
Vista aérea del Parque Nacional de Sanjiangyuan. Captura de pantalla del canal de Youtube CGTN Nature’.
Este artículo forma parte de la serie destacada de mayo 2026 de Global Voices, “Crisis global, soluciones locales”. Esta serie ofrecerá historias de resistencia y acciones climáticas exitosas, perspectivas sobre cómo las comunidades del Sur Global están luchando contra la crisis, análisis de lo que esto podría significar para las futuras generaciones y más. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.
Los tibetanos se han convertido en defensores de primera línea contra el cambio climático en la región china de Sanjiangyuan, conocida como la “Torre de Agua de Asia”, tras 30 años de intervenciones nacionales e internacionales destinadas a establecer un modelo de cogestión para la conservación ecológica.
Sanjiangyuan (三江源), en la provincia china de Qinghai, al oeste del país, es la fuente de los ríos Yangtsé, Amarillo y Lancang (o Mekong), que proveen agua dulce a China y a la península de Indochina. Aproximadamente el 90% de los 600,000 habitantes de la región son pastores tibetanos.
Sanjiangyuan: La torre de agua de Asia
En las últimas décadas, el calentamiento global ha provocado el rápido derretimiento de los glaciares del Himalaya y lluvias irregulares, lo que causa sequías e inundaciones alternadas. En China, el aumento de las precipitaciones ha generado un clima más caluroso y húmedo, lo que prolonga las temporadas de inundaciones y expande las zonas lacustres alrededor de las cabeceras de los ríos Amarillo y Yangtsé, que puede a devastadores desbordes de lagos glaciares. Por su parte, países como Vietnam, Camboya y Tailandia, ubicados aguas abajo del río Lancang o Mekong, han enfrentado cada vez más desastres naturales causados por flujos de agua erráticos, incluidas las extensas sequías entre 2019 y 2021, y las intensas inundaciones entre 2023 y 2024.
Finalmente la situación evolucionó hacia una crisis diplomática, ya que grupos ambientalistas de los países del bajo Mekong acusaron a China de restringir el flujo de agua río abajo con nuevas represas construidas en el curso superior del Mekong. En respuesta, China cambió su postura de “soberanía hídrica” a “diplomacia del agua”, por medio de dar datos hidrológicos diarios a los países del bajo Mekong a partir de noviembre de 2020.
El Gobierno chino no considera las disputas hídricas con sus países vecinos como un desacuerdo político, sino como un problema derivado de la crisis climática, situación que el país ha intentado abordar desde la década de 1990, cuando los tramos superiores del río Amarillo sufrieron graves sequías, que provocaron la reducción de pastizales, humedales y lagos, y puso en peligro la vida silvestre de la región y limitó el flujo de agua hacia las poblaciones río abajo. Sin embargo, la situación ha mejorado en cierta medida en los últimos años gracias a décadas de esfuerzos de conservación.
El papel de los pastores tibetanos en la conservación ecológica
Los pioneros de la conservación ecológica de Sanjiangyuan fueron las comunidades tibetanas locales del distrito de Suojia, que establecieron cinco zonas de conservación en la segunda mitad de la década de 1990 establecieron cinco áreas de conservación en la segunda mitad de la década de 1990 para proteger especies en peligro, como el leopardo de las nieves, el antílope tibetano, el asno salvaje (onagro), el yak salvaje y la grulla de cuello negro. Los pastores tibetanos también fundaron en 1998 una ONG de base llamada Upper Yangtze Organization (UYO) para promover la conservación liderada comunitaria.
Poco después, Gobierno central estableció el grupo de liderazgo para el desarrollo del Oeste de China (西部大開發領導小組) para impulsar una serie de proyectos de infraestructura y desarrollo, incluida la segunda fase del ferrocarril Qinghai-Tíbet (2001–2006). En el oeste de China, el Gobierno provincial de Qinghai incorporó las cinco zonas de conservación a la Reserva de Sanjiangyuan, que cubre 153,000 kilómetros cuadrados de territorio. El Consejo de Estado elevó el parque a la categoría de reserva nacional en 2003, e inyectó 7500 millones de yuanes (aproximadamente 1200 millones de dólares estadounidenses) para iniciar un plan de rescate de diez años destinado a restaurar los pastizales, combatir el suelo degradado y conservar los humedales.
Sin embargo, las comunidades tibetanas locales pagaron un alto precio, ya que miles de pastores tuvieron que reducir el pastoreo y algunos incluso debieron trasladar sus asentamientos para conservarlos. Entre 2005 y 2009, alrededor de 50,000 nómadas tibetanos fueron reasentados desde la reserva de Sanjiangyuan hacia “ecoaldeas”, y luego siguieron los traslados a medida que la reserva se expandía. El sustento y la cultura de los nómadas tibetanos quedaron en riesgo. En este contexto, ONG locales e internacionales intervinieron para realizar investigaciones, explorar modelos alternativos de generación de ingresos, preservar las culturas nómadas tibetanas y movilizar a las comunidades para participar en labores de conservación.
Por ejemplo, en 1990 se estableció el grupo ambientalista tibetano Asociación de Protección Ambiental Grandes Ríos Snowland para organizar una red de más de 900 voluntarios tibetanos encargados de dar seguimiento a la fauna silvestre y desarrollar proyectos de infraestructura sostenible a nivel de aldeas tibetanas con diálogo entre múltiples actores y una perspectiva de cogestión. En 2013, 13 mujeres tibetanas fundaron la cooperativa artesanal Artesanía a Media Luz en la prefectura autónoma tibetana de Yushu para generar ingresos familiares adicionales con elaboración manual de bolsos y zapatos, y así impulsar la economía local.
Otros grupos ambientalistas nacionales, Río Verde de Sichuan y el Centro de Conservación Shan Shui de Pekín, también se trasladaron a la región para investigar el impacto ecológico de las actividades humanas y del desarrollo económico, y para implementar proyectos experimentales, como recolección y reciclaje de basura a lo largo de la carretera Qinghai-Tíbet, para enfrentar nuevos problemas ambientales.
En 2014, el Gobierno chino duplicó la inversión ambiental hasta alcanzar los 2600 millones de dólares y amplió la zona de conservación a 395,000 kilómetros cuadrados. Dos años después, en 2016, aproximadamente un tercio de la región fue incluido en el proyecto piloto del sistema nacional de parques de China

Bajo el sistema «Un hogar, un ecoguardián», alrededor de 20,000 tibetanos participan en el seguimiento de la ecología y del cambio climático en Sanjiangyuan. Captura de pantalla del canar de New China TV en YouTube.
El Gobierno provincial de Qinghai estaba ansioso por convertir Sanjiangyuan en un ejemplo de “civilización ecológica” que promueve el liderazgo del presidente chino Xi Jinping. Basándose en la experiencia de las redes de voluntarios tibetanos, los Gobiernos locales trabajaron junto a las comunidades tibetanas para introducir en 2016 el sistema “Un hogar, un ecoguardián”(一戶一崗), y transformaron a 20,000 pastores, la cifra actual, en trabajadores de conservación para la región. Bajo este sistema, los pastores reciben entre 1800 y 2400 yuanes (aproximadamente entre 350 y 450 dólares) para supervisar la calidad del agua, la fauna silvestre y los bosques, recolectar basura e informar sobre actividades ilegales.
Las mujeres tibetanas se unen a la lucha climática
Sin embargo, por la tradicional división patriarcal del trabajo en la región, el sistema “Un hogar, un ecoguardián” suele favorecer al hombre jefe del hogar, mientras que las tibetanas quedan frecuentemente vulnerables y marginadas.
In 2016, una investigación de la ONG internacional Global Environmental Institute (GEI) indicó que las niñas tibetanas en Sanjiangyuan tenían menos oportunidades educativas y laborales, ya que los limitados ingresos familiares generalmente se destinaban a sus hermanos, mientras ellas quedaban relegadas al cuidado de la familia y de la tierra.
En Qinghai, más del 70% de la fuerza laboral rural está compuesta por mujeres. La organización ambiental internacional trabajó entonces con organizaciones locales para introducir programas de capacitación climática específicos para mujeres, y ayudó a mujeres jefas de hogar a establecer cooperativas destinadas a administrar pequeños negocios ecológicos.

Cada vez más mujeres han asumido el rol de ecoguardianas. Captura de pantalla del canal de YouTube de CGTN
Otras organizaciones internacionales también intervinieron para empoderar a las mujeres de la región de la meseta de Qinghai y fortalecer su papel en la lucha contra la crisis climática. En 2020, ONU Mujeres comenzó a financiar a la Asociación de Protección Ecológica y Ambiental de Sanjiangyuan para establecer la Red Femenina de Protección Ambiental de Sanjiangyuan, que dio subsidios para permitir que las mujeres participaran en labores de conservación y las alentó a formar cooperativas para administrar negocios ecológicos.
Dos años después, en 2024, el Gobierno de Qinghai incorporó la red en su programa trienal Acción de las Mujeres para Construir la Civilización Ecológica de Sanjiangyuan (生态文明江源巾帼行), que incentiva a las mujeres tibetanas a registrarse como ecoguardianas, desarrollar carreras como trabajadoras de conservación dentro del parque nacional y administrar cooperativas que protejan el ambiente y las culturas tibetanas.
En octubre de 2021, Sanjiangyuan fue designado uno de los primeros parques nacionales del país, y se le suele presentar como un logro de la “civilización ecológica” de China. La narrativa oficial de éxito está respaldada por varios indicadores: en las últimas dos décadas, la cobertura vegetal de los pastizales ha aumentado un 11%, la conservación del agua un 6%, y la población de animales salvajes ha crecido, especialmente la del antílope tibetano, que pasó de menos de 20,000 ejemplares a más de 70,000.
Lo que a menudo se omite es que las comunidades tibetanas sacrificaron sus medios de vida pastoriles y abandonaron sus asentamientos para crear las reservas nacionales y proteger la torre de agua de Asia. Además, fueron pioneras en el modelo de congestión comunitaria que hoy está institucionalizado, e integraron sus medios de vida con las necesidades de conservación gracias al apoyo de ONG nacionales e internacionales. Hoy, continúan en la primera línea, protegiendo las fuentes de agua esenciales de Asia para miles de mill0nes de personas a lo largo de los tres ríos.






