
Centro de datos. Imagen con licencia de Creative Commons (CC BY-NC-ND 3.0). Los derechos de autor pertenecen a Wim Klerkx
Este artículo es parte de la serie Spotlight de abril de 2026 de Global Voices, Perspectivas humanas sobre IA. Esta serie ofrecerá una mirada profunda hacia cómo se está usando IA en países en desarrollo, cómo su uso e implementación afectan a las comunidades individuales, qué podría significar este experimento de IA para futuras generaciones, y más. Puedes apoyar esta serie con una donación.
En Latinoamérica, el auge de los centros de datos ha provocado un debate público generalizado y resistencia. Incluso algunas comunidades han llevado a juicio a los gigantes tecnológicos y han logrado detener proyectos explotadores. Otras que fuerzan a las empresas a rediseñar y evaluar sus planes. Los Gobiernos de la región, aunque lentamente, comienzan a considerar la implementación de normas y regulaciones. En Asia, otro semillero internacional para el desarrollo de centros de datos, esta conversación apenas está empezando.
Desde los centros de datos tropicales de Malasia hasta las centrales a carbón en Kazajistán y las regiones afectadas por la sequía de India, los Gobiernos compiten para atraer la inversión de centros de datos, con pocos mecanismos vigentes para evaluar el impacto o limitar el daño ambiental o social. Muchos de estos países no tienen requerimientos para evaluar el impacto ambiental y los marcos regulatorios. Y donde los hay, están años por detrás del ritmo de la construcción. Las comunidades más afectadas rara vez se consultan. En gran parte, esta es la razón por la que los gigantes tecnológicos internacionales se interesan en esta región: pocas regulaciones y menos oposición comunitaria significan un proceso de implementación más fácil y un mejor resultado final.
Mientras las empresas y los Gobiernos continúan avanzando con pocas restricciones, los expertos advierten que el costo podría ser alto. Además de los riesgos de contaminación ambiental y acústica bien documentados, algunos observadores han expresado su preocupación que el auge reciente de la IA no durará, y argumentaron que la expansión rápida de los centros de datos provocará un problema de sobrecapacidad, y dejará estas instalaciones como monumentos vacíos del bombo financiero. Los cambios rápidos en el desarrollo de componentes y programas también significan que algunos de estos centros pronto quedarán obsoletos poco después de completarse, lo que incrementa el riesgo de que los países en desarrollo queden atascados con una infraestructura anticuada y costosa, sin vías de recurso.
Como Steven Gonzalez Monserrate, investigador etnográfico de las infraestructuras en la nube y autor del libro «Ecologías en la nube», explicó en una entrevista con Global Voices:
What you’re seeing with artificial intelligence (AI) is really scary because they’re building data centers for AI, but AI itself isn’t profitable yet. And when you approve to build the data center, it takes a couple of years to actually build it. So they’re just hoping that by then, AI becomes profitable. But there are no signs of that happening. And so what might happen is that the data center is half built and then they abandon it, and they write it off, and it just becomes ruins. That’s very possible.
Lo que se está viendo con la inteligencia artificial (IA) es realmente aterrador, porque construyen centros de datos para IA, pero la IA en sí misma aún no es rentable. Y cuando apruebas la construcción de un centro de datos, tarda algunos construirlo realmente. Por ende, solo están esperando que para ese entonces la IA se vuelva rentable. Sin embargo, no hay señales de que eso pase. Entonces, lo que podría pasar es que construyan el centro de datos hasta la mitad y luego lo abandonen, lo cataloguen como una pérdida total y termine convirtiéndose en ruinas. Eso es muy posible.
En este artículo que cruza fronteras, Global Voices cuenta historias de muchos países asiáticos para explorar cómo el auge de los centros de datos afecta a los ciudadanos, cómo los Gobiernos enfrentan el incremento del desarrollo y qué hacen las comunidades respecto a eso. Ve cómo las comunidades en Latinoamérica lidian con el mismo problema en este artículo.
Asia del Sur
India está en medio de una rápida construcción y expansión de los centros de datos. Megaciudades como Bombay, Chennai, Bangalore y Delhi tienen desarrollos estructurales rápidos a medida que los gigantes tecnológicos globales compiten para instalar su infraestructura en uno de los mercados digitales de más rápido crecimiento del mundo. Sin embargo, detrás de los titulares sobre inversión, surge un panorama más complicado, uno donde los costos de este auge caen desproporcionadamente sobre las comunidades menos preparadas para afrontarlos.

K. T. Rama Rao, ministro de Tecnologías de la Información, Administración Municipal y Desarrollo Urbano, Industrias y Comercio, Empresas Públicas, Azúcar, Minas y Geología, y Asuntos de los Indios No Residentes de Telangana, India, en la sesión «Tecnología global, soluciones locales: inteligencia artificial» en la Reunión Anual de 2018 del Foro Económico Mundial en Davos. Imagen vía Flickr (licencia CC BY-NC-SA 2.0).
Dentro de India, la mayor parte de la tensión se centra en un problema: el agua.
Un solo centro de datos de un megavatio (MW) puede consumir alrededor de 26 millones de litros al año. Cuando se amplía a una instalación de 30 MW, que se está volviendo la norma, más de dos millones de litros podrían extraerse del suelo cada día. Cada uno de los núcleos de centros de datos más importantes de India están en una zona que ya está bajo un estrés hídrico severo. En el distrito Gautam Buddha Nagar de Uttar Pradesh, donde los centros de datos se agruparon para formar un pasillo digital, la extracción de agua subterránea excedió el 104% de los niveles sostenibles. Los habitantes de la colonia Khora cercana ahora pagan 1500 rupias indias (16.89 dólares) por solo 500 litros de agua que entrega un camión cisterna, luego de que se secaron los pozos locales.

Habitantes indios agrupados alrededor de un tanque de agua luego de que una sequía secó los pozos locales. Captura de YouTube.
El panorama de la tierra y el empleo no es menos preocupante. En Tarluwada, Andhra Pradesh, a los agricultores se les ofrecieron dos millones de rupias (24,000 dólares) por acre de tierra con un valor comercial de 11.5 millones de rupias (122,200 dólares). Esta gran brecha provocó acusaciones de coerción y problemas legales activos. Y cuando se establece la fase de construcción, el beneficio en empleo es, como mucho, modesto: se prevé que la instalación de Microsoft en Mekaguda genere solo un aproximado de 180 trabajos permanentes. Eso destaca la naturaleza de la industria, que es altamente automatizada y requiere mucho capital, lo que plantea la pregunta de si realmente es beneficiosa para las comunidades locales.
Todo esto está ocurriendo dentro de un vacío regulatorio. La política nacional de centros de datos de India, redactada en 2020, nunca se finalizó. No existe una evaluación de impacto ambiental obligatoria aprobar instalaciones nuevas, y los centros de datos actualmente están fuera de algunos requisitos de la junta de control de la contaminación para sus sistemas de energía de respaldo. La inversión avanza más rápido que las normas destinadas a gobernarla.
Sudeste Asiático
Desde hace tiempo, el Sudeste Asiático ha sido un destino internacional para los centros de datos, pero su composición está cambiando rápidamente. Aunque Singapur era un referente en centros de datos en la región, en 2019, las autoridades implementaron una moratoria al desarrollo de centros de datos en un intento de proteger los recursos de tierra limitados, el agua y la soberanía económica de la ciudad. Luego de una pausa de un año, las autoridades levantaron la moratoria, pero introdujeron regulaciones increíblemente estrictas para priorizar los centros de datos «verdes«. Desde el auge de la IA, esas regulaciones se volvieron aún más estrictas.

Centro de datos de Google en Malasia ubicado en el parque industrial Elmina Business Park. Captura de YouTube.
Como Singapur rechazó el avance del desarrollo de los centros de datos, gran parte de esas inversiones se ha redirigido hacia Malasia, Tailandia e Indonesia.
Esta decisión conlleva sus propias complicaciones, principalmente por el calor intenso y los niveles de humedad altos en los trópicos. Como Steven González explicó en una entrevista con Global Voices:
«La parte interesante sobre esto es que también es un problema, porque los centros de datos realmente no están diseñados para funcionar correctamente en los trópicos. Es demasiado costoso, ya que el uso de electricidad es mucho más alto por la humedad en el aire. Entonces, realmente inventaron nuevos tipos de construcción de centros de datos y tecnología para poder operar un centro de datos tropical allí. Es por eso que Malasia ahora está en pleno auge en la construcción de centros de datos, porque Singapur está casi al límite».
No todos están satisfechos con la «innovación» que llega a la región. En febrero de 2026, miembros de la comunidad en Johor, Malasia, realizaron la primera protesta pública del país contra la rápida expansión de los centros de datos. Los participantes afirmaron que el motivo de las manifestaciones eran las preocupaciones por la contaminación y el miedo a la escasez de agua.

Zona industrial Karawang International Industrial City en Java Occidental, Indonesia. Captura de YouTube.
Indonesia enfrenta una crisis similar, algunos afirma que no han tenido voz en los acuerdos del Gobierno para la construcción de centros de datos en tierras comunitarias. Los centros también generan preocupaciones por la escasez de agua en el archipiélago, donde algunas islas enfrentan sequías persistentes.
Otra pregunta que queda es si la infraestructura del Sudeste Asiático puede soportar un crecimiento tan masivo. Un informe de la empresa de energía internacional Wood Mackenzie estima que la energía necesaria para alimentar los centros de datos en el Sudeste Asiático se cuadruplicará de 2.6 GW a 10.7 GW entre 2025 y 2035. Esto podría sobrecargar las redes eléctricas e incluso subir los precios para las comunidades locales.
Asia central
Los Estados de Asia central también están incrementando la construcción de centros de datos nuevos para beneficiarse de la creciente demanda de potencia computacional para servicios digitales y de IA. Los líderes de la región, Kazajistán y Uzbekistán, trabajan para atraer inversión extranjera y local, y establecerse como centros digitales, lo que destaca la importancia de los centros de datos para impulsar el desarrollo económico. Las preocupaciones por el ambiente y la energía rara vez se mencionan, dado que los centros de datos a gran escala aún están en construcción y son nuevos en la región, y en el discurso público general no se debate su impacto en el ambiente ni el agotamiento de recursos.

Centro de datos de Google. Captura del canal Google Sustainability en YouTube.
Un ejemplo de esto es el llamado Data Center Valley, proyecto emblemático de grupo de centros de datos del Gobierno kazajo, que se construirá en la ciudad de Ekibastuz, en el este del país. El proyecto promete convertirse en un centro internacional de computación plenamente desarrollado, y se prevé que el proyecto dependerá de carbón altamente contaminante para generar electricidad y que requerirá 300 MW en su capacidad máxima. Sin duda, no es un buen augurio para los habitantes de Ekibastuz que ya tienen problemas con la contaminación del aire provocada por las plantas industriales a carbón cercanas. La ciudad está en la lista de lugares con «niveles elevados de contaminación [del aire]».
Otro megaproyecto es el centro de datos Akeshi cerca de la capital Astaná, el primer y único centro de datos nivel 5 de la región, que se prevé se convierta en el mayor de la región cuando se complete a finales de 2026, con 4200 gabinetes. Los operadores planean construir una central eléctrica a gas dedicada, con capacidad de hasta un GW, decisión extraña considerando que el resto del país enfrenta un creciente déficit energético y contaminación del aire debido al uso intensivo del carbón para la generación de energía.
En el vecino Uzbekistán, el Gobierno se asoció con la empresa china Shanghai LinkWise Data para construir un centro de datos a hiperescala para IA y tecnologías de computación de alto rendimiento en la región noreste de Karakalpakstán. Una vez completado, la instalación alcanzará una capacidad de 300 MW y se convertirá en uno de los mayores centros de datos de la región. La alimentará la central térmica de Takhiatash, que usa gas natural para generar electricidad, aunque existen planes de usar recursos energéticos, como hidrógeno, energía solar y eólica en el futuro.

Vista satelital del mar de Aral entre 1989 y 2014, que destaca su reducción extrema. Imagen de Wikimedia Commons. De dominio público.
La falta de debate sobre el impacto ambiental de este proyecto, que requiere un alto compromiso hídrico y energético, es desconcertante, considerando los problemas graves de escasez de agua y energía que enfrenta Uzbekistán. El problema de escasez de agua es particularmente importante en Karakalpakstán, donde está el ya seco mar de Aral y hay problemas graves de escasez de agua.
Asia central está considerada una de las regiones más vulnerables al cambio climático, con poblaciones y economías en rápido crecimiento, los problemas actuales relacionados con la escasez de agua y energía advierten contra la construcción precipitada de centros de datos a gran escala sin una evaluación adecuada de su impacto a largo plazo.
En cada uno de los contextos anteriores, el Sudeste Asiático, Asia del sur y Asia central, los Gobiernos avanzan a un ritmo vertiginoso para recibir inversión tecnológica, independientemente de cómo pueda afectar a las comunidades cercanas. En Latinoamérica, algunas comunidades se resistieron, y en algunos casos, ganaron.
Asia recién comienza a enfrentar el auge de los centros de datos. Queda por ver si los Gobiernos de la zona tomarán en cuenta esas lecciones o repetirán los mismos errores bajo el lema del desarrollo y la innovación. Lo que sí es cierto es que el costo de equivocarse no lo asumirán los gigantes de la tecnología que construyen estas instalaciones, sino las personas que viven en su sombra.






