El costo humano del avance de los centros de datos en Latinoamérica

A data center. Image via Canva.

Centro de datos. Imagen vía Canva.

Este artículo es parte de la serie Spotlight de abril de 2026 de Global Voices, Perspectivas humanas sobre IA. Esta serie ofrecerá una mirada profunda hacia cómo se está usando IA en países en desarrollo, cómo su uso e implementación afectan a las comunidades individuales, qué podría significar este experimento de IA para futuras generaciones, y más. Puedes apoyar esta serie con una donación.

Los centros de datos son gigantes invisibles que impulsan la era digital actual. Estas instalaciones son enormes depósitos que albergan servidores y demás infraestructura informática necesaria para procesar el llamado nuevo petróleo: los datos. Con el auge actual de la inteligencia artificial generativa (IA), se prevé que la demanda de centros de datos aumente de forma exponencial, en torno a un 20% anual hasta 2030, dice el PNUD.

Esta demanda urgente de centros de datos ha sido impulsada por las empresas de IA y tecnología, que han presionado agresivamente a distintos Gobiernos y han promovido el discurso de que esta tecnología impulsará el crecimiento económico y el progreso. Como resultado, los centros de datos están surgiendo en regiones donde históricamente no se les había dado prioridad, especialmente en los países en desarrollo. Según menciona el PNUD, en Latinoamérica y el Caribe, por ejemplo, la infraestructura digital se concentra en unos pocos países, y en su mayoría es de propiedad privada y financiada por grupos de inversión estadounidenses.

Steven Gonzalez Monserrate, investigador etnográfico especializado en infraestructuras en la nube y autor del libro “Ecologías de la nube”, denomina a este proceso “terraformación”, es decir, la transformación de la Tierra y del modo específico en que viven los seres humanos para adaptarlos a los ordenadores. Explica:

We are seeing again the flow of resources these data centers produce to the global north through Western companies. This way, they are entrenching inequalities and creating new colonialism. They are taking land. They are taking natural resources. They might not themselves be countries, but they are behaving like states. Google and Amazon are increasingly behaving like states. They are spending a lot of money to influence politicians. They are spending a lot of money on building infrastructure for their workers and creating these little enclaves within countries for their workers.

Vemos de nuevo el flujo de recursos que estos centros de datos producen hacia los países desarrollados a través de empresas occidentales. De esta manera, afianzan las desigualdades y crean un nuevo colonialismo. Se están apropiando de tierras. Se están apropiando de recursos naturales. Tal vez no sean países, pero actúan como Estados. Google y Amazon se comportan cada vez más como Estados. Gastan mucho dinero para influir en políticos. Gastan en construir infraestructuras para sus trabajadores y en crear pequeños enclaves dentro de los países.

Ciertamente, en la investigación “La mano invisible de las grandes tecnologías”, del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) junto con Agência Pública y quince medios de comunicación asociados, reveló que los ejecutivos tecnológicos sostuvieron miles de reuniones con funcionarios gubernamentales de todo el mundo entre 2012 y 2025. Y, entre los temas tratados, ocuparon un lugar central IA, centros de datos, infraestructura tecnológica, energía, impuestos y regulación gubernamental, especialmente en países latinoamericanos como Brasil, Chile, México y Argentina.

A resident in Uruguay grapples with the ongoing drought

Residente en Uruguay lucha contra la sequía actual. Captura de pantalla de YouTube.

Los centros de datos casi siempre afectan a las comunidades cercanas, y el impacto rara vez es positivo. Esto se debe a que requieren grandes cantidades de energía, terreno y recursos hídricos, y aún más en aquellos diseñados específicamente para sustentar la IA generativa. Estas enormes demandas ya han desbordado a los países desarrollados. Entonces, ¿cómo les va a los países en desarrollo? En particular a aquellos con un PIB más bajo, que ya enfrentan retos de infraestructura, escasez de agua y gestión de red eléctrica.

En este artículo que atraviesa fronteras, Global Voices recoge historias de varios países de Latinoamérica donde las comunidades se oponen a la construcción de centros de datos impulsada por la IA.

El costo de los centros de datos

Según Data Center Map, Brasil lidera la lista de posiciones latinoamericana con 206 centros de datos repartidos en 34 mercados. El Gobierno federal ha puesto en marcha una política nacional de centros de datos y prevé inversiones por tres billones de dólares en este sector durante los próximos cinco años. Las autoridades también han introducido un régimen fiscal especial para incentivar a las nuevas empresas a invertir en centros de datos.

“Brasil necesita una política clara para atraer centros de datos”, dijo en abril Márcio Elias Rosa, ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, en una entrevista con EBC, grupo de medios estatales brasileño. “Debemos tener cuidado cuando elaboramos una política para incentivar la atracción de centros de datos, pues debe ser compatible con las cuestiones ambientales. Y es que un centro de datos consume mucha energía y recursos hídricos, agua para la refrigeración”.

Uno de los ejemplos más llamativos de cómo estos incentivos pueden perjudicar a las comunidades vecinas es el proyecto “Ciudad de IA”, que la empresa Scala pondrá en marcha en Eldorado do Sul (Brasil), que ya opera centros de datos en Brasil, Chile y México. Eldorado, en Rio Grande do Sul, fue una de las ciudades devastadas por una inundación histórica en 2024, en el estado más meridional de Brasil. Las inundaciones se consideran el peor desastre climático jamás registrado en el estado, ya que se estima que el 90% de su territorio estuvo bajo el agua durante días. Los lugareños siguen aterrorizados ante la posibilidad de que el desastre se repita, pues las inundaciones son una realidad anual en la región, incluso en los años menos severos.

El proyecto se anunció en 2024 y, una vez completado, la iniciativa de Scala se convertirá en el mayor centro de datos de Latinoamérica . Se calcula que esta estructura ocupará una superficie de siete millones de metros cuadrados y tendrá un costo de al menos 50,000 millones de dólares.

En marzo de 2026, Ambiental Media publicó una noticia exclusiva en la que informaba que el Gobierno estatal había acordado simplificar el proceso de concesión de licencias ambientales para agilizar la tramitación de los permisos de los proyectos “en el menor tiempo posible”. También afirmó que, al simplificarlo, “la empresa no está obligada a hacer un estudio de impacto ambiental (EIA), ni a celebrar audiencias públicas”. El Ministerio de Minería y Energía autorizó el acceso a 1,8 gigavatios de potencia, equivalente al consumo energético de una ciudad de seis millones de habitantes.

Representantes del sector energético y empresas tecnológicas están presionando al Gobierno federal para que introduzca más incentivos. Un estudio del IDEC (Instituto de Defensa de Consumidores) titulado “No somos el patio trasero de los centros de datos” analizó casos en Latinoamérica para encontrar un panorama de “comunidades sin agua, facturas eléctricas costosas y proyectos aprobados sin consultar a la población”. El documento destaca la necesidad de políticas reguladoras eficaces y claras para limitar la expansión de proyectos que podrían suponer amenazas sociales y ambientales:

A ausência de diretrizes robustas pode contribuir para a reprodução de modelos de desenvolvimento que geram impactos socioambientais significativos, os quais, conforme apontado por diferentes levantamentos e estudos recentes, tendem a se concentrar em países do Sul Global, como o Brasil, em razão de marcos regulatórios menos restritivos.

La ausencia de lineamientos sólidos podría contribuir a reproducir modelos de desarrollo que generan impactos socioambientales significativos que, según indican numerosos informes y estudios recientes, tienden a concentrarse en países en desarrollo, como Brasil, debido a marcos regulatorios menos restrictivos.

Avances en Chile, Uruguay y Argentina

En 2017, había seis proyectos de centros de datos en Chile. En 2026, habrá 66. Argentina tiene actualmente 42 centros de datos, y Uruguay tiene 10. Los gigantes tecnológicos que compiten en la carrera de la IA, Microsoft, Amazon, Google y, en cierta medida, Oracle, están invirtiendo en centros de datos en Latinoamérica.

Steven Gonzalez Monserrate, que investiga el impacto ambiental y político de los centros de datos, dijo en una entrevista con Global Voices que, aunque las empresas tecnológicas acercan a los políticos, suelen hacer promesas atractivas a las autoridades locales y a las comunidades sobre la creación de empleo, los beneficios económicos y los avances tecnológicos. Como explica Monserrate:

Think of data centers as the future. They think of computers and A.I. This is the future. And why would you want to stop the future? And that’s kind of the narrative. But very few people actually understand how these work. And the mayor doesn’t understand how the data center works. They just see dollar signs, and they get really excited, and they want to have an economic incentive.

Piensa en los centros de datos como el futuro. Ahí piensan en computadoras e IA. Eso es el futuro. ¿Y por qué querrías frenar el futuro? Y esa es, en cierto modo, la narrativa. Pero muy poca gente entiende realmente cómo funcionan. Ni siquiera el alcalde entiende cómo funciona un centro de datos. Solo ven signos de dólar, se entusiasman y quieren obtener un incentivo económico.

Pero, en realidad, los centros de datos de IA no aportan tantos beneficios económicos a las economías locales. Una vez construidos, la mayoría solo necesita unas veinte personas personas para funcionar, y no los miles que imaginan los políticos.

A worker in a Google data center.

Empleado en un centro de datos de Google. Captura de pantalla del vídeo de Google Sustainability en YouTube.

También consumen enormes cantidades de recursos: energía, agua y terreno. Esto sobrecarga las infraestructuras locales, eleva los precios de la electricidad e incluso puede provocar situaciones de escasez, sobre todo en épocas difíciles, como en el caso de la guerra de Estados Unidos contra Irán, que provocó escasez de petróleo. Por otra parte, como deben funcionar las 24 horas del día, los 365 días del año, los operadores recurren actualmente a generadores de reserva de gasóleo o gas, que contaminan el aire. A esto se suma la contaminación acústica, que puede suponer una carga para las comunidades y provocar problemas físicos y mentales a los lugaereños. Gonzales dice:

Most data centers have air chiller units on top of the facility. And those air chillers make a loud kind of rattling, humming noise. And since the data center doesn't stop running, it’s a constant operation, you’re going to get that noise constantly. And there’s been a number of really compelling studies on the effects of noise pollution over time on human bodies.

Some of those effects are psychological, but they affect your sense of well-being: anxiety, high blood pressure, and stress.

La mayoría de los centros de datos tienen enfriadores de aire situados en la azotea del edificio, que emiten un ruido fuerte, como un traqueteo y un zumbido. Y dado que el centro de datos no deja de funcionar, es una operación constante, por lo que se oye permanentemente. Se han han hecho varios estudios muy convincentes sobre los efectos que la contaminación acústica tiene en el cuerpo humano a lo largo del tiempo.

Algunos de esos efectos son psicológicos, pero afectan a la sensación de bienestar: ansiedad, hipertensión arterial y estrés.

Las comunidades tienen motivos para preocuparse por la instalación de nuevos centros de datos. Una investigación de Amenaza Roboto, realizada en colaboración con la Red de Responsabilidad de la IA del Centro Pulitzer, reveló que el impacto ambiental va más allá del consumo de agua y electricidad. Utilizando 25 años de datos satelitales de la NASA, los periodistas descubrieron que un centro de datos operado por Antel, la empresa estatal de telecomunicaciones de Uruguay, genera una isla de calor visible en las imágenes satelitales, elevando las temperaturas notablemente por encima de las que hay en la zona circundante. Google está construyendo un centro de datos a solo 11 kilómetros de distancia que será cinco veces más grande que el de Antel, pero la evaluación de impacto ambiental no mencionó el efecto de isla de calor.

Resistencia comunitaria

En Chile y Uruguay, las comunidades locales lograron impedir que Google construyera dos centros de datos, al menos temporalmente.

En febrero de 2024, vecinos y activistas de la localidad de Cerrillos, en las afueras de Santiago, capital de Chile, impidieron que Google construyera un centro de datos, con lo que evitaron que utilizara agua para refrigerar sus servidores. El asunto se llevó ante el tribunal ambiental, que suspendió parcialmente su permiso (otorgado en 2020), y lo impidió construir un centro de datos en la localidad. El tribunal instó al gigante tecnológico a revisar su solicitud y a considerar el impacto ambiental.

The cooling system at a Google data center.

Sistema de refrigeración de un centro de datos de Google. Captura de pantalla de Google Sustainability en YouTube.

Google había anunciado que modificaría el sistema de refrigeración para utilizar menos de los 169 litros de agua por segundo. Sin embargo, tras la decisión judicial, suspendió el proyecto y una inversión de 40 millones de dólares en lo que habría sido el segundo centro de datos del país. El otro, construido en 2015 y aún en funcionamiento, está situado en Quilicura, en las afueras de Santiago. Hacia fines de abril, no había noticias sobre si Google reanudaría la construcción.

Las sequías han afectado a distintas regiones de Chile durante 40 años, desde 1979 hasta 2019. Además, el norte chileno es una de las regiones más áridas del mundo, y la región central, donde vive el 70% de la población nacional, tiene un déficit hídrico permanente desde 2010.

En 2023, mientras Uruguay atravesaba la peor sequía de los últimos 74 años, Google compró 29 hectáreas (72 acres) de terreno para construir un centro de datos en el departamento de Canelones, al sur del país, informó The Guardian. Este centro habría consumido 7,6 millones de litros de agua al día para refrigerar sus servidores, equivalente al consumo doméstico diario de 55,000 personas. El agua provenía directamente de la red pública de agua potable. La indignación pública se extendió, y los ciudadanos culparon a la política económica del país, afirmaron que más del 80% del agua se destina a la industria.

A Google data center under construction.

Centro de datos de Google en construcción. Captura de pantalla de Google Sustainability en YouTube.

Google suspendió la construcción poco después del inicio de 2023. En su página web sobre centros de datos, sigue figurando como “en construcción”. Sin embargo, la construcción se aprobó después de que Google aceptó cambiar el sistema de refrigeración por uno de aire acondicionado, en lugar de agua. “Las protestas de la sociedad civil lograron cambios importantes en el proyecto de Google, que inicialmente iba a utilizar grandes cantidades de agua”. Pero el nuevo plan “se aprobó con prisa, por lo que es difícil evaluar sus impactos”, dijo Ana Filippini, del Movimiento por un Uruguay sustentable (MOVUS).

Argentina enfrenta su propio dilema en materia de centros de datos, mientras lucha por encontrar el equilibrio entre la preservación del ambiente y el temor a quedarse atrás en la carrera de la IA. En octubre de 2025, el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman (por videoconferencia) y el presidente de Argentina, Javier Milei anunciaron el proyecto Stargate Argentina como un hito histórico.

Aunque OpenAI no construiría ni mantendría el centro de datos previsto en sí, el gigante tecnológico prometió invertir (o, más bien, como señala el Buenos Aires Times), acordó adquirir toda la producción del centro de datos, que construiría la empresa local.

Sin embargo, expertos advierten que Argentina aún no tiene un marco normativo específico para la instalación y el funcionamiento de centros de datos a gran escala. En la práctica, la única normativa aplicable es el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece ventajas fiscales, aduaneras y financieras para atraer capital. Si bien este régimen puede atraer inversiones, no aborda cuestiones fundamentales como las medidas de protección ambiental, el uso del agua, el consumo energético o la planificación a largo plazo.

Patagonia, Chile.

Patagonia, Chile. Imagen de Wikimedia Commons (licencia CC BY 2.0).

La Patagonia resulta atractiva por sus recursos energéticos, incluidos el gas natural y las fuentes renovables, como la energía hidroeléctrica y la eólica. Sin embargo, existen numerosas preocupaciones ambientales. En general, la provincia de Neuquén parece ser uno de los lugares más favorables para la instalación inicial, dada su creciente industria del gas de esquisto y sus activos de energía limpia. Pero los centros de datos requieren cantidades significativas de agua, especialmente para los sistemas de refrigeración. En regiones como Neuquén, la escasez de agua ya es un problema y se prevé que empeore con el cambio climático.

Las comunidades de la región han alertado sobre el impacto ambiental. Señalan los problemas actuales vinculados con la extracción de petróleo y gas, como derrames, contaminación y falta de infraestructuras.

Este artículo es una colaboración entre Daria Dergacheva, editora de Europa central y oriental de Global Voices; Fernanda Canofre, editora de Brasil y el Cono Sur; y Sydney Allen, editora principal y editora de Justicia Climática.

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