
Ilustración creada por Noor, usada con autorización.
En julio de 2022, a Kim Flores se le negó un servicio de depilación con cera en São Paulo por ser una mujer trans. A pesar de tener una cita programada, cuando Flores llegó al lugar, le informaron que el establecimiento solo prestaba sus servicios a «mujeres biológicas». Flores, diseñadora gráfica que crea contenido audiovisual en redes sociales, recurrió a internet para contar su historia (el video original ya fue eliminado). Dejó una reseña en Google en la que describe lo que pasó y publicó videos sobre la situación para sus 10,000 seguidores en TikTok.
En los días siguientes, los videos y la reseña que Flores publicó se usaron en su contra. Políticos e influenciadores de derecha los usaron como una arma de pánico moral contra la presencia de mujeres trans en espacios para mujeres. Nikolas Ferreira, en ese momento concejal en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, volvió a publicar el video de Flores en Instagram, y añadió que Flores «se identifica como mujer, pero es un hombre».
Ferreira fue electo para su primer mandato en 2020. Durante su periodo como concejal, ya era conocido por referirse a Duda Salaber, su colega trans, con pronombres masculinos y por asegurar que no reconocía la identidad de género de Salaber. Luego, fue condenado por transfobia por sus comentarios públicos sobre Salabert. Ferreira también fue procesado por publicar un video en el que exponía a una muchacha trans menor de edad en el baño de una escuela, video que afirmó había grabado su hermana.
En una entrevista telefónica, Flores declaró a Global Voices que: «Es muy conveniente para [Ferreira] seguir difundiendo discurso de odio contra las personas trans y el activismo trans porque aparentan estar protegiendo a las mujeres y los niños, como si las personas trans fueran una amenaza. Usan a las personas trans como chivos expiatorios».
Ferreira, congresista de 29 años, conservador y religioso, es bastante conocido en la política brasileña por usar la viralidad de las redes sociales para ganar visibilidad entre el electorado. Según un estudio publicado en enero por Zeeng, empresa que investiga estrategias de mercadotecnia en línea, Ferreira fue el político más influyente de Brasil en el primer semestre de 2025, con un promedio de 1.59 millones de interacciones por publicación en Instagram. Con 22 millones de seguidores en la plataforma de Meta, es el segundo político con más seguidores en Brasil, por detrás del expresidente Jair Bolsonaro, su aliado. Hace casi cuatro años, Ferreira tenía 3.5 millones de seguidores.
Un pánico moral
Según Caê Vatiero, periodista trans e investigador de medios, en la última década en Brasil, la transfobia se ha convertido en una de las herramientas principales para difundir desinformación. Vatiero declaró a Global Voices: «Es una estrategia que consiste en usar un chivo expiatorio para ganar votantes. Están convirtiendo a las personas trans en un pánico moral para que los políticos de derecha puedan decir: es contra esto que luchamos».
Pocos meses después de lanzar sus ataques contra Flores, Ferreira fue electo para la Cámara de Diputados con 1.47 millones de votos, la cifra más alta en el país en 2022. Al igual que Bolsonaro, Ferreira le debe su viralidad en línea a los discursos que se alimentan de prejuicios preexistentes en la sociedad brasileña, según Caia Maria, activista trans y directora de programas en Intersexo Brasil.
En entrevista telefónica, Maria declaró a Global Voices: «El sector de derecha no llega al poder por sí mismo engañando al electorado. Se fusiona con el deseo de estos votantes de volver a una sociedad que ha exterminado a las personas trans de la vida pública. [Quieren] volver a una época en la que las mujeres trans tenían miedo de ir al supermercado o hacer las actividades más comunes de su vida diaria, porque ese era el caso hasta que terminó el siglo XX».
Además del video de Ferreira, Flores también fue víctima de otros influenciadores y políticos de derecha, que aprovecharon la oportunidad para aumentar su interacción en redes sociales. Flores demandó a la mayoría de sus detractores por injurias y difamación, y a Ferreira por «transfobia, discurso de odio y una afrenta a la dignidad humana», según los documentos judiciales que revisó Global Voices. En noviembre de 2025, Ferreira fue sentenciado a pagar 40,000 reales (alrededor de 7613 dólares) por daños y perjuicios a Flores. Ferreira aún puede apelar la sentencia.
Luego de la sentencia, Ferreira comentó en X (antes Twitter) que ahora es «un delito llamar hombre a un hombre» y que fue «castigado por decir la verdad». La publicación recibió más de 1.3 millones de visualizaciones.
«Ferreira termina como un mártir», dijo Flores. «Es un tipo de mercadotecnia. Es más barato que una campaña [política], porque a fin de cuentas, Ferreira se presentará como alguien ‘que está contra el sistema’, alguien que quiere defender la libertad de expresión y la familia tradicional».
Al final, las personas trans aún se ven afectadas por este discurso en su vida diaria. Vatiero dijo: «Afecta todos los aspectos sociales. Por ejemplo, las personas trans no pueden arrendar un lugar donde vivir. Nos están desplazando aún más hacia los márgenes».
La autora contactó a Ferreira para preguntarle sobre su uso de la transfobia en línea como una táctica para tener interacción en redes sociales, pero no recibió respuesta antes de la publicación del artículo.
Fobia viral
En Brasil, existen estudios limitados sobre el uso de la transfobia como táctica para ganar visibilidad en línea, pero Caia Maria, de Intersexo Brasil, identifica el rechazo público a cualquier estilo de vida LGBTQ+ como una herramienta antigua para atraer a la mayoría de la población en la esfera política, especialmente durante el año electoral. Cita la primera marcha a favor de la dictadura en 1964, antes de que el Ejército de Brasil tomara el control del país por 21 años, la «Marcha de la familia con Dios por la libertad«, Maria dice que los discursos con carga moral hechos para las masas suelen ir seguidos de ataques contra la democracia.
Añadir internet a la ecuación incrementa el potencial de la propagación de discursos de odio. Vatiero dijo: «Es importante hablar sobre cómo las estructuras de las grandes empresas tecnológicas se construyen sobre el racismo y la transfobia. Su estructura económica facilita que las personas ganen dinero mediante la difusión de transfobia. Y hoy en día, las personas entienden que es extremadamente lucrativo».
A pesar del aumento de ataques, las elecciones de 2022 fueron un momento decisivo para las mujeres trans en la política. Según la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra), ese año hubo 79 candidatos trans, un aumento del 49% desde la elección nacional anterior en 2018, cuando Bolsonaro fue electo presidente. En total, cuatro mujeres trans fueron electas en 2022: Erika Hilton y Duda Salabert para el Congreso Nacional, y Linda Brasil y Dani Balbi para los parlamentos estatales en Sergipe y Rio de Janeiro, respectivamente.
Los triunfos históricos de Hilton y Salabert generaron oposición. Una investigación de Vatiero y Victória Ribeiro Carvalho de la Universidad Estatal Paulista (UNESP) identificó un patrón de ataques transfóbicos contra ambas candidatas. Entre agosto y noviembre de 2022, encontraron 665 publicaciones transfóbicas dirigidas a las políticas, que cuestionaban su género o usaban pronombres masculinos para referirse a ellas. Como parlamentarias electas, siguen siendo víctimas de ataques.
La concejala Natasha Ferreira, electa en Porto Alegre en 2024, describe este aumento de candidaturas trans como una reorganización del movimiento LGBTQ+ para «disputar espacios y sectores que antes no podíamos disputar», como una respuesta a la agenda política de extrema derecha y abiertamente contra la comunidad LGBTQ+ de Bolsonaro.

Concejala Natasha Ferreira. Foto de Lucas Orso/Cámara Municipal de Porto Alegre. Uso legítimo.
Natasha contrarresta estos ataques con un programa que describe como «transparente», «a favor de los derechos humanos, sobre todo las poblaciones LGBTQ+» y «guiada por el feminismo como una herramienta de emancipación del pueblo». La concejala cree que su perspectiva amplia le ayuda a combatir o mitigar el acoso.
«Cuando ejercí el cargo, elegí que no me encasillaran ni redujeran a los asuntos de la comunidad LGBT», dijo Natasha. «Porque creo que como personas LGBTQI+, tomamos el bus, pagamos la renta y vamos al supermercado. La postura política que estoy tomando es una más amplia: trata sobre participar en la toma de decisiones y decir: miren, mi comunidad no está representada aquí y no quiero estar en una mesa que excluye a la comunidad LGBTQI+, porque no estoy segregada del resto de mi ciudad».







