
Entrevista a mujer periodista. Imagen cortesía de ExileHub.
Exile Hub, uno de los colaboradores de Global Voices en el Sudeste Asiático, surgió en respuesta al golpe de Estado de 2021 en Myanmar. Busca empoderar a periodistas y defensores de los derechos humanos. Este artículo se reproduce con ediciones en virtud de un acuerdo de colaboración de contenido.
Algunos se fueron para sobrevivir. Otros se quedaron para ser testigos. Juntos, garantizan que aún se cuente la historia.
Para los periodistas de Myanmar, esto ya no es una elección entre profesión y seguridad; es una negociación diaria entre sobrevivencia y responsabilidad.
Mientras el mundo conmemoraba el Día Mundial de la Libertad de Prensa en mayo, el significado de «libertad de prensa» se siente cada vez más frágil. Desde que se intensificó la crisis política en Myanmar, los periodistas enfrentan arrestos, vigilancia y el desmantelamiento sistemático de medios independientes. Para muchos, el exilio se convirtió en la única manera de continuar su trabajo y mantenerse con vida.
Y aún así, otros tomaron la decisión de quedarse.
Ya sea informando desde la primera línea o a través de las fronteras, los periodistas de Myanmar siguen amplificando desde el terreno las voces y situaciones que importan.
Informar desde el exilio
El panorama de medios de Myanmar ha sufrido un colapso dramático. Se han cerrado medios independientes, revocado licencias y arrestado a periodistas en virtud de leyes de amplio alcance.
Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Myanmar sigue siendo uno de los países que arresta más periodistas en el mundo. Mientras tanto, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) sigue calificando el país como uno de los entornos más peligrosos para profesionales de los medios. Dentro del país, informar la verdad puede suponer arrestos o algo peor.
Es por esto que muchos periodistas deben huir al extranjero para continuar su trabajo en condiciones fragmentadas, y a menudo, precarias.
En una entrevista, un periodista contó cómo se siente: «Ahora estoy a salvo, pero me siento desconectado del terreno. Cada historia requiere más esfuerzo, más riesgo».
El exilio moldea el periodismo. Los reporteros dependen de redes clandestinas, comunicación encriptada y verificación de segunda mano. La distancia dificulta el acceso, y siempre hay preocupación sobre la seguridad.
Para muchos, no hay una sala de redacción, solo una cámara, un computador portátil, habitaciones compartidas y conexiones a internet inestables.
Y aún así, el trabajo continúa.
Quedarse para informar: Periodismo en primera línea
Mientras muchos periodistas se han visto forzados a exiliarse, otros se han quedado.
Htet, becario del programa Critical Voices y periodista que informa desde el interior de Myanmar, continúa su trabajo desde dentro de zonas de conflicto activo, donde los riesgos son inmediatos y constantes.
«Si no informamos desde aquí, la realidad sobre el terreno desaparece».
Su trabajo se desarrolla bajo restricciones extremas. La amenaza de la violencia o los bombardeos nunca está lejos. Informar a menudo requiere lidiar con situaciones y territorios militarizados y complejos, con vigilancia y redes de comunicación poco fiables.
Pero la proximidad ofrece algo que el exilio no puede: acceso directo a acontecimientos mientras ocurren, comunidades y verdades que, de otra forma, quedarán sin ser documentadas.

Periodista que trabaja en condiciones precarias. Imagen cortesía de ExileHub.
Los periodistas dentro de Myanmar y los exiliados permanecen profundamente conectados. Los que están al interior del país aportan relatos de primera mano, a menudo con gran riesgo personal. Quienes están en el exilio amplifican, verifican y se aseguran de que las historias lleguen a audiencias globales.
Mon, periodista exiliado de 39 años, actualmente vive en Mae Sot, y cuenta: «Dependemos unos de otros. Sin ellos, nuestras historias no llegan al mundo. Sin nosotros, algunas historias no existirían».
Juntos, forman una sala de redacción distribuida; una que opera a través de fronteras, bajo presión, pero con un compromiso compartido con la verdad.
Entre la sobrevivencia y la responsabilidad
Los periodistas, quienes eligen continuar su trabajo desde el interior de Myanmar y quienes se ven forzados a irse, enfrentan obstáculos estructurales, y también personales.
Mon dijo: «A veces me siento culpable por irme. Pero si dejo de informar, ¿entonces qué sentido tuvo todo lo que perdimos? Dejé mi hogar, la vida que había construido. Pero ahora no quiero dejar atrás la historia».
Muchos lidian con inestabilidad financiera, una situación incierta y acceso limitado a sistemas de apoyo a largo plazo.
En tiempos en los que se silencia a periodistas, sus voces siguen cruzando fronteras.
Mediante la campaña «Only My Voice Left» (Solo queda mi voz) de Exile Hub, periodistas de Myanmar, en el exilio y dentro del país, cuentan sus historias con sus palabras. Al visibilizar las luchas de los profesionales de medios, que a menudo están ocultas, estos testimonios son en sí mismos actos de resistencia.
Escucha sus voces en: Only My Voice Left
Cada voz es un recordatorio de que detrás de cada titular hay una historia humana de pérdida, valentía y determinación por continuar, como cuenta un defensor de derechos humanos: «aunque me quiten todo, mi voz permanece».
El futuro sigue siendo incierto. Muchos periodistas no saben cuándo podrán volver a casa, o si es que podrán volver. Otros siguen trabajando en condiciones que cambian cada día. Y aún así, su compromiso perdura.
En el Día Mundial de la Libertad de Prensa de 2026, ExileHub pide más que solo reconocimiento.
Hacemos un llamado colectivo para proteger a los periodistas en peligro y para un apoyo sostenido para periodistas en el exilio y dentro del país.
Porque, cuando se silencia a los periodistas, las sociedades pierden más que solo información; pierden la verdad, la responsabilidad y la posibilidad de justicia.







