En Latinoamérica, protestas por el Día del Trabajo destacan las luchas y solidaridad de los trabajadores

One of the workers’ protests in Venezuela was met with heavy police repression. Photo by Daniel Echeverría, 2026. Used with permission.

En una protesta de trabajadores en Venezuela hubo fuerte represión policial. Foto de Daniel Echeverría, 2026. Usada con autorización.

De Caracas a Santiago, los trabajadores llenaron las calles el 1 de mayo, Día del Trabajo, para pedir mayores remuneraciones, condiciones más seguras y responsabilidad política en plena incertidumbre económica en Latinoamérica. Las manifestaciones en Venezuela, Chile, Cuba, México, Colombia y Ecuador reflejaron frustraciones compartidas y diversas crisis nacionales, y los sindicatos, estudiantes y movimientos de base se expresaron contra la desigualdad y la inacción gubernamental.

En algunos países, las marchas fueron pacíficas celebraciones de solidaridad laboral. En otros, los manifestantes tuvieron choques con la Policía mientras se intensificaban las tensiones por la inflación, la represión y los derechos sociales. Juntas, las movilizaciones por el Día del Trabajo destacaron el perdurable poder del trabajo organizado y la urgencia de la justicia económica.

Venezuela: Una remuneración mínima difícil

Más de 2000 trabajadores tomaron las calles de Caracas entre el 30 de abril y el 1 de mayo, en protesta por un reciente aumento salarial que consideran insuficiente e engañoso. El 30 de abril, la protesta debió enfrentar represión policial contra trabajadores, sindicatos y colectivos.

El Gobierno aumentó el llamado “ingreso mínimo integral” de 190 a 240 dólares al mes, pero el aumento consiste más en bonificaciones que en un ajuste salarial real. Como esas bonificaciones no se cuentan para las pensiones u otros beneficios, los manifestantes sostienen que la medida no hace mucho para mejorar la seguridad económica a largo plazo. Coreando “una bonificación no es un salario”, los trabajadores marcharon por la ciudad mientras la Policía bloqueaba algunas calles sin enfrentamientos.

Las protestas reflejan mayor frustración con la crisis económica de Venezuela, donde el sueldo mínimo sigue congelado desde 2022, y actualmente es cerca de 0.30 dólares al mes en medio de una gran inflación. Muchos dicen que el nuevo ingreso está lejos de cubrir las necesidades básicas, con una canasta familiar estimada en unos 700 dólares al mes.

Los líderes sindicales critican la política por engañosa, dicen que los trabajadores llevan la peor parte de una crisis que no han creado. Las manifestaciones se han difundido más allá de Caracas, y las mujeres han tenido un rol muy importante, lo que destaca que los sectores feminizados, como atención de enfermos, siguen excluidos de los debates laborales.

Cuba: Derechos laborales subcontratados

El Día del Trabajo en Cuba llega en un momento de extrema tensión e incertidumbre. Los cubanos viven una severa crisis económica, política y social impulsada por un autoritario régimen comunista que se resiste a un cambio estructural. Al mismo tiempo, declaraciones de figuras como el presidente Donald Trump y otros destacados funcionarios de Estados Unidos han avivado las charlas de una posible intervención estadounidense. La atmósfera se siente tensa, con presión por dificultades internas y externas.

No obstante, el 1 de mayo nunca ha sido un día común y corriente en la isla. En muchos países, se ofrece a los trabajadores una oportunidad de dar a conocer sus demandas y destacar sus necesidades; en Cuba, desde hace tiempo ha servido al Gobierno cono una forma de proyectar fuerza y apoyo popular. Durante décadas, las grandes marchas han seguido el mismo guion. Desde semanas antes, los centros de trabajo exigen asistencia obligatoria. Antes de la marcha, la gente pasa la noche despierta a la espera de buses que la lleve a la Plaza de la Revolución de La Habana,  el corazón simbólico del poder político. Ahí, multitudes de más de un millón de personas marchan por cinco horas bajo la atenta mirada de la élite del país.

Pero esa era se ha desvanecido, y la participación ha disminuido notoriamente. La actual crisis, combinada con la desilusión pública, ha debilitado el impulso de estas movilizaciones. Para muchos, la presión para asistir —ya sea por temor a perder el empleo o parte de un salario mensual de 15 dólares— ya no tiene el mismo peso. En respuesta, el Gobierno ha llevado la movilización a un lugar más pequeño cerca de la embajada estadounidense. El magnitud ha cambiado, pero la intención persiste: preservar la imagen de unidad, aunque la realidad en el terreno se vuelve más compleja.

Chile: Trabajadores contra políticas públicas neoliberales

Para un observador distraído, este 1 de mayo fue como cualquier otro en la historia chilena reciente. Los trabajadores se manifestaron pacíficamente en las principales ciudades del país, se difunden mensajes en medios sociales sobre justicia salarial, y la avenida Libertador Bernardo O’Higgins, la más vía más importante de Santiago, fue el lugar de la habitual marcha encabezada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), a la que se unió la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) y la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras.

Pero algo cambió radicalmente en los meses recientes. El gobierno de José Antonio Kast, que asumió la presidencia el 11 de marzo, está planteando una serie de medidas controvertidas en la gestión estatal, incluidos recortes fiscales educación, ajuste al salario mínimo, y un Plan de Reconstrucción Nacional que, con el objetivo de alentar la inversión privada, busca reducir gradualmente la tasa del impuesto empresarial de 27 al 23%.

Las marchas del 1 de mayo están consideradas parte de un naciente movimiento de protesta contra Kast, líder de extrema derecha que ganó por un amplio margen las elecciones presidenciales de diciembre de 2025. “Es un gobierno democrático; más de siete millones de trabajadores votaron por él”, reconoció José Manuel Díaz, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores. “Debemos ir tras esos votos, darlos a conocer, hablarles”.

Colombia: Trabajo decente, no empleos precarios

Photo of the gathering in Medellín, Colombia. By Simón Cabrera for Global Voices.

Foto de la manifestación en Medellín, Colombia. De Simón Cabrera para Global Voices. Usada con autorización.

El Día del Trabajo 2026 en Colombia se convirtió en una importante prueba política antes de las elecciones presidenciales, a llevarse a cabo el 31 de mayo. El día empezó de la manera tradicional, el presidente Gustavo Petro pasó su discurso principal a Medellín, el mayor bastión opositor del país y donde viven muchos de sus más férreos críticos.

Petro habló después de las marchas ante enormes multitudes que los apoyaron con entusiasmo, y usó la reunión pública para promover una campaña de una Asamblea Constituyente Nacional, para eludir la resistencia congresal a sus reformas propuestas. Su aparición destacó tensiones con autoridades locales e intenso debate político nacional.

En las principales ciudades de Colombia, el Gobierno buscó demostrar su poder de movilización, mientras los grupos opositores dominaban los medios sociales y las noticias con críticas a la propuesta constitucional de Petro.

Los sindicatos respaldaron el aumento histórico de la remuneración mínima a dos millones de pesos colombianos (cerca de 533 dólares), mientras siguen exigiendo terminar con las condiciones laborales precarias y compensación total por el sobretiempo. Las organizaciones femeninas de reconocer el trabajo de cuidado de personas, los pensionistas defendieron el “pilar de solidaridad”, y las comunidades indígenas y campesinas denunciaron violencia de grupos armados y exigieron acceso a tierra fértil.

Pese a su trasfondo electoral, el día conservó su espíritu tradicional, y sindicatos, comunidades rurales, grupos indígenas y movimientos sociales encabezaron masivas manifestaciones a nivel nacional.

​México: Más humanidad, menos Mundial

Sindicate leaders from Iguala, Mexico, 2026. Photo by Karla Ivette Méndez used with permission.

Líderes sindicales de Iguala, México, 2026. Foto de Karla Ivette Méndez. Usada con autorización.

En México, miles de trabajadores protestaron en varios estados en medio de un clima formado por reformas laborales y antiguos reclamos. Aunque el Gobierno ha introducido medidas significativas (incluidos aumento del sueldo mínimo, reducción gradual de la semana laboral e implementación de la “ley Silla” con el fin de mejorar las condiciones del centro de trabajo), muchos mexicanos sostienen que estos cambios no alcanzan a dignificar realmente el trabajo.

Las marchas reflejaron esa tensión. Con el lema «Más humanidad, menos Mundial«, trabajadores de la educación protestaron por remuneraciones impagas, impuestos excesivos y reformas que dicen amenazan seriamente las pensiones, la seguridad de la jubilación y acceso a servicios de salud. Los trabajadores de la salud se unieron a las manifestaciones, denunciaron severa escasez de medicamentos y personal insuficiente.

Lo que distinguió a las protestas de 2026 fue el visible liderazgo de mujeres de regiones consideradas de alto riesgo. En Iguala, Guerrero —ciudad con protocolos activos de alerta violeta y de violencia de género— maestras sindicalizadas se movilizaron para pedir respeto a sus derechos laborales y terminar con el constante acoso, maltrato y discriminación que dicen sufrir del director de su centro de trabajo.

Su protesta destacó que, aunque los derechos labores pueden avanzar en el papel, el abuso estructural, sobre todo contra mujeres y en territorios vulnerables, sigue siendo una realidad no resuelta.

Ecuador: Impacto de la violencia en la vida de los trabajadores

The flag featuring the skull wearing a hat became a symbol of rebellion, resistance, and freedom during the 2025 protests in Nepal. In Ecuador, the same symbol appeared during the May 1 march as a reference to respecting the Constitution, which does not allow electoral processes to be advanced at the will of the Executive. The photo on the right reads: "Our homeland needs us united. Out with Noboa". Photo by Gina Yauri for Global Voices.

La bandera con la calavera con sombrero se convirtió en un símbolo de rebelión, resistencia y libertad durante las protestas de 2025 en Nepal. En Ecuador, el mismo símbolo apareció en la marcha del 1 de mayo como una referencia al respeto a la Constitución, que no permite que los procesos electorales se adelanten a voluntad del Ejecutivo. Foto de Gina Yauri para Global Voices.

En Quito, capital de Ecuador, el Día del Trabajo reunió a miles que inundaron la avenida 10 de Agosto en una marcha que abarcó más de un kilómetro. Sindicatos, organizaciones sociales y ambientales, grupos antimineros, colectivos de mujeres, artistas, movimientos juveniles, comunidades LGBTQ+ y otros ciudadanos se unieron en una poderosa manifestación contra la creciente precariedad laboral y las deterioradas condiciones de vida que enfrenta gran parte de la población.

Con cánticos de “Noboa fuera, fuera”, los manifestantes expresaron su rechazo al aumento del costo de vida causado por el aumento del impuesto al valor agregado (IVA) de 12 a 15%, y al aumento de la violencia y la inseguridad, inversión insuficiente en salud y educación, y el repentino despido de médicos, maestros y servidores públicos. Los manifestantes también denunciaron lo que describen como señales de autoritarismo, que evitan que el Estado funcione de manera efectiva.

Los grupos organizados que marcharon el Quito el 1 de mayo dejaron en claro que proteger los derechos existentes —y evitar mayor deterioro— depende de un cambio político y del fin de un gobierno que creen continúa actuando contra los intereses de la gente común y corriente.

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