Se agrava crisis energética de Bangladesh mientras continúa la guerra de Estados Unidos en Irán

Motorists queue at a Dhaka fuel station on March 9, 2026, during government-imposed rationing that left delivery riders and commuters waiting hours to purchase limited fuel supplies. Photo: Zulker Naeen.

Fila de automovilistas en una gasolinera de Daca, 9 de marzo de 2026, durante el racionamiento impuesto por el Gobierno que dejó a motociclistas repartidores y quienes van a trabajar esperando por horas para comprar suministros de combustible limitados. Foto de Zulker Naeen. Utilizada con autorización.

Rashid Ahmed esperó dos horas en una gasolinera en el distrito Mirpur, Daca, el 10 de marzo, mientras veía la fila de motocicletas extenderse hasta la siguiente cuadra y el gasolinero rechazaba cliente tras cliente. El motociclista repartidor de 42 años había visitado tres gasolineras desde el amanecer, y en cada una encontró tanques vacíos o filas demasiado largas como para esperar antes de entregar su primer pedido a tiempo. Su motocicleta no se movió mientras los ingresos de su familia se evaporaban con cada hora que pasaba.

La frustración de Ahmed refleja la experiencia de cientos de miles en Bangladesh a medida que el racionamiento impuesto por el Gobierno choca con la sobrevivencia diaria. El racionamiento surgió de una crisis que empezó a miles de kilómetros, en el golfo Pérsico.

A mediados de marzo, el Gobierno retiró el sistema de racionamiento temporal para las ventas de combustible. Sin embargo, la escasez, las largas filas y las irregularidades en la mayoría de gasolineras hicieron difícil obtener combustible para los vehículos.

A medida que las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos escalaron hacia una guerra abierta, Bangladesh se vio sumergido en una emergencia energética a pesar de la distancia geográfica. El país de 175 millones de habitantes importa aproximadamente el 95% de su energía, lo que lo hace dependiente casi por completo de los mercados de combustible mundiales.

Cuando el estrecho de Ormuz se convirtió en un campo de batalla, los suministros de petróleo del mundo disminuyeron, porque el estrecho paso marítimo es la entrada para casi un tercio del petróleo transportado por mar del mundo. Bangladesh de inmediato sintió el apretón.

Map of Strait of Hormuz. Image via Wikipedia by Goran_tek-en. CC BY-SA 4.0.

Mapa del estrecho de Ormuz. Imagen vía Wikipedia de Goran_tek-en (CC BY-SA 4.0).

La cascada comienza: se cortan las líneas de suministro

A principios de marzo, la crisis azotó con una rapidez devastadora.

QatarEnergy, uno de los tres proveedores a largo plazo de gas natural licuado (GNL) de Bangladesh, suspendió las entregas con el argumento de fuerza mayor, luego de que los ataques iraníes a la infraestructura energética interrumpieron la producción. Catar representa el 20% del suministro mundial de GNL. En apenas días, los otros dos proveedores hicieron lo mismo, cortaron todas las entregas contratadas de Bangladesh.

En enero, Bangladesh había estado comprando cargamentos de GNL al contado a aproximadamente diez dólares por millón de unidades térmicas británicas. A mediados de marzo, esos precios se habían disparado hasta los 28.28 dólares estadounidenses por MMBtu (millón de unidades térmicas métricas británicas) para compras de emergencia.

El secretario de Energía, Saiful Islam, dijo a los reporteros: «Estamos comprando GNL al contado a un precio exorbitante, que es casi 2.5 veces más alto que el de hace cuatro días».

Este disparo del precio creó un círculo vicioso. Cuando Petrobangla lanzó una licitación inicial para el GNL al contado el 1 de marzo, no recibió ninguna oferta. Los comerciantes consideraron que el mercado de Bangladesh era demasiado volátil y riesgoso. Solo después de ofrecer precios aún más altos, el país aseguró cargamentos de Gunvor a 28.28 dólares estadounidenses por MMBtu y de Vitol a 23.08 dólares por MMBtu.

El presidente de Petrobangla, Md Arfanul Hoque, reconoció: «Ahora estamos buscando alternativas en el mercado al contado para llenar el vacío que dejaron los tres proveedores».

En Bangladesh se había programado recibir 115 cargamentos de GNL en 2026. Las autoridades proyectaron perder cuarenta por las interrupciones en Asia occidental.

¿Quién obtiene el gas?

La generación de energía y el consumo de los hogares tuvo prioridad sobre los usos industriales. Esto significó que cuatro de cinco fábricas estatales de fertilizante urea tuvieron que cerrar por al menos quince días. Solo la fábrica de fertilizante Shahjalal continuó operativa, junto a una instalación privada.

Bangladesh estaba en medio de la temporada de arroz Boro, en la que los arrozales requieren riego y fertilización constantes. Funcionarios del Gobierno insistieron en que no había una crisis inmediata por las existencias disponibles. Los agricultores y expertos en agricultura se preocuparon sobre la escasez a mediano plazo.

Mientras tanto, el suministro de gas al sector energético cayó de 870 millones de pies cúbicos por día (mmcfd) a 820. Las autoridades advirtieron que esta reducción podría incrementar los desprendimientos de carga en el país y podría provocar apagones.

«Hasta que se arregle el suministro, debo usar lo que está a mi alcance de manera prudente», declaró a los reporteros el ministro de Energía, Iqbal Hassan Mahmood Tuku. «Debemos usar con moderación lo que tenemos. Si las personas cooperan, será posible superar esta crisis».

Las universidades cerraron, el combustible se raciona

El 8 de marzo, las autoridades anunciaron que todas las universidades cerrarían antes, y adelantaron la fiesta del Eid al-Fitr para reducir el consumo eléctrico.

Las universidades consumen grandes cantidades de energía para los dormitorios, las salas de clases, los laboratorios y el aire acondicionado. Cerrarlas ofreció un alivio inmediato a la tensa red eléctrica. Los estudiantes sentían incertidumbre sobre cuándo se reanudarían las actividades normales.

Un alto funcionario del Ministerio de Electricidad, Energía y Recursos Minerales explicó: «Estamos haciendo todo lo que podemos para reducir el consumo y asegurar la estabilidad de los suministros de energía, combustible y las importaciones».

Simultáneamente, el Gobierno ordenó a las gasolineras reducir las ventas diarias en un 10% para preservar las reservas de combustible nacionales. Este racionamiento ocasionó pánico en las ciudades principales. Largas filas se formaron en las gasolineras mientras los automovilistas se apresuraban a llenar sus tanques.

Conductores declararon esperar por horas para comprar combustible. En algunas estaciones de servicio se había agotado al mediodía.

El daño a la industria

La industria textil de prendas confeccionadas representa el 84% de las exportaciones de Bangladesh y da empleo a millones de trabajadores.

Cuando los cortes de energía se duplicaron hasta llegar a cinco horas diarias, las fábricas enfrentaron decisiones imposibles. Los líderes de la industria describieron un escenario de pesadilla que empezó desde que empezó el conflicto, a finales de febrero. Mantener en funcionamiento los generadores diésel durante los apagones prolongados incrementó dramáticamente los costos operativos.

En los últimos meses, muchas fábricas textiles y de confección operaron a solo un 40-50% de su capacidad. Estas pérdidas de producción pusieron en riesgo los pedidos de exportación.

A principios de marzo, las reservas de diésel habían caído a solo nueve días de suministro, calculadas en 115,473 toneladas al 4 de marzo.

El Gobierno se apresuró para asegurar los envíos de emergencia. Bangladesh recibió 5000 toneladas métricas mediante un oleoducto transfronterizo desde la refinería Numaligarh de India. Las autoridades estaban negociando por 30,000 toneladas métricas adicionales con la empresa Indian Oil Corporation.

Los problemas en los hogares

Para las familias bangladesíes comunes y corrientes, la crisis energética se manifestó de manera más dolorosa en el alza de los costos del combustible para cocinar.

El precio de un cilindro de gas licuado de petróleo (GLP) de 12.5 kg, el que la mayoría de hogares usan para sus cocinas y hornillas, subió de 900 a 1,500 takas (de 7.3 a 12.2 dólares), lo que agregó entre 500 y 800 takas (4 y 6.50 dólares) a los gastos del hogar mensuales. El salario mínimo en Bangladesh es de 12,500 takas al mes (aproximadamente 101 dólares). A las familias de bajos ingresos que ya tenían problemas con la inflación, el alza las forzó a hacer dolorosos ajustes. Algunas familias comenzaron a no cocinar completamente las comidas para conservar gas. Otras volvieron a usar combustibles tradicionales, como madera y estiércol.

Abdur Razzaq, director general del conglomerado empresarial JMI Group, explicó: «La guerra en Medio oriente ha hecho que sea muy difícil importar GLP. Los costos de transporte aumentan, las rutas marítimas son inciertas y los comerciantes se están volviendo cautelosos».

Los costos de transporte para el GLP se dispararon a 275 dólares por tonelada, comparados a los cálculos de 120 dólares por tonelada de la Comisión Reguladora de Energía de Bangladesh.

Mostafa Kamal, presidente del conglomerado empresarial Meghna Group of Industries, declaró: «No había riesgo de escasez hasta marzo, considerando el GLP ya importado por el sector privado. Nuestra preocupación comenzó en abril».

Su empresa estaba intentando abastecerse de GLP desde Vietnam, Taiwán, Malasia y China como alternativas a los proveedores de Medio oriente.

Una bomba de tiempo fiscal: el costo de la crisis

Los analistas estimaron que las compras de GNL al contado entre 2022 y 2024 podrían costar 11,000 millones de dólares. Este enorme desembolso presionó las reservas internacionales y obligó a hacer sacrificios difíciles en los presupuestos del Gobierno.

«Si la interrupción continúa, tendremos que depender más del GNL al contado más caro, lo que aumentará nuestra carga de importaciones y reducirá los suministros de la energía y para la industria», dijo a Reuters un funcionario del Ministerio de Energía de forma anónima.

Cada mes con precios elevados profundiza la vulnerabilidad de Bangladesh.

Petrobangla solicitó subsidios adicionales al Gobierno para cubrir el vacío entre los precios internacionales y los precios de venta al público nacionales. La posición fiscal del propio Gobierno permanecía apretada, con poco margen para incrementar los subsidios a la energía.

El ministro Tuku aseguró recientemente que: «En estos momentos, no falta combustible. Es más, hemos aumentado el suministro de combustible en comparación al año pasado». Sin embargo, a principios de marzo, abordó el problema: «Si se controla el consumo, podremos pasar marzo apropiadamente. Si llegan los suministros comprometidos, se aliviará la presión».

Los precios nacionales del combustible permanecieron sin cambios por tercer mes consecutivo, se absorbieron los crecientes costos de importación mediante subsidios elevados.

Se gastaron 50,000 millones de takas bangladesíes (cerca de 408,500 millones de dólares) en subsidios solo en marzo, incrementando la presión sobre el presupuesto y ampliando aún más la brecha con los precios del mercado internacional.

El diésel se vende con un subsidio de cien takas (0.82 dólares) por litro, mientras que los precios del octano se mantienen en 120 takas (0.98 dólares) por litro, aunque los precios del mercado se mantienen en 180 (1.61 dólares) y 150.72 takas (1.22 dólares) respectivamente.

Inicia la conversación

Autores, por favor Conectarse »

Guías

  • Por favor, trata a los demás con respeto. No se aprobarán los comentarios que contengan ofensas, groserías y ataque personales.