Presos políticos luchan por atención médica en Tailandia

Ekachai Hongkangwan

Ekachai Hongkangwan. Foto de Yostorn Triyos (Realframe). Fuente: Prachatai, socio de contenido de Global Voices. Uso autorizado.

Este artículo se publicó originalmente en Prachatai, medio de noticias independiente de Tailandia. Global Voices reproduce una versión editada en el marco de un acuerdo de intercambio de contenido. 

Ekachai Hongkangwan es un ciudadano común y corriente que de pronto surgió como una «figura secreta» en la escena política de Tailanda después del golpe de Estado de 2006, que no solo redefinió la política tailandesa, también le cambió la vida para siempre. A pesar de haber estado detenido varias veces y haber recibido repetidas amenazas de muerte por sus actos simbólicos de resistencia, Ekachai continuó firme con su activismo.

El deterioro de su salud en prisión pone en evidencia un problema mayor: el acceso a la atención médica —derecho humano básico—, que, con demasiada frecuencia, está fuera del alcance de los presos en Tailandia. Este problema es aun más grave entre los llamados «presos de conciencia«, que fueron encarcelados tan solo por criticar o desafiar a quienes están en el poder.

El recorrido de 20 años de Ekachai

Después graduarse en la universidad, Ekachai se ganó la vida vendiendo billetes de lotería en línea, pero el golpe de Estado de 2006 puso todo patas arriba. Su única fuente de ingresos desapareció cuando se canceló el proyecto de lotería en línea.

Sin haber tenido interés en política hasta ese momento, Ekachai comenzó a involucrarse en cuestiones políticas y a aprender más sobre política en tailandés y en inglés.

Ganó visibilidad por primera vez el 11 de marzo de 2011, cuando fue arrestado durante una protesta organizada por “Daeng Siam” (Camisetas Rojas), grupo liderado por el activista político tailandés Surachai Sae-dan.

Este incidente llevó a su primer proceso según la ley draconiana tailandesa de difamación a la realeza, que prohíbe a los ciudadanos criticar a la familia real. La acusación se basó en dos objetos que estaba vendiendo en la manifestación: un DVD del documental del medio australiano ABC sobre el escenario político tailandés, que contenía rumores acerca del entonces príncipe y ahora rey Vajiralongkorn, y una colección de documentos de WikiLeaks.

Ekachai declaró que su intención solo era divulgar información entre los tailandeses desde el punto de vista de los medios extranjeros, para que pudieran entender cómo se percibe a Tailandia en el resto del mundo. Además, la sociedad tailandesa en ese entonces estaba sumamente polarizada, y según él, los medios no estaban cumpliendo con su deber.

Ekachai pasó dos años luchando contra su caso de difamación. Le dieron libertad provisional bajo fianza durante el juicio. Sin embargo, el 28 de marzo de 2013, lo sentenciaron a dos años y cuatro meses de prisión. En 2015, la Corte Suprema anuló su fallo inicial y agregó cuatro meses más a la pena.

Después de su liberación, Ekachai se mantuvo activo a través de la escritura. Su trabajo incluyó investigaciones históricas, una serie de propuestas para una reforma militar y memorias sobre su experiencia en prisión.

No abandonó el activismo, ni cuando creció la represión política durante el Consejo Nacional para la Paz y el Orden (CNPO), la junta militar que gobernó Tailandia desde mayo de 2014 hasta julio de 2019, después del golpe de Estado de 2014. Durante la mayor parte de su mandato, el CNPO implementó la ley marcial y se encargó de silenciar a críticos y opositores. Durante este periodo, la campaña más destacada de Ekachai fue su pedido incansable de que se investigara más sobre el escándalo del reloj de lujo que implicaba a Prawit Wongsuwan, exministro de Defensa y vicepresidente del CNPO. Su activismo siempre tuvo un estilo particular y distintivo.

Entre 2017 y 2019, recibió agresiones físicas y amenazas de muerte seis veces, y en dos ocasiones incendiaron su auto. Según Abogados Tailandeses por los Derechos Humanos, Ekachai enfrentó 30 causas, la mayoría ya concluidas. Lo enviaron a prisión siete veces.

En 2019, declaró que su modo de abordar el activismo difiere de las formas tradicionales de protesta. La vieja estrategia de movilizar decenas o cientos de miles de personas terminaba en medidas violentas. Para él, las manifestaciones masivas eran difíciles de controlar.

«El activismo no tiene que usar solamente manifestaciones. Los resultados de las elecciones ya demostraron claramente que la gente ya no apoya las grandes protestas que bloquean las calles. Necesitamos encontrar nuevas formas. Yo prefiero ir solo y salir en las noticias», dijo Ekachai.

Su detención más reciente en 2020 reveló otro problema importante. A Ekachai lo acusaron según el artículo 110 del Código Penal por un acto de violencia contra la libertad de la reina. No se había usado ese cargo contra nadie durante décadas. Se aplicó «por primera vez en la historia moderna», según la asociación Abogados Tailandeses por los Derechos Humanos. Implica una pena severa que puede llegar a cadena perpetua o una condena de 16 a 20 años de cárcel, sin importar si el delito se cometió o quedó en tentativa.

El caso surgió de una manifestación del 14 de octubre de 2020, cuando surgieron protestas masivas a favor de la democracia por todo el país, lideradas por la juventud. Ese día, los manifestantes se reunieron frente al icónico Monumento a la Democracia de Bangkok para después marchar hasta la Casa de Gobierno.

Algunos manifestantes llegaron antes y esperaron cerca de la Casa de Gobierno. En ese momento, pasó la caravana de la reina. Ninguno de los presentes bloqueó ni agredió a los vehículos que pasaban, y sin embargo, fueron acusados de violencia contra la libertad de la reina.

Según la Policía, esa calle no formaba parte de la ruta habitual de la caravana, pero decidieron pasar por allí, a pesar de que se les había aconsejado usar rutas alternativas por la manifestación que se llevaba a cabo cerca de la Casa de Gobierno.

No se hizo ningún anuncio. Los empleados de distintos organismos y niveles operativos recibieron la información de formas muy distintas. Un funcionario de control de multitudes expuso que se enteró menos de cinco minutos antes de que la caravana llegara.

El 28 de junio de 2023, el tribunal de primera instancia absolvió a Ekachai y los demás activistas, ya que consideró que el incidente fue un malentendido provocado por la Policía. Sin embargo, dos años después, el tribunal de apelación revirtió la sentencia inicial y dictaminó que los manifestantes sabían que se acercaba una comitiva real, y que planeaban interceptarla.

Cuatro de los acusados recibieron una pena de 16 años de prisión, y a Ekachai lo sentenciaron a 21 años y cuatro meses por tener una condena por difamación a la realeza. Ekachai está detenido desde septiembre de 2025.

Su salud se ha deteriorado en la cárcel. Sufre de hiperplasia prostática y de dolores agudos en la zona abdominal, donde ya le habían realizado una cirugía por un absceso hepático. Según se ha informado, podría necesitar otra cirugía mayor.

Su representante legal pidió que lo trasladaran al hospital penitenciario, pero la solicitud fue rechazada. El Departamento de Asuntos Penitenciarios declaró que el traslado se realizaría el miércoles 11 de marzo.

A raíz de este caso, se cuestionó fuertemente la administración del acceso a la atención médica para los reclusos en las prisiones tailandesas.

En 2025, el ex primer ministro Thaksin Shinawatra, que actualmente cumple condena de un año en prisión por abuso de poder, fue trasladado a un hospital en su primera noche detenido, por una supuesta enfermedad grave tras volver de su exilio voluntario.

Luego lo llevaron al Hospital de Policía, en vez de tratarlo en el hospital penitenciario, donde suele trasladarse a los reclusos comunes. Este incidente desató el repudio público contra Thaksin y contra el sistema judicial y penitenciario, ya que se creía que había recibido un trato especial gracias a negociaciones con figuras de poder. Algunos creen que Thaksin fingió estar enfermo para evadir el encarcelamiento.

La vida de Ekachai pende de un hilo. Dos «presos de conciencia» tailandeses murieron en la cárcel como consecuencia del deterioro de su salud mientras esperaban atención médica.

Este caso representa un nuevo problema para el Departamento de Asuntos Penitenciarios.

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