danesh Publishing House». Tan pronto como entré, mi ira explotó y las lágrimas me corrieron por el rostro. Las lágrimas en mis ojos se habían convertido en un mar que no se podía secar.

Ya no me importaba si la gente me veía llorar al salir de ese lugar. Estaba caminando a casa llorando cuando escuché sonar mi teléfono.

Era mi padre y me preguntó: «¿Terminaste la defensa de tu tesis? ¿Cómo te fue?». Llorando, en un solo suspiro, le hablé sobre lo sucedido. Me consoló, me contó sobre las dificultades y torturas que él había tenido que soportar, y me aconsejó que fuera paciente y perseverara.

Cambiar mis metas

Llegué a casa, dormí un poco, y luego comencé a buscar cursos en línea y oportunidades educativas, pero como no pude encontrar una oportunidad adecuada para mí, comencé a leer libros.

Participé en un grupo de lectura para mujeres dos veces por semana. Leíamos diferentes libros, pero esa vez realmente necesitaba un libro motivacional y psicológico.

Visité al grupo y vi el nombre del libro: «Cumbres borrascosas». Leerlo me dio la motivación para empezar de nuevo y me ayudó a renovarme. Casi un año después de terminar la licenciatura, logré defender mi tesis en línea.

Pero ya no tenía entusiasmo, porque mis objetivos se habían desviado completamente de su camino original. Tuve que establecer nuevas metas. Comencé a estudiar, investigar y participar en programas en línea.

Comencé mis cursos de computación e inglés en línea, pero después de unos meses, fueron cancelados nuevamente por las restricciones de los talibanes, y desde entonces no ha habido noticias al respecto.

Se emitió un decreto que permitía a las mujeres asistir a cursos educativos, y también me inscribí en un curso presencial, pero pronto rompieron su promesa y volvieron a prohibirlo.

En los últimos tres años, he participado en varios programas, capacitaciones y conferencias en línea porque el trabajo de mis sueños no está disponible para mí en este momento.

Me di cuenta de que la raíz de todos estos problemas es la falta de conocimiento. He estado enseñando en escuelas en línea para niñas que se han visto privadas de la educación durante casi dos años, y también he comenzado a enseñar cursos de cultura islámica en la universidad.

Quiero luchar contra la ignorancia y la injusticia a mi manera. Ya sea transfiriendo lo poco de mi conocimiento al leer una línea de un libro, escribir o incluso atar una raíz a la esperanza y hacer crecer sus capullos florales marchitos dentro de mi corazón y en el de otros seres humanos.

Espero por un mejor mañana y un futuro resplandeciente para mi país. Nuestra generación, que sufrió esta injusticia e ignorancia, nunca dará a luz a un niño que se rinda ante el opresor y el ignorante. Ellos no permitirán que se repita por tercera vez en la historia una experiencia tan amarga.

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