
Foto de Rahul Ingle, mayo de 2012. Esta imagen tiene licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.
Este artículo es parte de la serie Spotlight de abril de 2026 de Global Voices, Perspectivas humanas sobre IA. Esta serie ofrecerá una mirada profunda hacia cómo se está usando IA en países en desarrollo, cómo su uso e implementación afectan a las comunidades individuales, qué podría significar este experimento de IA para futuras generaciones, y más. Puedes apoyar esta serie con una donación.
En muchas comunidades de Mozambique, el proceso de enseñanza y aprendizaje aún ocurre bajo los árboles, en patios improvisados o en frágiles estructuras que protegen poco del sol y la lluvia. La llamada aula al aire libre no es una elección pedagógica innovadora, la mayoría de las veces es la expresión de una deficiencia estructural: falta de infraestructura, deficiencia de materiales, además de un déficit estimado en cerca de 12,000 profesores en 2025.
Durante la temporada de lluvia, la situación se agrava. En varias regiones, el calendario lectivo debe ajustarse al impacto de las características naturales, como lluvia intensa, que irrumpen en las aulas y dificultan la continuidad de la enseñanza entre enero y marzo cada año.
En este escenario surge una pregunta: ¿cuál es el lugar de la inteligencia artificial (IA) en un sistema educativo que, en muchas zonas del país, aún lucha por lo básico?
Escuelas sin paredes y grado de conectividad
En los distritos rurales de provincias como Cabo Delgado, Nampula y Zambézia es común encontrar grupos de alumnos estudiando bajo árboles. La ministra de Educación, Samaria Tovela, ha evaluado ajustar los horarios; en la época de lluvias, las clases se interrumpen frecuentemente; en el período de calor intenso, concentrarse es muy complicado. Sin cuadros adecuados, sin manuales suficientes y, muchas veces, con un único maestro responsable de varios grupos, el proceso de enseñanza y aprendizaje se vuelve irregular y profundamente desigual cuando un millón de alumnos aprende a leer y escribir en el suelo.
Este panorama es evidencia de un problema central: el aprendizaje depende de condiciones mínimas que aún no están garantizadas. Al mismo tiempo, uno de los mayores obstáculos para empezar a usar tecnologías como IA en contextos rurales africanos es la falta de conectividad. En Mozambique, cerca del 73% de la población no tiene acceso a internet, según datos de 2024 del Ministerio de Transportes y Comunicaciones.
Las desigualdades regionales hacen que las iniciativas sean limitadas, a pesar de algunos progresos registrados en los últimos años. Esa limitación afecta directamente el potencial de soluciones como enseñanza a distancia en plataformas digitales de aprendizaje.
Lengua, cultura, papel del Estado y las asociaciones
Otra dificultad crítica es la dimensión lingüística y cultural. En África, donde se hablan más de 2000 idiomas, apenas una fracción —cerca de 49— está representada en plataformas digitales, como el servicio de traducción de Google. Integrar lenguas nativas de Mozambique, como emakhuwa, xichangana o elomwe, a herramientas educativas digitales podría aumentar significativamente la comprensión y la participación de los alumnos, sobre todo en los primeros años de escolaridad. Así y todo, aplicar esas soluciones muestra cuestiones prácticas en contextos donde el acceso a la tecnología aún es limitado.
Aunque la abrumadora mayoría de la población mozambiqueña habla una lengua bantú con más frecuencia en casa (81,7%) y algunos no hablan portugués (41,9%), en la comunicación social, y sobre todo en la comunicación para la salud, se sigue privilegiando el uso del portugués en detrimento de las lenguas bantú, las lenguas de las masas, una forma de exclusión social. Sin embargo, iniciativas emergentes muestran que este camino es posible. En Johannesburgo, por ejemplo, empresas emergentes tecnológicas están elaborando soluciones de IA adaptadas a idiomas africanos
Entre el potencial y los riesgos
Herramientas fuera de línea, contenido precargado y asistentes pedagógicos digitales son algunas de las soluciones posibles para enfrentar deficiencias y limitaciones del sistema educativo. Sin embargo, Mozambique aún no tiene políticas específicas para integrar inteligencia artificial aunque el Estado pueda desempeñar un papel central para integrar tecnología a la rutina de estudiantes y profesores. Eso pasa aún por invertir en formar profesores, garantizar infraestructura básicas, incluido el acceso a energía, fortalecer asociaciones con universidades, empresas emergentes y organizaciones internacionales.
A primera vista, hablar de inteligencia artificial en aulas al aire libre puede parecer una contradicción, pero precisamente es en esos contextos que la tecnología debe pensarse con creatividad y responsabilidad, no como sustituta de lo esencial, sino como complemento estratégico.
La prioridad sigue siendo clara: construir escuelas, formar profesores y garantizar material básico. La pregunta es cómo integrar una tecnología elaborada sin desigualdades profundas, que respete los contextos locales, y con estudiante y maestro en el centro de las decisiones. En un país donde aún se estudia bajo los árboles, el futuro de la educación no dependerá solo de la tecnología disponible, sino de las elecciones políticas y sociales que definen quién tiene acceso al conocimiento y en qué condiciones.







