Buea, Camerún, enfrenta inundaciones recurrentes pese a falta de lluvia

Mount Cameroon view from Buea, Cameroon.

Vista del monte Camerún desde Buea, Camerún. Imagen de Wikimedia Commons por Yona Tientcheu (CC BY-SA 4.0).

Clara Efande, que vive en el barrio de Bonduma en Buea, llegó el jueves a su iglesia para su reunión semanal, pero cambió rápidamente de planes al ver que un charco de agua negra rodeaba el edificio. Había habido inundaciones en algunas zonas de Buea, capital de la región del Suroeste, y su iglesia en Bokwai estaba en una de esas zonas. El agua cargada de escombros cubría el área desde la carretera asfaltada hasta la ladera donde está la iglesia de madera. La inundación no fue causada por la lluvia, sino por el flujo rápido de agua, ceniza volcánica y escombros conocido como lahar, que descendió desde el monte Fako a las comunidades cercanas el jueves 2 de abril de 2026, por tercera vez en seis años.

Expertos dicen que los lahares, corrientes de lodo compuestas por material volcánico, ocurren porque el material suelto de las laderas de un volcán inactivo, aunque en evolución, es arrastrado por las lluvias repentinas tras largos periodos de sequía.

Buea está en la costa del golfo de Guinea, capital de la región Suroeste de Camerún, y alberga la montaña más alta de África occidental, el monte Camerún, conocido como monte Fako. El paisaje alcanza una altura de 4095 metros (13,435 pies). La ciudad de Buea está en la ladera sureste del monte, y cada año se crean senderos para la maratón anual Mount Cameroon Race of Hope.

Una amenaza silenciosa

Desde su última erupción, ocurrida en 2000, el volcán había estado inactivo hasta el 24 de marzo de 2020, cuando los habitantes vieron cómo una masa de agua negra se precipitaba tras una breve lluvia. Esto afectó a barrios como Bonduma, Sandpit, Bokwai, Bokoko, Soppo, Buea y Bokwango. Tres años después, el lahar del 18 de marzo dejó dos muertos y cuatro heridos, y afectó directamente a unas 900 personas en los barrios de Bova, Bokwai y Buea, según un informe de 2023 de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas. Antes de que la población pudiera comprender este fenómeno, se produjo otro más en abril de este año.

Este tercer incidente, que llegó casi sin advertencia, paralizó el tráfico durante horas. Pascaline Mupian contó a Global Voices:

I could not return home as usual because there was flooding on my daily route. I waited for a while but when I noticed the intensity of the situation, I sought a different way to get home.

No pude volver a casa por mi ruta habitual porque estaba inundada. Esperé un rato, pero cuando me di cuenta de la gravedad del asunto, busqué otra forma de llegar a casa.

También explicó que es propietaria de tierras de cultivo y que este lahar pasa justo al lado de sus tierras, y arrastran botellas y otros residuos domésticos que podrían llegar a los campos. Esto aumenta su trabajo cada vez que va a la finca después de un lahar, porque primero tiene que recoger estos objetos que destruyen la fertilidad del suelo antes de continuar con sus tareas agrícolas. Otros son aún menos afortunados y tienen que pasar horas sacando el agua de sus casas y limpiando a fondo.

Quienes viven en los barrios afectados afirman haber observado un cambio en el flujo del lahar en la catástrofe más reciente. El agua se movió más rápido y llegó a lugares alejados, e inundó barrios lejanos como Molyko, a diferencia de lo ocurrido en las dos primeras ocasiones. Los alumnos del Instituto Bilingüe de Molyko incluso se vieron obligados a desplazarse por el agua, cuya crecida ya se había extendido por buena parte del centro. “No había forma de caminar desde el laboratorio de química hasta la clase sin mojarse”, explicó el estudiante Faahnui Ghogomu a Global Voices.

Origen de los lahares

Aunque muchos asocian los lahares con las crecidas repentinas, los expertos sostienen que las crecidas se deben a episodios de lluvias intensas que provocan rápidas escorrentías, mientras que los lahares se originan a partir de depósitos volcánicos sueltos. Según los expertos, este patrón de lahares que fluyen al inicio de la temporada de lluvias puede explicarse mediante procesos ambientales que interactúan entre sí, en un contexto de prolongada sequía. Pelagie Limunga, ecologista e investigadora de la Universidad de Buea, declaró a Global Voices:

These early rains often generate high surface runoff because the ground is initially unable to absorb water effectively. At the same time, dry-season weathering leaves behind lose volcanic sediments on slopes and in drainage channels, which are easily carried away by rain.

Estas primeras lluvias suelen provocar una gran escorrentía superficial, porque inicialmente, el suelo no puede absorber el agua con eficacia. Al mismo tiempo, la erosión de la sequía deja sedimentos volcánicos sueltos en las laderas y en los canales de drenaje, fáciles de arrastrar por la lluvia.

Desmintió cualquier indicio de una nueva actividad volcánica y describió los lahares como “una removilización de sedimentos volcánicos provocada por las lluvias, y no como una reactivación eruptiva”.

Limunga Pelagie añadió que las zonas vulnerables de Buea están “fuertemente determinadas por la topografía y por cómo los patrones de asentamiento humano interactúan con los sistemas de drenaje naturales”. Dijo que estas zonas están a lo largo de laderas empinadas y de las vías de escorrentía naturales que descienden del monte Camerún. Incluyen comunidades como Buea, Bokwai, Bokoko, Soppo, Sandpit y Bova.

Respuestas de las autoridades

Después del incidente ocurrido en 2026, el delegado regional de Investigación Científica e Innovación para el Suroeste, George Mafany Teke, pidió a los lugareños que mantuvieran la calma, al tiempo que describió al flujo de lahar como parte de procesos naturales. También aconsejó evitar construir cerca de cursos de agua y mantenerse alejados de los barrancos durante las lluvias.

El Observatorio Nacional de Acción Climática publica regularmente un boletín nacional de diez días con pronósticos meteorológicos basados en mediciones climáticas. El 1 de abril de 2026, el boletín publicado en su página oficial de Facebook pronosticó inundaciones en la región Suroeste, aunque la ciudad de Buea no figuraba entre las zonas potencialmente afectadas. Sin embargo, los expertos sostienen que varios indicadores tempranos, como lluvias inusualmente intensas, aumentos rápidos en el caudal de los ríos, erosión activa en las laderas, canales de drenaje bloqueados y descargas repentinas de agua fangosa desde zonas elevadas, pueden ayudar a prever eventos peligrosos de flujo. También enfatizan “que sigue siendo esencial que las comunidades deben estar alertas sobre estos indicadores para una respuesta temprana”.

Mientras la comunidad enfrenta las repercusiones sociales y ambientales de estos violentos flujos, existe incertidumbre sobre la naturaleza o la intensidad del próximo lahar, dado que los expertos revelan que es probable que se produzcan nuevos episodios en el futuro, de acuerdo con tendencias ambientales y socioespaciales actuales, como “la creciente variabilidad de las precipitaciones, que contribuye al aumento de los episodios de escorrentía en períodos más cortos”, explicó Pelagie Limunga. Añadió que la expansión urbana también contribuye a este fenómeno.

Aunque existen mapas de riesgo de deslizamientos y de inestabilidad de laderas en Buea, el acceso limitado, los datos obsoletos y la falta de cartografía detallada a nivel de los barrios hacen que muchas comunidades sigan expuestas, ya que la información sobre riesgos no revela del todo dónde y cómo debería construirse y prepararse ante los desastres. Puede que haya un rayito de esperanza en que los lahares no predigan erupciones volcánicas, pero persiste un temor aún mayor a lo desconocido, puesto que las comunidades vulnerables no están bien informadas y es probable que en los próximos años ocurran lahares más violentos.

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